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lunes, 25 de febrero de 2019

Roma, el cielo y el infierno de la infancia de Cuarón

Oscar 2019 NOTICIA
Roma, el cielo y el infierno de la infancia de Cuarón
JAVIER MUNERA Madrid 22 FEB. 2019 02:273.
Cleo y Sofía, interpretadas por Yalitza Aparicio y Marina de Tavira, respectivamente. Ambas optan a un Oscar.
La cinta con más candidaturas en la presente edición de los Oscar -10, junto con La Favorita- es la más íntima de todas. Alejada del papel de envoltorio relucienteque suele cubrir las obras más veneradas en Hollywood (ese cóctel de estrellas protagonistas, promoción, efectos especiales...) Roma escala el muro del star-system americano y agita las conciencias transformada en el recuerdo de infancia de Alfonso Cuarón.
Lo del muro viene a cuento porque, según va ahondando Donald Trump en la idea de levantar una barrera más alta y más inaccesible para dividir México y EEUU, más directores con pasaporte 'criminal' se cuelan para copar los premios de la Meca del cine.

Los tres amigos

Cuarón, que ya había sacado brillo a la calva del Oscar a la Mejor Dirección o Mejor Montaje -acumuló en total siete estatuillas- en 2014 por Gravity, puede tomar el relevo de Guillermo del Toro, otro de esos 'traficantes' del otro lado del muro que se llevó los de Mejor Película y Mejor Dirección por la firma de La forma del agua el año pasado. El tercero que osó traspasar la fortaleza fue Alejandro González Iñárritu, que colecciona sendos trofeos (más el de Mejor Guión) por Birdman (2015) -ese eterno plano secuencia del vuelo de la mente del dramaturgo- y el de Mejor Director por El Renacido (2016), así que más que traspasar el fortín, directamente lo han reducido a escombros.
Cada vez que un medio de comunicación se refiere a ellos como Los tres amigos, no puedo quitarme de la cabeza cómo quedaría este triunvirato ataviado como los protagonistas de la película homónima de John Landis de 1987 frente a la verja de La Casa Blanca con su coreografía.

Y hasta aquí los apuntes de color, porque ni un solo gramo de humor encontramos en Roma. El filme reproduce la vida en esa colonia de Ciudad de México durante los años 70, alejada de los destellos de los focos, en blanco y negro, sin un rostro conocido entre los protagonistas. El espectador accede a la más absoluta intimidad de Cleo (Yalitza Aparicio) y lo que hay a su alrededor.
Que Aparicio haya eclipsado a los figurones mejor pagados, tanto en las galas de premios internacionales como en las portadas de revistas de la talla de Vogue echa por tierra el intento de relacionar los rostros que representa con lo más bajo de la sociedad.

Los sonidos y la altura

Sin color, los sentidos captan la infancia de Cuarón en su casa natal a través de los detalles y, especialmente, de los sonidos. El director reprodujo para Roma cuadras enteras y modificó la vivienda donde transcurre buena parte de la trama para que fuera tal y como la recuerda. (Tras la polémica de los subtítulos de Netflix para este filme, no sé si es buena idea anotar que una colonia es un vecindario o que la cuadra es una manzana).

