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Ilustración del prócer Francisco del Rosario Sánchez. Autor: Ramón L. Sandoval
Se conmemora hoy el 160 aniversario del fusilamiento del prócer Francisco del Rosario Sánchez, uno de los padres de la independencia dominicana.
La ejecución de Sánchez se produjo el 4 de julio de 1861, luego de que entrara a la República Dominicana por Haití al mando de una expedición, junto a otros compañeros, con el fin de luchar contra la anexión a España.
Entonces el patriota fue herido en El Cercado y llevado a San Juan de la Maguana, donde el grupo fue condenado a muerte.
El 4 de julio de 1861, a las cuatro de la tarde, fueron ejecutados en el camposanto de San Juan, junto a Sánchez, Félix Mota, Domingo Piñeyro Boscán, Rudecindo de León, Francisco Martínez, Julián Morris y Morris, Juan Erazo, Benigno del Castillo, Gabino Simonó Guante, comandante Manuel Baldemora, José Antonio Figueroa, Pedro Zorrilla, Luciano Solís, José Corporán (o Ciprián), Juan Gregorio Rincón, José de Jesús Paredes (o Pared), Epifanio Jiménez (o Sierra), Segundo Mártir (o Alcántara), Juan Dragón, León García y Juan de la Cruz.
Antes de que fuera fusilado, Sánchez pidió al joven Avelino Orozco que lo ayudara a ser envuelto en la bandera, y a la orden de ¡Fuego!, gritó más fuerte: “¡Finis Polonia!”. Con esas palabras se refería al fin de la República y evocaba al patriota polaco Tadeo Kosciuszco en la batalla de Maciejowice, de 1794.
Una proclama para la historia
La historiadora Carmen Durán ha expresado que Francisco del Rosario Sánchez escribió con su pluma y con su sangre una de las páginas más hermosas de la historia nacional.
Dijo que Sánchez increpó y denunció la trama santanista y que su verbo como el de los más insignes adalides de la historia quedó sellado para también legar a los dominicanos uno de los documentos más importantes del siglo XIX, en su proclama sobre las acciones de Pedro Santana.
Sus luchas independentistas
Nacido el 9 de marzo de 1817 en Santo Domingo, el patriota era hijo de Narciso Sánchez y Olaya del Rosario de Belén.
Sánchez concretó el ideal separatista, después de ser conquistado por Juan Pablo Duarte para la causa, cuando la parte oriental de la isla de Santo Domingo se mantenía bajo el dominio haitiano.
En 1843, luego de que Juan Pablo Duarte se exiliara para evitar ser apresado, Sánchez dirigió el movimiento independentista.
Después de que fuera proclamada la separación el 27 de febero de 1844, al ser integrada la Junta Gubernativa, con carácter provisional, Sánchez ocupó la presidencia, pero a las 24 horas cedió la posición al conservador Tomás Bobadilla.
Posteriormente, Pedro Santana, quien reemplazó a Bobadilla como jefe de la Junta Gubernativa, declaró traidores e infieles a la patria y desterró a Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez, Matías Ramón Mella y a otros revolucionarios.
Gracias a la amnistía dispuesta por el presidente Manuel Jimenes, Sánchez volvió al país el 8 de noviembre del 1848, en la goleta de guerra 27 de Febrero capitaneada por Juan Alejandro Acosta, y en la siguiente década desempeñó cargos públicos.
‘’Dominicanos’’, la proclama de Sánchez contra la anexión
El déspota Pedro Santana, el enemigo de nuestras libertades, el plagiario de todos los tiranos, el escándalo de la civilización, quiere eternizar su nombre y sellar para siempre nuestro baldón, con un crimen casi nuevo en la historia. Este crimen es la muerte de la Patria. La República está vendida al extranjero y el pabellón de la cruz, muy presto, no tremolará más sobre vuestros alcázares.
He creído cumplir con un deber sagrado, poniéndome al frente de la reacción que impida la ejecución de tan criminales proyectos y debéis concebir, desde luego, que en este movimiento revolucionario, ningún riesgo corre la independencia nacional ni vuestras libertades cuando lo organiza el instrumento de que se valió la Providencia para enarbolar la primera bandera dominicana.
