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jueves, 13 de marzo de 2025

Economistas afirman espacio fiscal es insostenible con alto déficit

Economistas afirman espacio fiscal es insostenible con alto déficit

Los profesionales de la economía creen que en el país se puede recaudar más con medidas administrativas, previo a ir tras una reforma fiscal estratégica que tiene que ser gradual, y que sea “bien pensada”.

  • Conectan la visita del FMI al tema fiscal.
Ellen Pèrez Ducy, Luis Vargas, Fernando Ferrán, Nelson Suàrez y Càndida Acosta.
Ellen Pèrez Ducy, Luis Vargas, Fernando Ferrán, Nelson Suàrez y Càndida Acosta.Externa 

Cándida Acosta | Santo Domingo, RD

Los economistas Nelson Suárez, Ellen Pérez Ducy y Luis Vargas, del Centro de Estudios Económicos y Sociales Padre José Luis Alemán, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) ven que el país necesita solucionar el alto déficit fiscal proyectado a final de año, si no se produce ningún cambio entre la brecha que se ha ido abriendo entre los ingresos y los gastos y que ha venido sucediendo en los últimos 20 años, porque eso es insostenible en término de las finanzas públicas.

Nelson Suàrez.

Nelson Suàrez.Silverio Vidal

Nelson Suárez, experto en presupuesto, afirmó en compañía también del director del centro Fernando Ferrán, que este año 2025 el servicio de la deuda pública pasará de RD$400,000 millones, de los cuales RD$293,000 serán solo para el pago de intereses y RD$33,000 solo para el Banco Central.

Solamente el servicio de la deuda actual es de casi RD$99,500 millones, que según sus cálculos es el 50% de los RD$196,000 millones de ingresos que recaudó el Gobierno.

Para Suárez esa presión del servicio de la deuda sobre el Presupuesto Nacional es insostenible. Solamente para la recapitalización del Banco Central, dijo, se destinan todos los años entre RD$35,000 y RD$45,000 millones.

Además de que la transferencia al BCRD junto con la del sector eléctrico se destina RD$145,000 millones, y eso es más del 60% del déficit. De continuar esa tendencia, agregó, entre el 2026 y 2028 la presión fiscal podría escalar al 4.5% del producto interno bruto (PIB).

Sostuvo que hay una brecha enorme que podrá llevar a un déficit mayor de 6%, pero precisó eso no se puede cerrar de un solo golpe, para evitar el fracaso del Gobierno con la reciente reforma fiscal que llevó al Congreso y no pasó porque era un choque demasiado grande.

Personalmente, dijo, no ve un panorama que sea catastrófico, pero sí retos, porque “ni estamos tan bien como dice el Gobierno, pero tampoco tan mal como dice la oposición”. El primer reto señaló: es garantizar la sostenibilidad fiscal y revisar la estructura tributaria para recaudar más.

Expuso que la presión tributaria de 24% es perfectamente factible si se elimina el 40% de evasión del ITBIS (RD$290,000 millones); si se recuperan más de RD$474,000 de evasión del Impuesto Sobre la renta, unos RD$384,000 millones en exoneraciones fiscales y se enfrentar el problema en la fuente, ya que a su juicio “el Gobierno está perdiendo lo mismo que está recaudando”.

Recalcó que por la vía administrativa se puede captar de 1% a 1.5% del PIB, porque República Dominicana está perdiendo el 10% de sus recaudaciones.

¿Estamos esperando una situación de crisis? Se preguntó Suárez al enfatizar que no se trata de ofertas y menos de discursos para tener a la gente conforme, sino de concentrarse en acciones sostenidas, graduales, para buscar sostenibilidad, mediante un plan vinculante dentro de una estrategia país que permita trabajar con ese esquema fiscal dentro cinco a diez años.

“La brecha entre ingresos y gastos en los últimos 25 años ha provocado un creciente proceso de endeudamiento público que ha aumentado la carga presupuestaria del servicio de la deuda”, afirmó.

Luis Vargas.

Luis Vargas.Silverio Vidal

Luis Vargas entiende que se han aplicado reformas, pero la fiscal hay que hacerla, previo a reunirse para ver los puntos consensuados y llevarla al Congreso, hacer las revisiones pertinentes para evitar imposiciones, y corregir la “institucionalización de la evasión”.

No regalar la tierra, no conceder amnistías y empezar las conversaciones de la reforma fiscal con estudios, no para conseguir dinero, sino las metas fundamentales. Vargas recuerda que en este no país no hay base social moderna, y cuidar de no montar un esquema capitalista, porque la mayoría de los entes productivos son cuentapropistas y las microempresas son autofinanciadas de familiares. Lamenta que el Estado siga siendo un mecanismo para lograr la acumulación de capital.

Ellen Pèrez Ducy.

Ellen Pèrez Ducy.Externa

De igual modo, Ellen Pérez Ducy considera que una reforma requiere evaluación, hacer estudios, analizar la coyuntura económica local y la coyuntura internacional. Aduce que es posible una reforma y buscar más ingresos, siempre con un sistema que sea justo y equitativo, bajo un esquema costo-beneficio.

Señala que sería un error buscar dinero porque se necesita hacer un gasto o salir de un problema inmediato.

Sepa más

Fernando Ferràn.

Fernando Ferràn.Silverio Vidal.

Primer coloquio

Fernando Ferrán, director del Centro de Estudios Padre José Luis Alemán, S.J, de la PUCMM, explicó además de la Unidad de Estudios de Haití, la entidad ha desarrollado este el primer coloquio académico dirigido especialistas con el objetivo entre otros temas de fomentar el diálogo y discusiones para discernir el mudo económico y sus consecuencias en la sociedad.

“Este es el primer coloquio después del intento de reforma tributaria y presupuestos que tienen un problema de fondo”, indicó Ferrán al señalar que las economías no avanzan sin recursos económicos y por eso el trabajo voluntario del centro de estudios y el objetivo de la convocatoria, “para ver los remedios que puedan haber”. En el coloquio que se realizará esta tarde en la PUCMM participan más de 20 profesores, funcionarios y empresarios y estudiantes de término de economía en la PUCMM. Irán politólogos y sociólogos, también.

CITA…Los recursos presupuestados para cubrir el servicio de la deuda pública del Gobierno Central para el 2025 ascienden a RD$422,989.3 millones (US$6,702.4 millones), que representan el 34.1% de los ingresos fiscales estimados, 28.5% del gasto y 5.2% del PIB.