En el cine que está por llegar, a los estímulos visuales y sonoros se incorporarán los olores. Esta película que arranca con el proceso doméstico de limpiar las cacas que deja un perro, en una Roma filmada en el futuro recuperaríamos los años en los que los campamentos olían al bote de Zotal con el que desinfectábamos las letrinas.
Pero lo bueno de la Roma de Cuarón es que no necesitas un artilugio electrónico de nariz para que la imaginación te permita llegar a los olores del patio donde el can deposita a gusto, la ropa sucia que lleva Cleo al lavadero, las mismas prendas limpitas y bien tendidas en la terraza, la cocina donde amontona platos con los restos de comida de la familia a la que asiste junto con Adela, con la que también pasa sus ratos de ocio en cantinas y cines.
Gritos, el claxon de los coches, puestos de comida ambulantes, trabajadores con timbres peculiares para anunciar su llegada... evocan una época marcada a fuego en el realizador y que dan forma a una de las grandes sorpresas de la cartelera.
En muchos hogares -tanto en ciudades como en pueblos- de España hemos conocido la figura de la interna. Estas mujeres vivían bajo el mismo techo que los dueños de la casa, criaban y cuidaban a los hijos, guisaban para todos, incluso para las visitas, muchas veces con la manutención y cama como sueldo.
Sin embargo, lo que más reivindica la figura de Cleo y Adela es la presencia de las minorías indígenas. Ellas son oaxaqueñas y en buena parte del metraje hablan en mixteco. Rasgos étnicos que tanto asuntan al hombre blanco al otro lado del muro.
Los recuerdos infantiles de Cuarón son metáforas que forman parte de la trama, como las escaleras. Tanto la casa principal como la estancia para el servicio cuenta con escalones, pero qué mundos tan diferentes, dan mal de altura.
Como el suelo del patio una vez limpio, lleno de charcos que reflejan las nubes, pero en el gris del blanco y negro, con los aviones dibujados en el aire y sobre el agua. Principio y fin de la película, infierno y paraíso, tierra y cielo. Lo vemos en la celebración de Año Nuevo en la finca de campo: la fiesta de los de arriba y en contraste de la de los de abajo.
El patio, centro del universo familiar, testigo del declive del padre, con las paredes que se van desconchando según avanza la tragedia, antes del abandono.
Porque puedes vivir por y para una familia, incluso salvar de la muerte a uno de los hijos de los señores y tener que tragarte la angustia de perder al propio -la carga-. Cuarón concede a Cleo el don del amor, pero deja que se lo entregue al villano, al gorrón que se bebe el culo de la coca-cola, al paramilitar de las artes marciales que la deja tirada, al pistolero contra los estudiantes el día del Halconazo.
La desgracia se ceba con los más desfavorecidos. Como ocurría en Barrio, de Fernando León de Aranoa, encarnada en el personaje de Rai.
La favorita en los Oscar quiere, además, ensalzar a la mujer. Porque Canadá estaba a la vuelta de la esquina, porque ricas o pobres, son ellas las que tienen que apoyarse unas a otras cuando la figura masculina se desvanece como un castillo de naipes -ya sea el marido o Felipe-.
El amor o la lealtad lo vemos en el amargo viaje al hospital de Cleo con la abuela, en la amistad de las dos asistentas, en la madre que se queda al frente de una prole numerosa. Al margen de los ausentes.

Triunfo en blanco y negro

Roma puede subir al Olimpo de las joyas sin pinceladas de color del cine moderno junto a La lista de Schindler -el abrigo, necesario-, The Artist o Ed Wood, que ya tuvieron una gran noche de febrero en Los Ángeles.
En España, Roma pudo verse en un número reducido de salas antes de llegar a Netflix. Sin embargo, el México que vemos en esta película nada tiene que ver con la saturación de narcotráfico que prolifera en el catálogo de la plataforma: desde Narcos o Dope, pasando por Dirty Money. Dramas que se han impuesto sobre cualquier otra realidad en los últimos. Trump piensa permanecer al margen ladrillo a ladrillo, pero Cuarón pone negro sobre blanco que, por encima de todo, hablamos de personas.

‘Green Book’, mejor película, en los Oscar de Cuarón y la diversidad

‘Green Book’, mejor película, en los Oscar de Cuarón y la diversidad

El realizador de 'Roma' consigue la quinta estatuilla a mejor dirección para un mexicano en seis años. La Academia premia un número récord de mujeres y afroamericanos