Yo no haría este recuento que mi modestia rechaza, si no estuviera apremiado a ello por las circunstancias; pero conocéis bastante mis sentimientos patrióticos, la rectitud de mis principios políticos y el entusiasmo que siempre he tenido por esa Patria y por su libertad; y, no lo dudo, me haréis justicia.
He pisado el territorio de la República entrando por Haití, porque no podía entrar por otra parte, exigiéndolo así, además, la buena combinación, y porque estoy persuadido que esta República, con quien ayer cuando era imperio, combatíamos por nuestra nacionalidad, está hoy tan empeñada como nosotros, porque la conservemos merced a la política de un gabinete republicano, sabio y justo.
Mas si la maledicencia buscare pretextos para mancillar mi conducta, responderéis a cualquier cargo, diciendo en alta voz, aunque sin jactancia, que yo soy la Bandera Nacional (...) Dominicanos: a las armas! Ya llego el día de salvar, para siempre, la libertad. Acudid. ¿No oís el clamor de la Patria afligida que os llama en su auxilio? Volad a su defensa; salvad a esa hija predilecta de los trópicos, de las cadenas ignominiosas que su descubridor llevó a la tumba. Mostraos dignos de vuestra Patria y del siglo de la libertad. (...) Dominicanos: a las armas! Derrocad a Santana; derrocad a la tiranía y no vaciléis en declararos libres e independientes, enarbolando la bandera cruzada del veinte y siete y proclamando un gobierno nuevo que reconstituya el país y os de las garantías de libertad, de progreso y de independencia que necesitáis.
JUAN PABLO DUARTE | 08 FEB 2018, 10:00 PM |EMILIA PEREYRA Penas y amores de los valientes líderes de la separación dominicana
Persecuciones, condenas, exilios y decepciones marcaron a los héroes
SANTO DOMINGO. Las notables vidas de los principales héroes que lucharon por la liberación dominicana del dominio haitiano estuvieron marcadas por el infortunio, las precariedades, las decepciones, los amores y “desencuentros”.
No obstante, fueron hombres tenaces que se empeñaron en hacer realidad sus ideales libertarios en condiciones adversas.
Aunque muchos otros se afanaron porque la parte Este del Santo Domingo español se separara de Haití la historia ha reservado posiciones relevantes a Juan Pablo Duarte, Matías Ramón Mella y Francisco del Rosario Sánchez, considerados padres de la patria dominicana, hombres de carne y hueso que cosecharon triunfos y fracasos.
Pedro Santana, del bando conservador, quien luego de la Independencia Nacional gestionó un protectorado de Francia y años después propició la Anexión a España, también forma parte de las figuras destacadas de las refriegas libertadoras, abatidas por la adversidad.
Pero ¿cómo eran y cuáles fueron las difíciles situaciones que enfrentaron estos titanes del siglo XIX en determinados momentos de sus singulares existencias?
Duarte y sus martirios
Se ha descrito abundantemente el rosario de padecimientos sufridos por Juan Pablo Duarte, uno de los hombres más importantes de la liberación.
El inspirador de la soberanía dominicana era el cuarto hijo del matrimonio formado por Manuela Díez y Jiménez y Juan José Duarte, y a los 25 años fundó la sociedad secreta La Trinitaria, después de alimentar por mucho tiempo el sueño de constituir una nación independiente.
El historiador Orlando Inoa asegura en su “Biografía de Juan Pablo Duarte que: “En su juventud, en distintos momentos de su vida”, el héroe tuvo dos novias: “María Antonia Bobadilla y Prudencia Lluberes. Con ambas llegó a comprometerse, pero con ninguna contrajo matrimonio”.
La sortija que el joven Duarte regaló a su prometida María Antonia es exhibida en el Museo de Cera Juan Pablo Duarte, donde se muestran otras facetas de su vida, como su interés por la educación, la escritura, los libros, las artes y el catolicismo.
Inoa expresa que existe muy poca información sobre las relaciones amorosas de Duarte, y que apenas se conserva una documentación que se refiere al patriota y a la señorita Bobadilla “participando como padrinos del bautizo de Wenceslao Camilo, hijo de Vicente Celestino, el 20 de octubre de 1837, en el templo de San Carlos”.