Los recursos presupuestados para cubrir el servicio de la deuda pública del Gobierno Central para el 2025 ascienden a RD$422,989.3 millones (US$6,702.4 millones), que representan el 34.1% de los ingresos fiscales estimados, 28.5% del gasto y 5.2% del PIB.

https://listindiario.com/economia/finanzas/20250312/as_849010.html

viernes, 26 de agosto de 2022

SB celebra Congreso Académico Internacional sobre Derecho de la Regulación Monetaria y Financiera; resaltan impacto de la Ley 183-02

 ECONOMÍA

SB celebra Congreso Académico Internacional sobre Derecho de la Regulación Monetaria y Financiera; resaltan impacto de la Ley 183-02

24 DE AGOSTO 2022 | 16:54
Congreso Académico Internacional sobre Derecho de la Regulación Monetaria y Financiera
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Santiago. - La Superintendencia de Bancos (SB) y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) celebraron el primer Congreso Académico Internacional sobre Derecho de la Regulación Monetaria y Financiera, en esta provincia.

La actividad reunió cerca de 20 expositores nacionales y extranjeros, que abordaron desde diferentes perspectivas los fundamentos legales del sector financiero dominicano y sus desafíos de cara a las nuevas tendencias digitales. También contó con la asistencia de estudiantes, abogados en ejercicio y público en general.

Los juristas manifestaron que la entrada en vigor de la Ley 183-02, hace 20 años, ha sido fundamental para el crecimiento y desarrollo del sistema financiero dominicano, pues le provee un marco regulatorio moderno que ha sentado las bases para la adaptación del sector a las tendencias internacionales.

“La Ley Monetaria y Financiera es la primera de todas las leyes en República Dominicana que da el verdadero alcance al concepto de regulación, que también es un instrumento para la buena marcha de sectores que tienen una trascendencia de alto interés público”, expresó el jurista Olivo Rodríguez Huertas, durante el conversatorio Principios y fundamentos del derecho de la regulación monetaria y financiera, en el que también participaron las académicas Rosina de la Cruz Alvarado (RD) y Mirian Mabel Ivanega (Argentina).

De la Cruz Alvarado resaltó que la regulación monetaria crea instituciones independientes y con un alto nivel de tecnificación que posibilita hacer un ejercicio regulador y sancionador más eficiente, en procura de los mejores intereses económicos de la nación.

En tanto que Ivanega sostuvo que la regulación monetaria provee un marco jurídico idóneo para conocer las cuestiones particulares que atañen a los sectores bajo sus competencias, complementando así a la legislación administrativa y penal.

De igual manera, durante diferentes intervenciones, otros expositores abordaron los retos que enfrenta el sector ante el avance de las monedas digitales y los nuevos canales alternos para la provisión de servicios financieros.

En ese sentido, coincidieron en que la economía digital está transformando el ecosistema financiero global, situación que debe ser abordada no solo desde la perspectiva de las entidades de intermediación financiera, sino también desde los reguladores.

Al dar apertura a la actividad, el superintendente de Bancos, Alejandro Fernández W., expresó que esta gestión de la SB se ha propuesto jugar un rol activo en el debate de ideas en materia de regulación bancaria, aportando al fortalecimiento del sector y así contribuir a la sociedad.

Asimismo, resaltó el aporte de las universidades y academias del derecho en incentivar mejoras en las prácticas bancarias, mediante el estudio y la enseñanza.

Además del superintendente de Bancos, el acto de inicio del evento contó con la presencia del profesor Julio Ferreira, vicerrector académico de la PUCMM, quien valoró la importancia de espacios académicos como este foro y felicitó a la Escuela de Derecho del campus de Santiago y a la SB por su organización.

La mesa de honor estuvo compuesta, además, por Milton Ray Guevara, presidente del Tribunal Constitucional; Luis Valdez, director de la Dirección General de Impuestos Internos; Dariel Suárez, director de la Escuela Nacional de la Judicatura; Luz Marte, consultora jurídica de la SB, y Anne Gómez, directora de la Escuela de Derecho del campus de Santiago de la PUCMM.

Otros invitados extranjeros que expusieron en el congreso fueron los juristas Víctor Hernández-Mendible (Venezuela), Rosa María Lastra (Reino Unido), Gustavo Vega (Argentina), Miriam Stern Velázquez (Reino Unido) y José Carlos Laguna de Paz (España).

De República Dominicana participaron Manuel Fermín Cabral, Luisa Nuño, Rafael Dickson Morales, Esperanza Cabral, Sarah de León Perelló, Omar Victoria Contreras, Enmanuel Cedeño Brea, Aileen Guzmán Coste, María Elisa Holguín, Guillermo Jorge y Luis Julio Jiménez.

De igual manera, Marielle Garrigó, Kharim Maluf Jorge, Mario Leslie Soto, María Teresa Fernández y María Fernanda Sansur, del equipo de la SB.

https://presidencia.gob.do/noticias/sb-celebra-congreso-academico-internacional-sobre-derecho-de-la-regulacion-monetaria-y

martes, 7 de septiembre de 2021

DR-Cafta: un tratado que RD firmó en el 2004 de forma precipitada y que ahora tiene la oportunidad de renegociar

Economía & Negocios martes, 07 de septiembre de 2021
DR-Cafta: un tratado que RD firmó en el 2004 de forma precipitada y que ahora tiene la oportunidad de renegociar
Lilian Tejeda
Santo Domingo, RD.

Ya pasaron 14 años de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio República Dominicana, Centroamérica y los Estados Unidos (DR-Cafta) y a partir de ese momento los miembros tienen derecho a crear una comisión para revisar la implementación y operación del acuerdo respecto al comercio de mercancías agrícolas. 

Esto consta en el artículo 3.18 del tratado, que establece que 14 años después de su entrada en vigencia las partes establecerán una Comisión de Revisión Agrícola que deberá evaluar los efectos del proceso de liberalización comercial, la operación de las medidas de salvaguardia agrícola y su posible extensión.

El economista Nassim Alemany, quien tiene experiencia en la implementación del tratado, consideró que esto permite hacer nuevas negociaciones de acuerdo a la realidad de cada país.

Hace años que los productores agropecuarios dominicanos reclaman una revisión del acuerdo pero aunque se han dado algunos amagos hasta el momento no se ha llegado a nada concreto.

Una nueva oportunidad

El DR-Cafta se firmó en el 2004, durante el gobierno de Hipólito Mejía, y entró en vigor en República Dominicana en el 2006. Desde entonces se han hecho ciertos cuestionamientos sobre las condiciones en que fue firmado y los beneficios que ha traído al país.

