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lunes, 6 de julio de 2026

Beijing exige a las empresas chinas en el extranjero a cumplir sus leyes por sobre las normativas de cada país

Caricatura de Xi Jinping con traje oscuro, corbata roja, un sello del Partido Comunista Chino y hilos rojos que conectan figuras y edificios en un mapa.

El jefe del régimen chino Xi Jinping extiende su influencia contra empresarios, ejecutivos y ciudadanos chinos en todo el mundo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mundo | Beijing exige a las empresas chinas en el extranjero a cumplir sus leyes por sobre las normativas de cada país

Mediante el decreto 835, el régimen conducido por Xi Jinping obliga a instituciones y ciudadanos chinos en el exterior a alinearse con la Lucha contra la Jurisdicción Extraterritorial Injustificada de Estados Extranjeros

Laureano Pérez Izquierdo | Director de Infobae América

06 Jul, 2026 08:54 a. m. EST

El largo brazo de la ley china tiene tantos miles de kilómetros que resulta imposible de medir. El Decreto N° 835 -“Reglamento de la República Popular China sobre la Lucha contra la Jurisdicción Extraterritorial Injustificada de Estados Extranjeros”- es un ejemplo de este nuevo paradigma legal que impone el régimen comandado por Xi Jinping para ciudadanos, empresas e instituciones chinas radicadas en el extranjero.

Hace pocos días, Infobae publicó la entrada en vigor de una ley que restringía la libertad de conciencia de sus ciudadanos no ya dentro de su territorio sino también fronteras afuera. Se trataba de la “Ley de Promoción de la Unidad y el Progreso Étnico” que comprime a la mínima expresión las etnias menos representativas del país priorizando una “unidad nacional” cuyos criterios quedan en consideración del Partido Comunista Chino (PCC). Estertores de la Gran Revolución Cultural Proletaria de 1966 donde se resaltaba la figura de Mao Tse-Tung. Ahora, el objetivo es resaltar el pensamiento de Xi y del PCC. Esa purga terminó con la vida de millones de personas.

Pero el Decreto N° 835 no busca (únicamente) perseguir la conciencia de sus ciudadanos radicados en el extranjero, sino obligarlas a dirimir un dilema legal que hasta ahora no contemplaban: cumplir las leyes de los países donde son residentes o circunscribirse a las normas del régimen de Beijing. Este intríngulis procesal coloca a una empresa, una institución o un simple inmigrante chino en una situación en la que se verá atrapado entre dos obligaciones legales incompatibles.

El reglamento del régimen dice expresamente que China responderá a lo que denomina “jurisdicción extraterritorial injustificada”. El objetivo apunta a las sanciones, restricciones y controles impuestas por otros estados.

En su Artículo 6, el decreto establece:

“El departamento competente en materia de Estado de derecho del Consejo de Estado, conjuntamente con otros organismos competentes, llevará a cabo la identificación de las medidas de jurisdicción extraterritorial injustificada adoptadas por Estados extranjeros y podrá realizar investigaciones y consultas con las partes extranjeras, entre otras actuaciones. Las organizaciones y personas podrán proponer al citado departamento el inicio del procedimiento de identificación.

Para llevar a cabo dicha identificación se tendrán en cuenta, entre otros, los siguientes factores:

Si la medida infringe el derecho internacional y los principios fundamentales de las relaciones internacionales;

Si existe una conexión apropiada entre el acto sometido a jurisdicción extraterritorial y el Estado extranjero que pretende ejercerla;

Si la medida perjudica la soberanía, la seguridad o los intereses de desarrollo de China, o lesiona los derechos e intereses legítimos de ciudadanos u organizaciones chinas;

Cualquier otra circunstancia que deba ser considerada.

Cuando, tras el procedimiento de identificación, se determine que una medida constituye una medida de jurisdicción extraterritorial injustificada de un Estado extranjero, el departamento competente del Consejo de Estado podrá anunciar oficialmente dicha determinación. Ninguna organización ni persona podrá ejecutar ni colaborar en la ejecución de tales medidas.

Cuando, por circunstancias especiales, un ciudadano u organización chinos necesiten ejecutar o colaborar en la ejecución de dichas medidas, deberán solicitar autorización al departamento competente del Consejo de Estado, exponiendo los hechos, los fundamentos y el alcance de la actuación requerida. Una vez aprobada conforme al procedimiento de decisión del Mecanismo de Trabajo, podrán ejecutarlas únicamente dentro del ámbito expresamente autorizado".

El texto es claro. Intimidante. Cuando el régimen considere que un estado extranjero -ya sea mediante una sanción, control o restricción- pretenda ejercer su jurisdicción, ningún ciudadano podrá cumplir o colaborar en su ejecución, salvo que Beijing -mediante el Consejo de Estado- lo autorice.

Es decir, una corporación china con una filial en Brasil o un ciudadano chino dueño de un restaurante en Madrid son obligados a cumplir con determinados requisitos por una ley (brasileña o española, de acuerdo al ejemplo) que los conmina a colaborar con las autoridades locales por filtración de datos. Sin embargo, si China considera que esa normativa son “extraterritorialmente injustificadas”, esas entidades chinas comprometidas podrían recibir dos órdenes simultáneas e incompatibles: la ley local le exige cumplir; la ley china le exige no cumplir.

Pero el Decreto N° 835 es aún más ambiguo, lo que lo convierte en más riesgoso para sus emigrantes y empresas en el extranjero. El Artículo 4 afirma que el régimen podrá ejercer “jurisdicción extraterritorial” cuando exista una “conexión apropiada” con China. El problema es que ese concepto no está definido y puede abarcar indistintamente a: ciudadanos chinos, empresas, filiales, financieras, tecnología, datos. La vaguedad de su texto es lo que hace temeraria y discrecional a la ley.

