SERVICIO DE NOTICIAS en favor de la democracia participativa, el desarrollo humano, la paz, el medio ambiente y la cultura.- Santo Domingo, República Dominicana / Luis ORLANDO DIAZ Vólquez - OPINIÓN, NOTICIAS Y COMENTARIOS. Haciendo de la lucha contra la pobreza un apostolado templario./ email: guasabara.editor@gmail.com - http://www.facebook.com/GuasabaraLUISorlandoDIAZ - @GUASABARAeditor
Barrera Tyszka: “Hay un punto emocional en el populismo que expulsa el discernimiento”
El escritor venezolano, autor de 'Patria o muerte' y biógrafo de Hugo Chávez, analiza la política regional en el festival Puerto de Ideas de Valparaíso
Más que a redimir o condenar el populismo, es preciso comprenderlo. Con ese propósito, el escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka (Caracas, 1960) –autor de la novela Patria o muerte–, protagonizó una conversación con el periodista chileno Ascanio Cavallo y el columnista político Héctor Soto, en el marco del festival cultural Puerto de Ideas, que se celebró entre el viernes y el domingo pasado en Valparaíso, ciudad costera a 110 kilómetros de Santiago de Chile. Crítico del régimen de Nicolás Maduro, Barrera reconoció que el populismo –“una etiqueta que está de moda”–, le “genera inseguridad y confusión”. “A veces no sé muy bien a qué corresponde”, señaló este domingo por la tarde en un auditorio repleto del Centro Cultural del puerto, donde alguna vez funcionó la cárcel de la cuidad. “¿Por qué hay algunas experiencias que nos resulta fácil decir de inmediato que es populismo y otras no?”, se preguntaba al arrancar. Ejemplificó con Iván Duque, el presidente en Colombia, y Jair Bolsonaro, el presidente electo de Brasil, “al que todo el mundo identifica como populista”.
Barrera Tyszka –autor junto a la periodista Cristina Marcano de la biografía Hugo Chávez sin uniforme–, indicó que el fenómeno tiene distintos elementos. “Por una parte, una idea de pueblo original: de una unidad pura que está rota o amenazada por el mercado, los extranjeros, la corrupción o los ricos. Sin importar las ideologías”, señaló el escritor. Una segunda característica del populismo, según Barrera Tyszka, “es la existencia de un líder carismático que encarna a este pueblo y que produce una narrativa donde este pueblo se reconoce”. Para el escritor radicado en México, existe un tercer elemento de total importancia: “En el populismo existe una dimensión mágico-religiosa. Este pueblo cree que, de manera automática, la complejidad de la realidad se puede resolver a través del líder”. Utilizó, nuevamente, ejemplos de la realidad política latinoamericana: “El gran tema de la campaña de AMLO, en México, por ejemplo, fue la corrupción. Es su gran explicación de la tragedia mexicana. Pero cuando le preguntaban cómo iba a resolver el problema de la corrupción, respondía: ‘Bueno, mi llegada a la presidencia ya resuelve el problema”.
El venezolano fue una de las estrellas de la octava versión del festival Puerto de Ideas, que convocó a unas 27.000 personas para reflexionar en torno a lo mejor del pensamiento y de la reflexión chilena e internacional, con invitados como el sociólogo francés Gilles Lipovetsky, el filósofo español Daniel Innerarity o la cineasta chilena más importante e internacional, Valeria Sarmiento.
El sábado, en una conversación con la periodista chilena Vivian Lavín titulada Escribir mientras tu país estalla, Barrera Tyszka se había referido al populismo y la situación política de Venezuela. Alentado por su interlocutora, leyó un extracto de su novela Patria o muerte: “Con la llegada de Chávez al poder, en 1999, los viejos sueños de Antonio resurgieron. Para toda su generación, el gobierno comenzó a proponer una suerte de parque temático de los años sesenta. Por momentos, el país parecía un espacio adonde sacar a pasear las nostalgias”. Luego reflexionó: “Nos estamos repensando y nos toca esa tarea. Venezuela es una herida tan presente, que me resulta imposible no escribir desde ahí”.
