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domingo, 1 de febrero de 2026

El futuro de la libertad de prensa en República Dominicana se decide ahora | El futuro de la libertad de prensa se decide ahora


El futuro de la libertad de prensa en República Dominicana se decide ahora 

Por Luis Orlando Díaz Vólquez  

En un momento en que la libertad de prensa se tambalea en distintos rincones del mundo, la República Dominicana aparece como una excepción alentadora en América Latina. Nuestro país ha sido reconocido recientemente como líder regional en libertad de prensa, un logro que merece celebrarse. Sin embargo, sería un error pensar que esta posición privilegiada nos blinda de los riesgos que acechan a la profesión periodística.  

La libertad de prensa no es un derecho natural ni un privilegio eterno: es una conquista democrática que debe cuidarse, respaldarse y defenderse día tras día. En nuestro contexto, las amenazas no provienen únicamente de la censura directa o la represión política, sino de factores más sutiles y persistentes: la concentración de medios en pocas manos, la precarización laboral de los periodistas, la dependencia de plataformas digitales que absorben la publicidad y la creciente desinformación que circula en redes sociales.  

El debate legislativo sobre la nueva Ley Orgánica de Libertad de Expresión y Medios Audiovisuales es un ejemplo claro de los dilemas que enfrentamos. Si bien la intención declarada es modernizar el marco normativo, voces autorizadas —como la Sociedad Interamericana de Prensa— han advertido que ciertas disposiciones podrían convertirse en instrumentos de restricción. La pregunta es sencilla: ¿queremos una ley que fortalezca la investigación periodística y garantice pluralismo, o una que limite la crítica y debilite la democracia?  

La tecnología, por su parte, representa una disrupción que no podemos ignorar. La inteligencia artificial y los algoritmos de las plataformas digitales están transformando la manera en que se produce y se consume información. El reto es doble: aprovechar estas herramientas para enriquecer el periodismo sin caer en la tentación de sustituir la investigación rigurosa por contenidos superficiales, y al mismo tiempo regular el ecosistema digital para que no se convierta en un enemigo de la verdad.  

La República Dominicana tiene una oportunidad histórica: consolidar su liderazgo regional en libertad de prensa y convertirse en referente internacional. Para lograrlo, debemos garantizar transparencia en las ayudas públicas a los medios, fomentar la diversidad de voces, proteger el periodismo de investigación y promover una ciudadanía crítica capaz de distinguir entre hechos y rumores.  

La cuestión, eminentemente política en el sentido más noble del término, es esta: ¿en qué país queremos vivir? ¿En uno donde los rumores sustituyan a los hechos y los periodistas sean silenciados por la precariedad o la intimidación? ¿O en uno donde cada ciudadano pueda informarse libremente, comprender los retos de su tiempo y participar en la democracia con conocimiento de causa?  

El futuro de la libertad de prensa en la República Dominicana se decide ahora. Si lo defendemos, ganaremos todos; si lo descuidamos, perderemos mucho más que un derecho: perderemos parte esencial de nuestra democracia.  

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El futuro de la libertad de prensa se decide ahora

Thibaut Bruttin

En un momento en el que el derecho a la información se tambalea en varios continentes, hacer balance del estado de la libertad de prensa no es una cuestión teórica, sino una urgencia democrática. Así lo afirma Thibaut Bruttin, director general de Reporteros Sin Fronteras, ONG con sede en París. 

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7 minutos
director general de Reporteros Sin Fronteras (RSF)

Desde hace varios años, Reporteros Sin Fronteras (RSF) viene observando un deterioro continuo, aunque el giro actual es especialmente preocupante. La libertad de prensa ya no solo se ve amenazada por la feroz represión contra los periodistas —al margen del derecho internacional— o por el acoso judicial contra la prensa: se está desmoronando bajo el efecto de las presiones económicas, tecnológicas y políticas que afectan a todas las regiones del mundo.

