martes, 28 de mayo de 2019

Argentina reinicia debate parlamentario sobre aborto legal en año electoral

AMÉRICA LATINA

Argentina reinicia debate parlamentario sobre aborto legal en año electoral

Organizaciones en favor del aborto legal buscan instalar el tema en la campaña electoral para los comicios generales del 27 de octubre.
Pañuelos verdes, símbolo de la lucha feminista en favor de la norma, apoyan en las calles la presentación del proyecto. (Getty Images/AFP/J. Mabromata)
Pañuelos verdes, símbolo de la lucha feminista en favor de la norma, apoyan en las calles la presentación del proyecto.
El Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) vuelve a debatirse por octavo año consecutivo en el Congreso, la Cámara Baja del Parlamento argentino.
Una marea de pañuelos verdes, símbolo de la lucha feminista en favor de la norma, apoya en las calles la presentación del proyecto, con respaldo de 15 legisladores.
Desde las tres y media de la tarde (18.30 GMT) se suceden diferentes acciones simultáneas en más de cien ciudades del país, acompañadas por "pañuelazos" y concentraciones en diversas capitales del mundo, que tendrán su epicentro en la plaza del Congreso argentino, de la mano de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
Quienes abogan por legalizar el aborto en Argentina sufrieron su último revés en 2018, cuando el proyecto obtuvo una histórica aprobación en Diputados pero fue rechazado en el Senado.
"La nueva presentación no es solamente volver con la ofensiva por el reclamo del derecho al aborto, sino presionar en el armado de listas de los partidos y lograr que todo candidato y candidata se pronuncie claramente", explica Victoria Tesoriero, dirigente de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
Clandestinidad pese a excepciones desde 1921
En Argentina, según la ley que rige desde 1921, el aborto es permitido cuando está en peligro la vida de la mujer y cuando es producto de una violación, sin precisar las semanas de gestación.
Pero muchos médicos y algunos gobiernos provinciales se resisten a aplicar la ley y ha habido casos de niñas de 11 años obligadas a continuar con el embarazo o sometidas a cesáreas por la judicialización de sus casos.
Un informe del privado Centro de Estudios de Población (Cedes), basado en proyecciones estadísticas, estimó que en Argentina se practican unos 450.000 abortos clandestinos cada año que dejan un centenar de mujeres muertas.
"Los abortos se siguen practicando en pésimas condiciones y las mujeres mueren en contextos de clandestinidad", señaló Mariela Bielski, directora de Amnistía Internacional Argentina. Según remarcó, corresponde al "Estado saldar su deuda y brindar acceso a servicios de aborto sin restricciones indebidas, sin discriminación y sin castigo".
El proyecto
Hasta Buenos Aires se desplazarán también 190 representantes regionales de diferentes organizaciones afines para participar en talleres e incluso un festival con el que darán a conocer este proyecto que defiende que las personas gestantes puedan acceder a un aborto voluntario legal y seguro hasta la semana catorce de gestación en los tres sectores del sistema de salud, de forma gratuita en hospitales y centros públicos y con una cobertura total en obras sociales, mutuas o en la medicina privada.
La iniciativa incorpora también un sistema de plazos y causales para los casos de violación o si corre riesgo la vida o salud integral de la madre -hasta ahora únicas situaciones no punibles-, así como la completa despenalización para las personas que deciden abortar hasta la semana 14.
Tampoco se admite en el proyecto la objeción de conciencia, polémica tras sonados casos de menores embarazadas como consecuencia de una violación en los que varios médicos se negaron a practicar abortos no punibles, incumpliendo la ley vigente. Desde la Campaña entienden que el aborto es "un derecho, cuyo ejercicio no puede negarse ni vulnerarse por creencias religiosas, valores personales o morales".
Capítulo especial tiene también el acceso a educación sexual integral y la anticoncepción, para "garantizar" que se cumpla lo que consideran derechos ya adquiridos. 
Una victoria y una derrota en 2018
En 2018 la Cámara de Diputados respaldó la ley para legalizar el aborto hasta la decimocuarta semana de gestación, pero el Senado, más conservador, la rechazó por 38 votos a 31.
Organizaciones feministas creen ver en la renovación de 24 de las 72 bancas del Senado, prevista en las elecciones de octubre, una oportunidad para remover posiciones conservadoras. También se renovará la mitad de la Cámara Baja.
"Esta vez el tema, ya está instalado en la sociedad, será una pregunta más natural para los candidatos que tendrán que decir qué posición llevarán al Congreso", afirma Tesoriero.
También la diputada de izquierda Victoria Donda, una de las que rubrica la presentación del proyecto, considera necesario exigirle a los candidatos que aclaren su postura: "El aborto no es 'piantavotos' (espanta votantes), es una cuestión de salud pública", afirma.
Sin embargo, se presume difícil el tratamiento este año de una norma políticamente incómoda. En Argentina, país natal del papa Francisco y con fuerte influencia de la Iglesia Católica, el tema ha dividido a la ciudadanía. Al pañuelo verde se enfrentó con fuerza al pañuelo celeste, el símbolo antiabortista.
Pañuelos celestes contra verdes. (picture alliance/AP Photo)
Pañuelos celestes contra verdes.
Macri, ambiguo. Kirchnerismo, tibio
El presidente liberal Mauricio Macri, que buscará su reelección, se ha mantenido ambiguo. El año pasado, en medio del debate parlamentario, se había declarado "a favor de la vida", aunque había anunciado que si la ley era aprobada, no la vetaría.
La exmandataria y senadora Cristina Kirchner, principal opositora y candidata a la vicepresidencia, que fue renuente a apoyar la ley durante sus dos mandatos de gobierno (2007-2015), votó a favor de aprobarla en 2018.
Su compañero de fórmula Alberto Fernández, candidato a la presidencia por el peronismo, se ha declarado en favor de la despenalización, aunque sin avanzar en la legalización.
"Creo que no debe ser delito y que esto podríamos empezar a trabajarlo sin necesidad de avanzar tan rápidamente en la legalización, porque la legalización divide mucho a los argentinos", dijo en una reciente entrevista.
rml (afp, efe)
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Venezuela: la competencia por la influencia internacional

