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lunes, 22 de mayo de 2017

Opinión: Trump y su visión del mundo árabe

EL MUNDO

Opinión: Trump y su visión del mundo árabe

Donald Trump dio en Riad su largamente esperado discurso sobre islam y terrorismo. Kersten Knipp opina que mucho de lo que dijo fue acertado, pero dejó de lado temas importantes.
Saudi Arabien Gruppenfoto Präsident Trump und Führer der arabischen Staaten (Reuters/J. Ernst)
En sus buenos momentos, Donald Trump puede llegar a ser el gran maestro del instante. Durante la campaña electoral proclamó su "Make America Great Again" y, pocas semanas después de su toma de posesión, dio un discurso en cierto modo conciliador, en el que logró un tono algo patético, aunque muy digno, que consiguió impresionar al público. Al menos durante el tiempo que utilizó ese tono conciliador, cuyo efecto fue efímero, ya que sus discursos anteriores habían mostrado un Trump muy distinto. Un Trump que llamaba la atención por sus afirmaciones menos generosas, contradictorias con el tono altruista que utilizó después.
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De manera similar se comportó en su largamente esperado discurso ante los líderes árabes. La ocasión imponía. Reunidos estaban para escucharlo los líderes políticos del mundo árabe, aquellos que dictan a sus pueblos el camino a seguir en Cercano Oriente. Al contrario de lo que ocurrió en el discurso de Obama en 2009 ante los estudiantes de la Universidad de El Cairo, no había representación del pueblo.  
El arte de la amabilidad
Trump dijo muchas cosas adecuadas ante su público, aunque esta vez su tono conciliador también venía precedido de tensión, debido a su intento de prohibir el ingreso a Estados Unidos a ciudadanos de seis países islámicos. El tono del presidente de Estados Unidos este domingo (21.05.2017) fue muy distinto de las maneras que utilizó durante el debate en su país sobre el veto de ingreso.
Hoy fue generoso respecto a ese tema, diciendo que la actual violencia en Cercano Oriente "no se debe a un conflicto entre distintas religiones, sino a una lucha entre bárbaros criminales y personas decentes de cualquier fe". También fue constructiva su afirmación de que "Estados Unidos no tiene intención de decir a nadie cómo debe vivir ni cuál debe ser su religión". También formuló en tono mesurado y amable su alusión a la responsabilidad del mundo árabe para actuar activamente contra los extremistas islámicos.
Los oídos de los otros
Sin embargo, cierto malestar queda tras su discurso. El motivo es que sus palabras tienen poco que ver con otras declaraciones que Trump hizo poco antes, durante el mismo viaje. Dijo que el megaacuerdo armamentístico con Arabia Saudí, que rondará los 110.000 millones de dólares, supone un "fantástico equipamiento militar" y que las armas garantizan una "extraordinaria seguridad".
Knipp Kersten Kommentarbild App
Kersten Knipp, de la redacción de Deutsche Welle.
Estas palabras debieron sonar como una burla a oídos de los yemenitas, cuyo país sufre una guerra brutal y cobardemente llevada a cabo por aire por Arabia Saudí. Y qué pensarán los egipcios, que se ven confrontados con un Estado que tira cada vez más por la borda los estándares sobre derechos humanos y cuya seguridad fue calificada por Trump durante el viaje como "muy elevada". Como si allí no existiera ninguna de las deficiencias políticas, económicas y del estado de derecho que hacen de Egipto tierra fértil para el yihadismo.
Malestar por lo silenciado
El discurso de Trump ha puesto de manifiesto también el oscuro reverso de ese apasionado fervor que el presidente siente por el instante. Trump está tan focalizado en el aquí y ahora, que deja de lado demasiados temas importantes. Por ejemplo, la difícil situación de los derechos humanos en Arabia Saudí y el pánico, un tanto exagerado, de aquel reino hacia Irán. Todos estos aspectos contribuyen poco a esa "seguridad extraordinaria" de la que habla Trump, por decirlo de forma suave.
Al menos pareció insinuar cierta crítica hacia la propagación del wahabismo patrocinada con miles de millones de petrodólares por instituciones privadas saudíes. La mayoría de lo que Trump dijo en su discurso dirigido al mundo árabe fue acertado y comprensible. Comprobamos con alivio que habló de extremismo "islamista", no "islámico". No todo el mundo confiaba en que fuera capaz de hacer tal distinción. Lo que es menos comprensible es que dejara de lado en su discurso temas decisivos. Su discurso fue edificante. Pero logró su objetivo solo hasta cierto punto.
Autor: Kersten Knipp (MS/LGC)