Un análisis  del Centro de Estudios Económicos y Sociales, P. José Luis Alemán (CEESPA) de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) publicado tras cumplirse la primera década de su puesta en vigencia indica que en el 2004 República Dominicana simplemente se adhirió al tratado sin agotar un proceso de negociación.

“En agosto de 2003, el gobierno de EEUU aceptó incorporar a RD al DR-CAFTA mediante una simple adhesión (docking), negociando solamente las listas de acceso a mercado y los tiempos de desgravación, y sin tocar los temas de las disciplinas comerciales -es decir- los temas vinculados al desarrollo. Quedó así desde el inicio descartada toda posibilidad de lograr un “trato especial y diferenciado” por los niveles de desarrollo”, establece el citado estudio.

Los autores reseñan una publicación que señala que las autoridades dominicanas (de entonces) aceptaron la propuesta de adhesión sin hacer ningún estudio sobre el impacto que el acuerdo tendría sobre la economía del país, las leyes que deberían ser modificadas, los empleos que se perderían o se ganarían, las implicaciones para el comercio exterior, las barreras no arancelarias a remover, la modificación del entorno comercial, entre otros aspectos.

“Lo más paradójico de todo fue que el DR-CAFTA no fue una imposición estadounidense. Bien por el contrario, fueron grupos políticos nacionales y un sector específico del empresariado local los que abogaron a favor de una adhesión, no una negociación”, dice el documento.

Agrega que aquí se renunció unilateralmente a cualquier posición en el ámbito internacional que pudiera generar el más mínimo desagrado de los funcionarios estadounidenses. Los autores señalan que para la firma del tratado no hubo estudios de impacto, ni una revisión de los textos en materia de disciplinas comerciales. Indican que todo se hizo de manera precipitada, solo se negociaron los anexos y las listas de acceso a mercado. Con esas solas excepciones el resto consistió en una mera adhesión.

Ahora República Dominicana tal vez tiene una nueva oportunidad para realmente negociar en este acuerdo.

Actores

El DR-Cafta se firmó en el 2004, durante el gobierno de Hipólito Mejía, y entró en vigor en el 2007. En Estados Unidos gobernaba George W. Bush. El ministro de Agricultura dominicano era oficialmente Eligio Jáquez, quien actualmente es el cónsul general de República Dominicana en New York.

https://listindiario.com/economia/2021/09/07/687143/dr-cafta-un-tratado-que-rd-firmo-en-el-2004-de-forma-precipitada-y-que-ahora-tiene-la-oportunidad-de-renegociar
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En convenios internacionales: “Negociadores mediocres” 

https://hoy.com.do/en-convenios-internacionales-negociadores-mediocres/

martes, 26 de marzo de 2019

#tbt La PUCMM advierte tendencia “al deterioro” de posición de RD en el Índice Global de Competitividad

23 enero de 2018
La PUCMM advierte tendencia “al deterioro” de posición de RD en el Índice Global de Competitividad
SANTO DOMINGO.- República Dominicana mantiene una baja ponderación en el Índice Global de Competitividad (IGC) debido a males como la corrupción, la ineficiente burocracia gubernamental, las tasas impositivas, una fuerza de trabajo inadecuada y la inseguridad provocada por crímenes y robos.
La afirmación está contenida en un informe especial elaborado por el Barómetro de Comercio Internacional, del Programa de Estudios del Desarrollo Dominicano (PED), de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).
El informe sobre “instituciones y competitividad” analiza los resultados del Índice Global de Competitividad para República Dominicana, a cargo de un equipo coordinado por Fernando Ferrán, director del PED, e integrado por Eloy Álvarez, Miguel Ceara-Hatton, Ángel Checo y Vladimir Pimentel.
El IGC, del el Foro Económico Mundial, evalúa las economías y  proporciona información sobre los impulsores de la productividad y la prosperidad, con un rango de medición de 1, para las peores y 7 para las mejores.
Para el IGC 2017-2018 fueron evaluadas 137 economías, entre las que destacan como más competitivas las de Suiza, Estados Unidos y Singapur.
El análisis de la PUCMM pondera la evolución de República Dominicana en este ranking desde 2007-2008. Para ello, contrapone el desempeño dominicano con el de los únicos 114 países que también vienen siendo evaluados por dicho Foro, como procedimiento metodológico que permite establecer la tendencia del país y evita distorsiones por la entrada y salida circunstancial de algunos países durante el período bajo estudio.
“República Dominicana se ha mantenido relativamente estancada en el indicador global para los últimos 3 reportes, alcanzando un valor de 3.9”, indica al análisis.
“En promedio, en el período analizado, República Dominicana ha perdido 5 posiciones. Al comparar este desempeño con el del resto de países, observamos que 87 países de los 114 analizados tuvieron mejor desempeño que el país”, señala.
En “entorno institucional” República Dominicana desciende “de manera progresiva desde que se emitió el Reporte 2014-2015”, dice.
En cuanto al derecho de propiedad República Dominicana perdió 8 posiciones a lo largo del tiempo que se calcula este indicador.
“En ética y corrupción República Dominicana ha desmejorado paulatinamente a partir del Reporte 2014-2015, pasando de 2.45 en ese reporte a 2.09 en el último. En el último año alcanzamos la posición 112 de 114 países”, señala el informe de la PUCMM.
“En promedio para todos los años, RD ha perdido 4 posiciones en este indicador, lo que al comparar con el resto se puede ver que 86 países han obtenido un mejor desempeño durante el período”.
En el Desempeño del Sector Público el país alcanzó la posición 103 de 114 en el último reporte, “empeorando en esta medida por cuarto año consecutivo”.
Respecto a la seguridad obtuvo la posición 94, una reducción promedio de nueve posiciones durante el período en estudio.
En cuanto a la ética corporativa, que hace referencia al comportamiento ético de las empresas, “quedó muy mal posicionada”, resalta el análisis, ya que alcanzó la posición 110, “lo cual nos convierte en el quinto país con peores resultados dentro de los 114 países en estudio”.
Sobre la responsabilidad de rendir cuentas empeoró de manera significativa, ubicándose en la posición 84 de 114 países, bajando a los niveles que teníamos cuando se publicó el reporte 2009-2010.
El equipo de la PUCMM concluye que el índice evidencia, “más allá de la retórica y las notas de prensa”, los grandes retos tiene República Dominicana.
“Estos indicadores no sólo manifiestan que el país queda mal posicionado entre los países con resultados más desfavorables de la región, sino también del mundo”, indica. “Y aún peor, la tendencia nacional es al deterioro de nuestros resultados”, añade.