Nuestra última clasificación mundial de la libertad de prensa muestra que más de la mitad de la humanidad vive en países donde ahora los periodistas no pueden ejercer su profesión libremente y, aunque la brecha entre Europa y el resto del mundo se está ampliando, las democracias del Viejo Continente están experimentando tormentos similares, aunque en proporciones menos alarmantes, y siguen sobre todo las mismas tendencias que parecen inevitables con demasiada frecuencia.  

«La libertad de prensa se ve amenazada por aquellos mismos que deberían garantizarla. El indicador político del Ranking Mundial de RSF es el que más ha caído en 2024».

En 2024, RSF alertó sobre la responsabilidad de las declaraciones de las figuras políticas, que pretenden dirigirse al pueblo directamente y desacreditan las voces del periodismo. Este modelo durante mucho tiempo ha sido patrimonio de los regímenes dictatoriales y represivos, pero el éxito de líderes como Donald Trump ha generalizado un enfoque hacia la prensa hostil. La libertad de prensa se ve amenazada por quienes deberían ser sus garantes. El indicador político de la clasificación mundial de RSF es el que más ha bajado en 2024, con una caída global de 7,6 puntos.  

En 2025, RSF puso de relieve las presiones económicas que debilitan las redacciones: concentración de los medios de comunicación y atracción en una espiral mediática hacia la información de menor calidad, hacia el buzz; dependencia de las plataformas digitales; instrumentalización de las ayudas públicas, opacas o insuficientes; despidos masivos y empobrecimiento de los periodistas, tentados de complementar sus ingresos con trabajos de comunicación.

Ante este panorama mundial tan sombrío, Suiza parece ser una excepción relativa. Incluida desde hace varios años entre los diez primeros puestos de la clasificación de RSF, disfruta de un entorno mediático pluralista, una gran confianza en las instituciones y un espacio público muy activo. Pero esta envidiable posición no debe ocultar ciertas vulnerabilidades.  

El marco legislativo, en particular, todavía no protege el periodismo de investigación plenamente: el secreto bancario —tal y como actualmente está formulado en el artículo 47 de la Ley de Bancos— sigue disuadiendo que se divulgue información de interés público, sobre todo en un sector de actividad fundamental para la economía suiza. La legislación suiza permite, además, bloquear preventivamente una publicación ante un juez civil, y este procedimiento, cada vez más utilizado contra los medios de comunicación, se asemeja a un amordazamiento.   

Por otra parte, los medios de comunicación suizos no escapan a los efectos de la concentración. El riesgo es real: perder medios de comunicación es perder puntos de vista, voces, hechos y, a la larga, parte de la democracia en una comunidad política caracterizada por la diversidad. En este sentido, la campaña contra los medios de comunicación de servicio público podría suponer un duro golpe para las emisoras que encarnan el pluralismo de la información.

La disrupción que representa la tecnología también debe considerarse una amenaza para la libertad de prensa, ya que la aparición de las redes sociales y los motores de búsqueda ha provocado una sangría en los ingresos publicitarios de los medios, así como un colapso en su visibilidad. En un momento en el que la inteligencia artificial afecta al núcleo de la profesión periodística —la producción de contenidos—, es urgente que quienes dirigen los medios de comunicación y las redacciones fomenten un uso responsable de estas tecnologías, excluyendo que se rechace tanto el progreso como la adhesión ciega.

«La libertad de prensa no es un logro natural, ni en Suiza ni en ningún otro lugar. Debe ser cuidada, respaldada y defendida.»

Pero el apoyo a la libertad de prensa no es solo una cuestión interna. Suiza, por su historia y su presencia diplomática, tiene un papel internacional esencial que desempeñar. Ginebra es uno de los pocos lugares del mundo donde se dan cita periodistas en el exilio, defensores de los derechos humanos, diplomáticos y organizaciones internacionales. El país acoge el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, financia programas de cooperación internacional, apoya iniciativas humanitarias y se posiciona como mediador en conflictos en los que el acceso a la información, a menudo, es un arma. Esta capacidad de influencia debe movilizarse plenamente y la libertad de prensa debe figurar entre las prioridades. La neutralidad suiza nunca ha significado indiferencia ante la suerte de los periodistas, y por ello doy las gracias a la Confederación Helvética.   

