Mostrando las entradas con la etiqueta Big Data. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Big Data. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de abril de 2020

Centro de inteligencia C5i recopilará datos de afectados del COVID-19 y velará por la seguridad nacional

CORONAVIRUS EN RD
Centro de inteligencia C5i recopilará datos de afectados del COVID-19 y velará por la seguridad nacional
Fue inaugurado por el presidnete Medina este miércoles
Adonis Santiago Díaz -  
El presidente Danilo Medina dejó formalmente inaugurado el Centro de Comando, Control, Comunicaciones, Computadoras, Ciberseguridad e Inteligencia del Ministerio de Defensa (C5i), modernas instalaciones que se suman al batallón para combatir el coronavirus COVID-19.
Medina dijo que desde este moderno centro se podrá saber quiénes de los afectados pueden quedarse en sus casas y continuar el tratamiento desde su residencia y brigadas de las Fuerzas Armadas, en coordinación con el Ministerio de Salud Pública le entregarán el tratamiento que deben llevar “y los que tienen que ser llevados a centros de salud, también serán sacados por esas brigadas y los que son sospechosos de tener el virus van a otros lugares que también están bajo el control de ellos”.
El jefe de Estado sostiene que el ministro de Hacienda, Donald Guerrero, junto al Gobernador de Banco Central, ha estado diseñando las políticas sociales de ayudas a la población.
En ese sentido, el Ministro de Defensa, teniente general Rubén Darío Paulino Sem, explico que el centro no es más que un sistema de monitoreo que fortalece y dinamiza la coordinación operacional y estratégica conjunta de las Fuerzas Armadas.


El Centro de Comando, Control, Comunicaciones, Computadoras, Ciberseguridad e Inteligencia del Ministerio de Defensa (C5i).

El Centro de Comando, Control, Comunicaciones, Computadoras, Ciberseguridad e Inteligencia del Ministerio de Defensa (C5i). ( )
Herramientas de las que se dotará el centro
Según Paulino Sem, en las nuevas instalaciones se utiliza tecnología de punta con la participación de todos los cuerpos de seguridad nacional, “surge la necesidad de la integración de recursos que poseen las Fuerzas Armadas, los sistemas de video vigilancia, los aviones no tripulados, (drones), que se encuentran operando en las avenidas de aproximación desde la frontera terrestre y en las bases interagenciales creadas desde el 2017”.
“La misión de este C5i, es servir como puesto de mando principal de las Fuerzas Armadas, para el control de las operaciones que se ejecutan en las instituciones militares, garantizando la defensa y la seguridad de la nación”, dijo.
Reveló que desde el referido centro se dirige, se coordina, se monitorea y se evalúan las diferentes operaciones ejecutadas por cada una de las dependencias del Ministerio de Defensa en toda la geografía nacional, con la finalidad de garantizar el comando y control de las fuerzas militares, “y facilitar al alto mando las tomas de decisiones ante las amenazas y riesgo de las seguridad y la defensa nacional”.
“Me permito decir que el C5i es una obra versátil, de infraestructura física y tecnológica concebida por el presidente Danilo Medina, quien tuvo la visión de aprobar este gran proyecto, tiene una gran particularidad de poder adaptarse a múltiples necesidades de inteligencia y seguridad nacional, tanto en operaciones estratégicas, según se requiera”, agregó.
Subrayó que se trata de un cerebro informático, analítico y cibernético que se ajusta a las diferentes situaciones “como las mejores herramientas, por ejemplo, en esta ocasión, además de las diversas actividades que se desarrolla, tiene un propósito de gran relevancia para el interés nacional y el Gobierno que es ofrecer inteligencia artificial para contribuir a manejar en tiempo real aspecto del seguimiento pare proyectar acciones a futuro en busca de tener mejor control durante la expansión del coronavirus”. https://www.diariolibre.com/actualidad/ciudad/centro-de-inteligencia-c5i-recopilara-datos-de-afectados-del-covid-19-y-velara-por-la-seguridad-nacional-FC18383305

sábado, 6 de abril de 2019

Los cerebros ‘hackeados’ votan | por YUVAL NOAH HARARI

IDEAS ANÁLISIS 

Los cerebros ‘hackeados’ votan

Algunas de las mentes más brillantes del planeta llevan años investigando cómo piratear el cerebro humano para que pinchemos en determinados anuncios o enlaces. Y ese método ya se usa para vendernos políticos e ideologías

