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jueves, 21 de octubre de 2021

Colin Powell | Por ORLANDO JORGE MERA @orlandojm

Por ORLANDO JORGE MERA 

Imagen Orlando Jorge Mera

Cuando fallece una personalidad de resonancia mundial, y si las circunstancias permiten que alguien haya tenido la oportunidad de estar en un momento con esa persona, pues los recuerdos vuelven a la memoria.

El pasado lunes, el mundo quedó impactado por la noticia de la muerte de Colin Powell, general de cuatro estrellas del Ejército americano, y quien fue secretario de estado durante el primer mandato del presidente George W. Bush. Esto trajo a mi memoria el único encuentro privado que tuve con el entonces secretario Powell.

Para el año 2001, quien suscribe este artículo, era presidente del Instituto Dominicano de Telecomunicaciones (INDOTEL), por designación del entonces presidente Hipólito Mejía. Resulta que, durante ese mismo período, el presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones era Michael K. Powell, hijo de Collin Powell. El presidente Clinton lo había nombrado miembro de la FCC, y luego el presidente Bush lo designó como presidente del organismo regulador de las comunicaciones de los Estados Unidos.

En vísperas de los atentados del 11 de septiembre, tuve un primer encuentro con Michael Powell en la ciudad de Washington, para tratar temas bilaterales relacionados con telecomunicaciones. Le conocí y fue la apertura respetuosa de una vía de comunicación entre ambos, que luego daría resultados extraordinarios. A mi regreso al país se lo informé al presidente Mejía.

En 2003, se inician los esfuerzos para que República Dominicana fuese parte del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Centroamérica. Para la visita que hizo el presidente Mejía y su comitiva a la Casa Blanca, con la anuencia del presidente Mejía, hice contacto con Michael Powell, quien tuvo la gentileza de hablar con su padre, y de que el secretario Powell entendiera la importancia de que República Dominicana formara parte de ese acuerdo comercial. Así lo hizo.

Recuerdo que en la visita del presidente Mejía a la Casa Blanca, el secretario Powell hizo la siguiente aseveración sobre Haití: “Mientras los empresarios y políticos, residentes en Petion Ville, sigan acumulando riqueza de la corrupción en Haití, será muy difícil trabajar por el desarrollo de ese país”. Esto lo dijo en 2003, siete años antes del terremoto de 2010. Luego, hemos visto el paso del tiempo, y cómo estas palabras siguen siendo realidad, que nos golpea a nosotros como vecinos en la otra parte de la isla. De ahí, el presidente Mejía acuñó la frase de que entre RD y Haití es “un matrimonio sin divorcio”.

Con el fallecimiento del General Powell, al margen de sus posiciones relacionadas con la invasión militar en Iraq, es justo reconocer que su posición fue determinante para la integración del país en lo que hoy es el DR-CAFTA.

https://elnacional.com.do/colin-powell/

lunes, 18 de octubre de 2021

El general retirado Colin Powell muere por COVID-19

 ACTUALIDAD

El general retirado Colin Powell muere por COVID-19

Tenía 84 años de edad; fue el primer Secretario de Estado negro en EEUU

Diario Libre - ESTADOS UNIDOS 18/10/2021, 08:37 AM

$!El general retirado Colin Powell muere por COVID-19

Colin Powell, el primer Secretario de Estado negro en la historia de Estados Unidos, cuyo liderazgo en múltiples administraciones Republicanas ayudó a forjar la política extranjera estadounidense a finales del siglo XX, murió por complicaciones de COVID-19, dijo su familia en Facebook.

El general retirado tenía 84 años de edad.

“El general Colin L. Powell, exsecretario de Estado de los Estados Unidos murió esta mañana debido a complicaciones de COVID-19, escribió la familia Powell en la red social.

“Hemos perdido a un esposo, padre y abuelo amoroso y a un gran estadounidense”, dijeron, resaltando que se encontraba totalmente vacunado.

Powell fue un distinguido soldado profesional cuya carrera incluyó combates en Vietnam para convertirse en el primer afroamericano en convertirse en asesor de seguridad nacional durante la presidencia de Ronald Reagan, y el más joven en convertirse en presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor en la presidencia de George H.W. Bush.

Su popularidad nacional aumentó luego de la Guerra del Golfo y a mediados de los 90 era considerado un contendor para convertirse en el primer presidente negro de los Estados Unidos.