Porque la libertad de prensa no es un derecho natural ni en Suiza ni en ningún otro lugar. Debe cultivarse, apoyarse y defenderse. Esto implica reformar las leyes que obstaculizan la información de interés público, garantizar la transparencia y la equidad de las ayudas a los medios de comunicación, regular las plataformas digitales que captan el valor del periodismo y restablecer el diálogo entre ciudadanía y periodistas. Después de todo, si el periodismo representa la posibilidad de una relación ciudadana con los hechos, ¿no constituye la libertad de prensa el derecho a una información fiable para todo el mundo?

La cuestión, eminentemente política en el sentido más noble del término, es sencilla: ¿En qué mundo queremos vivir? ¿En un mundo en el que los rumores sustituyen la investigación, una sociedad ingobernable en la que los hechos se reducen a opiniones, en la que los medios de comunicación ceden ante la intimidación y se vuelven dependientes de los poderes que se supone que deben controlar? O, por el contrario, ¿un mundo en el que cada cual pueda informarse libremente, comprender los retos, emanciparse a través del conocimiento, formarse una opinión, debatir con fuerza y votar con conocimiento de causa? Suiza, por su posición, sus valores y sus instituciones, puede contribuir a defender lo segundo. Si lo hace, tiene mucho que ganar, y si no lo hace, mucho que perder.

Las opiniones expresadas en este artículo son únicamente las del autor y no reflejan necesariamente la postura de swissinfo.ch.

Texto adaptado del francés por Lupe Calvo. Versión en español revisada por Carla Wolf

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Sobre el autor

 

Luis Orlando Díaz Vólquez es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.

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viernes, 30 de diciembre de 2022

Irak, Siria y México lideran la lista de periodistas asesinados desde 2003 | Reporteros Sin Fronteras denuncia que han muerto de media 80 al año en las dos últimas décadas durante el ejercicio de su profesión. El continente americano fue "indiscutiblemente el más peligroso para los medios".

 

ACTUALIDAD

Irak, Siria y México lideran la lista de periodistas asesinados desde 2003

Reporteros Sin Fronteras denuncia que han muerto de media 80 al año en las dos últimas décadas durante el ejercicio de su profesión. El continente americano fue "indiscutiblemente el más peligroso para los medios".

Imágenes de periodistas como Lourdes Maldonado o Margarito Martínez junto a carteles en los que se lee No más violencia contra periodistas y Prensa, no disparen, pegadas en la reja de un edificio.

Fotos de periodistas asesinados durante una protesta gremial en Ciudad de México en enero pasado.

Irak y Siria, dos países en guerra, seguidos por México, son los países donde más periodistas fueron asesinados en las últimas dos décadas, según un informe publicado este viernes (30.12.2022) por Reporteros Sin Fronteras (RSF). Un total de 1.668 periodistas perdieron la vida "en el ejercicio de su profesión" entre 2003 y 2022, unos 80 de media cada año, de acuerdo con el balance de la oenegé con sede en París.

"Irak y Siria son los dos países con mayor número de víctimas, ya que la suma de ambos arroja un total de 578 asesinatos en 20 años, es decir, más de un tercio de todos los periodistas muertos", precisa. Le siguen México, con 125 reporteros asesinados, Filipinas (107) y Afganistán (81). Brasil (42), Colombia (31) y Honduras (26) también están entre los 15 países con un mayor número de homicidios de este tipo. Ocupan la novena, undécima y decimotercera posición, respectivamente. Esa quincena de países concentran el 80 % de los periodistas asesinados en los últimos 20 años.

América, el contienente "más peligroso para los medios"

"Con el 47,4% de periodistas muertos de forma violenta en 2022 [casi la mitad de un total de 58], el continente americano es hoy, indiscutiblemente, el más peligroso para los medios, lo que confirma la importancia de la aplicación de políticas de protección específicas", sostiene RSF. "En las dos últimas décadas ha habido más periodistas asesinados en 'zonas en paz' que en 'zonas en guerra', debido especialmente a sus investigaciones sobre la corrupción y el crimen organizado", lamenta la ONG.

