lunes, 23 de abril de 2018

Nicaragua: las horas bajas de Ortega y Murillo

AMÉRICA LATINA

Nicaragua: las horas bajas de Ortega y Murillo

Por primera vez en once años, el jefe del Gobierno nicaragüense ha escuchado a compatriotas pidiendo a gritos su dimisión. También su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, parece perder la popularidad de que gozaba.
Nicaragua Vizepräsidentin Rosario Murillo und Präsident Daniel Oterga in Managua (picture-alliance/dpa/CCC/El 19 Digital)
Este domingo (22.4.2018), el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, se dirigió a sus compatriotas para anunciar la derogación de las controvertidas reformas de la seguridad social que desataron protestas multitudinarias a partir del pasado 18 de abril, pero también para subrayar que actuaría "con la firmeza correspondiente" con miras a restablecer el orden, enfatizando que "la inmensa mayoría" de los nicaragüenses condenaba los disturbios en los que murieron veintisiete personas y resultaron heridas más de cien.
Sebastian Huhn, del Centro Internacional para la Investigación de la Violencia, adscrito a la Universidad de Bielefeld, está entre los analistas que describen las revueltas en cuestión como un punto de inflexión en la historia política reciente de Nicaragua. Sabine Kurtenbach, del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA), coincide con Huhn al describirlas como síntoma de otros problemas graves, como la caída de la importación del petróleo venezolano que garantizaba el funcionamiento del Estado centroamericano.
O como lo explicó hace poco Zoilamérica Narváez, hijastra del mandatario, desde su autoexilio en Costa Rica: "Hace rato que la economía nicaragüense dejó de ser la de los números reales (…) La cooperación venezolana venía siendo la caja chica para sostener todas las acciones populistas, todo el financiamiento social que maquillaba al de Daniel Ortega como un 'Gobierno de los pobres'". Esto condujo al incremento de las cotizaciones tributarias de los trabajadores y ese aumento empañó la popularidad del Ejecutivo de Ortega.


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Derogada polémica reforma en Nicaragua

Piden la dimisión de Ortega y Murillo
Por primera vez en once años, Ortega escuchó a gente pidiendo a gritos su renuncia y la de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo. La ruptura del diálogo entre el mandatario y el empresariado local es una secuela de la inesperada brutalidad con que policías antimotines y grupos de choque oficialistas arremetieron contra sus compatriotas en diez ciudades. La alianza del exguerrillero con los grupos económicos más robustos de su país, otrora adversarios, es uno de los factores que posibilitaron su prolongada estancia en el poder.
El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) derrocó al dictador Anastasio Somoza en 1979. Desde entonces y hasta 1990 se estableció en Nicaragua un Gobierno revolucionario; José Daniel Ortega Saavedra (La Libertad, 1945) fue coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional entre 1981 y 1985. En 2006, luego de dieciséis años en la oposición, los sandinistas volvieron a ganar en las urnas con Ortega como caballo de batalla. Desde entonces, el líder izquierdista ha sido reelegido en dos ocasiones, en 2011 y en 2016.
La docente y escritora Rosario Murillo Zambrana (Managua, 1951) ya se oponía a la tiranía de Somoza y era secretaria del célebre Pedro Joaquín Chamorro, director del diario La Prensa, cuando conoció a Ortega en 1977. "La compañera Rosario" fue ganando poder desde que el líder sandinista volvió al Gobierno en 2007. Desde entonces, como coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, dirige las reuniones del Gabinete, coordina planes de emergencia, organiza los actos públicos y es la única vocera del Ejecutivo.


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Crisis en Nicaragua

¿Asegurando la sucesión?
Conocedores del acontecer nicaragüense atribuyen el lanzamiento de su candidatura a la vicepresidencia como un intento de "asegurar la sucesión" en caso de que Ortega, aquejado desde hace años por una enfermedad nunca revelada, no llegue al fin de su mandato. El hecho de que el matrimonio ocupe los cargos más altos de la jerarquía gubernamental es tan controvertido como la eliminación del artículo constitucional que le impedía a Ortega optar por una segunda reelección. Aparte de los siete hijos de la pareja, Murillo tiene dos más.
Uno de ellos es Zoilamérica Narváez, quien demandó a Daniel Ortega en 1998 bajo el cargo de haber abusado sexualmente de ella en varias ocasiones desde que era una niña. Protegido por su inmunidad parlamentaria, el juicio en su contra no prosperó. En círculos políticos se asegura que el enorme poder de la primera dama es justamente fruto del apoyo absoluto que le dio a su esposo en medio del escándalo; Murillo se enfrentó públicamente a su hija.
"Los dos siempre trabajaron bien en equipo. Y desde el ascenso de Ortega a la presidencia de Nicaragua, ella siempre concentró cuotas de poder institucional en sus manos, incluso a escala comunal. Eso fue posible porque la pareja es muy popular; muchos los odian, pero una gran parte de la población los aprecia con un fervor llamativo. Pese a las irregularidades registradas en los procesos electorales, las encuestas revelaban que había una enorme cantidad de personas dispuestas a votar por Ortega y por Murillo", recuerda Huhn.
Democracia y popularidad
"Creo que esa popularidad se debe a que, como en otros países latinoamericanos, el ideal de la democracia no es tan importante para las masas como la presencia de una persona fuerte y aparentemente bienintencionada frente al timón. A eso hay que sumar que ellos salpican el discurso oficial con elementos religiosos o esotéricos que no tienen nada que ver con el discurso revolucionario sandinista; eso les permite establecer contacto más rápidamente con las numerosas comunidades pentecostales de Nicaragua", agrega el experto de Bielefeld.
"Los Ortega-Murillo se han dedicado desde hace años a acumular cuotas de poder. Desde que ganó las elecciones de 2006, Ortega le ha sacado todo el provecho posible al sistema político, que es de corte presidencialista. Y su esposa hizo lo mismo incluso antes de ser más que la primera dama. ¿Que si son populares? Por supuesto que lo son: ellos se esmeraron en seducir a cierta clientela con sus palabras y con beneficios concretos. Hasta los Gobiernos populistas tienen que mostrar resultados tangibles para sobrevivir", dice Kurtenbach.
Evan Romero-Castillo (VT)
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DIFERENCIAS ENTRE BOTS Y TROLLS