Fotograma de la película '1984', del director Michael Anderson (1956).
Fotograma de la película '1984', del director Michael Anderson (1956).
La democracia liberal se enfrenta a una doble crisis. Lo que más centra la atención es el consabido problema de los regímenes autoritarios. Pero los nuevos descubrimientos científicos y desarrollos tecnológicos representan un reto mucho más profundo para el ideal básico liberal: la libertad humana.
El liberalismo ha logrado sobrevivir, desde hace siglos, a numerosos demagogos y autócratas que han intentado estrangular la libertad desde fuera. Pero ha tenido escasa experiencia, hasta ahora, con tecnologías capaces de corroer la libertad humana desde dentro.
Para asimilar este nuevo desafío, empecemos por comprender qué significa el liberalismo. En el discurso político occidental, el término “liberal” se usa a menudo con un sentido estrictamente partidista, como lo opuesto a “conservador”. Pero muchos de los denominados conservadores adoptan la visión liberal del mundo en general. El típico votante de Trump habría sido considerado un liberal radical hace un siglo. Haga usted mismo la prueba. ¿Cree que la gente debe elegir a su Gobierno en lugar de obedecer ciegamente a un monarca? ¿Cree que una persona debe elegir su profesión en lugar de pertenecer por nacimiento a una casta? ¿Cree que una persona debe elegir a su cónyuge en lugar de casarse con quien hayan decidido sus padres? Si responde sí a las tres preguntas, enhorabuena, es usted liberal.
El liberalismo defiende la libertad humana porque asume que las personas son entes únicos, distintos a todos los demás animales. A diferencia de las ratas y los monos, el Homo sapiens, en teoría, tiene libre albedrío. Eso es lo que hace que los sentimientos y las decisiones humanas constituyan la máxima autoridad moral y política en el mundo. Por desgracia, el libre albedrío no es una realidad científica. Es un mito que el liberalismo heredó de la teología cristiana. Los teólogos elaboraron la idea del libre albedrío para explicar por qué Dios hace bien cuando castiga a los pecadores por sus malas decisiones y recompensa a los santos por las decisiones acertadas.
Hitler no podía construir un mensaje a medida para cada una de las debilidades de cada cerebro. Ahora sí es posible
Si no tomamos nuestras decisiones con libertad, ¿por qué va Dios a castigarnos o recompensarnos? Según los teólogos, es razonable que lo haga porque nuestras decisiones son el reflejo del libre albedrío de nuestras almas eternas, que son completamente independientes de cualquier limitación física y biológica.
Este mito tiene poca relación con lo que la ciencia nos dice del Homo sapiens y otros animales. Los seres humanos, sin duda, tienen voluntad, pero no es libre. Yo no puedo decidir qué deseos tengo. No decido ser introvertido o extrovertido, tranquilo o inquieto, gay o heterosexual. Los seres humanos toman decisiones, pero nunca son decisiones independientes. Cada una de ellas depende de unas condiciones biológicas y sociales que escapan a mi control. Puedo decidir qué comer, con quién casarme y a quién votar, pero esas decisiones dependen de mis genes, mi bioquímica, mi sexo, mi origen familiar, mi cultura nacional, etcétera; todos ellos, elementos que yo no he elegido.
Esta no es una teoría abstracta, sino que es fácil de observar. Fíjese en la próxima idea que surge en su cerebro. ¿De dónde ha salido? ¿Se le ha ocurrido libremente? Por supuesto que no. Si observa con atención su mente, se dará cuenta de que tiene poco control sobre lo que ocurre en ella y que no decide libremente qué pensar, qué sentir, ni qué querer. ¿Alguna vez le ha pasado que, la noche anterior a un acontecimiento importante, intenta dormir pero le mantiene en vela una serie constante de pensamientos y preocupaciones de lo más irritantes? Si podemos escoger libremente, ¿por qué no podemos detener esa corriente de pensamientos y relajarnos sin más?