Pero su reputación quedó manchada cuando, siendo el primer secretario de Estado de George W. Bush, presentó inteligencia dudosa ante las Naciones Unidas para promover la Guerra de Irak, lo cual más tarde llamó una “mancha” en su récord.

https://www.diariolibre.com/actualidad/el-general-retirado-colin-powell-muere-por-covid-19-HP29401431

lunes, 9 de abril de 2018

La Guerra de Irak: al principio fue la mentira…

EL MUNDO

La Guerra de Irak: al principio fue la mentira…

En abril de 2003, soldados estadounidenses derribaron la estatua de Saddam Hussein en Bagdad. Hoy es innegable que la Guerra de Irak se basó en mentiras, mató a cientos de miles y dejó al Medio Oriente sumido en el caos.
Irak Sturz Regime Saddam Hussein (picture-alliance/dpa)
La Guerra de Irak comenzó el 20 de marzo de 2003 con los bombardeos estadounidenses sobre el país asiático; pero la primera imagen que quedó grabada en la memoria colectiva como emblema de esa ofensiva fue la del derribamiento de una estatua de Saddam Hussein en Bagdad, orquestado por soldados occidentales el 9 de abril. Hoy, quince años más tarde, sigue habiendo preguntas sobre esa invasión que no han recibido respuesta oficial. Por ejemplo, aún no se sabe exactamente cuántos iraquíes fueron víctimas de la ocupación y del caos que ésta generó.
En lo que respecta al saldo de muertos, la mayoría de las estimaciones oscila entre los 150.000 y los 500.000. Investigaciones fiables arrojan un número mucho mayor: en 2006 –un lustro antes de que la Casa Blanca diera por terminada la Guerra de Irak– la reconocida publicación médica Lancet hablaba de más de 650.000 "muertes adicionales”, causadas por la destrucción de la infraestructura sanitaria iraquí. No cuesta imaginar que las cifras aludidas son conservadoras. Lo que sí se sabe es que los argumentos usados para justificar la invasión eran falsos.
Otra imagen emblemática de la Guerra de Irak data del 5 de febrero de 2003 y muestra al ex Secretario de Estado estadounidense Colin Powell (2001-2005) ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Seis semanas antes de que comenzara la invasión, Powell pasó 76 minutos esmerándose en persuadir a la opinión pública internacional de que ella era necesaria. Su mensaje principal era que el hombre fuerte de Bagdad, Saddam Hussein, poseía armas biológicas y químicas de destrucción masiva; fomentaba el terrorismo y tenía ambiciones nucleares.
Irak Saddam Hussein im Gerichtssaal (picture-alliance/dpa/C. Hondros)
Saddam Hussein, quinto presidente de Irak (1979-2003)
Las apariencias engañaron
Powell apoyó su presentación con ilustraciones, según las cuales Irak burlaba los estrictos controles armamentistas de las Naciones Unidas gracias a una flota de camiones que funcionaba como un laboratorio itinerante. Esa alocución de Powell es memorable, ante todo, por la falsedad de sus planteamientos; dos años más tarde, el propio Powell describió ese episodio como una mancha en su hoja de vida profesional. Ray McGovern, un exempleado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), tiene mucho que decir al respecto.
"No es sólo que la información proveída por los servicios secretos tenía fallas, es que la misma era falsa”, comenta el experto de 78 años en entrevista con DW. En 2003, varios especialistas del ámbito de la inteligencia –incluido McGovern, quien ocupó cargos de alto rango en la CIA– fundaron la organización VIPS con miras a ofrecer análisis crítico de la política interior y exterior de Estados Unidos. VIPS sostiene que una parte esencial del contenido expuesto por Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU se basaba en datos de inteligencia germanos.
En 1999, el químico iraquí Rafed Ahmed Alwan llegó a Alemania solicitando asilo. Terminó llamando la atención del Servicio Federal de Inteligencia (BND) y éste procedió a interrogarlo con la esperanza de obtener información sobre las presuntas armas de destrucción masiva en poder del dictador Saddam Hussein. Al poco tiempo, Alwan –a quien se le asignó al alias "Curveball”– se percató de que, mientras más detalles ofrecía, más beneficios recibía a cambio: el refugiado iraquí obtuvo la nacionalidad alemana, un domicilio a su nombre y dinero para sus gastos.
Ehemalige US-Präsidenten Barack Obama und George W. Bush (AFP/Getty Images/S. Loeb)
El expresidente de EE. UU. George W. Bush (2001-2009), a la izquierda, y su sucesor, Barack Obama (2009-2017)
George W. Bush, información sabidamente falsa
La situación cambió cuando el entonces jefe del BND empezó a poner en duda la veracidad de los datos compartidos por Alwan: los servicios secretos alemanes comprobaron que éste mentía y notificaron al respecto a sus colegas estadounidenses. De hecho, en 2001, los estadounidenses les pidieron a los alemanes que firmaran una declaración vinculante alusiva a la veracidad de las declaraciones de Alwan y el expresidente del BND, August Hanning, se negó a suscribirla. Así lo señaló el diario Dei Welt en agosto de 2011, citando al propio August Hanning.