El Consejo de Estado es quien tendrá plena autoridad para decidir si se aplica o no la ley local de acuerdo a cada caso. Las autoridades chinas podrán identificar las medidas extranjeras, prohibir su cumplimiento, ordenar inspecciones tanto a empresas como a particulares, imponer entrevistas, ordenar no cumplir la norma, sancionar a esas empresas, restringirle inversiones y hasta congelar sus activos.

Otro punto intimidante es el que se desprende de los Artículos 12 y 13. En ellos se obliga a las compañías a cooperar con las investigaciones y obedecer las órdenes administrativas. La negativa de esta “colaboración” podría derivar en sanciones. En ninguna línea del texto se enumeran garantías procesales comparables a las que suelen exigirse en sistemas donde un poder judicial independiente revisa plenamente la actuación de la administración.

El Artículo 14 también es contundente. Alienta a generar denuncias entre entidades que se sientan afectadas por algún “traidor” que cumpla con leyes en el extranjero. “Cuando una organización o persona ejecute o colabore en la ejecución de medidas extranjeras de jurisdicción extraterritorial injustificada, lesionando con ello los derechos e intereses legítimos de ciudadanos u organizaciones chinas, estos podrán interponer, conforme a la ley, una demanda ante los tribunales populares para solicitar el cese de la infracción y la correspondiente indemnización por los daños y perjuicios sufridos”.

Además de la persecución de sus ciudadanos, la ley podría derivar en conflictos bilaterales. La intromisión del régimen chino en cuestiones administrativas locales generarían tensión entre los países involucrados que verían cómo Beijing intenta influir en decisiones tomadas fuera de su territorio. Esta presión podría extenderse, además, a otras represalias del estado comandado por Xi Jinping contra los países que quieran cumplir sus leyes.

Esto fue lo que ocurrió en Panamá, tras el fallo de la Corte Suprema de Justicia que declaró inconstitucional el contrato de concesión portuaria otorgado a Panama Ports Company (filial de la empresa china CK Hutchison) para operar los puertos de Balboa y Cristóbal en el Canal, calificando el acuerdo de “leonino” y lesivo para los intereses del país, lo que se tradujo en un conflicto bilateral y una presión monumental de Beijing sobre la nación centroamericana. El régimen comenzó una serie de contramedidas comerciales absurdas contra empresas panameñas y exigió al gobierno de José Raúl Mulino a desatender la decisión del máximo tribunal judicial del país.

A la Corte panameña no le tembló el pulso y respondió con altura republicalos ataques desde China: “Siempre va a haber alguien a quien le guste el fallo y va a haber gente a la que no le guste, pero la garantía de los ciudadanos es que la Corte no se deje influenciar por esas opiniones o esos deseos, sino que falle correctamente luego de un análisis muy profundo que la lleve a una conclusión“, dijo la presidenta del máximo tribunal María Cristina Chen Stanziola.

El Decreto N° 835 no sólo apunta a mantener sobre sus márgenes legales a las empresas chinas, sino también actúa como una advertencia para aquellas naciones que hacen negocios con China. Delicias de una autocracia imperial.

X: @TotiPI



https://www.infobae.com/america/mundo/2026/07/06/beijing-exige-a-las-empresas-chinas-en-el-extranjero-a-cumplir-sus-leyes-por-sobre-las-normativas-de-cada-pais/

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domingo, 6 de julio de 2025

Inteligencia francesa: China utilizó embajadas para socavar las ventas del avión de combate insignia francés, el Rafale.

Inteligencia francesa: China utilizó embajadas para socavar las ventas del avión de combate insignia francés, el Rafale.

Por John Leicester | 6 de julio de 2025

PARÍS (AP) — China desplegó sus embajadas para sembrar dudas sobre el desempeño de los aviones de combate Rafale de fabricación francesa después de que entraron en combate en los enfrentamientos de India y Pakistán en mayo , concluyeron funcionarios militares y de inteligencia franceses, implicando a Beijing en un esfuerzo por dañar la reputación y las ventas del caza insignia de Francia.

Los hallazgos de un servicio de inteligencia francés, a los que tuvo acceso The Associated Press, indican que agregados de defensa de las embajadas extranjeras de China lideraron una ofensiva para socavar las ventas del Rafale, buscando persuadir a los países que ya habían pedido el caza de fabricación francesa, en particular Indonesia , a que no compraran más y animar a otros compradores potenciales a optar por aviones de fabricación china. Un oficial militar francés compartió los hallazgos con AP bajo condición de anonimato.

Los cuatro días de enfrentamientos entre India y Pakistán en mayo constituyeron la confrontación más grave en años entre los dos vecinos con armas nucleares , e incluyeron combates aéreos con la participación de docenas de aeronaves de ambos bandos. Desde entonces, oficiales militares e investigadores han estado investigando los detalles del rendimiento del armamento militar pakistaní de fabricación china, en particular aviones de guerra y misiles de combate aéreo, frente al armamento utilizado por India en ataques aéreos contra objetivos pakistaníes , en particular los cazas Rafale de fabricación francesa.

Las ventas de Rafale y otros armamentos son un gran negocio para la industria de defensa de Francia y ayudan a los esfuerzos del gobierno de París por fortalecer los lazos con otras naciones, incluso en Asia, donde China se está convirtiendo en la potencia regional dominante.

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Francia lucha contra lo que llama una campaña de desinformación contra el Rafale
Pakistán afirmó que su fuerza aérea derribó cinco aviones indios durante los combates, incluidos tres Rafales. Funcionarios franceses afirman que esto generó dudas sobre su rendimiento por parte de los países que adquirieron el caza del fabricante francés Dassault Aviation.

India reconoció las pérdidas de aeronaves, pero no especificó la cantidad. El jefe de la fuerza aérea francesa, general Jérôme Bellanger, afirmó haber visto evidencia que apunta a solo tres pérdidas indias: un Rafale, un Sukhoi de fabricación rusa y un Mirage 2000, un avión de reacción francés de generación anterior. Fue la primera pérdida conocida en combate de un Rafale, que Francia ha vendido a ocho países.