Hasta 13 periodistas, según datos gubernamentales, fueron asesinados este año en México, donde hubo casos sonados como el de Fredid Román, ultimado a balazos tras haber escrito sobre la desaparición de 43 estudiantes en Ayotzinapa en 2014. "Tras las cifras, se esconden los rostros, la personalidad, el talento y el compromiso de aquellas y aquellos que han pagado con su vida la búsqueda de información, la persecución de la verdad y su pasión por el periodismo", afirmó Christophe Deloire, secretario general de RSF, en declaraciones recogidas en el informe.

El peor año: 2012 por la guerra en Siria

Los años más sombríos para los periodistas fueron 2012 y 2013, con 144 y 142 homicidios, respectivamente, "sobre todo a causa del conflicto en Siria", destaca la organización. Luego vino "un periodo de calma progresiva, que se saldó con cifras históricamente bajas a partir de 2019", con 54 asesinatos, según el informe. El año pasado se registraron 51 homicidios de este tipo. Sin embargo, la cifra aumentó de nuevo en 2022, con 58 muertos, sobre todo a causa de la invasión rusa de Ucrania y el recrudecimiento de ese conflicto.

Ocho periodistas perdieron la vida desde febrero en territorio ucraniano y se suman a los 12 asesinados "en los 19 años anteriores". Ucrania (20) es el segundo país europeo con un mayor número de periodistas asesinados en los últimos veinte años, solo superada por Rusia (25). Desde la llegada al poder del presidente ruso, Vladimir Putin, "los ataques -incluidos los mortales- a la libertad de prensa han sido sistemáticos", asegura RSF, que recuerda el caso de Anna Politkovskaya, asesinada en 2006.

Con ocho asesinados, Francia es el cuarto país europeo con más reporteros muertos, sobre todo a causa del atentado islamista de 2015 contra la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo. También a ocho periodistas les quitaron la vida en Estados Unidos desde 2003. Según la UNESCO, los homicidios de periodistas suelen quedar impunes en nueve de cada diez casos.

lgc (afp/efe)

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jueves, 4 de marzo de 2021

Arabia Saudita, Kashoggi y el principio de la justicia universal

EL MUNDO

Arabia Saudita, Kashoggi y el principio de la justicia universal

¿Investigará pronto la fiscalía alemana al príncipe heredero saudí? Reporteros sin Fronteras lo ha acusado de crímenes de lesa humanidad. Esto es posible gracias al derecho penal internacional.

Kombobild Jamal Khashoggi und Mohammed bin Salman

La denuncia tiene más de 300 páginas. Durante un año, un equipo de la organización no gubernamental Reporteros sin Fronteras (RSF) investigó, habló con los afectados, entrevistó a expertos y recogió pruebas. Ahora, RSF ha presentado la denuncia al Fiscal General Federal alemán - y las acusaciones pesan mucho: el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman y varios altos funcionarios del Gobierno son acusados de haber cometido crímenes contra la humanidad según el derecho penal internacional. El truculento asesinato del periodista Jamal Kashoggi en el consulado general saudí de Estambul, en otoño de 2018, es solo el caso más destacado. Se trata de la persecución sistemática de los periodistas en general en el país.

La denuncia se refiere al trato dado por el Gobierno saudí a un total de 35 periodistas. Entre ellos está el bloguero Raif Badawi, quien se había atrevido a criticar el papel de la religión en Arabia Saudí. En 2013, Badawi no solo fue condenado a diez años de prisión, sino también a 1.000 latigazos. En 2015, Deutsche Welle premió a Badawi con el "Premio a la Libertad de Expresión". Debido a la catastrófica situación de los periodistas, el reino ocupa el puesto 170 de 180 países en la clasificación de la libertad de prensa.