AMÉRICA LATINA

Venezuela: la competencia por la influencia internacional

Venezuela y los pormenores del Grupo de Contacto eclipsan la presentación del “nuevo” concepto de la UE para América Latina. La presencia del secretario de Estado estadounidense resaltó el cariz de actualidad.
Brüssel Treffen EU-Außenminister Federica Mogherini (picture-alliance/AA/D. Aydemir)
Venezuela, otra vez, estuvo en la agenda del encuentro de los 28 ministros de Exteriores de la Unión Europea (UE). Eclipsada por Caracas, la aprobación del nuevo concepto europeo para las relaciones con América Latina y el Caribe también estaba en el menú. De fondo, la no programada visita del secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo. 
"Sí, hablamos con el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, respecto a Venezuela. Le he informado de nuestras ideas concretas y de las opciones que vemos”, informó a la prensa Federica Mogherini, Alta Representante de la Política Exterior de la Unión Europea.
A pocos días, sin precisiones, de que una primera misión política a nivel viceministerial se desplace a Caracas, la existencia y la tarea del Grupo Internacional de Contacto (GIC) para la crisis venezolana –liderado por la UE y Uruguay- cobra mayor interés. "No se mencionó la intervención militar”, subrayó Mogherini.
Brüssel Treffen EU-Außenminister Federica Mogherini (picture-alliance/AA/D. Aydemir)
Diferenciándose de Estados Unidos y de algunos países de la región, la diplomacia europea insiste en que la solución a la crisis venezolana sólo puede ser pacífica y democrática. Es decir, elecciones nuevas y creíbles. ¿Tiene sentido una posición así?
"Hubiera tenido sentido si la mayoría de los países miembro de la UE no hubiesen adoptado una posición a favor de Guaidó. Al interior de la UE hay divisiones, porque algunos deciden ser neutros y otros están abiertamente en contra de Maduro”, dice a DW Sebastián Santander, catedrático de la Universidad de Lieja y director del Center for International Relations Studies (CEFIR).
"La situación venezolana se ha complicado muchísimo. Está la división interna y la internacional. El Estados Unidos de Trump ha creado muchas tensiones. Llegó al poder diciendo que no iba a intervenir en otros gobiernos y es exactamente lo que está haciendo. Por otro lado, están Rusia y China que se encuentran compitiendo por su influencia internacional”, dice Santander.
En este contexto hay que enmarcar también el "nuevo” concepto para la relación de la UE hacia América Latina. Si bien en sustancia no tiene sorpresas –derechos humanos, democracia, políticas de género, desarrollo sustentable, multilateralismo-, la voluntad de estar más cerca de ese continente es lo que se subraya.
Costa Rica Treffen der International Contact Group in San Jose (Getty Images/AFP/A. Robert)
¿Los motivos? "China ha desplazado a la UE del mercado en América Latina, es el primer socio comercial de algunas de las grandes economías latinoamericanas y el segundo de varias”, explica Santander.
"Por otro lado”, añade, "los Estados Unidos de Trump tienen un enfoque muy agresivo hacia América Latina. Tanto hacia Cuba, Venezuela y Nicaragua, como hacia sus mecanismos de integración.  Dado que la capacidad de respuesta latinoamericana y caribeña no es tan grande, la UE ve una carta a jugar para relanzar las relaciones con América Latina y el Caribe”.
En esa medida, los esfuerzos del Grupo Internacional de Contacto para Venezuela son un laboratorio. Impulsado por Mogherini, una figura que en su mandato acentuó la desdeñada relación con América Latina, el GIC, según la información oficial, va ganando apoyos. ¿Es así? "Podría ser”, responde Santander. "Hay que tener en cuenta que dentro del GIC hay países que tienen diferentes simpatías. Tendremos que verlo a largo plazo”, concluye.  
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La hora de la economía colaborativa | por Ignacio Ramonet