“Por supuesto, todas aquellas naciones que compraron Rafale se hicieron preguntas”, dijo Bellanger.

Los funcionarios franceses han estado luchando para proteger el avión de daños a su reputación, contraatacando lo que alegan fue una campaña concertada de críticas al Rafale y desinformación en línea por parte de Pakistán y su aliado China.

Afirman que la campaña incluyó publicaciones virales en redes sociales, imágenes manipuladas que mostraban supuestos restos del Rafale, contenido generado por IA y representaciones de videojuegos para simular un supuesto combate. Más de 1.000 cuentas en redes sociales, creadas tras el estallido de los enfrentamientos entre India y Pakistán, también difundieron la narrativa de la superioridad tecnológica china, según investigadores franceses especializados en desinformación en línea.

Los funcionarios militares franceses dicen que no han podido vincular directamente las críticas en línea al Rafale con el gobierno chino.

Una evaluación de inteligencia dice que los funcionarios chinos presionaron a clientes potenciales para que abandonaran los aviones franceses.
Pero el servicio de inteligencia francés dijo que los agregados de defensa de la embajada china repitieron la misma narrativa en reuniones que mantuvieron con funcionarios de seguridad y defensa de otros países, argumentando que los Rafale de la Fuerza Aérea India tuvieron un desempeño deficiente y promoviendo armamento de fabricación china.

Los agregados de defensa centraron su cabildeo en los países que han encargado Rafale y otros posibles clientes que están considerando compras, según el servicio de inteligencia. Añadió que funcionarios franceses tuvieron conocimiento de las reuniones a través de los países contactados.

Al ser consultado por AP sobre el supuesto intento de reducir el atractivo del Rafale, el Ministerio de Defensa Nacional de Pekín declaró: «Las afirmaciones pertinentes son meros rumores y calumnias infundadas. China ha mantenido siempre una actitud prudente y responsable con respecto a las exportaciones militares, desempeñando un papel constructivo en la paz y la estabilidad regional y mundial».

En los últimos años, China ha intensificado las campañas de desinformación en plataformas de redes sociales globales como X, Instagram o Facebook, utilizando redes de personas influyentes patrocinadas por el Estado, sitios que se hacen pasar por organizaciones de noticias y cuentas falsas en las redes sociales para difundir narrativas de Beijing.

El Ministerio de Defensa francés afirmó que el Rafale fue blanco de “una vasta campaña de desinformación” que “buscaba promover la superioridad de equipos alternativos, especialmente de diseño chino”.

Francia considera el avión una "oferta estratégica francesa"
“El Rafale no fue un objetivo aleatorio. Es un avión de combate de gran capacidad, exportado al extranjero y desplegado en un teatro de operaciones de alta visibilidad”, escribió el Ministerio de Defensa en su sitio web.

El Rafale también fue atacado por representar una oferta estratégica francesa. Al atacarlo, ciertos actores buscaron socavar la credibilidad de Francia y su base industrial y tecnológica de defensa. Por lo tanto, la campaña de desinformación no solo se dirigió contra un avión, sino, de forma más amplia, contra la imagen nacional de autonomía estratégica, fiabilidad industrial y sólidas alianzas.

Dassault Aviation ha vendido 533 Rafale, incluidos 323 para exportación a Egipto, India, Catar, Grecia, Croacia, Emiratos Árabes Unidos, Serbia e Indonesia. Indonesia ha pedido 42 aviones y está considerando comprar más.

China puede estar esperando debilitar las relaciones de seguridad que Francia está construyendo con las naciones asiáticas al difundir preocupaciones sobre el equipo que suministra, dijo Justin Bronk, un especialista en poder aéreo del Royal United Services Institute, un grupo de expertos en defensa y seguridad en Londres.

“Desde el punto de vista de limitar la influencia de los países occidentales en el Indopacífico, tendría sentido que China utilizara el rendimiento de los sistemas de armas paquistaníes —o al menos el supuesto rendimiento— para derribar al menos un Rafale como herramienta para socavar su atractivo como exportación”, dijo.

“Sin duda vieron una oportunidad de perjudicar las perspectivas de ventas francesas en la región”.

miércoles, 12 de julio de 2023

Estados Unidos le exigió a China que deje de acosar a los barcos que circulan por aguas internacionales en el mar Meridional

Estados Unidos le exigió a China que deje de acosar a los barcos que circulan por aguas internacionales en el mar Meridional
Beijing acosa rutinariamente a los buques que operan en sus respectivas zonas económicas de forma legal, perturbando “los derechos soberanos de los Estados a explorar, explotar, conservar y gestionar los recursos naturales”
12 Jul, 2023 Un buque de la Guardia Costera de China bloquea el paso al buque de la Guardia Costera Filipina BRP Malapascua mientras maniobra para entrar al Second Thomas Shoal, conocido localmente como el banco de arena Ayungin, en el mar de la China Meridional. (AP Foto/Aaron Favila)
Un buque de la Guardia Costera de China bloquea el paso al buque de la Guardia Costera Filipina BRP Malapascua mientras maniobra para entrar al Second Thomas Shoal, conocido localmente como el banco de arena Ayungin, en el mar de la China Meridional. (AP Foto/Aaron Favila)

El portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Matthew Miller, ha rechazado las “reclamaciones marítimas expansionistas” en el mar de China Meridional, incluida la zona económica exclusiva y la plataforma continental de Filipinas.

“Hoy se cumple el séptimo aniversario desde que un Tribunal Arbitral constituido en virtud de la Convención sobre el Derecho del Mar de 1982 rechazara firmemente las reivindicaciones marítimas expansivas de la República Popular China (RPC) sobre el mar de China Meridional, incluida (...) la zona económica exclusiva y la plataforma continental de Filipinas, así como sobre cualquier recurso existente en ellas”, ha declarado Miller en un comunicado.