Obviamente ni esas relaciones amorosas ni las que tuvo con Prudencia Lluberes prosperaron, pues Duarte no se casó ni se le ha conocido descendencia.
En relación a esa faceta de la vida personal del prócer, el escritor Miguel Soto Jiménez ha expresado: “¿Era bailador el Patricio como Bolívar o Mon Cáceres? ¿Le gustaban los tragos, como se dice de Mella o Florentino? ¿Las cosas finas, como a Washington? ¿Era muy enamorado, como Sánchez, Perdomo, Jefferson o el mismo Libertador?”
“A nosotros no nos cabe duda de que Duarte sentía gran atracción por el bello sexo, no sólo por lo que se habla de las novias de Duarte en los apuntes de su hermana Rosa, quien cuida la memoria de su hermano defendiéndolo contra los prejuicios de su época, en la cual las mujeres eran tan recatadas que, teniendo la vocación de criptógamas, solían serlo más si eran como las jamonas de otros tiempos”, ha argumentado en el libro “Duarte Revisitado”.
El exsecretario de las Fuerzas Armadas expresó que por eso Rosa Duarte habla con cuidado de los amores de su hermano. Y agrega: “Cabe pensar en cómo fueron los amores clandestinos de Duarte en San José de los Llanos o el fogaraté que se siente en las líneas de su ensayo del diario en Alemania, cuando habla de esas mujeres rubias cuya alusión sin duda alguna descompone su pretendida indiferencia por esas cosas banales de la carne”, agregó.
Soto Jiménez manifestó, asimismo: “Duarte fue un hombre en el sentido normal de la palabra: enamorado, amante y suponemos que apasionado. No procreó descendencia conocida, porque como otros grandes auténticos revolucionarios, consagró su vida a la causa nacional, la que absorbió sus otros aspectos familiares”.
Con 30 años, en 1843, Duarte laboraba como comerciante en un negocio de venta de artículos para buques y quincallería de su padre, situado en La Atarazana, próximo a la Puerta de San Diego, en el puerto de Santo Domingo. El héroe era culto, un gran lector y escribió varios poemas, entre ellos “La cartera del proscrito”.
En su obra “Vicisitudes de Juan Pablo Duarte”, el historiador Juan Daniel Balcácer escribe que el patricio, “... al igual que sus compañeros de partido, fue victimizado desde los inicios de la República, mediante la Resolución núm. 17 de la Junta Central Gubernativa, que lo condenaba al ostracismo de por vida, con órdenes de ser fusilado en caso de ingresar al territorio nacional”.
Además, recuerda que el 10 de septiembre de 1844, “humillado, engrillado y confinado en La Torre del Homenaje”, Duarte fue embarcado hacia un nuevo exilio de 20 años que vivió en Venezuela. En esa nación murió el 17 de julio de 1876, a causa de una tisis severa, con 63 años de edad.
“A nosotros no nos cabe duda de que Duarte sentía gran atracción por el bello sexo, no sólo por lo que se habla de las novias de Duarte en los apuntes de su hermana Rosa, quien cuida la memoria de su hermano defendiéndolo contra los prejuicios de su época, en la cual las mujeres eran tan recatadas que, teniendo la vocación de criptógamas, solían serlo más si eran como las jamonas de otros tiempos”. José Miguel Soto Jiménez.
Balcácer rememora que el revolucionario fue objeto de inmerecidos infundios y calumnias desde antes de cristalizarse el movimiento político por el cual sacrificó su juventud y el bienestar de su familia y que esa campaña de descrédito se inició en Santo Domingo, a mediados del 1843, y fue promovida por “un reducido círculo de compatriotas cuya cosmovisión de los acontecimientos divergía sustancialmente de la concepción política preconizada por Duarte y sus correligionarios”.
El héroe era un ser carismático, que consiguió darle dirección y propósito a un grupo de jóvenes valerosos. Compartió los conocimientos adquiridos en sus estudios particulares y durante sus viajes a los Estados Unidos y a Europa, e impartió gratuitamente clases de matemáticas, latín, esgrima y tiro. El patricio, quien poseía formación militar, era un luchador. Sus afanes patrióticos le produjeron innumerables sufrimientos y llevaron a la pobreza a su familia, pues invirtió sus bienes en la lucha independentista.