En la charla con Cavallo y Soto, Barrera Tyszka indicó que el populismo se produce también por el “fracaso de los partidos y las élites”. “Una crisis en la representación política que permite el surgimiento de líderes como Bolsonaro, donde existe un componente de irracionalidad”. “Bolsonaro es impresentable y nadie públicamente va a decir que está de acuerdo con lo que dice respecto a los homosexuales o a los negros. No hay manera de suscribir y, sin embargo, triunfa. Hay un punto emocional en el populismo que expulsa el discernimiento de la discusión política”, señaló el escritor, que agregó que “la dimensión mediática es fundamental” para comprender el fenómeno. Como biógrafo de Chávez, relató decenas de escenas del fallecido presidente de Venezuela. Como cuando en sus giras internacionales pedía traductores del inglés, aunque sabía el idioma, para no dar señales de cercanía con Estados Unidos.
La conversación sobre el populismo en la ex cárcel de Valparaíso derivó inevitablemente hacia la crisis venezolana, “que se ha internacionalizado por la inmigración”. Barrera Tyszka confesó que, tratando de dilucidar el tema de la izquierda y de la derecha, quizás sería necesario un nuevo lenguaje: “¿Pensar en Cuba o en Venezuela como gobiernos de izquierda, progresistas, distintos, revolucionarios? No me sirve el lenguaje para definir estas realidades. Estamos en un momento de cambios importantes, porque, ¿qué señala eso que decimos izquierda? ¿a qué alude? ¿Y la derecha?”.
Ante la pregunta por el desenlace de la crisis venezolana –"la pregunta del millón", dijo Soto–, el escritor señaló que la salida electoral, la sublevación popular o militar y la invasión, son escenarios que parecen improbables. “La respuesta sobre el desenlace de Venezuela, por lo tanto, sigue danzando en el aire. Se podría pensar que la crisis económica agudiza las contradicciones, pero en Venezuela no: hay un sometimiento de la población. Ya ni siquiera la polarización política existe tal y como la conocimos”.
Ampliar fotoLa primera ministra de Reino Unido, Theresa May, llega este lunes a su residencia del número 10 de Downing StreetSIMON DAWSONREUTERS
Ni un lunes sin la correspondiente columna de opinión, cada vez más vitriólica, del exministro de Exteriores y líder euroescéptico, Boris Johnson. En la última se dirigía a sus lectores, en The Daily Telegraph, y les invitaba a “saborear el horror completo de esta capitulación”, en referencia al acuerdo del Brexit que May estaría a punto de alcanzar con la Comisión Europea. Sin embargo, no es este Johnson el que preocupa a la primera ministra, sino el hermano, Jo Johnson, considerado entre sus pares como el más serio y diligente de ambos. Su dimisión como secretario de Estado de Transportes este pasado fin de semana, y su exigencia de que se celebre un nuevo referéndum, han provocado gran revuelo en las filas conservadoras. Jo Johnson defendió en 2016, frente a la campaña de su hermano, la permanencia en la UE. Desde entonces ha permanecido fiel a May, hasta que ha estallado.
“Es engañoso presentar este acuerdo como el cumplimiento del resultado del referéndum”, ha explicado en una entrevista al vespertino Evening Standard. “Se suponía que con el Brexit íbamos a recuperar el control. Lo que estamos haciendo es ceder más. Se suponía que íbamos a tener libertad para cerrar acuerdos comerciales; no vamos a poder cerrar ninguno que sea significante. Íbamos a ser un tigre económico a las orillas de Europa; la realidad es que seguiremos atados a las reglas comunitarias sin capacidad para poder influir en la redacción de esas normas”, se explaya el político. Johnson acusa a May de haber engañado a todos y pide al resto de miembros del Gobierno “que miren dentro de sus almas y se pregunten si pueden apoyar un pacto así”.
Lo cierto es que muy pocos han visto el contenido íntegro del acuerdo, y las señales que llegan desde Bruselas sugieren que todavía no está concluido y quedan escollos importantes. Pero la versión que el equipo de May ha hecho circular en los últimos días, según la cual Reino Unido se mantendría dentro de la unión aduanera más allá del periodo de transición de dos años, ha irritado a gran parte de los conservadores.