“Seguimos instando a Beijing a que ajuste sus reivindicaciones marítimas al Derecho Internacional reflejado en la Convención sobre el Derecho del Mar de 1982″, ha añadido el portavoz.

Además, ha pedido a China cesar su “acoso rutinario” a los barcos que operan en sus respectivas zonas económicas de forma legal, a finalizar la “perturbación de los derechos soberanos de los Estados a explorar, explotar, conservar y gestionar los recursos naturales” y a dejar de injerir en las libertades de navegación y sobrevuelo.

Miller ha insistido en que Estados Unidos seguirá promoviendo “un Indo-Pacífico libre y abierto, en paz y basado en el respeto del Derecho Internacional”.

El portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, Matthew Miller
El portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, Matthew Miller

Beijing reclama la soberanía de prácticamente todo el mar de China Meridional, pero el presidente filipino, Ferdinand Marcos Jr., ha avisado en varias ocasiones desde su llegada al poder de que no renunciará tampoco a las aspiraciones filipinas.

Por otra parte, el Ministerio de Defensa de Taiwán ha detectado este miércoles de madrugada la entrada de 32 cazas del Ejército de China en el este y sudoeste de su espacio aéreo.

En total, las autoridades taiwanesas han localizado 38 cazas y nueve buques de guerra chinos en las inmediaciones de la isla, por lo que las Fuerzas Armadas taiwanesas han monitorizado la situación y respondido con el despliegue de aeronaves, embarcaciones y sistemas de misiles terrestres, según ha publicado el Ministerio de Defensa en su cuenta de Twitter.

La escalada de las tensiones en la región se inició con el viaje a la isla de la entonces presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, en agosto del pasado año, y la situación ha empeorado tras la visita de la presidenta de Taiwán, Tsai Ing Wen, al país norteamericano, donde se reunió con varios congresistas estadounidenses a pesar de las advertencias de Pekín.

Taiwán cuenta con un Gobierno independiente desde 1949, pero China considera el territorio bajo su soberanía y su política fundamental respecto a la isla es la de una reunificación pacífica bajo el principio “un país dos sistemas”, aunque no descarta el uso de la fuerza ante “intentos independentistas”.

(Con información de Europa Press)

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https://www.infobae.com/estados-unidos/2023/07/12/estados-unidos-le-exigio-a-china-que-deje-de-acosar-a-los-barcos-que-circulan-por-aguas-internacionales-en-el-mar-meridional/

martes, 4 de julio de 2023

Henry Kissinger explica cómo evitar la tercera guerra mundial

THE ECONOMIST
Henry Kissinger explica cómo evitar la tercera guerra mundial
Estados Unidos y China deben aprender a convivir. Tienen menos de diez años
Por The Economist 18 May, 2023
Henry Kissinger (The Economist/Vincent Tullo)
Henry Kissinger (The Economist/Vincent Tullo)

En Beijing han llegado a la conclusión de que Estados Unidos hará cualquier cosa para mantener a China a raya. En Washington insisten en que China está tramando suplantar a Estados Unidos como primera potencia mundial. Para un análisis aleccionador de este creciente antagonismo -y un plan para evitar que provoque una guerra entre superpotencias- visite el piso 33 de un edificio Art Decó en el centro de Manhattan, el despacho de Henry Kissinger.

El 27 de mayo Kissinger cumplirá 100 años. Nadie vivo tiene más experiencia en asuntos internacionales, primero como estudioso de la diplomacia del siglo XIX, más tarde como asesor de seguridad nacional y secretario de Estado de Estados Unidos, y durante los últimos 46 años como asesor y emisario de monarcas, presidentes y primeros ministros. Kissinger está preocupado. “Ambas partes se han convencido de que la otra representa un peligro estratégico”, afirma. “Vamos camino de una confrontación entre grandes potencias”.

A finales de abril, The Economist habló con Kissinger durante más de ocho horas sobre cómo evitar que la contienda entre China y Estados Unidos desembocara en una guerra. Actualmente está encorvado y camina con dificultad, pero su mente es aguda como una aguja. Mientras contempla sus dos próximos libros, sobre inteligencia artificial (IA) y la naturaleza de las alianzas, sigue más interesado en mirar hacia delante que en rememorar el pasado.

Kissinger está alarmado por la creciente competencia entre China y Estados Unidos por la preeminencia tecnológica y económica. Incluso mientras Rusia cae en la órbita de China y la guerra ensombrece el flanco oriental de Europa, teme que la IA esté a punto de sobrealimentar la rivalidad sino-estadounidense. En todo el mundo, el equilibrio de poder y la base tecnológica de la guerra están cambiando tan rápidamente y de tantas maneras que los países carecen de un principio establecido sobre el que puedan establecer el orden. Si no encuentran ninguno, pueden recurrir a la fuerza. “Estamos en la clásica situación anterior a la primera guerra mundial”, dice, “en la que ninguna de las partes tiene mucho margen de concesión política y en la que cualquier alteración del equilibrio puede tener consecuencias catastróficas”.

Estudiar la guerra un poco más

El Sr. Kissinger es vilipendiado por muchos como belicista por su participación en la guerra de Vietnam, pero considera que el objetivo de su vida es evitar el conflicto entre las grandes potencias. Tras ser testigo de la carnicería causada por la Alemania nazi y sufrir el asesinato de 13 parientes cercanos en el Holocausto, se convenció de que la única forma de evitar un conflicto ruinoso es una diplomacia obstinada, idealmente fortificada por valores compartidos. “Este es el problema que hay que resolver”, afirma. “Y creo que me he pasado la vida intentando resolverlo”. En su opinión, el destino de la humanidad depende de que Estados Unidos y China puedan llevarse bien. Cree que el rápido progreso de IA, en particular, les deja sólo entre cinco y diez años para encontrar un camino.