Animales pirateables

Los cerebros ‘hackeados’ votanampliar foto
Aunque el libre albedrío siempre ha sido un mito, en siglos anteriores fue útil. Infundió valor a quienes lucharon contra la Inquisición, el derecho divino de los reyes, el KGB y el Ku Klux Klan. Y era un mito que tenía pocos costes. En 1776 y en 1939 no era muy grave creer que nuestras convicciones y decisiones eran producto del libre albedrío, y no de la bioquímica y la neurología. Porque en 1776 y en 1939 nadie entendía muy bien la bioquímica, ni la neurología. Ahora, sin embargo, tener fe en el libre albedrío es peligroso. Si los Gobiernos y las empresas logran hackear o piratear el sistema operativo humano, las personas más fáciles de manipular serán aquellas que creen en el libre albedrío.
Para conseguir piratear a los seres humanos, hacen falta tres cosas: sólidos conocimientos de biología, muchos datos y una gran capacidad informática. La Inquisición y el KGB nunca lograron penetrar en los seres humanos porque carecían de esos conocimientos de biología, de ese arsenal de datos y esa capacidad informática. Ahora, en cambio, es posible que tanto las empresas como los Gobiernos cuenten pronto con todo ello y, cuando logren piratearnos, no solo podrán predecir nuestras decisiones, sino también manipular nuestros sentimientos.
Quien crea en el relato liberal tradicional tendrá la tentación de restar importancia a este problema. “No, nunca va a pasar eso. Nadie conseguirá jamás piratear el espíritu humano porque contiene algo que va más allá de los genes, las neuronas y los algoritmos. Nadie puede predecir ni manipular mis decisiones porque mis decisiones son el reflejo de mi libre albedrío”. Por desgracia, ignorar el problema no va a hacer que desaparezca. Solo sirve para que seamos más vulnerables.
Una fe ingenua en el libre albedrío nos ciega. Cuando una persona escoge algo —un producto, una carrera, una pareja, un político—, se dice que está escogiéndolo por su libre albedrío. Y ya no hay más que hablar. No hay ningún motivo para sentir curiosidad por lo que ocurre en su interior, por las fuerzas que verdaderamente le han conducido a tomar esa decisión.
Las personas más fáciles de manipular serán las que creen en el libre albedrío. Tener fe en él, ahora, es peligroso
Todo arranca con detalles sencillos. Mientras alguien navega por Internet, le llama la atención un titular: “Una banda de inmigrantes viola a las mujeres locales”. Pincha en él. Al mismo tiempo, su vecina también está navegando por la Red y ve un titular diferente: “Trump prepara un ataque nuclear contra Irán”. Pincha en él. En realidad, los dos titulares son noticias falsas, quizá generadas por troles rusos, o por un sitio web deseoso de captar más tráfico para mejorar sus ingresos por publicidad. Tanto la primera persona como su vecina creen que han pinchado en esos titulares por su libre albedrío. Pero, en realidad, las han hackeado.
La propaganda y la manipulación no son ninguna novedad, desde luego. Antes actuaban mediante bombardeos masivos; hoy, son, cada vez más, munición de alta precisión contra objetivos escogidos. Cuando Hitler pronunciaba un discurso en la radio, apuntaba al mínimo común denominador porque no podía construir un mensaje a medida para cada una de las debilidades concretas de cada cerebro. Ahora sí es posible hacerlo. Un algoritmo puede decir si alguien ya está predispuesto contra los inmigrantes, y si su vecina ya detesta a Trump, de tal forma que el primero ve un titular y la segunda, en cambio, otro completamente distinto. Algunas de las mentes más brillantes del mundo llevan años investigando cómo piratear el cerebro humano para hacer que pinchemos en determinados anuncios y así vendernos cosas. El mejor método es pulsar los botones del miedo, el odio o la codicia que llevamos dentro. Y ese método ha empezado a utilizarse ahora para vendernos políticos e ideologías.
Y este no es más que el principio. Por ahora, los piratas se limitan a analizar señales externas: los productos que compramos, los lugares que visitamos, las palabras que buscamos en Internet. Pero, de aquí a unos años, los sensores biométricos podrían proporcionar acceso directo a nuestra realidad interior y saber qué sucede en nuestro corazón. No el corazón metafórico tan querido de las fantasías liberales, sino el músculo que bombea y regula nuestra presión sanguínea y gran parte de nuestra actividad cerebral. Entonces, los piratas podrían correlacionar el ritmo cardiaco con los datos de la tarjeta de crédito y la presión sanguínea con el historial de búsquedas. ¿De qué habrían sido capaces la Inquisición y el KGB con unas pulseras biométricas que vigilen constantemente nuestro ánimo y nuestros afectos? Por desgracia, da la impresión de que pronto sabremos la respuesta.
El liberalismo ha desarrollado un impresionante arsenal de argumentos e instituciones para defender las libertades individuales contra ataques externos de Gobiernos represores y religiones intolerantes, pero no está preparado para una situación en la que la libertad individual se socava desde dentro y en la que, de hecho, los conceptos “libertad” e “individual” ya no tienen mucho sentido. Para sobrevivir y prosperar en el siglo XXI, necesitamos dejar atrás la ingenua visión de los seres humanos como individuos libres —una concepción herencia a partes iguales de la teología cristiana y de la Ilustración— y aceptar lo que, en realidad, somos los seres humanos: unos animales pirateables. Necesitamos conocernos mejor a nosotros mismos.