Desventuras de Mella
A Matías Ramón Mella se le considera una de las figuras más importantes de las luchas independentistas. Tenía 28 años cuando desempeñó un papel protagónico la noche de la proclamación de la Independencia, ya que disparó el emblemático trabucazo que selló el nacimiento de la República Dominicana.
Antes, a los 20 años, contrajo matrimonio con Josefa Brea, compañera en las luchas patrióticas, y con ella procreó cuatro hijos: Ramón María, Antonio Nicanor, María América e Idelfonso. Para sustentar a su familia se dedicaba al corte de caoba, primero en San Cristóbal y luego en Puerto Plata.
En los aprestos separatistas, Duarte le encargó a Mella viajar a Les Cayes, en Haití, para hacer una alianza entre los trinitarios y reformistas haitianos, que buscaban derrocar al presidente Jean Pierre Boyer, finalmente depuesto en marzo de 1843.
Luego de la proclamación de la independencia, Mella (1816-1864) organizó la región cibaeña para oponerse a los posibles ataques haitianos y partió hacia el Sur para incorporarse a las filas de los combatientes.
Previamente, firmó el manifiesto del 16 de enero de 1844, llamado también Acta de Separación.
Después de que los haitianos se retiraron, el hijo de Antonio Mella y Francisca Castillo volvió al Cibao y el 4 de julio proclamó a Duarte presidente de la República, para evitar que ocupara el poder alguno de los llamados afrancesados, partidarios del colonialismo, por lo cual fue expatriado por Pedro Santana hacia Europa. Después se estableció en Puerto Rico y no volvió al país hasta 1848.
A su regreso al suelo dominicano, este hombre de acción se sumó a las luchas entre las facciones conservadoras y respaldó a Santana, con el que rompió relaciones después, entre otras razones debido al interés del caudillo que se produjera la Anexión a España. El nacionalismo del prócer se reafirmó cuando apoyó a los restauradores en 1861, con los que combatió para expulsar a los españoles como antes lo había hecho contra los haitianos.
Penurias de Sánchez
Como un “adalid” de las luchas nacionales en el siglo XIX describe el historiador Roberto Cassá en su obra “Padres de la Patria” a Francisco del Rosario Sánchez, arrojado mulato que batalló intensamente por la libertad.
Por sus esfuerzos, la historia ha ubicado en un lugar elevado a este compañero confiable y solidario de Duarte.
Cassá señala que Sánchez se contó entre los pocos fundadores de la sociedad La Trinitaria que no era de color blanco. De origen humilde, pudo ascender socialmente por la ubicación urbana de sus padres, Narciso Sánchez y Olaya del Rosario, y su dedicación y entereza.
Su educación, esmerada para la época, fue orientada por su madre y su tía María Trinidad Sánchez, heroína de febrero. Autodidacta, aprendió inglés e hizo estudios de la Biblia, latín y filosofía. Luego se convirtió en abogado.
En el 1859, por discrepancias políticas con el presidente Buenaventura Báez se exilió en Saint Thomas y en esa isla vivió privaciones y estuvo en un estado de casi indigencia.
A Sánchez (1817-1861) se le atribuye la planificación y ejecución de la declaratoria de la independencia el 27 de febrero de 1844. Debido a que Duarte tuvo que salir del país para preservar la vida, el patriota lideró el movimiento triunfador
Luego de ser exiliado en agosto de 1844, cuando fue declarado “traidor a la patria”, Sánchez se radicó en Curazao y allí se casó con Leoncia Rodríguez, con la que tuvo una hija, Leoncia, antes de que falleciera. Al volver al país en 1848, restableció relaciones con su antigua novia, Balbina Peña, con quien se mantuvo unido hasta su muerte. Con esta señora procreó a Juan Francisco y a Manuel de Jesús.
Sánchez fue un padre prolífico. Engendró varios hijos con varias mujeres. La primera fue Felícita Martínez, con quien tuvo a Mónica. Luego, con María Evarista Hinojosa procreó a María Gregoria (Goyita). Posteriormente, con Mercedes Pembrén Chevalier concibió a Petronila.