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No todos los bots son iguales, así que dependiendo de sus características podemos salir fácilmente de una posible crisis de acoso virtual. En la siguiente infografía de Purpura Creative Station se explican las principales diferencias entre bots y trolls.
Es importante matizar que los bots son cuentas masivas en redes sociales que se venden por lotes y son usados para simular popularidad o lanzar temas de tendencia. No hay una persona detrás de esta cuenta, sino un software. En cambio, un troll es un acosador digital cuyo objetivo es spamear a los usuarios de forma masiva y molesta.
Veamos con detalle algunas de estas diferencias entre bots y trolls:
infografia bots y trolls canal bots
https://canalbots.com/2017/05/04/diferencias-entre-bots-y-trolls/

@SanzLovaton Se puede ser critico de EEUU. Sin embargo su cultura de tolerancia tiene grandes lecciones. Esta foto lo ilustra, adversarios feroces en política, pero juntos celebran la vida de una gran dama. A propósito de la guerra personal con lo que muchos confunden la actividad política.

La soledad de James 'Perro Loco' Mattis: la última voz de la prudencia en la Casa Blanca

EL SECRETARIO DE DEFENSA SE QUEDA SIN ALIADOS
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El general de cuatro estrellas y excomandante del Mando Central del Pentágono está considerado el guardián de la cautela en la política exterior de EEUU. Es decir, de la paz mundial
Foto: El Secretario de Defensa James Mattis, en Washington, en abril de 2018. (Reuters)
Foto: El Secretario de Defensa James Mattis, en Washington, en abril de 2018. (Reuters)
El Secretario de Defensa James Mattis, en Washington, en abril de 2018. (Reuters)
23.04.2018 – 05:00 H.
La Administración Trump se parece cada vez más a un ave rapaz. Las voces militaristas reemplazan a las moderadas, y en medio de los cambios sólo queda un representante de la ya “vieja guardia”: el Secretario de Defensa, James Mattis, está considerado el guardián de la cautela en política exterior. De su influencia depende cómo se resolverán las tensiones de Estados Unidos con Irán, Rusia y Corea del Norte. O lo que es lo mismo: la paz en el mundo.
Según The Wall Street Journal, el hecho de que Estados Unidos se limitase a bombardear tres instalaciones químicas del régimen sirio, en un ataque coordinado con Francia y Reino Unido que no dejó muertos, se debe a Mattis. El nuevo consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, quería golpear las infraestructuras sirias en un ataque “ruinoso” para Bashar Al Assad. Pero fue Mattis, con apoyo del jefe del Estado Mayor, el general Joseph Dunford, quien logró imponer la opción moderada al presidente Trump.
“Mattis es un militar profesional sabio y competente que desempeña lo mejor que puede un trabajo difícil”, dice a El Confidencial Paul D. Miller, exmiembro del Consejo de Seguridad Nacional con George W. Bush y Barack Obama. “Creo que él también quiere evitar grandes confrontaciones militares con Irán, Rusia y Corea del Norte, pero se encuentra con exigencias muy significativas de su jefe para resolver los problemas del mundo con mucha amenaza y jactancia, pero sin apetito para arriesgarse a una guerra de verdad”.
Este antiguo general de los marines tampoco puede ser considerado una “paloma”. Su servicio en las guerras de Iraq y Afganistán y su hablar abrupto, de frases breves y afiladas como una cuchilla de afeitar, le han granjeado los apodos de “Monje Guerrero”, “Perro Loco” y “Caos”. Su objetivo estos días como jefe del Pentágono ha sido evitar que el castigo a Assad por el aparente uso de armas químicas desencadenara un conflicto con Irán y Rusia.
La pregunta es si Mattis podrá mantener su influencia en Donald Trump, dada la dirección en que apuntan los últimos cambios de gobierno. Sus aliados han sido despedidos. Mattis solía comer o desayunar al menos una vez por semana con el secretario de Estado, Rex Tillerson. Ambos coincidían en potenciar la diplomacia y preservar el acuerdo nuclear con Irán. Hasta que Trump despidió a Tillerson, para sorpresa de este, en Twitter.
John Bolton escucha al presidente Trump en la Casa Blanca, el 9 de abril de 2018. (Reuters)
John Bolton escucha al presidente Trump en la Casa Blanca, el 9 de abril de 2018. (Reuters)