La Haya queda fuera

Crímenes de lesa humanidad es el término utilizado por el Código Penal Internacional alemán para describir los delitos cometidos "en el curso de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil". El Código Penal Internacional se adoptó en Alemania hace casi 20 años. Justo en el artículo 1 se consagra de forma destacada el llamado principio de la justicia universal. Este permite a los fiscales y tribunales alemanes perseguir delitos, aunque el acto no se haya cometido en Alemania y ni el autor ni la víctima sean alemanes. De modo que, en principio, las investigaciones y los procesamientos serían posibles.

Raif Badawi, Saudi Arabia

Diez años de cárcel y 1.000 latigazos recibió el bloguero saudí Raif Badawi por emitir críticas.

Sin embargo, habría un mejor lugar para juzgar los crímenes de lesa humanidad: la Corte Penal Internacional de La Haya. Pero Arabia Saudí no es signataria del Estatuto de Roma de 1998 y, por tanto, no se ha sometido al tribunal mundial. Pero incluso en estos casos, La Haya puede entrar en juego. Siempre y cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas remita el caso a la Corte Penal Internacional. En el caso de Siria, por ejemplo, esto se ha impedido hasta ahora por el veto ruso.

El tribunal internacional

El pasado otoño, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Heiko Maas, criticó ante el Bundestag alemán "que tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad, Estados Unidos, China y Rusia, sigan sin reconocer a la Corte Penal Internacional". Maas también criticó en su momento que Washington amenace incluso con sanciones a los representantes de la Corte Penal Internacional.

Ante ello, queda el tribunal de Karlsruhe. En la Fiscalía Federal, dos departamentos se ocupan de la persecución de los delitos de derecho internacional. Hasta ahora, principalmente en el contexto de la guerra civil siria y los crímenes del llamado "Estado Islámico". La "unidad de crímenes de guerra" de la Fiscalía General se considera especialmente bien equipada según los estándares europeos. Justo la semana pasada, un antiguo empleado del servicio de inteligencia sirio fue condenado por crímenes contra la humanidad.

La cuestión ahora, subraya el abogado Wolfgang Kaleck, es qué planteamientos de investigación tienen los fiscales federales. Como director de la ONG Centro Europeo para los Derechos Constitucionales y Humanos, con sede en Berlín, el abogado Kaleck tiene una amplia experiencia en delitos de derecho internacional. "La Fiscalía Federal ha dejado claro en repetidas ocasiones que no puede, por supuesto, investigar todos los casos de graves violaciones de los derechos humanos en los que se produzcan violaciones del derecho penal internacional", dijo.

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El trailer: Jamal Khashoggi

Además, el derecho penal internacional ha planteado grandes obstáculos. No cubre los delitos individuales, aunque sean tan atroces como el asesinato de Jamal Kashoggi. El umbral del derecho penal internacional solo se traspasa cuando se demuestran ataques "sistemáticos y generalizados" contra grupos enteros de personas. En este caso, según RSF, los profesionales de los medios de comunicación en su conjunto son perseguidos como grupo, únicamente por sus actividades. Como esto forma parte de una política gubernamental para disuadir a los periodistas de criticar, puede decirse que es sistemático. Y como el número de periodistas encarcelados es tan elevado en una comparación mundial, la persecución también es "amplia".

Doble moral

Sin embargo, también existe una dimensión política. Wolfgang Kaleck está seguro: "Se aplican diferentes normas cuando se trata de poderosos violadores de derechos humanos. Y, por supuesto, Arabia Saudita es uno de los Estados más poderosos económicamente del planeta. Todo lo relacionado con la corte real saudí se maneja con guantes de seda".

La casualidad ha querido que las acusaciones de RSF contra el príncipe heredero saudí se produzcan poco después de la publicación de un informe de los servicios de inteligencia de Estados Unidos que también implica fuertemente a Mohammed bin Salman. El cambio de postura de la nueva administración estadounidense también podría tener un impacto en los fiscales federales de Alemania, especula Kaleck: "Si EE.UU. aborda este tema tan abiertamente, entonces podría ser que la fiscalía alemana también se involucre".

La Fiscalía Federal alemana ha confirmado la recepción de la denuncia. La pregunta ahora es si realmente se iniciará una investigación preliminar. Sería una señal fuerte.

(ct/er)

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