Kissinger da algunos consejos iniciales a los aspirantes a líderes: “Identifica dónde estás. Sin piedad”. Con ese espíritu, el punto de partida para evitar la guerra es analizar la creciente inquietud de China. A pesar de su reputación de conciliador con el gobierno de Beijing, reconoce que muchos pensadores chinos creen que Estados Unidos está en declive y que, “por tanto, como resultado de una evolución histórica, acabarán suplantándonos”.

Henry Kissinger y Mao Zedong, con Zhou Enlai detrás de ellos en Beijing, a comienzos de los 70s (Oliver Atkins)
Henry Kissinger y Mao Zedong, con Zhou Enlai detrás de ellos en Beijing, a comienzos de los 70s (Oliver Atkins)

Cree que a los dirigentes chinos les molesta que los responsables políticos occidentales hablen de un orden mundial basado en normas, cuando lo que realmente quieren decir es las normas y el orden de Estados Unidos. Los dirigentes chinos se sienten insultados por lo que consideran un trato condescendiente ofrecido por Occidente, de conceder privilegios a China si se comporta (seguramente piensan que los privilegios deberían ser suyos por derecho, como potencia emergente). De hecho, algunos en China sospechan que Estados Unidos nunca la tratará como a un igual y que es una tontería imaginar que podría hacerlo.

Sin embargo, Kissinger también advierte del peligro de malinterpretar las ambiciones de China. En Washington, “dicen que China quiere dominar el mundo... La respuesta es que [en China] quieren ser poderosos”, afirma. “No se dirigen a la dominación mundial en un sentido hitleriano”, afirma. “No es así como piensan ni han pensado nunca en el orden mundial”.

En la Alemania nazi, la guerra era inevitable porque Adolf Hitler la necesitaba, afirma Kissinger, pero China es diferente. Ha conocido a muchos líderes chinos, empezando por Mao Zedong. No dudó de su compromiso ideológico, pero éste siempre ha estado unido a un agudo sentido de los intereses y capacidades de su país.

Kissinger considera que el sistema chino es más confuciano que marxista. Eso enseña a los dirigentes chinos a alcanzar la máxima fuerza de la que su país es capaz y a tratar de ser respetados por sus logros. Los dirigentes chinos quieren ser reconocidos como los jueces definitivos del sistema internacional para sus propios intereses. “Si lograran una superioridad realmente utilizable, ¿la llevarían hasta el punto de imponer la cultura china?”, se pregunta. “No lo sé. Mi instinto es No...[Pero] creo que está en nuestra capacidad evitar que se produzca esa situación mediante una combinación de diplomacia y fuerza.”

Una respuesta natural de Estados Unidos al desafío de la ambición china es sondearla, como forma de identificar cómo mantener el equilibrio entre ambas potencias. Otra es establecer un diálogo permanente entre China y Estados Unidos. China “está intentando desempeñar un papel global. Tenemos que evaluar en cada momento si las concepciones de un papel estratégico son compatibles”. Si no lo son, entonces surgirá la cuestión de la fuerza. “¿Es posible que China y Estados Unidos coexistan sin la amenaza de una guerra total entre ellos? Yo pensaba y sigo pensando que [sí]”. Pero reconoce que el éxito no está garantizado. “Puede fracasar”, afirma. “Y, por tanto, tenemos que ser militarmente lo bastante fuertes para soportar el fracaso”.

La prueba urgente es cómo se comportan China y Estados Unidos respecto a Taiwán. Kissinger recuerda cómo, en la primera visita de Richard Nixon a China en 1972, sólo Mao tenía autoridad para negociar sobre la isla. “Cada vez que Nixon planteaba un tema concreto, Mao decía: ‘Yo soy filósofo. No me ocupo de estos temas. Deja que Zhou [Enlai] y Kissinger lo discutan’... Pero cuando se trataba de Taiwán, era muy explícito. Dijo: ‘Son un puñado de contrarrevolucionarios. No los necesitamos ahora. Podemos esperar 100 años. Algún día los pediremos. Pero falta mucho’”.

El Sr. Kissinger cree que el entendimiento forjado entre Nixon y Mao fue anulado después de sólo 50 de esos 100 años por Donald Trump. Quería inflar su imagen de dureza arrancando concesiones a China en materia de comercio. En política, la administración Biden ha seguido el ejemplo de Trump, pero con una retórica liberal.

Kissinger no habría elegido este camino con respecto a Taiwán, porque una guerra al estilo ucraniano destruiría la isla y devastaría la economía mundial. La guerra también podría hacer retroceder a China internamente, y el mayor temor de sus líderes sigue siendo la agitación interna.

President Nixon, Henry Kissinger y la primera ministro israelí Golda Meir, durante una reunión en la Oficina Oval en marzo de 1973 (National Archives and Records Administration)
President Nixon, Henry Kissinger y la primera ministro israelí Golda Meir, durante una reunión en la Oficina Oval en marzo de 1973 (National Archives and Records Administration)

El miedo a la guerra crea motivos para la esperanza. El problema es que ninguna de las partes tiene mucho margen para hacer concesiones. Todos los líderes chinos han afirmado la conexión de su país con Taiwán. Al mismo tiempo, sin embargo, “tal y como han evolucionado las cosas ahora, no es una cuestión sencilla para Estados Unidos abandonar Taiwán sin socavar su posición en otros lugares”.

Para salir de este callejón sin salida, Kissinger se basa en su experiencia en el cargo. Empezaría por rebajar la temperatura, y luego, gradualmente, construiría confianza y una relación de trabajo. En lugar de enumerar todos sus agravios, el presidente estadounidense diría a su homólogo chino: “Señor Presidente, los dos mayores peligros para la paz en estos momentos somos nosotros dos. En el sentido de que tenemos la capacidad de destruir a la humanidad”. China y Estados Unidos, sin anunciar nada formalmente, se propondrían practicar la moderación.