Alfonso Cuarón, con sus tres oscars por 'Roma'. En vídeo, Cuarón recoge el Oscar a la mejor película en lengua extranjera. 
La triunfadora de la noche de los Oscar no fue una película. Fue la diversidad. Recogieron un premio 15 mujeres, el récord de la historia de la gala —aunque solo un 27,5% de los galardones—. Y hubo siete ganadores afroamericanos, en seis apartados, otra marca inédita. Por quinta vez en seis años un mexicano subió a recoger el Oscar a la mejor dirección. En la platea estaba la primera mujer indígena americana nominada a mejor intérprete protagonista. Aparte, llegado el momento de premiar a una sola obra en uno de los años más abiertos que se recuerdan, la academia de Hollywood decidió que Green Book es la mejor película del año.
Si hay un solo ganador individual de la noche es Alfonso Cuarón. El cineasta mexicano recibió su segundo Oscar a la mejor dirección por Roma, tras Gravityen 2014. Recogió también el de mejor fotografía y mejor película extranjera, una categoría donde México se estrena como triunfador. Es también el primer galardón para un largo de ficción de Netflix —había ganado por un corto y un documental—, la plataforma de vídeo por Internet que ha roto las reglas de Hollywood con esta película y quedó consolidada esta noche como un estudio de cine. Roma es el fenómeno del año en la industria y quizá el largo que se recordará dentro de una década. Pero no es una película de Hollywood. Green Book, sí, en todos los sentidos.
El director Peter Farrelly con el Oscar por 'Green Book' junto a todo su equipo. En vídeo, el discurso de Farrelly. 
En la primera mitad de la ceremonia, Roma fue viendo cómo los premios de todas las categorías técnicas se iban hacia Black Panther y Bohemian Rhapsody. La primera es la película de superhéroes más taquillera de la historia de EE UU, así como el segundo filme con más ingresos de este año, con 1.300 dólares (1.146 millones de euros) en todo el mundo, tras Los Vengadores: Infinity War. Este domingo fue la primera película de Marvel Studios que ganó un Oscar. El biopicde Queen ha sido un éxito mundial con una recaudación de 860 millones de dólares (758 millones de euros).
Este era un año récord en cuanto a diversidad en las nominaciones y, por fin, se trasladó a los premios. Diversidad en el sentido de todo lo que no fueran hombres blancos. Había 15 nominados negros de un total de 212. Había 52 mujeres nominadas en categorías que no fueran de actriz, una marca inédita. Tres años después de la polémica de los Oscar blancos (#OscarSoWhite), que colocó a Hollywood en el diván del racismo y la estrechez de miras, los nominados negros hicieron historia en 2019. Mahershala Ali, por Green Book, y Regina King, por El blues de Beale Street, se llevaron los Oscar a las interpretaciones secundarias. Ali es el primer actor negro en ganar dos premios al mejor actor de reparto. Para King era la primera estatuilla, en un año en que ha ganado el Globo de Oro y un Emmy.
Hannah Bleacher fue la primera mujer negra de la historia en ganar el Oscar al mejor diseño de producción, por Black Panther. Por los trajes del mundo de Wakanda, Ruth E. Carter fue la primera mujer negra en ganar el Oscar al mejor vestuario. Peter Ramsey es el primer director negro en conseguir el Oscar a la mejor película de animación por Spiderman: un nuevo universo. En la alfombra roja, Spike Lee dijo que si estos eran los Oscar más diversos fue gracias a aquella polémica de hace tres años y de los cambios que se introdujeron para abrir la Academia a cientos de extranjeros y minorías.
Después, Lee logró el primer Oscar de su vida —solo tenía el de honor— por el guion adaptado de Infiltrado en el KKKlan. Es además el primer afroamericano en ganar en esta categoría. En el escenario, se fundió en un abrazo con Samuel L. Jackson y dijo “motherfucker”. Las cámaras apuntaron al congresista John Lewis, una leyenda de la lucha por los derechos civiles. Lee firma en esta película otro soberbio alegato contra el racismo en su país, con una referencia explícita al actual clima político y al presidente Donald Trump. “La próxima elección está a la vuelta de la esquina”, dijo. “Hagamos lo correcto”, añadió utilizando el título de la película Do the Right Thing (Haz lo que debas)que fue su primera nominación hace casi tres décadas.