EDITORIAL EN DETALLE 
Nº: 252 Octubre 2016 
La hora de la economía colaborativa 
Ignacio Ramonet 
La economía colaborativa es un modelo económico basado en el intercambio y la puesta en común de bienes y servicios mediante el uso de plataformas digitales. Se inspira en las utopías del compartir y de valores no mercantiles como la ayuda mutua o la convivialidad, y también del espíritu de gratuidad, mito fundador de Internet. Su idea principal es: “lo mío es tuyo” (1), o sea compartir en vez de poseer. Y el concepto básico es el trueque. Se trata de conectar, por vía digital, a gente que busca “algo” con gente que lo ofrece. Las empresas más conocidas de ese sector son: Netflix, Uber, Airbnb, Blabacar, etc. 
Treinta años después de la expansión masiva de la Web, los hábitos de consumo han cambiado. Se impone la idea de que la opción más inteligente hoy es usar algo en común, y no forzosamente comprarlo. Eso significa ir abandonando poco a poco una economía basada en la sumisión de los consumidores y en el antagonismo o la competición entre los productores, y pasar a una economía que estimula la colaboración y el intercambio entre los usuarios de un bien o de un servicio. Todo esto plantea una verdadera revolución en el seno del capitalismo que está operando, ante nuestros ojos, una nueva mutación.
Imaginemos que, un domingo, usted decide realizar un trabajo casero de reparación. Debe perforar varios agujeros en una pared. Y resulta que no posee un taladrador. ¿Salir a comprar uno un día festivo? Complicado… ¿Qué hacer? Lo que usted ignora es que, a escasos metros de su casa, viven varias personas dispuestas a ayudarle. No saberlo es como si no existieran. Entonces, ¿por qué no disponer de una plataforma digital que le informe de ello… que le diga que ahí, muy cerca, vive un vecino dispuesto a asistirlo y, al vecino, que una persona necesita su ayuda y que está dispuesta a pagar algo por esa ayuda? (2).
Tal es la base de la economía colaborativa y del consumo colaborativo. Usted se ahorra la compra de un taladrador que quizás no vuelva a usar jamás y el vecino se gana unos euros que le ayudan a terminar el mes. Gana también el planeta porque no hará falta fabricar (con lo que eso conlleva de contaminación del medio ambiente) tantas herramientas individuales que apenas usamos, cuando podemos compartirlas. En Estados Unidos, por ejemplo, hay unos 80 millones de taladradores cuyo uso medio, en toda la vida de la herramienta, es de apenas 13 minutos... Se reduce el consumismo. Se crea un entorno más sostenible. Y se evita un despilfarro porque, lo que de verdad necesitamos, es el agujero, no el taladrador…
En un movimiento irresistible, miles de plataformas digitales de intercambio de productos y servicios se están expandiendo a toda velocidad (3). La cantidad de bienes y servicios que pueden imaginarse mediante plataformas online, ya sean de pago o gratuitas (como Wikipedia), es literalmente infinita. Solo en España hay más de cuatrocientas plataformas que operan en diferentes categorías (4). Y el 53% de los españoles declaran estar dispuestos a compartir o alquilar bienes en un contexto de consumo colaborativo.
A nivel planetario, la economía colaborativa crece actualmente entre el 15% y el 17% al año. Con algunos ejemplos de crecimiento absolutamente espectaculares. Por ejemplo Uber, la aplicación digital que conecta a pasajeros con conductores, en solo cinco años de existencia ya vale 68.000 millones de dólares y opera en 132 países. Por su parte, Airbnb, la plataforma online de alojamientos para particulares surgida en 2008 y que ya ha encontrado cama a más 40 millones de viajeros, vale hoy en Bolsa (sin ser propietaria de ni una sola habitación) más de 30.000 millones de dólares (5).
El éxito de estos modelos de economía colaborativa plantea un desafío abierto a las empresas tradicionales. En Europa, Uber y Airbnb han chocado de frente contra el mundo del taxi y de la hostelería respectivamente, que les acusan de competencia desleal. Pero nada podrá parar un cambio que, en gran medida, es la consecuencia de la crisis del 2008 y del empobrecimiento general de la sociedad. Es un camino sin retorno. Ahora la gente desea consumir a menor precio, y también disponer de otras fuentes de ingresos inconcebibles antes de Internet. Con el consumo colaborativo crece, asimismo, el sentimiento de ser menos pasivo, más dueño del juego. Y la posibilidad de la reversibilidad, de la alternancia de funciones, poder pasar de consumidor a vendedor o alquilador, y viceversa. Lo que algunos llaman “prosumidor”, una síntesis de productor y consumidor (6).