A Kissinger, que nunca ha sido partidario de las burocracias políticas, le gustaría ver a un pequeño grupo de asesores, con fácil acceso entre sí, trabajando juntos tácitamente. Ninguna de las partes cambiaría fundamentalmente su posición respecto a Taiwán, pero Estados Unidos tendría cuidado con el despliegue de sus fuerzas e intentaría no alimentar la sospecha de que apoya la independencia de la isla.

El segundo consejo de Kissinger a los aspirantes a líderes es: “Definir objetivos que puedan alistar a la gente. Encontrar medios, medios descriptibles, de alcanzar esos objetivos”. Taiwán sería sólo la primera de varias áreas en las que las superpotencias podrían encontrar un terreno común y así fomentar la estabilidad mundial.

En un reciente discurso, Janet Yellen, Secretaria del Tesoro estadounidense, sugirió que entre ellas se incluyeran el cambio climático y la economía. Kissinger se muestra escéptico sobre ambas cuestiones. Aunque está “totalmente a favor” de la acción sobre el clima, duda que pueda hacer mucho para crear confianza o ayudar a establecer un equilibrio entre las dos superpotencias. En cuanto a la economía, el peligro es que la agenda comercial sea secuestrada por los halcones que no están dispuestos a dar a China ningún margen de desarrollo.

Esa actitud de todo o nada es una amenaza para la búsqueda más amplia de la distensión. Si Estados Unidos quiere encontrar una forma de convivir con China, no debería buscar un cambio de régimen. El Sr. Kissinger recurre a un tema presente en su pensamiento desde el principio. “En toda diplomacia de la estabilidad tiene que haber algún elemento del mundo del siglo XIX”, afirma. “Y el mundo del siglo XIX se basaba en la proposición de que la existencia de los estados que lo disputaban no estaba en cuestión”.

Algunos estadounidenses creen que una China derrotada se volvería democrática y pacífica. Sin embargo, por mucho que Kissinger prefiriera que China se convirtiera en una democracia, no ve precedentes de ese resultado. Lo más probable es que un colapso del régimen comunista condujera a una guerra civil que se endureciera hasta convertirse en un conflicto ideológico y no hiciera sino aumentar la inestabilidad mundial. “No nos interesa llevar a China a la disolución”, afirma.

En lugar de atrincherarse, Estados Unidos tendrá que reconocer que China tiene intereses. Un buen ejemplo es Ucrania.

El presidente chino, Xi Jinping, se ha puesto en contacto recientemente con Volodymyr Zelensky, su homólogo ucraniano, por primera vez desde que Rusia invadió Ucrania en febrero del año pasado. Muchos observadores han tachado la llamada de Xi de gesto vacío destinado a aplacar a los europeos, que se quejan de que China está demasiado cerca de Rusia. Por el contrario, Kissinger lo ve como una declaración de intenciones seria que complicará la diplomacia en torno a la guerra, pero que también puede crear precisamente el tipo de oportunidad para construir la confianza mutua de las superpotencias.

Kissinger comienza su análisis condenando al presidente ruso, Vladimir Putin. “Al final, Putin cometió un error de juicio catastrófico”, afirma. Pero Occidente no está libre de culpa. “Creo que la decisión de... dejar abierta la adhesión de Ucrania a la OTAN fue muy equivocada”. Fue desestabilizador, porque la promesa de protección de la OTAN sin un plan para llevarla a cabo dejaba a Ucrania mal defendida, al tiempo que garantizaba la ira no sólo de Putin, sino también de muchos de sus compatriotas.

La tarea ahora es poner fin a la guerra, sin preparar el terreno para la siguiente ronda de conflictos. Kissinger dice que quiere que Rusia ceda la mayor parte posible del territorio que conquistó en 2014, pero la realidad es que en cualquier alto el fuego es probable que Rusia conserve Sebastopol (la ciudad más grande de Crimea y la principal base naval rusa en el Mar Negro), como mínimo. Un acuerdo de este tipo, en el que Rusia pierde algunas conquistas pero conserva otras, podría dejar tanto a una Rusia insatisfecha como a una Ucrania insatisfecha.

En su opinión, es una receta para futuros enfrentamientos. “Lo que dicen ahora los europeos es, en mi opinión, peligrosísimo”, afirma. “Porque los europeos están diciendo: ‘No los queremos en la OTAN, porque son demasiado arriesgados. Y por lo tanto, les armaremos hasta los dientes y les daremos las armas más avanzadas’”. Su conclusión es tajante: “Ahora hemos armado a Ucrania hasta el punto de que será el país mejor armado y con los dirigentes menos experimentados estratégicamente de Europa”.

Para establecer una paz duradera en Europa es necesario que Occidente dé dos saltos de imaginación. El primero es que Ucrania se una a la OTAN, como medio de contenerla, además de protegerla. El segundo es que Europa diseñe un acercamiento a Rusia, como forma de crear una frontera oriental estable.

Es comprensible que muchos países occidentales se opongan a uno u otro de estos objetivos. Con China implicada, como aliada de Rusia y oponente de la OTAN, la tarea será aún más difícil. China tiene un interés primordial en que Rusia salga intacta de la guerra de Ucrania. Xi no sólo tiene una asociación “sin límites” con Putin que cumplir, sino que un colapso de Moscú supondría un problema para China, ya que crearía un vacío de poder en Asia Central que correría el riesgo de llenarse con una “guerra civil de tipo sirio”.

Tras la llamada de Xi a Zelensky, Kissinger cree que China podría estar posicionándose para mediar entre Rusia y Ucrania. Como uno de los arquitectos de la política que enfrentó a Estados Unidos y China con la Unión Soviética, duda de que China y Rusia puedan trabajar bien juntas. Es cierto que comparten el recelo hacia Estados Unidos, pero también cree que desconfían instintivamente el uno del otro. “Nunca he conocido a un dirigente ruso que haya hablado bien de China”, afirma. “Y yo nunca he conocido a un líder chino que dijera algo bueno de Rusia”. No son aliados naturales.