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Donald Trump aterrizó este sábado en Arabia Saudí dispuesto a hacer negocios, sellar acuerdos y cerrar filas con países aliados islámicos. En el arranque de su gira internacional, el presidente republicano firmó en Riad el mayor contrato de venta de armamento de la historia estadounidense por 110.000 millones de dólares (98.000 millones de euros) para modernizar el Ejército mejor dotado de Oriente Próximo, después del de Israel.
El rey Salmán de Arabia Saudí, sentado entre Donald Trump y Melania Trump. 
Mientras crece la polémica política en Washington, el controvertido mandatario se dispone a estrechar relaciones con la dinastía de los Saud, con las monarquías del Golfo y con medio centenar de países musulmanes suníes a los que enviará el domingo un mensaje de unidad frente al yihadismo y el auge político y militar del Irán chií.
Apoyado en un bastón, el rey Salman, de 81 años, recibió efusivamente a pie de escalerilla del Air Force One a la pareja presidencial. Las imágenes mostradas por el canal panárabe Al Yazira mostraron al monarca saudí estrechando la mano a Trump y a su esposa, Melania, que iba con la cabeza descubierta, al igual que ya hicieran recientemente la canciller alemana, Angela Merkel,  y la primera ministra británica, Theresa May. Trump, sin embargo, criticó a través de Twitter hace dos años a Michelle Obama por no portar el velo islámico. Fue un recibimiento de alfombra roja oficial y gran pompa de condecoraciones, pero con escasa presencia popular.  Banderas estadounidenses jalonaban la ruta desde el aeropuerto por avenidas vacías, decoradas con fotos del monarca saudí y del presidente estadounidense con el lema Juntos, nosotros triunfamos.
El presidente viaja acompañado por su hija Ivanka, también con la cabeza descubierta, y por su yerno Jared Kushner, a quien la prensa estadounidense atribuye un papel clave en la mediación para cerrar el contrato con las principales compañías de armamento de EE UU. También le acompañan el secretario de Estado, Rex Tillerson, y  Sean Spicer, portavoz de la Casa Blanca, entre otros altos cargos de su Administración. Junto con el jefe de la diplomacia saudí, Adel al Jubeir, Tillerson defendió "un programa de defensa común" entre amos países, ante "la maligna influencia de Irán", y lanzo una advertencia directa al recién elegido presidente Hasan Rohaní para que suspenda las pruebas de misiles balísticos de Irán.
Arabia Saudí ha mostrado entusiasmo a la hora de reeditar la alianza sellada con Washington tras la Segunda Guerra Mundial, después del periodo de desconfianza surgido durante el mandato de Obama, quien hace dos años fue recibido en Riad con extrema frialdad en su última visita. Su Ejército —que cuenta con 227.000 militares–- fue el cuarto mayor comprador de armas mundial en 2016, con un gasto de 63.700 millones de dólares, según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación por la Paz (SIPRI,en sus siglas inglesas). La hegemonía de su Fuerza Aérea en el Golfo se basa precisamente en la superioridad de los F-15 de fabricación estadounidense, que se va a ver reforzada con la adquisición de 84 F-15 SA, la versión más moderna del cazabombardero, así como de 150 helicópteros Black Hawk Apache y de sistemas de misiles.
"El contrato de material y servicios de defensa refrenda nuestro tradicional apoyo a la seguridad de Arabia Saudí y del Golfo ante las amenazas iraníes, y contribuye a incrementar la lucha antiterrorista en la región para liberar la carga que recae sobre las tropas de EE UU", destacó un portavoz estadounidense citado por la agencia France Presse. En el plano civil, Riad ha suscrito acuerdos comerciales con dos decenas de empresas norteamericanas, como Boeing o Citibank, que por primera vez podrán controlar el 100% del capital de su inversión en el país árabe. La compañía General Electrics anunció que ha cerrado contratos por importe de 15.000 millones de dólares en el marco del programa saudí de diversificación de su economía, predominantemente dependiente del petróleo. Trump espera sumar unos 270.000 millones de dólares en megacontratos comerciales en Arabia Saudí.
Al margen de la consolidación de la relación bilateral con Riad, a cuyos gobernantes otorga con esta visita un papel de preeminencia en el mundo islámico —desde África hasta Asia– Trump aspira a reconstruir el domingo los puentes de EE UU con más de 1.200 millones de musulmanes de todo el planeta. Con su mensaje de mañana en la capital saudí, va a emprender un radical giro revisionista de la estrategia de su predecesor en la Casa Blanca.
El discurso de Barack Obama en El Cairo de 2009, instando a las reformas democráticas, y el acuerdo nuclear con Teherán de 2015, para intentar promover la estabilidad en la región, se van a trocar en un previsible auto de fe de reconocimiento de las autocracias que rigen la vida de casi la quinta parte de la humanidad y en la forja de un amplio frente de rechazo al desafío expansionista iraní en Siria y Yemen. “Voy a hablar con los líderes de los países islámicos para instarles a combatir el odio y el extremismo e impulsar un futuro pacífico para su religión”, dijo el presidente antes de iniciar la gira, dejando atrás el discurso político de la campaña electoral en el que planteaba vetar la entrada a EE UU a todos los musulmanes.
“Va a pedir a nuestros socios que den pasos decididos para enfrentarse al ISIS y a Al Qaeda, y a quienes perpetúan el caos y la violencia que golpea al mundo islámico y más allá”, precisó su consejero de Seguridad Nacional, Hebert Raymond McMaster. “Será un discurso que pretende unir en contra de los enemigos de todas las civilizaciones y mostrar nuestro compromiso con los aliados musulmanes”, enfatizó el exgeneral McMaster, un experimentado militar respetado por su visión intelectual y que rechaza la islamofobia.
El mensaje de la que ya ha sido bautizada como gran cumbre del mundo islámico con EE UU va dirigido ante todo a la lucha contra el yihadismo. Trump quiere dejar claro que derrotar al Estado Islámico es la prioridad máxima de su política internacional. Para ello propondrá dotar de ayuda financiera, militar y de informes de inteligencia a las fuerzas que combatan al ISIS sobre el terreno. El Gobierno saudí inaugurará durante la vista del mandatario republicano un observatorio digital de las actividades yihadistas, con el objetivo de contrarrestar su guerra ideológica y la captación de combatientes y activistas en la Web.
Pero esa misma estrategia de cooperación tendrá el doble uso de frenar también la expansión militar de Irán y de sus milicias chiíes filiales en la región, como la libanesa de Hezbolá en la guerra de Siria (320.000 muertos, 145.000 desaparecidos, cinco millones de refugiados...), o la rebelión Huthi en Yemen(10.000 muertos, hambruna, epidemias...) respaldada por Teherán y combatida por Riad y sus aliados. Paralelamente a estos encuentros, se celebrará un foro para la lucha contra el terrorismo y el extremismo patrocinado por la coalición militar islámica antiterrorista, creada en 2015.
En Riad, epicentro de la estricta tradición musulmana wahabí, del rigorismo religioso del que ha brotado el extremismo, la llegada de Trump y su séquito ha propiciado un inusual concierto. El cantante de country Toby Keith actuó en la noche del sábado junto al músico saudí Rabeh Sager ante una audiencia exclusivamente masculina y adulta en la capital del reino. Keith es conocido por sus letras nacionalistas, en las que alaba la misión de las tropas norteamericanas en Afganistán o Irak, y por los temas en los que glosa las bondades del alcohol en los bares del Medio Oeste que frecuenta.