“En el caso del Pilar Instituciones, aún peor; 92 países han mejorado más que República Dominicana”, resalta.

jueves, 5 de abril de 2018

Sobre no verdad y posverdad, implicaciones éticas, políticas y sociales

NOTICIAS
Sobre no verdad y posverdad, implicaciones éticas, políticas y sociales
Ponencia en el X Seminario de Comunicación Corporativa, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM)
Redacción elDineroPor: Redacción elDinero Santo Domingo | 4 de abril, 2018
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José Mármol
Especial para elDinero
La posmodernidad tiene muchos vericuetos, desde su definición hasta su interpretación o entendimiento. Pero, también tiene sus tretas, artilugios y pirotecnias lingüísticas y conceptuales. Lo que ha devenido en llamarse posverdad, en cuya nervadura nos adentraremos en breve, acusa cierto aire de resurrección del imaginario de Jorge Luis Borges, especialmente, en lo que atiene al título de su obra Historia universal de la infamia (Alianza Editorial, Madrid, 1998) *, un libro modelo de lo que empezará a llamarse realismo mágico, que Borges publica en 1935 y que revisa y reedita en 1954. En el prólogo de su autoría a esta última edición, el escritor admite que se trata de un conjunto de historias escritas, en lenguaje barroco, por un irresponsable, que llega a falsear y tergiversar historias ajenas, aunque los relatos están basados en crímenes reales. Allí se recuperan aires de autores como Stevenson, Chesterton y rasgos biográficos del poeta argentino Evaristo Carriego, así como elementos narrativos de las películas de von Sternberg. A mí, aunque lo silencie Borges, algunos pasajes de sus relatos de crímenes y degüellos me conectan con los asesinatos estéticos de Thomas de Quincey, que los consideraba una de las bellas artes.
Afirma, además el escritor, que el volumen de relatos está poblado por patíbulos y piratas, y que “la palabra infamia aturde en el título, pero bajo los tumultos no hay nada. No es otra cosa que apariencia, que una superficie de imágenes; por eso mismo puede acaso agradar”. Respecto de sí mismo, como autor barroco de los años treinta afirma que quien ejecutó la obra, en tanto que libro o vacuidad, no era más que un hombre desdichado que se entretuvo escribiéndolo, h que espera que “algún reflejo de aquel placer alcance a los lectores”. Es decir, que los seduzca, los atraiga, los engañe.
Por ejemplo, el texto titulado “El atroz redentor Lazarus Morell”, cuyo protagonista es el bandido norteamericano del siglo XIX John A. Murrell, fue escrito entre 1933 y 1934, y en él se reinterpreta y adapta a la ficción la consecuencia histórica, económica, política, racial y cultural derivada del reclamo del padre Bartolomé de las Casas al emperador Carlos V, mediante el cual solicita sustituir en el trabajo forzado a los indígenas, ya en proceso de extinción, por esclavos negros traídos desde África.
*http://www.itvalledelguadiana.edu.mx/librosdigitales/Jorge%20Luis%20Borges%20-%20Historia%20universal%20de%20la%20infamia.pdf, consultado el 19 de marzo de 2018.
O como en el afamado relato “Hombre de la Esquina Rosada”, que, al terminar, el narrador omnisciente se refiere a su interlocutor imaginario llamándolo “Borges”, hablándole en segunda persona del singular y haciendo al autor parte de la trama ficticia.
¿Podría algo parecerse más a la posverdad, que este afán borgeano de tergiversar los hechos para presentarlos a los lectores, a la audiencia, a la sociedad como si fuesen verdaderos? No hay barreras entre la realidad y la ficción, entre la verdad y la mentira, entre la subjetividad y la objetividad.
La fama reciente del neologismo posverdad ya es de conocimiento universal. El Oxford Dictionary la declaró “palabra del año” en 2016. Ese apogeo no hubiese sido posible sin condiciones de orden económico, como el neoliberalismo, el imperio del mercado y el antitético neoproteccionismo; de orden político, como el populismo y el nacionalismo radical; de orden social y moral, como la xenofobia, la aporofobia (o rechazo a los pobres por ser pobres) y el racismo; de orden cultural, como el singularismo y el multiculturalismo; de orden demográfico, como los flujos migratorios masivos por pobreza, guerras o sedición religiosa, y sobre todo, de orden tecnocientífico, especialmente, con la revolución tecnológica y lo que Han llama “el giro digital” (En el enjambre, España, Herder, 2014). O como prefiere llamarlo Manuel Castells (La era de la información. La sociedad red, Vol.I, España, Alianza Editorial, 2011), la “sociedad red”. En nuestro país, y con un mayor grado de complejidad analítica y de pensamiento en el ámbito de las humanidades digitales, el filósofo Andrés Merejo opta por emplear términos como ciberespacio, cibermundo, cibercultura y sujeto digital en ensayos como El ciberespacio en la Internet en República Dominicana (2007), Hackers y filosofía de la ciberpolítica (2012), La era del cibermundo (2015), El Cibermundo Global en la República Dominicana (2016) y La dominicanidad transida. Entre lo virtual y lo real (2017).
La fama reciente del neologismo posverdad ya es de conocimiento universal. El Oxford Dictionary la declaró “palabra del año” en 2016. Ese apogeo no hubiese sido posible sin condiciones de orden económico, como el neoliberalismo, el imperio del mercado y el antitético neoproteccionismo.
El sistema de producción y consumo liberales, así como sus estructuras jurídico-políticas experimentaron en 2008 una profunda fisura de carácter ético, cuyo generador por excelencia se situó en el septiembre negro de la Bolsa de Valores de Estados Unidos de Norteamérica. El virus de la bancarrota ética, con graves consecuencias económicas, se extendió como pólvora por Europa y Asia. Estas condiciones dieron lugar a formas de degradación del poder y del ejercicio del saber y de la política, que se resuelven, en cierta forma, en lo que hoy denominamos posverdad.
En su obra más crítica de la modernidad y sus efectos titulada Más allá del bien y del mal (1885) Nietzsche lanza una advertencia, en lo que se me antoja un preludio de la situación actual y la vigencia del término. Apoyado en el saber perspectivista, que se basa en la “mirada de rana”, es decir, aquella que se genera desde abajo hacia arriba, propia de los artistas, y con la cual subvirtió la filosofía y el arte de su tiempo, afirma tajantemente, a la altura del cuarto fragmento y a raíz del cuestionamiento a los juicios sintéticos a priori de Kant y el reclamo del valor de lo presumiblemente falso en lo presumiblemente verdadero, que “renunciar a los juicios falsos sería renunciar a la vida. Admitir que la no verdad es condición de la vida: esto significa, desde luego, enfrentarse de modo peligroso a los sentimientos de valor habituales: y una filosofía que osa hacer eso se coloca, ya solo con ello, más allá del bien y del mal”.
Nietzsche pone alas libertarias al acto de pensar, de hacerse preguntas sospechosas y de provocar la mirada oblicua en torno a los saberes establecidos como verdades absolutas, y sienta con este aserto, no solo las bases del perspectivismo, sino también, de un relativismo que contribuirá a su intención de transmutación de todos los valores. Gilles Lipovetsky (El crepúsculo del deber, Barcelona, Anagrama, 1998), por su parte, reflexiona acerca de un “crepúsculo del deber” o de una época posdeóntica, es decir, de deberes superados, caracterizada por la falta de compromiso ético y por la preeminencia del individualismo y de los intereses particulares sobre los de valor común o socialmente compartido.