Con la amnistía dispuesta por el presidente Manuel Jimenes, Sánchez en 1848 pudo regresar al país, luego de su destierro, y en la siguiente década desempeñó diversos cargos públicos.
En 1861, a los 44 años, el prócer fue fusilado el 4 de julio en El Cercado, San Juan de la Maguana, como consecuencia de su lucha contra la Anexión de la República Dominicana a España.
El corazón roto de Santana
El hombre enérgico y de carácter despótico, del bando conservador, que se hizo con el poder tras la declaración de la independencia y carga con el fusilamiento de la heroína María Trinidad Sánchez, tuvo un romance que se desvaneció tempranamente y lo dejó con el corazón roto.
El historiador Ramón Lugo Lovatón relató que el amor malogrado de Santana lo encarnó la joven María del Carmen Ruiz (Maruca), físicamente muy agraciada y de agradable trato.
“Cuando todo estaba preparado para la boda, (ella) salió de viaje hacia Higüey a pagar una promesa a la Virgen de La Altagracia, y cuando regresaba a su hogar en el Seybo, en un brioso caballo enjaezado con ‘banastilla’, cerca de esa ciudad, murió trágicamente estrellada contra una roca, al asustarse el animal en el sitio llamado ‘Cuesta Prieta”, narró.
Aseguró el autor que tras el fatal accidente Santana estuvo a punto de “perder la razón” y que cuando visitaba el Seybo acudía siempre al cementerio a encender velas en la tumba de su amada.
Posteriormente, Santana empezó a visitar a la señora Micaela del Rivero, viuda del capitán de milicias Miguel Febles Vallenilla y madre de Frolaina Febles, novia de su hermano mellizo Ramón. El futuro caudillo se encantó y contrajo matrimonio con la señora, de mayor edad que él. Posteriormente quedó viudo.
Después de haber cumplido 58 años y mientras era presidente de la República por cuarta vez, el 26 de noviembre de 1858, Santana contrajo matrimonio con Ana Zorrilla, de 70 años, viuda como primera esposa.
“No obstante, con ella logró alguna felicidad y aquella mujer, cuando llegó el momento, le cerró los ojos a la hora de su muerte”, escribió Lugo Lovatón.
Santana nació, junto a su hermano Ramón, en Hincha en el 1801. A causa de la invasión de François Dominique Toussaint-Louverture se trasladó con su familia al Este de la isla, huyendo de las hordas haitianas en burros macilentos, según Lugo Lovatón, que lo describió como un hombre fuerte, taciturno, de mirada honda, pelo negro y manos fuertes.
Al pasar los años el hijo de Pedro Santana y Petronila Familia se convirtió en un poderoso terrateniente y ganadero en el Seybo. Al mando de sus peones constituyó un ejército que combatió a los haitianos, en el Sur, cuando intentaron recuperar el terreno perdido tras la proclamación de la Independencia dominicana.
Para saber más...
“Vicisitudes de Juan Pablo Duarte”. Juan Daniel Balcácer
“Padres de la patria”. Roberto Cassá.
“Biografía de Juan Pablo Duarte”. Orlando Inoa.
“Rasgos biográficos de dominicanos célebres”. José Gabriel García.
“Duarte y otros temas”. Alcides Lluberes.
“El carácter de Pedro Santana”. Ramón Lugo Lovatón.
“Semblanzas de los adalides militares de la independencia”. José Miguel Soto Jiménez.
Museo de Cera Juan Pablo Duarte. https://www.museodecerajuanpabloduarte.com.do/
CULTURA| 09 MAR 2017, 12:00 AM|EMILIA PEREYRA Francisco del Rosario Sánchez, un titán fusilado por su fervor independentista
Se conmemora el bicentenario del nacimiento del prócer
SANTO DOMINGO. La Independencia de la República Dominicana no se habría podido producir sin la firmeza y el arrojo de Francisco del Rosario Sánchez, a quien la nación rinde hoy homenaje con motivo del bicentenario de su natalicio.
Sánchez fue uno de los patriotas que alimentó el ideal separatista, concebido e impulsado por Juan Pablo Duarte, quien lo conquistó para la causa, como también sumó al movimiento a Ramón Mella y a otros jóvenes en la primera mitad del siglo XIX, cuando la parte este de la isla de Santo Domingo era dominada por el gobierno haitiano, que la había ocupado en febrero de 1822, bajo el mando de Jean Pierre Boyer.