Los chinos han entrado en la diplomacia sobre Ucrania como expresión de su interés nacional, afirma Kissinger. Aunque se niegan a tolerar la destrucción de Rusia, reconocen que Ucrania debe seguir siendo un país independiente y han advertido contra el uso de armas nucleares. Puede que incluso acepten el deseo de Ucrania de unirse a la OTAN. “China hace esto, en parte, porque no quiere entrar en conflicto con Estados Unidos”, afirma. “Están creando su propio orden mundial, en la medida en que pueden”.

El segundo ámbito en el que China y Estados Unidos tienen que hablar es la IA. “Estamos en los inicios de una capacidad en la que las máquinas podrían imponer la peste global u otras pandemias”, dice, “no sólo nucleares, sino de cualquier campo de destrucción humana”.

Reconoce que ni siquiera los expertos en Inteligencia Artificial saben cuáles serán sus capacidades (a juzgar por nuestras conversaciones, transcribir un acento alemán marcado y grave está todavía fuera de su alcance). Pero Kissinger cree que la inteligencia artificial se convertirá en un factor clave de la seguridad dentro de cinco años. Compara su potencial perturbador con la invención de la imprenta, que difundió ideas que contribuyeron a provocar las devastadoras guerras de los siglos XVI y XVII.

“Vivimos en un mundo de una destructividad sin precedentes”, advierte Kissinger. A pesar de la doctrina de que debe haber un humano en el bucle, pueden crearse armas automáticas e imparables. “Si nos fijamos en la historia militar, podemos decir que nunca ha sido posible destruir a todos tus adversarios, debido a las limitaciones geográficas y de precisión. [Ahora] no hay limitaciones. Todo adversario es vulnerable al 100%”.

La IA no puede abolirse. Por tanto, China y Estados Unidos tendrán que aprovechar su poder militar hasta cierto punto, como elemento disuasorio. Pero también pueden limitar la amenaza que representa, del mismo modo que las conversaciones sobre el control de armamentos limitaron la amenaza de las armas nucleares. “Creo que tenemos que empezar a intercambiar sobre el impacto de la tecnología en los demás”, afirma. “Tenemos que dar pasos de bebé hacia el control de armas, en los que cada parte presente a la otra material controlable sobre capacidades”. De hecho, cree que las propias negociaciones podrían ayudar a crear la confianza mutua que permita a las superpotencias practicar la moderación. El secreto está en unos líderes lo bastante fuertes y sabios como para comprender que no hay que llevar el ai al límite. “Y si luego confías enteramente en lo que puedes conseguir mediante el poder, es probable que destruyas el mundo”.

El tercer consejo de Kissinger para los aspirantes a líderes es “vincular todo esto a sus objetivos internos, sean cuales sean”. Para Estados Unidos, eso implica aprender a ser más pragmático, centrarse en las cualidades del liderazgo y, sobre todo, renovar la cultura política del país.

El modelo de pensamiento pragmático de Kissinger es India. Recuerda un acto en el que un antiguo administrador indio de alto nivel explicó que la política exterior debería basarse en alianzas no permanentes adaptadas a los problemas, en lugar de atar a un país a grandes estructuras multilaterales.

Este enfoque transaccional no es natural en Estados Unidos. El tema que recorre la épica historia de las relaciones internacionales del Sr. Kissinger, “Diplomacy”, es que Estados Unidos insiste en describir todas sus principales intervenciones exteriores como expresiones de su destino manifiesto de rehacer el mundo a su propia imagen como sociedad libre, democrática y capitalista.

El problema para Kissinger es el corolario, que consiste en que los principios morales anulan con demasiada frecuencia los intereses, incluso cuando no producen cambios deseables. Reconoce que los derechos humanos son importantes, pero no está de acuerdo con situarlos en el centro de su política. La diferencia está entre imponerlos o decir que afectarán a las relaciones, pero la decisión es suya.

“Intentamos [imponerlos] en Sudán”, señala. “Mira Sudán ahora”. De hecho, la insistencia visceral en hacer lo correcto puede convertirse en una excusa para no pensar en las consecuencias de la política, afirma. Según Kissinger, las personas que quieren utilizar el poder para cambiar el mundo suelen ser idealistas, aunque los realistas suelen estar más dispuestos a utilizar la fuerza.

India es un contrapeso esencial al creciente poder de China. Pero también tiene un historial cada vez peor de intolerancia religiosa, parcialidad judicial y una prensa amordazada. Una de las implicaciones -aunque Kissinger no lo comentó directamente- es que India será, por tanto, una prueba de si Estados Unidos puede ser pragmático. Japón será otra. Las relaciones serán tensas si, como predice Kissinger, Japón toma medidas para conseguir armas nucleares en un plazo de cinco años. Con un ojo puesto en las maniobras diplomáticas que más o menos mantuvieron la paz en el siglo XIX, espera que Gran Bretaña y Francia ayuden a Estados Unidos a pensar estratégicamente sobre el equilibrio de poder en Asia.

Se buscan grandes zapateros

El liderazgo también es importante. Kissinger cree desde hace tiempo en el poder de los individuos. Franklin D. Roosevelt fue lo bastante previsor como para preparar a unos Estados Unidos aislacionistas para lo que él consideraba una guerra inevitable contra las potencias del Eje. Charles de Gaulle hizo que Francia creyera en el futuro. John F. Kennedy inspiró a una generación. Otto von Bismarck dirigió la unificación alemana y gobernó con destreza y moderación, pero su país sucumbió a la fiebre de la guerra tras su derrocamiento.