La historia de la verdad, vista socialmente, se ha desarrollado en estrecha urdimbre con la razón y la no verdad, ha ido de la mano con la historia del Estado, en tanto que ente regulador del orden y garantía de los gobernantes sobre los gobernados. So pretexto de usufructuar la verdad se han erigido jefes de tribus, imperios, califatos, regímenes despóticos, tiránicos, liberales y totalitarios. Sin embargo, su forma más aceptada ha venido adherida a la democracia como sistema político. Hoy día, y a raíz de la vigencia de lo pospolítico como degradación de la democracia y la miseria ética de los partidos, ese lugar lo ha ocupado la posverdad. Este fenómeno, como enunciamos al principio, no hubiera sido posible sin la revolución tecnológica, la digitalización de los sistemas de información, producción, consumo, comunicación y vida cotidiana para crear la cibersociedad y la tecnocracia como alternativa frente al Estado de bienestar, ahora reducido a mera caricatura; sin el apogeo del terrorismo fundamentalista, las crisis económicas y axiológicas, las guerras y los flujos migratorios masivos.
Fenómenos como el Brexit, las tendencias neopopulistas, neonacionalistas o tribalmente secesionistas en Europa, especialmente en Cataluña, y la elección y el gobierno tuitocrático de Trump son resultado del ejercicio de una relativización a ultranza de valores y creencias que impulsa la posverdad, cuya base emocional y subjetiva da pie a la manipulación y el engaño discursivo y político, en base a un proceso demagógico de suplantación de la objetividad. La posverdad ha creado la cortina de humo en que se agita la posdemocracia, con un grave déficit de sentido en conceptos, ahora inflacionados y distorsionados, como la patria, el pueblo, el ciudadano, derecho, identidad o libertad. A esto se suma, la neutralidad axiológica o indiferencia adiafórica, de la política ante los hechos mismos, por inhumanos que resulten. Además, da lugar al divorcio entre poder y política, por cuanto, el primero se ejerce en un ámbito global, mientras que el segundo se limita a los estados nacionales.
Resulta paradójico que, en el marco de la era digital, que reifica y absolutiza el dato por sí mismo hasta llegar a la supremacía del dataísmo o dogmatización del Big Data, no obstante, en términos políticos, se rinde culto a lo posfáctico, a la denigración del dato en sí, a su conversión en bisutería ideológica. Y, lo más temible, la distancia del poshecho (lo posfáctico) al posderecho (la tiranía o el totalitarismo) es muy corta. De ahí la no verdad, es decir, lo falsario e impostor de la objetividad en la posverdad, y su impredecible peligro.
Por esta peligrosa deriva extremista del imperativo de la simulación y verdad alternativa es que Timothy Garton Ash (“Una pelea justa por la verdad”, El País, miércoles 11 de enero de 2017, p.15) ve la ineludible e impostergable necesidad de luchar contra la mentira, librando una pelea justa a favor de la verdad; porque todos somos presa de la sensación manipulada de que “ningún discurso está completo si no incluye una referencia a que vivimos en la época de la posverdad”. Aun así, el autor antepone el concepto basado en el adjetivo posfactual al de posverdad, porque aquel constituye una amenaza peor a la estabilidad de la democracia. Esto así, en la medida en que la amenaza posfactual promueve argumentos falsos, envolviéndolos en relatos conmovedores y amplificados en las cámaras de resonancia de la red y la comunicación digital, hasta modificar conductas e influir sobre la decisión de las masas. Esas cámaras de resonancia son, en lo posfactual, controladas y activadas por máquinas o robots y son capaces de generar una cantidad enorme de informaciones y noticias a través de las “superpotencias privadas” como Facebook, Google, Twitter, Instagram y otros, que han relegado su compromiso ético de poner en vigor el algoritmo capaz de filtrar las informaciones falsas.
En el ámbito de la comunicación mediática, la peor amenaza al periodismo de calidad, al periodismo honesto, riguroso y respetuoso con las reglas profesionales la constituyen las noticias falsas (fake news), según sostuvo Antonio Caño, director del periódico El País, en el Encuentro de Periodismo Fohla de Sao Paulo de febrero pasado, en Brasil. Denunció la proliferación de bulos (noticias falsas propaladas con algún fin) que han llevado “el caos al mundo de las noticias”, pero que, al mismo tiempo, han revalorizado el papel de la prensa como un referente fiable para informarse y para “fiscalizar los abusos del poder” (El País, miércoles 21 de febrero de 2018, p.26).
Ahora bien, la posverdad sería incomprendida si no se la equipara a otro concepto, probablemente menos simpático a los medios de comunicación, tanto impresos como digitales o electrónicos, y a la cultura light o derivada de la civilización del espectáculo, y, mucho más proclive al pensamiento social analítico y a la cuestión de la seguridad en el contexto corporativo. Se trata del concepto, de origen anglófono, de securitización. En español, el término más usado como equivalente es el de titulización, que significa, en lenguaje financiero, técnica por medio de la cual se transfieren activos que proporcionan derecho de crédito, como facturas no saldadas o préstamos en vigencia, hacia un determinado inversor, de manera que los derechos de crédito quedan transformados en títulos financieros emitidos en los mercados de capitales, a través de una sociedad ad hoc (https://es.wikipedia.org/wiki/Titulización). Además de activos, también se puede llevar a cabo una operación de titulización por medio de la transferencia de los inversores solamente del riesgo de los activos concernidos. En este caso se transfiere solo el riesgo o una parte de este y se llama titulización sintética.
Tomando prestado el término del lenguaje financiero y orientándose más hacia el terreno de la teoría política de los años 90 de la Escuela de Copenhague, Zygmunt Bauman (Extraños llamando a la puerta, España, Paidós, 2016) define la securitización como un truco del político en su rol de prestidigitador. El truco consiste en el desplazamiento que los gobiernos débiles de estos tiempos de modernidad tardía, globalización e interdependencia hacen de la auténtica preocupación de la ciudadanía, cambiándolos por otros problemas que la nueva política, distorsionadora o mentirosa, sí parecería tener destreza para plantearle soluciones tranquilizadoras. Por ejemplo, ante la incapacidad de solucionar asuntos como la inseguridad ciudadana o el desempleo, la creciente pobreza y los flujos migratorios, esta suerte de políticos taumatúrgicos de la securitización presentan, antojadiza y capciosamente, otros problemas como el del terrorismo especular; o bien, los de la amenaza al sistema democrático por maniobras de la ciudadanía descontenta e indignada, así como, en nuestro caso más inmediato, el de una conspiración de la población que rechaza la corrupción y la impunidad o una posible invasión haitiana, para confundir el problema de la inmigración con el de la seguridad nacional y personal; cuando no, una presunta campaña internacional para desacreditar el Estado y su reputación por argucias de algún tribunal o una entidad de la sociedad civil. Securitizar es, pues, pasar gato por liebre. Lo que está en juego es mantener el estado de cosas mediante el empleo del recurso de desviación de la atención pública.