Cambio de marea
Dominique Grieve, el diputado que lidera la facción del partido favorable a la permanencia en la UE, mantenía hasta ahora un mensaje de lealtad contenida hacia May y hacia los esfuerzos de la primera ministra por cerrar un pacto con Bruselas que defendiera del mejor modo posible los intereses de Reino Unido. Este lunes empezó a hablar claramente, y aseguró que había comenzado a percibir un “cambio de marea” entre las filas del grupo parlamentario conservador. Y que veía muy posible que otros ministros siguieran los pasos de Johnson, rompieran filas y exigieran la celebración de una nueva consulta a la ciudadanía sobre la permanencia o no en la UE. “Está claro que estamos ante una crisis cada vez más profunda. Las opciones de un Brexit suave son inexistentes y cada día es más evidente. Necesitamos contemplar posibles alternativas, y eso incluye que la ciudadanía tenga la última palabra sobre este asunto”, dijo Grieve.
La secretaria de Estado para el Desarrollo Internacional, Penny Mordaunt, una de las voces euroescépticas más potentes en el seno del Gobierno, se permitió incluso lanzar una advertencia claramente dirigida a May, al sugerir que “el acuerdo debe pasar un doble control: el del propio Ejecutivo y el del Parlamento”.
Tres ministros clave
Tres son los ministros cuyo veredicto final sobre el posible acuerdo con Bruselas resultará fundamental para que los planes de May salgan adelante: el de Exteriores, Jeremy Hunt; el de Interior, Sajid Javid; y el ministro para el Brexit, Dominiq Raab. Han sido los más combativos contra la oferta de la primera ministra a Bruselas de mantener a Reino Unido dentro de la unión aduanera por un tiempo indefinido, hasta que se alcance definitivamente un nuevo acuerdo comercial. Todos ellos exigen la capacidad unilateral del Gobierno británico de poder salir cuando crea conveniente, algo que la UE rechaza absolutamente.
De momento, ninguno de ellos ha querido expresarse públicamente en las últimas horas, aunque una fuente del Ejecutivo citada por varios medios asegura que, en el momento final, los tres respaldarán a May, “porque no se han realizado los preparativos necesarios para hacer frente a un escenario de Brexit sin acuerdo”.
Ahí está parte de la clave que permite un cierto respiro a May en estas horas de incertidumbre política, revuelo interno y discursos salidos de tono. Los que realmente conocen la gravedad que supondría llegar al 29 de marzo sin que hubiera sido posible un acuerdo con la UE se echan atrás a la hora de impulsar una rebelión. Solo desde fuera del Gobierno los euroescépticos elevan la voz y la gravedad de los adjetivos. Jacob Rees-Mogg, el líder ultracatólico del opaco European Research Group (Grupo de Investigaciones Europeas), sugiere abiertamente que el liderazgo de May está en juego si no abandona sus propuestas de acuerdo, que llevarían a Reino Unido a ser “una colonia de la Unión Europea”.
Si resultaba difícil de gestionar la rebelión en las filas conservadoras, las advertencias de la oposición laborista de que votará en bloque contra cualquier posible acuerdo del Gobierno con la UE y las reiteradas amenazas del socio parlamentario de May, los unionistas norirlandeses del DUP, este lunes vino a sumarse al coro de voces críticas un nuevo grupo de presión. Cuatro partidos de Irlanda del Norte, entre los que se incluye el nacionalista del Sinn Fein y que tienen entre todos mayoría en el Parlamento de ese territorio, aseguraron que se estaban creando las condiciones propicias para que se comenzara a reclamar un referéndum por la unidad de las dos Irlandas. “Estamos viviendo un periodo de cambio fundamental, como el que vivimos en 1998 [durante el proceso de paz]“, dijo ayer Michelle O'Neille, la líder del Sinn Fein en Irlanda del Norte. “Se acerca rápidamente el momento en que tendremos que poner ante el pueblo irlandés la cuestión de la unidad de la isla”.