De acuerdo con el testimonio recogido por Die Welt, Hanning le escribió el siguiente mensaje a quien fuera director de la CIA en 2001, George Tenet: "Ninguna otra persona ha aportado información similar a la ofrecida por nuestra fuente y, por esta razón, la información en cuestión no puede darse por verificada”. Y a pesar de que se hicieron otras advertencias, las declaraciones de "Curveball” terminaron apuntalando la argumentación de Powell a favor de la Guerra de Irak. McGovern subraya que a Washington no le importaba si ‘Curveball' sabía o no de lo que hablaba.
"El Gobierno estadounidense obtuvo algo que le permitió pronunciarse públicamente sobre Irak. Esa información les permitió a los expertos del departamento de diseño de la CIA crear ilustraciones donde aparecían laboratorios móviles fabricando armas químicas, a pesar de que éstos no existían. Y esos gráficos fueron usados en la presentación de Powell”, explica McGovern. Su narración de los hechos fue corroborada en 2011 por el exjefe de la división europea de la CIA, Tyler Drumheller, en entrevista con el diario británico The Guardian.
Tony Blair im Interview (picture alliance/empics/J. Brady)
El ex primer ministro de Gran Bretaña, Tony Blair (1997-2007)
Tony Blair, pese a la falta de evidencias
Drumheller asegura que sus colegas del BND le advirtieron mucho antes de 2003 que los datos proveídos por "Curveball” no eran de fiar y que él mismo le había hecho llegar esa señal de alerta al jefe de la CIA, George Tenet, varias veces. "Incluso en la noche de la alocución de Powell en la ONU”, enfatiza Drumheller. En un artículo de opinión publicado recientemente por el sitio web Project Syndicate, el ex secretario general de la OTAN, Javier Solana, comenta que las bases para la invasión estadounidense se sentaron mucho antes del 11 de septiembre de 2001.
Solana recuerda que, poco después de su elección como presidente de Estados Unidos, George W. Bush hizo de Irak uno de los dos puntos principales de su política de seguridad. El Reino Unido se involucró tempranamente en su agenda: en mayo de 2005, el Sunday Times de Londres hizo público un memorándum confidencial que documentaba una reunión del alto mando celebrada el 23 de julio de 2002. A ella asistieron el entonces primer ministro británico, Tony Blair, varios miembros de su Gabinete y de los servicios secretos del país europeo.
Sir Richard Dearlove, a la sazón director del MI6, es citado en el memorándum reportando sobre un encuentro reciente con el jefe de la CIA, George Tenet; comentaba que Bush deseaba derrocar a Hussein mediante un ataque militar, justificado por su presunta cercanía con terroristas y su supuesta posesión de armas de destrucción masiva; y esgrimía, eso sí, que tanto la información de inteligencia como los hechos estaban siendo manipulados. El ministro británico del Exterior, Jack Straw, decía por su parte: "Las evidencias son muy débiles. Saddam no amenaza a sus vecinos”.
Gerhard Schröder (picture-alliance/dpa/P. Pleul)
El excanciller de Alemania Gerhard Schröder (1998-2005)
Gerhard Schröder: no, pero sí…
El entonces Fiscal General del Reino Unido, Lord Goldsmith, fue bastante elocuente cuando observó en esa cita: "El deseo de un cambio de régimen no constituye una base legal para una misión militar”. Pero las palabras de Goldsmith no impidieron que Blair inmiscuyera a Gran Bretaña en la Guerra de Irak, que, a juicio de Björn Schiffbauer, especialista en Derecho Internacional radicado en Colonia, "fue un delito de agresión reñido con la jurisprudencia global”. Un acto de violencia, acota Schiffbauer, en el que Alemania participó, al menos indirectamente.
Oficialmente, Berlín se negó a respaldar la invasión y la ocupación del país asiático. Es más, el entonces canciller de Alemania, Gerhard Schröder, fue reelecto en 2002 gracias a su posición de cara a esa ofensiva. No obstante, Florian Pfaff, otrora mayor del Bundeswehr, recuerda que el Ejército germano apoyó las operaciones de Estados Unidos y sus aliados en actividades logísticas, como la de preparar los aviones de vigilancia aérea (AWAC) para sus misiones y proteger los cuarteles estadounidenses. Pfaff trabajaba entonces como especialista en tecnologías de la información.
Pfaff se rehusaba a participar en una guerra de agresión y así lo hizo saber en su batallón: "Voy a analizar todas las órdenes que reciba y si compruebo que las mismas me obligan a involucrarme en la guerra, me negaré a obedecerlas”. Sus superiores reaccionaron ordenando su reclusión en la unidad de Psiquiatría durante una semana. "Yo ya había oído decir que los comunistas encerraban a los rebeldes en centros psiquiátricos. Por fortuna, en mi caso determinaron que yo estaba muy bien de salud”, le cuenta Pfaff a DW. El Ejército alemán empezó a ejercer presión sobre él y llevó su caso ante la Fiscalía General. Sin embargo, en 2005, el Tribunal Administrativo de Leipzig sentenció que Pfaff tenía derecho a negarle su apoyo a una guerra que, por razones comprensibles, él consideraba reñida con el Derecho Internacional y, por lo tanto, ilegal.
Matthias von Hein (ERC/ERS)

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