Códigos defectuosos

Este consejo no es nuevo, por supuesto. Desde la Antigüedad, los sabios y los santos no han dejado de decir “conócete a ti mismo”. Pero en tiempos de Sócrates, Buda y Confucio, uno no tenía competencia en esta búsqueda. Si uno no se conocía a sí mismo, seguía siendo una caja negra para el resto de la humanidad. Ahora, en cambio, sí hay competencia. Mientras usted lee estas líneas, los Gobiernos y las empresas están trabajando para piratearle. Si consiguen conocerle mejor de lo que usted se conoce a sí mismo, podrán venderle todo lo que quieran, ya sea un producto o un político.
Es especialmente importante conocer nuestros puntos débiles porque son las principales herramientas de quienes intentan piratearnos. Los ordenadores se piratean a través de líneas de código defectuosas preexistentes. Los seres humanos, a través de miedos, odios, prejuicios y deseos preexistentes. Los piratas no pueden crear miedo ni odio de la nada. Pero, cuando descubren lo que una persona ya teme y odia, tienen fácil apretar las tuercas emocionales correspondientes y provocar una furia aún mayor.
Si no podemos llegar a conocernos a nosotros mismos mediante nuestros propios esfuerzos, tal vez la misma tecnología que utilizan los piratas pueda servir para proteger a la gente. Así como el ordenador tiene un antivirus que le preserva frente al software malicioso, quizá necesitamos un antivirus para el cerebro. Ese ayudante artificial aprenderá con la experiencia cuál es la debilidad particular de una persona —los vídeos de gatos o las irritantes noticias sobre Trump— y podrá bloquearlos para defendernos.
No obstante, todo esto no es más que un aspecto marginal. Si los seres humanos son animales pirateables, y si nuestras decisiones y opiniones no son reflejo de nuestro libre albedrío, ¿para qué sirve la política? Durante 300 años, los ideales liberales inspiraron un proyecto político que pretendía dar al mayor número posible de gente la capacidad de perseguir sus sueños y de hacer realidad sus deseos. Estamos cada vez más cerca de alcanzar ese objetivo, pero también de darnos cuenta de que, en realidad, es un engaño. Las mismas tecnologías que hemos inventado para ayudar a las personas a perseguir sus sueños permiten rediseñarlos. Así que ¿cómo confiar en ninguno de mis sueños?
Es posible que este descubrimiento otorgue a los seres humanos un tipo de libertad completamente nuevo. Hasta ahora, nos identificábamos firmemente con nuestros deseos y buscábamos la libertad necesaria para cumplirlos. Cuando surgía una idea en nuestra cabeza, nos apresurábamos a obedecerla. Pasábamos el tiempo corriendo como locos, espoleados, subidos a una furibunda montaña rusa de pensamientos, sentimientos y deseos, que hemos creído, erróneamente, que representaban nuestro libre albedrío. ¿Qué sucederá si dejamos de identificarnos con esa montaña rusa? ¿Qué sucederá cuando observemos con cuidado la próxima idea que surja en nuestra mente y nos preguntemos de dónde ha venido?
A veces la gente piensa que, si renunciamos al libre albedrío, nos volveremos completamente apáticos, nos acurrucaremos en un rincón y nos dejaremos morir de hambre. La verdad es que renunciar a este engaño puede despertar una profunda curiosidad. Mientras nos identifiquemos firmemente con cualquier pensamiento y deseo que surja en nuestra mente, no necesitamos hacer grandes esfuerzos para conocernos. Pensamos que ya sabemos de sobra quiénes somos. Sin embargo, cuando uno se da cuenta de que “estos pensamientos no son míos, no son más que ciertas vibraciones bioquímicas”, comprende también que no tiene ni idea de quién ni de qué es. Y ese puede ser el principio de la aventura de exploración más apasionante que uno pueda emprender.