Kissinger reconoce que las noticias 24 horas y las redes sociales dificultan su estilo de diplomacia. “No creo que un presidente de hoy pudiera enviar un emisario con los poderes que yo tenía”, afirma. Pero argumenta que agonizar sobre si un camino a seguir es siquiera posible sería un error. “Si nos fijamos en los líderes a los que he respetado, no se hicieron esa pregunta. Se preguntaban: ‘¿Es necesario?”.

Recuerda el ejemplo de Winston Lord, miembro de su equipo en la administración Nixon. “Cuando intervenimos en Camboya, quiso dimitir. Y yo le dije: ‘Puedes renunciar y marchar por aquí llevando una pancarta. O puedes ayudarnos a resolver la guerra de Vietnam’. Y decidió quedarse... Lo que necesitamos es gente que tome esa decisión: que viva en esta época y quiera hacer algo al respecto, aparte de compadecerse de sí misma”.

El liderazgo refleja la cultura política de un país. A Kissinger, como a muchos republicanos, le preocupa que la educación estadounidense se centre en los momentos más oscuros del país. “Para tener una visión estratégica necesitas tener fe en tu país”, afirma. Se ha perdido la percepción compartida de la valía de Estados Unidos.

También se queja de que los medios de comunicación carecen de sentido de la proporción y del juicio. Cuando él estaba en el cargo, la prensa era hostil, pero él seguía dialogando con ellos. “Me volvían loco”, dice. “Pero eso formaba parte del juego... no eran injustos”. Hoy, en cambio, dice que los medios no tienen ningún incentivo para ser reflexivos. “Mi tema es la necesidad de equilibrio y moderación. Institucionalizar eso. Ese es el objetivo”.

Lo peor de todo, sin embargo, es la propia política. Cuando Kissinger vino a Washington, los políticos de los dos partidos cenaban juntos habitualmente. Se llevaba bien con George McGovern, candidato demócrata a la presidencia. Para un asesor de seguridad nacional del otro bando eso sería improbable hoy en día, cree. Gerald Ford, que asumió el cargo tras la dimisión de Nixon, era el tipo de persona en la que sus oponentes podían confiar para actuar decentemente. Hoy, cualquier medio se considera aceptable.

“Creo que Trump y ahora Biden han llevado [la animosidad] al límite”, afirma Kissinger. Teme que una situación como la del Watergate pueda desembocar en violencia y que Estados Unidos carezca de liderazgo. “No creo que Biden pueda servir de inspiración y... espero que los republicanos puedan presentar a alguien mejor”, afirma. “No es un gran momento histórico”, lamenta, “pero la alternativa es la abdicación total”.

Estados Unidos necesita desesperadamente un pensamiento estratégico a largo plazo, opina. “Ése es nuestro gran reto, que debemos resolver. Si no lo hacemos, las predicciones de fracaso se demostrarán ciertas”.

Si el tiempo apremia y falta liderazgo, ¿dónde quedan las perspectivas de que China y Estados Unidos encuentren una forma de convivir en paz?

“Todos tenemos que admitir que estamos en un mundo nuevo”, afirma Kissinger, “pues cualquier cosa que hagamos puede salir mal. Y no hay un rumbo garantizado”. Aún así, dice sentir esperanza. “Mire, mi vida ha sido difícil, pero eso da pie al optimismo. Y la dificultad también es un reto. No debería ser siempre un obstáculo”.

Subraya que la humanidad ha dado pasos de gigante. Es cierto que ese progreso se ha producido a menudo tras terribles conflictos -después de la Guerra de los Treinta Años, las guerras napoleónicas y la segunda guerra mundial, por ejemplo-, pero la rivalidad entre China y Estados Unidos podría ser diferente. La historia sugiere que, cuando dos potencias de este tipo se enfrentan, el resultado normal es un conflicto militar. “Pero ésta no es una circunstancia normal”, argumenta Kissinger, “debido a la destrucción mutua asegurada y a la inteligencia artificial”.

“Creo que es posible crear un orden mundial sobre la base de reglas a las que podrían unirse Europa, China e India, y eso ya es una buena porción de la humanidad. Así que si nos fijamos en lo práctico, puede acabar bien o al menos puede acabar sin catástrofes y podemos progresar”.

Esa es la tarea de los líderes de las superpotencias actuales. “Immanuel Kant dijo que la paz llegaría o a través del entendimiento humano o a través de una catástrofe”, explica Kissinger. “Pensaba que se produciría a través de la razón, pero no podía garantizarlo. Eso es más o menos lo que yo pienso”.

Así pues, los líderes mundiales tienen una gran responsabilidad. Necesitan realismo para afrontar los peligros que se avecinan, visión para ver que la solución está en lograr un equilibrio entre las fuerzas de sus países y moderación para abstenerse de utilizar al máximo sus poderes ofensivos. “Se trata de un reto sin precedentes y de una gran oportunidad”, afirma Kissinger.

El futuro de la humanidad depende de que lo hagamos bien. Bien entrada la cuarta hora de la conversación del día, y a pocas semanas de la celebración de su cumpleaños, Kissinger añade con su brillo característico: “No estaré para verlo de ninguna de las maneras”.

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Reunión informativa | Cien años de inquietud

Henry Kissinger explica cómo evitar la tercera guerra mundial

Estados Unidos y China deben aprender a vivir juntos. tienen menos de diez años

Henry Kissenger fotografiado por Vincent tullo para The Economist, Nueva York 2023. Crédito: The Economist/Vincent Tullo
| NUEVA YORK

In beijing ellos han llegado a la conclusión de que Estados Unidos hará cualquier cosa para mantener a raya a China. En Washington insisten en que China está tramando suplantar a Estados Unidos como la principal potencia mundial. Para un análisis aleccionador de este creciente antagonismo, y un plan para evitar que provoque una guerra de superpotencias, visite el piso 33 de un edificio Art Deco en el centro de Manhattan, la oficina de Henry Kissinger.

https://www.economist.com/briefing/2023/05/17/henry-kissinger-explains-how-to-avoid-world-war-three