Caída de la libra
Toda esta incertidumbre ha provocado que la libra esterlina vuelva a debilitarse frente al dólar y frente al euro y que se extienda una nueva ola de nerviosismo en la comunidad empresarial. El presidente en Reino Unido del gigante industrial alemán ThyssenKrupp, Terry Sargeant, se despachaba este lunes con serias acusaciones contra el Gobierno británico. “Es un completo desastre. El Partido Conservador ha fallado a los empresarios. No están tomando las decisiones pensando en nosotros sino en cómo evitar una implosión en el seno de su propio partido”, dijo Sargeant.
El equipo de May aprieta los dientes a la espera de que puedan cerrarse los últimos flecos del acuerdo con la UE, y según diversos medios británicos, preparan una descomunal campaña de lanzamiento a la opinión pública, con ayuda de voces políticas y empresariales autorizadas, para vender las bondades del pacto, transmitir la idea de que May ha cumplido con lo que prometió y ha convertido en realidad el resultado del referéndum de 2016, y sobre todo, para apagar las voces del bando de los euroescépticos, cuyo siguiente objetivo será derribar en el Parlamento los planes de May.
El negociador europeo del Brexit, Michel Barnier charla con la ministra francesa de Asuntos europeos, Nathalie Loiseau, durante el Consejo de ministros de la UE de este lunes en Bruselas. (Thierry Monasse/Getty Images)
Non stop. Las negociaciones sobre el Brexit entre Bruselas y Londres se han acelerado desde el pasado viernes y se han mantenido de manera casi continua durante las últimas 72 horas. El objetivo es cerrar un principio de acuerdo que pueda ser aceptado por el Gobierno de Theresa May (tal vez, este martes) y ratificado por los 27 socios de la UE durante una cumbre extraordinaria este mismo mes de noviembre.
El jefe del equipo negociador de la UE, Michel Barnier, informó este lunes al Consejo de ministros de Asuntos Generales de la UE sobre los términos de un pacto que ofrecería al Reino Unido la posibilidad de un Brexit menos traumático para sus intereses económicos (con una salida más gradual si fuera necesaria) pero a cambio de un compromiso firme con los estándares europeos.
El marco ofrecido por la UE, que empieza a adquirir el carácter de última oferta, contempla la posibilidad de prorrogar el período transitorio, una demanda que el Gobierno de May nunca se ha atrevido a reclamar con fuerza (por miedo a la reacción de su ala euroescéptica) pero que fuentes europeas atribuyen claramente al lado británico.
La concesión de la UE, sin embargo, llegará acompañada de condiciones. Por un lado, Bruselas quiere que la posible prórroga sea limitada en el tiempo de antemano y que no pueda repetirse. Países como España o Francia quieren así limitar la posible incertidumbre política y económica que puede generar el mantenimiento de un limbo legal con un antiguo socio del calibre del Reino Unido.
La propuesta de esa salvaguarda lleva meses sobre la mesa, sin lograr avanzar. Por un lado, Bruselas sugería que solo el Ulster permaneciese en la unión aduanera europea. Los británicos, en cambio, deseaban que continuase todo el Reino Unido (para evitar una fractura de su mercado interior) pero sin someterse a las normas aduaneras del continente.
Las dos propuestas se han fusionado en las últimas horas y apuntan a un posible acuerdo. "En base a nuestros esfuerzos comunes, los parámetros de un posible acuerdo están en gran parte definidos", ha subrayado Barnier ante los ministros europeos, según palabras de un testigo de la reunión recogidas por el diario Financial Times.
La gran novedad que parece a punto de desbloquear las negociaciones es que el acuerdo de salida de la UE perfilará ya en parte la futura relación del club europeo con su antiguo socio, en materias como competencia, fiscalidad o medioambiente.
El equipo de Barnier se había resistido desde el principio a mezclar el acuerdo para abandonar el club con la relación tras el Brexit, por temor a perder terreno de cara a la negociación sobre un futuro acuerdo comercial y de inversión con Londres que también se augura muy complicado. El gobierno de May, en cambio, reclamaba compromisos más allá del 29 de marzo de 2019 (fecha en que se consumará el Brexit) para poder justificar ante su Parlamento un acuerdo de retirada que parece claramente a favor de la UE.