Filosofía práctica

Poner en duda el libre albedrío y explorar la verdadera naturaleza de la humanidad no es algo nuevo. Los humanos hemos mantenido este debate miles de veces. Salvo que antes no disponíamos de la tecnología. Y la tecnología lo cambia todo. Antiguos problemas filosóficos se convierten ahora en problemas prácticos de ingeniería y política. Y, si bien los filósofos son gente muy paciente —pueden discutir sobre un tema durante 3.000 años sin llegar a ninguna conclusión—, los ingenieros no lo son tanto. Y los políticos son los menos pacientes de todos.
¿Cómo funciona la democracia liberal en una era en la que los Gobiernos y las empresas pueden piratear a los seres humanos? ¿Dónde quedan afirmaciones como que “el votante sabe lo que conviene” y “el cliente siempre tiene razón”? ¿Cómo vivir cuando comprendemos que somos animales pirateables, que nuestro corazón puede ser un agente del Gobierno, que nuestra amígdala puede estar trabajando para Putin y la próxima idea que se nos ocurra perfectamente puede no ser consecuencia del libre albedrío sino de un algoritmo que nos conoce mejor que nosotros mismos? Estas son las preguntas más interesantes que debe afrontar la humanidad.
Por desgracia, no son preguntas que suela hacerse la mayoría de la gente. En lugar de investigar lo que nos aguarda más allá del espejismo del libre albedrío, la gente está retrocediendo en todo el mundo para refugiarse en ilusiones aún más remotas. En vez de enfrentarse al reto de la inteligencia artificial y la bioingeniería, la gente recurre a fantasías religiosas y nacionalistas que están todavía más alejadas que el liberalismo de las realidades científicas de nuestro tiempo. Lo que se nos ofrece, en lugar de nuevos modelos políticos, son restos reempaquetados del siglo XX o incluso de la Edad Media.
Cuando uno intenta entregarse a estas fantasías nostálgicas, acaba debatiendo sobre la veracidad de la Biblia y el carácter sagrado de la nación (especialmente si, como yo, vive en un país como Israel). Para un estudioso, esto es decepcionante. Discutir sobre la Biblia era muy moderno en la época de Voltaire, y debatir los méritos del nacionalismo era filosofía de vanguardia hace un siglo, pero hoy parece una terrible pérdida de tiempo. La inteligencia artificial y la bioingeniería están a punto de cambiar el curso de la evolución, nada menos, y no tenemos más que unas cuantas décadas para decidir qué hacemos. No sé de dónde saldrán las respuestas, pero seguramente no será de relatos de hace 2.000 años, cuando se sabía poco de genética y menos de ordenadores.
¿Qué hacer? Supongo que necesitamos luchar en dos frentes simultáneos. Debemos defender la democracia liberal no solo porque ha demostrado que es una forma de gobierno más benigna que cualquier otra alternativa, sino también porque es lo que menos restringe el debate sobre el futuro de la humanidad. Pero, al mismo tiempo, debemos poner en tela de juicio las hipótesis tradicionales del liberalismo y desarrollar un nuevo proyecto político más acorde con las realidades científicas y las capacidades tecnológicas del siglo XXI.
Yuval Noah Harari es historiador y autor, entre otros libros, de ‘Sapiens. De animales a dioses’ (editorial Debate).
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
https://elpais.com/internacional/2019/01/04/actualidad/1546602935_606381.html