Y en los segundos premios desde el movimiento Me Too y la rebelión por la igualdad de oportunidades en Hollywood, desde la presentación de las tres cómicas, premio tras premio, el escenario de los Oscar se llenó de mujeres. Domee Shi y Becky Neiman subieron a recoger el premio al mejor corto animado por Bao, que partía con la ventaja de haber sido colocado por Disney delante de Los increíbles 2, la cuarta película más taquillera del año en el mundo. A continuación, otras dos mujeres, Rayka Zehtabchi y Melissa Berton, recibían el Oscar al mejor corto documental por Period. End of Sentence, una historia sobre el estigma de la menstruación en la India rural. “No me puedo creer que una película sobre la menstruación haya ganado un Oscar”, dijo Zehtabchi entre lágrimas. Era el año para hacerlo.
De izquierda a derecha, Rami Malek Olivia Colman, Regina King, y Mahershala Ali. En vídeo, el discurso de Malek. 
Rami Malek se llevó el premio al mejor actor protagonista por hacer de Freddie Mercury en Bohemian Rhapsody. La Academia tiene predilección por las transformaciones de actores en personas reales y la de Malek es convincente a pesar de que la voz no es suya. Bradley Cooper lució su interpretación en Ha nacido una estrella sobre el escenario, cantando en directo Shallow junto a Lady Gaga en el número musical de la noche. La canción, por supuesto, ganó el Oscar.
Olivia Colman, la reina de La favorita ganó como mejor actriz protagonista, una categoría impresionante en la que las quinielas apuntaban a Glenn Close y por primera vez en la historia competía una mujer indígena americana, Yalitza Aparicio.
Se habló español. No solo en Roma. Javier Bardem seguramente se convirtió en el primer presentador en hacer toda su intervención en español. “No hay fronteras, no hay muros, que frenen el ingenio y el talento”, dijo. “Esta noche celebramos la importancia de la cultura y el idioma de distintos países”. Diego Luna añadió después: “Así que ya se puede hablar en español en los oscares. Ya nos abrieron la puerta y de aquí no nos sacan”.
Después de múltiples anuncios y cambios sobre el formato de la ceremonia, el inicio de estos Oscar tenía una especial responsabilidad de crear impacto, de decir que esta sigue siendo la noche más importante de Hollywood. Los Oscar empiezan con un número musical, con un montaje emocionante o con un monólogo cómico. La Academia apostó por las tres cosas en ese orden. El grupo Queen y un himno como We Will Rock You. Las cámaras del teatro mostraron a Gustavo Dudamel y Lady Gaga disfrutando del solo de Brian May. Adam Lambert hizo su imitación de Freddie Mercury.
En vídeo, el discurso de Olivia Colman tras ganar el Oscar a la mejor actriz. 
Tres grandes cómicas, Tina Fey, Maya Rudolph y Amy Poehler, hicieron un número que hará que sean recordadas como las presentadoras de esta ceremonia. “Bienvenidos a la edición un millón de los Oscar”, dijo Fey. “No hay presentador, no hay premio a la película más popular y México no va a pagar por el muro”, disparó. Fue el único detalle de la noche en el que la ceremonia se permitió reírse de sí misma.
En las semanas previas, la Academia y, sobre todo, la cadena ABC habían perdido los papeles buscando fórmulas para hacer más corta la ceremonia. A los nominados se les había dicho poco menos que la cifra de audiencia dependía de ellos, algunos de los ganadores se empeñaron en hacer discursos deslavazados y perezosos como si quisieran boicotear la transmisión. De los primeros cuatro premios, hubo que echar a dos ganadores del escenario cortándoles el micrófono.
La edición número 91 de los Oscar llegaba con la presión de que la ceremonia no fuera desastrosa y que se reconociera en los premios la gran diversidad de los nominados. Lo primero no está claro. La Academia se pasó en 10 minutos del estricto límite que le había puesto la cadena de televisión, preocupada con las audiencias. En lo segundo, estos premios superaron todo lo que se había visto antes.
Se https://elpais.com/cultura/2019/02/25/actualidad/1551059424_387186.html?id_externo_rsoc=TW_CC

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