Otro hecho securitizado es ver cómo ante el rechazo mundial del ataque con armas químicas de Bashard al-Assad a su propia población, y las devastadoras imágenes de padres con sus niños muertos en brazos o de infantes heridos que preguntaban a sus socorristas si iban a morir, Estados Unidos decide bombardear con misiles una base aérea oficial siria, desafiando con ello a sus aliados Rusia e Irán, lo que parecería un gesto humanitario de mayúscula importancia y grave riesgo. Sin embargo, el objetivo de securitización de Estados Unidos lo único que persiguió fue revertir la caída en picado de la popularidad de Trump por los desaciertos e incertidumbres en la población estadounidense producto de varias órdenes ejecutivas fallidas, para despertar con manipulación el orgullo nacionalista del poderío militar norteamericano.
La posverdad es un argumento de raíz emocional, que provoca que lo que aparenta ser verdad resulta más importante que lo verdadero en sí. Crea la ilusión de que puede existir una objetividad alternativa a la objetividad palmaria u ostensible. Como su terreno de cultivo es la opinión pública, allí, la preeminencia de la posverdad consigue que los hechos concretos y objetivos sean menos relevantes que el mero apelar a las emociones o a las convicciones personales. Aunque se le vincula demasiado al apogeo de la comunicación digital, sobre todo, por su virtud de la ubicuidad, no es menos cierto que el término posverdad se utilizó desde inicios de los años 90 para el análisis, por parte del escritor Steve Tesich, de escándalos políticos como Watergate, Irán-Contra y la Guerra del Golfo. También el periodista Eric Alterman habló de ambiente político posverdadero al referirse a los argumentos engañosos de la administración Bush en torno a los trágicos ataques terroristas del 9/11 y las consecuentes invasiones a Afganistán e Irak.
El lenguaje político que atiene al ejercicio del poder posmoderno se vale de las argucias y veleidades propias de la securitización, cuando la posverdad se topa con su propio valladar semántico, con sus límites de utilidad significativa y simbólica. Luego de procesos históricos como Hiroshima y Nagasaky, la Guerra Fría, y muy especialmente, el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, la securitización de las relaciones internacionales (RRII) se ha convertido, en el terreno político y empresarial, en una especie de “disciplina del miedo”. De acuerdo a un prospecto preparado por el Instituto de Gestión de Seguridad Interior de la Universidad de Long Island (http://www2.southampton.liu.edu/homeland/index.html [Consultado: 9 de noviembre de 2010]), citado por el profesor emérito de la Universidad de Sussex, Reino Unido, Kees Van Der Pijl (Relaciones Internacionales, No.31, Febrero 2016-Mayo 2016, Grupo de Estudio de Relaciones Internacionales, Universidad Autónoma de México, pp.153-187), el riesgo de la sociedad global, incluyendo las armas de destrucción masiva y el incremento de las actividades del terrorismo internacional han hecho que el tema de la seguridad interna cobre un relieve sin precedentes en los Estados y en las empresas.
El estudio revela cómo las empresas privadas, especialmente de los sectores como transporte, tecnologías de la información, finanzas, salud, educación e industria son cada vez más llamadas y comprometidas por el Estado en el resguardo de la seguridad interna de la nación. El ámbito corporativo ha incrementado sustancialmente el reclutamiento de personal de seguridad, expertos en comunicación y especialistas en cultura digital, porque, además de tener que hacer frente a los efectos directos y colaterales de la disciplina del miedo, también hay que desarrollar estrategias de manejo del riesgo reputacional, amenazado constantemente por rumores o campañas de descrédito con fundamento en las noticias falsas y los objetivos non sanctos de la posverdad.
Michel Foucault sostuvo lo siguiente: “El problema político esencial para el intelectual no es criticar los contenidos ideológicos que estarían ligados a la ciencia, o hacer de tal suerte que su práctica científica vaya acompañada de una ideología justa. El problema político del intelectual es saber si es posible constituir una nueva política de la verdad”. Añadía que el “problema no es ‘cambiar la conciencia’ de la gente o lo que tienen en la cabeza, sino cambiar el régimen político, económico, institucional de producción de la verdad” (“Verdad y poder”, L´Arc, 1971, entrevista con M. Fontana). La verdad no es algo absoluto; no es una esencia eterna ni un ente heredado en la cultura como algo inamovible.
La verdad es un producto dinámico, social, histórico, científico y político, que se construye y constituye al fragor de contiendas filosóficas, ideológicas, económicas y sociales, que tienen lugar en un determinado espacio y en un tiempo específico. Foucault vio en la política de la verdad un problema del poder, lo cual lo convierte en un precursor crítico, con Nietzsche, como ya vimos, de la sospechosa posverdad.
En tanto que saber, la verdad es poder, y viceversa. También la mentira. Sobre esa raigambre histórica y social de la verdad, que le imprime el carácter de algo que se instituye y no que viene dado, así como sobre lo que concierne a su vulnerabilidad en términos de relaciones de poder-saber, el advenimiento al control político y su puesta en práctica como ejercicio del poder desde el Estado tenemos ejemplos muy concretos en figuras actuales como Putin, Maduro, Trump, como también Puigdemont y algunos eslóganes capciosos del secesionismo catalán. Han desafiado los límites de la verdad y la justicia, para impulsar una era de posverdad y posjusticia, llena de verdaderas mentiras y de imaginería, que parecen colocarnos ante la disyuntiva de tener que elegir entre democracia o posdemocracia, cuando no, entre elecciones y referendos falsarios o el respeto a las leyes establecidas por consenso o mayoría sociales. La posverdad como recurso de legitimación del neopopulismo ha degenerado el ejercicio de la política y caricaturizado el desempeño de la función del Estado y el estado de derecho, desplazando la racionalidad por la emoción o el instinto de que es posesa una mayoría espejística y forzada en las estructuras de poder, cuando no una horda masificada y alucinada por las promesas nunca cumplidas del populismo.
En el mundo actual estamos padeciendo una crisis de gobernabilidad, por adiaforización o neutralidad valorativa de la institucionalidad y el Estado de derecho. El mundo se encamina hacia una bancarrota de la autoridad y del sistema de representación, que exhibe una democracia cada vez más carente de contenido y maleable en su esencia, que pone en riesgoso la paz mundial. Enzio Mauro (Babel, España, Trotta, 2017) advierte que en el neopopulismo del siglo XXI la energía política residual de democracias extenuadas parece haber encontrado un refugio, haciendo de las auténticas fuerzas de la sociedad una especie de reserva y de la justicia y las leyes una suerte de ilusión, traducida a ajustes de cuentas perpetrados por el abuso del poder y la masiva difusión de mentiras factuales.