En 1843, Duarte se exilió por temor a ser apresado y Sánchez asumió la dirección del movimiento independentista. Entonces presidió las reuniones del grupo y amplió contactos con representantes de sectores importantes de la ciudad, con la colaboración de Mella.
El historiador Frank Moya Pons relata en su Manual de historia dominicana que Sánchez logró escapar de la persecución haitiana “fingiéndose enfermo y simulando, con la ayuda de amigos no comprometidos públicamente, su muerte repentina”.
Posteriormente, Sánchez participó en la redacción del manifiesto del 16 de enero de 1844, en el cual los trinitarios y aliados invitaban a la población a rebelarse contra los haitianos, después de detallar los agravios padecidos por la sociedad durante dos décadas de dominación extranjera.
Firmeza del prócer
Por el rol desempeñado en momentos fundamentales, la historia le ha reservado a Sánchez una notable posición como uno de los padres de la patria. Aunque no formó parte del grupo fundador de La Trinitaria, fue un compañero de lucha esforzado y confiable de Duarte y se convirtió en jefe militar y político del movimiento separatista.
Sánchez (1817-1861) leyó la proclama que declaró el nacimiento de la República Dominicana el 27 de febrero de 1844, y posteriormente, presidió por poco tiempo el gobierno provisional, hasta que fue desplazado por Tomás Bobadilla.
Con firmes palabras que registró la historia, Sánchez proclamó la independencia: “¡Separación, Dios, patria y libertad, República Dominicana!”, gritó y enseguida izó la nueva bandera y ordenó el toque de una diana.
La proclamación separatista
La noche del 27 de febrero de 1844, una vez Mella disparó su trabuco, parado en lo alto del baluarte del Conde, Sánchez proclamó la independencia: “¡Separación, Dios, patria y libertad, República Dominicana!”, gritó y enseguida izó la nueva bandera y ordenó el toque de una diana.
Ese mismo día, antes de que se produjera la declaración separatista, Sánchez fue elegido por sus compañeros de La Trinitaria comandante en armas y presidente de la Junta Gubernativa de la naciente república.
Aunque el mando de la insurrección lo encabezaba Sánchez e integraban otros del movimiento, los independentistas no pudieron sostenerse en el poder.
Poco después Tomás Bobadilla fue elegido presidente de la Junta Central Gubernativa (el gobierno de entonces) en lugar de Sánchez, con lo que se desmoronó el plan de los trinitarios de mantener el control político de la naciente República Dominicana.
Así, Bobadilla inició como gobernante una nueva etapa de la historia del país, aunque había contribuido a mantener la dominación haitiana de 22 años, como funcionario del régimen de Boyer.
Pedro Santana, quien desplazó a Bobadilla como jefe de la Junta Gubernativa, declaró traidores e infieles a la patria y desterró a Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y a Ramón Mella. Lo mismo hizo con los comandantes Pedro Pina, Gregorio del Valle y Juan Jiménez, al capitán J. J. Illas y a Juan Isidro Pérez, según la resolución de la Junta Central Gubernativa del 22 de agosto de 1844.
Con la amnistía dispuesta por el presidente Manuel Jimenes, en 1848 Sánchez pudo regresar al país, y en la siguiente década desempeñó diversos cargos públicos.
Sánchez y su grupo de rebeldes fueron apresados y trasladados a San Juan de la Maguana, donde fueron juzgados y condenados a muerte. En el juicio, el patricio exclamó: “Para enarbolar el pabellón dominicano fue necesario derramar la sangre de los Sánchez, para arriarlo se necesita también la de los Sánchez”.
Exilios y fusilamiento
En abril de 1855 Sánchez fue enviado al exilio en Curazao y regresó en agosto de 1856. Las pretensiones de Santana de anexar la República Dominicana a España lo enfrentaron con Sánchez, quien se le oponía. En consecuencia, en agosto de 1859 el patriota fue encarcelado y desterrado de nuevo.