Otro rasgo fundamental que está cambiando –y que fue nada menos que la base de la sociedad de consumo–, es el sentido de la propiedad, el deseo de posesión. Adquirir, comprar, tener, poseer eran los verbos que mejor traducían la ambición esencial de una época en la que el tener definía al ser. Acumular “cosas” (7) (viviendas, coches, neveras, televisores, muebles, ropa, relojes, cuadros, teléfonos, etc.) constituía la principal razón de la existencia. Parecía que, desde el alba de los tiempos, el sentido materialista de posesión era inherente al ser humano. Recordemos que George W. Bush ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos, en 2004, prometiendo una “sociedad de propietarios” y repitiendo: “Cuantos más propietarios haya en nuestro país, más vitalidad económica habrá en nuestro país”.
Se equivocó doblemente. Primero porque la crisis del 2008 destrozó esa idea que había empujado a las familias a ser propietarias, y a los bancos –embriagados por la especulación inmobiliaria–, a prestar (las célebres subprimes) sin la mínima precaución. Así estalló todo. Quebraron los bancos hipotecarios y hasta el propio Lehman Brothers, uno de los establecimientos financieros aparentemente más sólidos del mundo... Y segundo, porque, discretamente, nuevos actores nacidos de Internet empezaron a dinamitar el orden económico establecido. Por ejemplo: Napster, una plataforma para compartir música que iba a provocar, en muy poco tiempo, el derrumbe de toda la industria musical y la quiebra de los megagrupos multinacionales que dominaban el sector. E igual iba a pasar con la prensa, los operadores turísticos, el sector hotelero, el mundo del libro y la edición, la venta por correspondencia, el cine, la industria del motor, el mundo financiero y hasta la enseñanza universitaria con el auge de los MOOC (Masive Open Online Courses o cursos online gratuitos) (8).
En un momento como el actual, de fuerte desconfianza hacia el modelo neoliberal y hacia las elites políticas, financieras y bancarias, la economía colaborativa aporta además respuestas a los ciudadanos en busca de sentido y de ética responsable. Exalta valores de ayuda mutua y ganas de compartir. Criterios todos que, en otros momentos, fueron argamasa de utopías comunitarias y de idealismos socialistas. Pero que son hoy –que nadie se equivoque– el nuevo rostro de un capitalismo mutante deseoso de alejarse del salvajismo despiadado de su reciente periodo ultraliberal.
En este amanecer de la economía colaborativa, las perspectivas de éxito son inauditas porque, en muchos casos, ya no se necesitan las indispensables palancas del aporte de capital inicial y de búsqueda de inversores. Hemos visto cómo Airbnb, por ejemplo, gana una millonada a partir de alojamientos que ni siquiera son de su propiedad.
En cuanto al empleo, en una sociedad caracterizada por la precariedad y el trabajo basura, cada ciudadano puede ahora, utilizando su ordenador o simplemente su teléfono inteligente, proveer bienes y servicios sin depender de un empleador. Su función sería –además de compartir, intercambiar, alquilar, prestar o regalar– la de un intermediario. Cosa nada nueva en la economía: ha existido desde el inicio del capitalismo. La diferencia reside ahora en la tremenda eficiencia con la que –mediante poderosos algoritmos que, casi instantáneamente, calculan ofertas, demandas, flujos y volúmenes–, las nuevas tecnologías analizan y definen los ciclos de oferta-demanda.
Por otra parte, en un contexto en el que el cambio climático se ha convertido en la amenaza principal para la supervivencia de la humanidad, los ciudadanos no desconocen los peligros ecológicos inherentes al modelo de hiperproducción y de hiperconsumo globalizado. Ahí también, la economía colaborativa ofrece soluciones menos agresivas para el planeta.
¿Podrá cambiar el mundo? ¿Puede transformar el capitalismo? Muchos indicios nos conducen a pensar, junto con el ensayista estadounidense Jeremy Rifkin (9), que estamos asistiendo al ocaso de la 2ª revolución industrial, basada en el uso masivo de energías fósiles y en unas telecomunicaciones centralizadas. Y vemos la emergencia de una economía colaborativa que obliga, como ya dijimos, al sistema capitalista a mutar. Por el momento coexisten las dos ramas: una economía de mercado depredadora dominada por un sistema financiero brutal, y una economía del compartir, basada en las interacciones entre las personas y en el intercambio de bienes y servicios casi gratuitos... Aunque la dinámica está decididamente a favor de esta última.
Quedan muchas tareas pendientes: garantizar y mejorar los derechos de los e-trabajadores; regular el pago de tasas e impuestos de las nuevas plataformas; evitar la expansión de la economía sumergida... Pero el avance de esta nueva economía y la explosión de un nuevo modo de consumir parecen imparables. En todo caso, revelan el anhelo de una sociedad exasperada por los estragos del capitalismo salvaje. Y que aspira de nuevo, como lo reclamaba el poeta Rimbaud, a cambiar la vida.     