La posverdad, terror y mea culpa de las élites intelectuales actuales, ni es mentira ni es inocente, pero tampoco es toda la verdad, de acuerdo con Jordi Gracia (“La posverdad no es mentira”, En la era de la posverdad, Barcelona, Calambur, 2017, pp.37-48). Como patología social, la posverdad “ha perfeccionado y a la vez envilecido el procedimiento de fabricación de verdades parciales y teledirigidas” (Ibid, p.45). Los argumentos falsarios de la posverdad procuran seducir a los sectores económica y socialmente más vulberables: ese es su maquiavélico fin. Su eficacia comunicativa y narcótica se debe al efecto de toxicidad o viralidad global generado por la orgía informativa y desinformativa de las redes sociales y las plataformas digitales. Sin embargo, Gracia finaliza su ensayo levantando una alerta roja y denunciando que existen unas élites intelectuales que, en su sobreactuación contra la posverdad destilan una dosis de “mala conciencia” y de “autodefensa” en calidad de avales, que no son más que verdades parciales a las que también debió llamarse posverdad.
Téngase muy claro que la posverdad es algo que opera mucho más allá del alcance de una noticia falsa. De hecho, en su lógica retorcida, es mucho más importante que algo, sea verdad o sea mentira, aparente ser verdad, porque esto va a ser más importante que la verdad misma. Ya no solo se mienten las verdades, sino que, además, se mienten las mentiras en una dialéctica sinuosa, invisible y cotidiana que termina aceptándose como apariencia de verdad.
En un trabajo ensayístico de reveladora agudeza, el economista y periodista Joaquín Estefanía (“La mentira os hará eficaces”, En la era de la posverdad, Barcelona, Calambur, 2017, p.88) aduce que en la última década y en el mundo económico los hechos objetivos han tenido, quizás demasiadas veces, menos importancia que las creencias personales y las ideologías, a pesar de que en sus falencias hayan tenido que cargar con millones de vidas humanas. Cuestiona el criterio de autoridad que descansa en profesionales de la economía exitosos e incluso, ganadores del Premio Nobel, porque también ese criterio ha tenido más valor que la realidad misma. Subraya que “la que muchas veces es considerada la verdad objetiva, muchas veces también ha sido la verdad subjetiva” (Idem). Esta ambigüedad se hace palpable en el lenguaje de Orwell en su novela 1984, según el cual “la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza” (Ibid, p.89).
En la dinámica empresarial actual, la economía de mercado está cediendo espacio a la economía de la reputación. Y no ha sido la mano invisible de ese mercado la que ha movido una pieza del puzle. No. De lo que se trata, fundamentalmente, es de cómo el capital reputacional de una empresa tiene tanto valor como el de sus activos financieros. ¿Cuál es el factor que le otorga ese relieve? Uno que parecía no estar en el guion de la normalidad: el factor riesgo. Su accionar es transversal a la visión de sostenibilidad o supervivencia de la empresa y su valor, aunque intangible, y solo no inmediatamente medible en dinero, tiene una importancia estratégica de primer orden. La reputación de la empresa se traduce en credibilidad y fiabilidad de sus inversores, clientes, empleados, proveedores, opinión pública y sociedad. Y de la misma manera en que la imagen era preservada de los riesgos y atrevimientos del lenguaje publicitario, capaz, en ocasiones temerarias, de hacer promesas no del todo cumplibles, o bien, simplemente falsas, también la reputación debe ponerse a salvo de las pretensiones subjetivas y axiológicamente neutras de la posverdad y el poshecho.
En la construcción de confianza descansa uno de los grandes retos de la comunicación corporativa, en una economía de libre mercado y en el tráfago de la urdimbre mediática, la quiebra de la ética profesional y el enjambre de la era digital. De ahí la necesidad de alinear, de acuerdo al planteamiento del consultor y estratega de comunicación Ítalo Pizzolante Negrón, las inteligencias económica y social, para el fortalecimiento de una visión sostenible de la empresa y su interacción con el entorno. Pretender ser socialmente responsable no da a la empresa un salvoconducto ante las amenazas del entorno. La responsabilidad social debe gestionarse como proceso de escucha e interpretación de las expectativas, sobre todo, insatisfechas de la sociedad. En tal virtud el experto sustenta que “En la era de la trasparencia y la ´post-verdad´ es fundamental desarrollar nuevas habilidades para escuchar con humildad a la sociedad”. Y subraya que los responsables de la comunicación corporativa estamos obligados a desarrollar metodologías “que documenten la red de relaciones construidas en cada actuación institucional de la empresa, mapas de influencia y poder, análisis de colectivos que ya han fijado posiciones públicas y hacen predecible sus comportamientos, tendencias que el entorno empresarial valora y apoya y críticas que orienten nuevos caminos para construir confianza” (Pizzolane, I., “El desafío de la inteligencia social” https://diarioresponsable.com/opinion/25612-el-desafio-de-la-inteligencia-social-pizzolante, actualizado el 20 de marzo de 2018).
La comunicación corporativa y el director de comunicaciones tienen un compromiso ético impostergable e irrenunciable, que es el de salvaguardar el capital reputacional de la empresa o la institución, en un entorno que pone en tensión la misión económica y social de estas con la emocionalidad o los intereses inmediatos de sus relacionados, especialmente, con los sectores sociales más vulnerables, desde el punto de vista del incumplimiento, por parte del Estado y del progreso macroeconómico en abstracto, de sus demandas, expectativas y aspiraciones colectivas. Lo característico, por excelencia, de ese entorno viene dado en el apogeo de los medios alternativos, capaces de, a través de un tuit, un mensaje vía WhatsApp, una imagen de Instagram o Snapchat, o bien, un pronunciamiento en Facebook, un blog particular o una alerta a las comunidades virtuales de LinkedIn, crear una opinión pública paralela, más beligerante, más feroz y menos respetuosa que la opinión pública, distinta de la opinión publicada, que se estructura en los medios convencionales.
Una opinión personal, montada en una caja de resonancia ciberespacial, puede hacer trizas, en cuestión de segundos, una postura corporativa revestida de objetividad e institucionalidad. La fuerza aplastante de la autonomía que alimenta el giro digital de la comunicación ha mermado la credibilidad de los medios, que son un soporte fundamental de la comunicación corporativa. El imperialismo subjetivo y la dictadura factual de la posverdad y del poshecho se esfuerzan a cada instante por colocar en un segundo o un lejano plano el valor de la objetividad y la tradición de la verdad. La danza entre no verdad y posverdad genera un espacio que solo puede conducir a la sociedad, en conjunto, a una nueva ideología babélica, a un inadmisible predominio del caos, al abismo de la humanidad.
Vivimos en la era de la información digital y el conocimiento. Pero, ¿controlamos la información digital o nos controla ella a nosotros, apoyada en lo artificial y lo poshumano? ¿Habrá un algoritmo que adelante la respuesta? Tal vez.
Muchas gracias.
El autor es presidente de la Asociación de Directores de Comunicación de República Dominicana (Asodircom). Ponencia en el X Seminario de Comunicación Corporativa, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).
Fecha: 22 de marzo, 2018.
https://www.eldinero.com.do/57301/sobre-no-verdad-y-posverdad-implicaciones-eticas-politicas-y-sociales/