Desde su ostracismo y sin tener recursos económicos, mantuvo su oposición al proyecto anexionista. Luego Sánchez viajó hacia Haití e intentó persuadir al presidente haitiano Fabre Geffrard para que lo apoyara, a fin de invadir el territorio dominicano para evitar la anexión a España.
El 1 de junio de 1861, Sánchez entró al país por la frontera, encabezando una expedición que buscaba restaurar la república. Cruzó por Hondo Valle, Vallejuelo y El Cercado, donde cayó en una emboscada y fue herido.
Sánchez y su grupo de rebeldes fueron apresados y trasladados a San Juan de la Maguana, donde fueron juzgados y condenados a muerte. En el juicio, el patricio exclamó: “Para enarbolar el pabellón dominicano fue necesario derramar la sangre de los Sánchez, para arriarlo se necesita también la de los Sánchez”.
Antes de ser fusilado, Sánchez le pidió a un amigo que le dijera a la juventud dominicana: “...que yo al instante de morir, aludiendo a la República, digo (como el héroe polaco Tadeusz) Kosciuszko, finis poloniae”.
Los restos del Sánchez, quien comulgó antes de ser fusilado en el cementerio de San Juan de la Maguana, reposan en el mausoleo del Altar de la Patria, junto con los de Duarte y Mella, en el mismo lugar donde fue proclamada la Independencia.
Orígenes y personalidad
Nacido el 9 de marzo de 1817 en Santo Domingo, era hijo de Narciso Sánchez Ramón y de Olaya del Rosario de Belén.
Fue el primogénito de once hermanos, de los cuales también se destacó Socorro Sánchez. Además, era sobrino de la heroína independentista María Trinidad Sánchez, fusilada el 27 de febrero de 1845, durante el gobierno de Pedro Santana.
Su educación fue primeramente orientada por su madre y después por el cura peruano Gaspar Hernández, que fortaleció el espíritu patriótico de Sánchez, un autodidacta que llegó a dominar el francés y el latín y se dio a conocer como abogado.
Sánchez, quien tuvo varios hijos, fue descrito por el historiador Ramón Lugo Lovatón como un hombre espigado, de singular apostura, fino trato, educación y modo de hablar esmerados, que tocaba varios instrumentos musicales y recitaba poesía y conquistó el corazón de la curazoleña Leoncia Rodríguez, con quien tuvo descendencia. Sus habilidades le abrieron las puertas en Curazao, donde vivió uno de sus exilios y era maestro de castellano.
Apenas siete escasos meses después de la declaración de independencia y la proclamación de la República, los principales impulsores de la gesta febrerista fueron declarados “traidores a la patria” y expulsados del país.
Pedro Santana, el hatero conservador, se había hecho con el poder mediante un golpe de Estado el 19 de julio de 1844. La República había nacido lastrada por el autoritarismo y la preeminencia de los peores intereses sociales y políticos.
El 22 de agosto, Santana declara reos de traición a Duarte, Sánchez, Mella, Pedro Alejandro Pina, Juan Isidro Pérez, Gregorio del Valle, Juan Evangelista Jiménez y Juan José Illas, y dispone su destierro “a perpetuidad”.
La resolución de la Junta Gubernativa dice textualmente:
“Declara que los generales de brigada J.P. Duarte, Ramón Mella, Francisco Sánchez; los comandantes Pedro Pina, Gregorio del Valle, Juan Jiménez y el capitán J.J. Illas y el señor Juan Isidro Pérez, Secretario que fue de la Junta Central Gubernativa, han sido traidores e infieles a la Patria y como tales indignos de los empleos y cargos que ejercían, de los que quedan depuestos y destituidos desde este día; ordenaque todos ellos sean inmediatamente desterrados y extrañados a perpetuidad del país, sin que puedan volver a poner el pie en él,bajo pena de muerteque será ejecutada en la persona del que lo hiciere, después de que sean aprehendidos y que se justifique la identidad de su persona, a cuyo efecto se le da poder y facultad a cualquier autoridad civil o militar que verifique la captura”.
Escribe el historiador Orlando Inoa en suBiografía de Juan Pablo Duarteque esta resolución “fue leída en la Plaza de Armas de Santo Domingo, seguida de una vociferación de la soldadesca. El ambiente caldeado se completó con varios vivas a Santana yla petición de la cabeza de Duarte”.