Un halcón llamado John Bolton

El sustituto de Tillerson al frente de la diplomacia norteamericana será Mike Pompeo, hasta ahora director de la CIA. Pompeo ascendió con el Tea Party en 2011 y sus vívidos informes sobre las amenazas a Estados Unidos han dejado huella en el presidente. Pompeo detesta el acuerdo con Irán y ha barajado públicamente el derrocamiento del líder norcoreano, Kim Jong-un. Según el propio Trump, Pompeo y él están en la misma “longitud de onda”.
Pero el cambio que más ruido ha hecho es el nombramiento de John Bolton como consejero de Seguridad Nacional. Bolton, de 69 años, ya había pasado a la historia como uno de los abogados más feroces de la guerra de Irak, como testifica su paso año largo de embajador ante Naciones Unidas. Desde entonces, transformado en comentarista del canal Fox News y otros medios, Bolton ha pedido varias veces el derrocamiento de Bashar Al Assad y el ataque a Irán y Corea del Norte, “dos caras de la misma moneda”.
El pasado enero Bolton fue más específico respecto a Irán. Washington, escribió en The Wall Street Journal, “tiene que acabar con la revolución islámica de 1979 antes de su 40 aniversario” (en 2019). “Los antiguos rehenes [52 estadounidenses que fueron secuestrados en su embajada por un grupo revolucionario] pueden cortar el lazo de la nueva embajada de EEUU en Teherán”. En 2015 Bolton dijo que la única manera de evitar que los Ayatolás consiguieran la bomba nuclear, era “bombardeando Irán”.
Así fue como James Mattis se quedó sin otro de sus aliados, el general de tres estrellas H. R. McMaster, un estratega militar que, igual que Rex Tillerson, no fue capaz de acomodar sus puntos de vista con los del presidente de EEUU. Según la CNN, Mattis se opuso en privado a la nominación de Bolton, igual que una de las vacas sagradas del Partido Republicano, Condoleezza Rice.
Las piezas se mueven muy rápido tanto dentro de la Administración Trump como en la arena internacional. El bombardeo a las instalaciones sirias el fin de semana cogió a John Bolton recién aterrizado en su cargo, que había jurado cuatro días antes, pero quizás su influencia pueda crecer y alimentarse de la presión contra Irán que ejercen dos grandes aliados: Israel y Arabia Saudí.
El presidente Trump recibe al príncipe heredero saudí Mohamed Bin Salman y su séquito en la Casa Blanca, el 20 de marzo de 2018. (Reuters)
El presidente Trump recibe al príncipe heredero saudí Mohamed Bin Salman y su séquito en la Casa Blanca, el 20 de marzo de 2018. (Reuters)

El acuerdo con Irán, piedra de toque

Apenas unos días antes del ataque ordenado por Trump, una base militar iraní era bombardeada en Siria. Murieron 14 personas, entre ellas cuatro asesores militares persas. Según la prensa israelí, dos F-15 hebreos habían llegado del Mediterráneo para golpear, una vez más, en la sombra, las posiciones iraníes en Siria. Israel teme que Teherán se haga fuerte en el territorio vecino de Siria y por eso trataría de minar, con repetidos golpes, su expansión militar.
“Nuestra política se puede resumir en tres palabras: agresión contra agresión”, declaró el primer ministro hebreo, Benjamín Netanyahu, la semana pasada. “Tengo un mensaje para los gobernantes de Irán: no pongáis a prueba la determinación del Estado de Israel”. Netanyahu lleva años pidiendo a Washington que emplee la fuerza para evitar que un “estado terrorista” como Irán, en sus palabras, desarrolle armas nucleares. Arabia Saudí también presiona a Washington contra Irán, calentando la posibilidad de un conflicto.
“Sólo puedo especular”, dice Paul D. Miller, aunque no descarta ver a su país emprendiendo alguna acción contra Irán. “Creo que Trump no quiere meterse en una gran guerra, pero también creo que es impulsivo y que puede verse dentro de una de todas formas. Pienso que él cree que su diplomacia coercitiva contra Corea del Norte ha tenido éxito, y que su ataque a Siria también. Juntos, esos éxitos percibidos podrían alentarlo a adoptar una línea más dura con Irán, particularmente con el estímulo de Bolton”.
Quizás se despejen pronto algunas dudas. En menos de un mes, el 12 de mayo, caduca el plazo para que Donald Trump decida si renueva o no el acuerdo con Irán, según el cual este país se ha librado de algunas sanciones a cambio de limitar su programa nuclear. Mattis defiende su validez; Pompeo y Bolton lo echarían a la trituradora. La última palabra la tiene Donald Trump. https://www.elconfidencial.com/mundo/2018-04-23/james-mattis-ultima-voz-prudencia-trump_1551861/