MÁS INFORMACIÓN


++

martes, 2 de octubre de 2018

Big Data: almacena, analiza y vende información de usuarios


Big Data: almacena, analiza y vende información de usuarios
Empresas almacenan millones de datos de usuarios a través del comportamiento en la red. (Shutterstock)
02 OCT 2018, 12:00 AM | POR CARLOS PÉREZ TEJADA
SANTO DOMINGO. La frase “la información es poder” se le atribuye al científico y filósofo Francis Bacon, y en 2018 ese poder se ha convertido en una fuerza económica para diferentes organizaciones con el “Big Data” como fuente de negocios.
El “Big Data” es la acumulación de información sobre cualquier tema, que puede ser analizada de manera computarizada para detectar patrones, tendencias y comportamientos de usuarios y de mercados.
“El análisis de big data es el nuevo petróleo... Debemos extraerlo, refinarlo, distribuirlo y monetizarlo” asegura David Buckingham, educador experto en medios y comunicación y galardonado por la FBA y FAcSS.
Para el empresario tecnológico Arturo López Valerio, “[El] Big Data forma parte de todos los sectores y funciones de la economía global. Al igual que otros factores esenciales de la producción, como los activos duros y el capital humano, cada vez es más frecuente que gran parte de la actividad económica moderna, la innovación y el crecimiento simplemente no puedan tener lugar sin datos. En resumen, el Big Data es vital para los negocios de hoy y del futuro.”
Empresas como Google y Facebook almacenan toda la información de sus usuarios, desde su localización, búsquedas en línea, número y tiempo de visitas en su plataforma de videos YouTube, entre otras más.
Los usuarios que deseen pueden pedir a Google que les dé toda la información que han acumulado de ellos, y la empresa lo hará con gusto. Estos documentos pueden llegar a tener hasta gigabytes de información que se traduce en millones de páginas de Word con los diferentes hábitos de comportamiento del usuario, según reporta el diario británico The Guardian.
¿Por qué quieren los datos?
La acumulación y análisis de datos ayudan a las compañías a entender el comportamiento de los usuarios frente a diferentes situaciones, como diferentes patrones de compra, inversión, entre otros elementos de los mercados.
Por consiguiente, estos datos ayudan a las empresas a la toma de decisiones al momento de desarrollar algún tipo de producto o servicio, realizar proyecciones de compras o cambio de los mercados.
“[El] Big Data ha contribuido a una democratización de los servicios de tecnología, produciendo un abaratamiento en los renglones de almacenamiento y computación. Esto significa que las pequeñas empresas, pueden darse el lujo —que hace casi 15 años era casi imposible— de almacenar constantemente los datos de comportamiento y ventas de sus clientes. Los sectores como el turismo, el financiero bancarizado y no bancarizado, las ventas al detalle, telecomunicaciones, medios de información, manufactura, entre otros, son los grandes beneficiados con esta tendencia” asegura López Valerio.
Otro tipo de negocio es la venta de información a terceros; empresas dedicadas a la acumulación de información como Nielsen, Acxiom, Amazon, Facebook, Google, entre otras, venden la data de comportamiento de los usuarios durante el consumo de televisión, en el caso de Nielsen. Mientras que otras como Facebook y Google venden la información para que clientes geolocalicen anuncios y comerciales en la web y Amazon bombardea con comerciales sobre productos relacionados a la búsqueda del usuario en la web.
¿Y la seguridad?
El caso Facebook-Cambridge Analytica destapó la polémica sobre la protección y seguridad de las informaciones de usuarios recolectadas por estos gigantes. La República Dominicana cuenta con el artículo 44.2 de la Constitución, el cual establece que la protección de datos personales es un derecho fundamental de los ciudadanos dominicanos.
Además, existe la Ley 172-13 “que tiene por objetivo la protección integral de los datos personales asentados en archivos, registros públicos, bancos de datos u otros medios técnicos de tratamiento de datos destinados a dar informes, sean estos públicos o privados.”
“Los usuarios son los salvaguardas de sus datos. Usted como usuario y como ciudadano no puede delegar esa función en un tercero. Incluso, los adultos son los salvaguardas de sus niños y por esta razón, deben tener mucho cuidado en qué sitios o aplicaciones acceden a compartir su información”, explica López Valerio.
El almacenamiento de información es un negocio que puede beneficiar tanto a las empresas como a los clientes, pues es una oportunidad de mejorar los servicios y ofrecerles productos que se necesiten. Pero también es necesario que los usuarios conozcan más sobre la utilización de sus datos en la era digital.
El Big Data en República Dominicana
“La República Dominicana puede beneficiarse, al aplicar los modelos y mejores prácticas del Big Data, para robustecer la seguridad y la calidad de los servicios de tecnología. Para esto se necesitan infraestructuras Cloud. En materia de infraestructura tecnológica local, las ofertas de los servicios alrededor del Big Data solo pueden ser costeadas por grandes empresas y el Gobierno”, dice Arturo López Valerio, empresario tecnológico.
https://m.diariolibre.com/ciencia-y-tecnologia/tecnologia/big-data-almacena-analiza-y-vende-informacion-de-usuarios-PJ10919732