(1) Léase Rachel Botsman y Roo Rogers: What's Mine is Yours: The Rise of Collaborative Consumption, Harper Collins, Nueva York, 2010.
(2) En España, existen varias plataformas dedicadas a eso, por ejemplo: Etruekko (http:// etruekko.com/) y Alkiloo (http://www.alkiloo.com/).
(3) Consúltese: www.consumocolaborativo.com
(4) El diario online El Referente, en su edición del 25 de octubre de 2015, ha recogido las principales start-ups dedicadas a los viajes, la cultura y el ocio, la alimentación, el transporte y el parking, la mensajería, las redes profesionales, el intercambio y alquiler de productos y servicios, los gastos compartidos, los bancos de tiempo, la tecnología e Internet, la financiación alternativa y fintech, la moda, los deportes, la educación, la infancia, el alquiler de espacios, los pisos compartidos y otras plataformas de interés. http://www.elreferente.es/tecnologicos/directorio-plataformas-economia-colaborativa-espana-28955
(5) Airbnb ya vale más que Hilton, el primer grupo de hostelería del mundo. Y más que la suma de los dos otros grandes grupos mundiales Hyatt y Marriot. Con dos millones de alojamientos en 191 países, Airbnb se coloca por delante de todos sus competidores en capacidad de alojamiento a escala planetaria. Airbnb cobra el 3% del precio de la transacción al propietario y entre el 6% y el 12% al inquilino.
(6) El concepto de prosumidor aparece por vez primera en el ensayo de Alvin Toffler, La Tercera Ola (Plaza&Janés, Barcelona, 1980), que define como tal a las personas que son, al mismo tiempo, productores y consumidores.
(7) Las Cosas (Les Choses, 1965) es una novela del autor francés Georges Perec. La primera edición en español (trad. de Jesús López Pacheco), fue publicada en 1967 por Seix Barral. En 1992, Anagrama la reeditó con la traducción de Josep Escué. Es una crítica de la sociedad de consumo y de la trivialidad de los deseos fomentados por la publicidad.
(8) Desde hace dos años, unos seis millones de estudiantes se han puesto a seguir gratuitamente cursos online, difundidos por las mejores universidades del mundo. http://aretio.hypotheses.org/1694
(9) Jeremy Rifkin, La sociedad de coste marginal cero: El Internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo, Paidós, Madrid, 2014.