Las dos partes extreman en esta recta final el cuidado en la presentación pública de la posible solución. Bruselas insiste en que los términos económicos que se podrían incorporar al acuerdo de salida solo buscan garantizar que Londres aplicará de manera estricta los estándares europeos para evitar que Reino Unido se convierta en un agujero de dumping fiscal o laboral o empresarial durante el período transitorio de salida (que concluirá, en principio, el 31 de diciembre de 2020) y, sobre todo, durante la aplicación del backstop.
En la orilla británica, en cambio, se valora que Europa empiece a concretar por escrito que el antiguo socio no será un país tercero cualquiera. Este mismo martes la Comisión Europea debate si incluir a Reino Unido desde el primer momento en la lista de países a cuyos nacionales no se les exige visado. Un gesto que, de aprobarse formalmente, podría iniciar la senda hacia un Brexit más cómodo de lo temido en las últimas semanas. https://elpais.com/internacional/2018/11/12/actualidad/1542048072_118460.html
La lucha económica entre generaciones es hoy la forma dominante de enfocar el efecto destructivo de la desigualdad económica. Puesto, se dice, que se da una diferencia mensurable entre los derechos y las rentas de quienes tienen contratos de trabajo estables y derechos laborales consolidados y quienes viven en el ámbito de la precariedad (contratos temporales, derechos reducidos o inexistentes, salarios bajos) y los primeros suelen ser los grupos sociales de mayor edad, existe un abismo generacional que se traslada a al futuro a través de las pensiones. El discurso es bien conocido: las rentas de los pensionistas, beneficiados en el pasado inmediato por contratos y rentas estables, tienen que ser sostenidas con cotizaciones de trabajadores jóvenes actuales que han perdido los privilegios de la estabilidad laboral. Las estadísticas miden sin vacilación esta diferencia y, si no hay un análisis político o social de los números presuntamente claros que avalan la diferencia entre generaciones, las conclusiones apenas superan el nivel de la evidencia: viejos con rentas garantizadas y patrimonios protegidos (el principal, la vivienda), jóvenes con recursos decrecientes y sin capacidad real para acumular su propio patrimonio.
Pero lo relevante son las causas. La desigualdad se manifiesta de distintas formas, provoca varias líneas de distorsión; la diferencia entre jóvenes y mayores es solo una de ellas. La corrección político-social debe actuar sobre la inequidad económica y los factores que tienden a agrandarla, tanto en tiempos de prosperidad como de crisis. Es evidente que el sistema de pensiones de reparto tiene que rectificarse legalmente para mantener su supervivencia si se prolonga la estructura laboral actual; las políticas y las decisiones adecuadas para hacerlo son muy conocidas (demorar la edad de jubilación, reajustar la relación entre último salario y pensión, hacer compatible percibir una pensión con trabajos remunerados). Pero la cuestión —o el debate, si se quiere exponer así el problema— es si la sociedad, a través de la acción política, puede actuar con instrumentos propios (públicos, legales) para evitar el exceso de desigualdad; incluso, como discusión previa, cabe preguntarse si es posible trazar una línea a partir de la cual decidir que hay un exceso y, por lo tanto, se puede actuar contra él. Teóricos del bien social como Tawney creían que esa línea existe; sostenían que la propiedad, si no está ligada a una función social, es “una forma de impuesto privado que ciertas personas pueden imponer a otras por ley” e incluso mencionaron paródicamente ese límite: “aceptar un salario equivalente al de cien familias no es propio de un caballero”.
Un consenso básico nos dice hoy que la corrección de la inequidad y sus dos secuelas principales (desigualdad social y dificultad extrema para superar la precariedad) sólo es posible mediante la acción del Estado a través de la redistribución fiscal. Es un criterio elemental del Estado del bienestar cuyo instrumento principal es la progresividad tributaria. Ahora bien, y esta lucha ya no puede transmutarse en generacional, se da hoy una notable resistencia de los agentes económicos con rentas más altas (y sus representantes políticos) a aceptar sin ruido un aumento de los impuestos directos (IRPF, Sociedades). De forma que se produce un estrangulamiento aquí y ahora de la equidad social: si la desigualdad crece, si para combatir ese crecimiento solo es admisible una acción redistributiva mínima a través de los impuestos y la carga fiscal no puede aumentarse porque siempre hay un pretexto para impedrlo, ¿cuál es el margen de acción política contra la desigualdad?