PRÓXIMAS PARADAS: JERUSALÉN, BELÉN Y EL VATICANO

En la visita a Arabia Saudí, está previsto que Donald Trump cierre importantes acuerdos económicos. Coincidiendo con su viaje se ha organizado en Riad un foro empresarial estadounidense-saudí para reforzar las inversiones y el comercio bilateral. Esta primera etapa de la gira durante la cual Trump hará escala en Jerusalén, Belén, Roma , Bruselas y Taormina (Sicilia). Tras su estancia en Riad, Trump se dirigirá a Jerusalén el lunes, donde prevé reunirse con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y a Belén, donde se entrevistará con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, al día siguiente. El mandatario trata de impulsar las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos, rotas desde hace tres años.
El 24 de mayo, el papa Francisco, que criticó a Trump el año pasado durante la campaña electoral, lo recibirá en el Vaticano. El jueves tiene una cita con los presidentes de la Comisión Europea y del Consejo Europeo, Jean-Claude Juncker y Donald Tusk, en Bruselas, donde acudirá también a la cumbre de la OTAN. Trump volverá después a Italia para la reunión de líderes de los países del G7 que tendrá lugar en Sicilia los días 26 y 27.
Trump sale por primera vez de EE UU como presidente cuando ya lleva cuatro meses en el poder, un ritmo mucho más lento que Obama. El viaje rompe con la tradición de los últimos mandatarios de visitar primero Canadá o México, con los que el republicano mantiene una relación tirante en asuntos comerciales y migratorios. Pero la elección de los países no es sorprendente y recupera la práctica, rota por Obama en su primer viaje, de visitar en una misma gira Arabia Saudí e Israel, los dos principales aliados norteamericanos en Oriente Próximo.

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http://internacional.elpais.com/internacional/2017/05/20/actualidad/1495269138_611412.html