martes, 23 de enero de 2018

La PUCMM advierte tendencia “al deterioro” de posición de RD en el Índice Global de Competitividad

23 enero de 2018
La PUCMM advierte tendencia “al deterioro” de posición de RD en el Índice Global de Competitividad
SANTO DOMINGO.- República Dominicana mantiene una baja ponderación en el Índice Global de Competitividad (IGC) debido a males como la corrupción, la ineficiente burocracia gubernamental, las tasas impositivas, una fuerza de trabajo inadecuada y la inseguridad provocada por crímenes y robos.
La afirmación está contenida en un informe especial elaborado por el Barómetro de Comercio Internacional, del Programa de Estudios del Desarrollo Dominicano (PED), de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).
El informe sobre “instituciones y competitividad” analiza los resultados del Índice Global de Competitividad para República Dominicana, a cargo de un equipo coordinado por Fernando Ferrán, director del PED, e integrado por Eloy Álvarez, Miguel Ceara-Hatton, Ángel Checo y Vladimir Pimentel.
El IGC, del el Foro Económico Mundial, evalúa las economías y  proporciona información sobre los impulsores de la productividad y la prosperidad, con un rango de medición de 1, para las peores y 7 para las mejores.
Para el IGC 2017-2018 fueron evaluadas 137 economías, entre las que destacan como más competitivas las de Suiza, Estados Unidos y Singapur.
El análisis de la PUCMM pondera la evolución de República Dominicana en este ranking desde 2007-2008. Para ello, contrapone el desempeño dominicano con el de los únicos 114 países que también vienen siendo evaluados por dicho Foro, como procedimiento metodológico que permite establecer la tendencia del país y evita distorsiones por la entrada y salida circunstancial de algunos países durante el período bajo estudio.
“República Dominicana se ha mantenido relativamente estancada en el indicador global para los últimos 3 reportes, alcanzando un valor de 3.9”, indica al análisis.
“En promedio, en el período analizado, República Dominicana ha perdido 5 posiciones. Al comparar este desempeño con el del resto de países, observamos que 87 países de los 114 analizados tuvieron mejor desempeño que el país”, señala.
En “entorno institucional” República Dominicana desciende “de manera progresiva desde que se emitió el Reporte 2014-2015”, dice.
En cuanto al derecho de propiedad República Dominicana perdió 8 posiciones a lo largo del tiempo que se calcula este indicador.
“En ética y corrupción República Dominicana ha desmejorado paulatinamente a partir del Reporte 2014-2015, pasando de 2.45 en ese reporte a 2.09 en el último. En el último año alcanzamos la posición 112 de 114 países”, señala el informe de la PUCMM.
“En promedio para todos los años, RD ha perdido 4 posiciones en este indicador, lo que al comparar con el resto se puede ver que 86 países han obtenido un mejor desempeño durante el período”.
En el Desempeño del Sector Público el país alcanzó la posición 103 de 114 en el último reporte, “empeorando en esta medida por cuarto año consecutivo”.
Respecto a la seguridad obtuvo la posición 94, una reducción promedio de nueve posiciones durante el período en estudio.
En cuanto a la ética corporativa, que hace referencia al comportamiento ético de las empresas, “quedó muy mal posicionada”, resalta el análisis, ya que alcanzó la posición 110, “lo cual nos convierte en el quinto país con peores resultados dentro de los 114 países en estudio”.
Sobre la responsabilidad de rendir cuentas empeoró de manera significativa, ubicándose en la posición 84 de 114 países, bajando a los niveles que teníamos cuando se publicó el reporte 2009-2010.
El equipo de la PUCMM concluye que el índice evidencia, “más allá de la retórica y las notas de prensa”, los grandes retos tiene República Dominicana.
“Estos indicadores no sólo manifiestan que el país queda mal posicionado entre los países con resultados más desfavorables de la región, sino también del mundo”, indica. “Y aún peor, la tendencia nacional es al deterioro de nuestros resultados”, añade.

“En el caso del Pilar Instituciones, aún peor; 92 países han mejorado más que República Dominicana”, resalta.