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jueves, 26 de octubre de 2017

Nicolás Maduro, ¿el último bolchevique?

AMÉRICA LATINA

Nicolás Maduro, ¿el último bolchevique?

El centenario de la Revolución Rusa parece tener más relevancia para el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) que para el Kremlin. ¿Qué significa esa efeméride para el líder chavista Nicolás Maduro?
Treffen Nicolas Maduro und Wladimir Putin 15.01.2015 (Reuters/P. Golovkin)
En la imagen, Maduro (izq.) durante su visita a Putin en enero de 2015. (Archivo)
A mediados de octubre, el “hombre fuerte” de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció que celebraría “por todo lo alto” el primer centenario de la Revolución Rusa rindiéndole homenaje a figuras claves de la misma, como León Trotski y Vladímir Ilich Uliánov, Lenin, líder del sector bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y cofundador de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). “Tenemos que refrescar la memoria de lo que fue la primera revolución obrera campesina”, comentó el mandamás de Caracas una semana después de reunirse con el presidente Vladímir Putin para solicitar la reestructuración de la deuda venezolana con Moscú.
Aunque no faltó quien interpretara las declaraciones de Maduro como otra forma de congraciarse con Putin, el aniversario de la Revolución Rusa parece tener más relevancia para el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) que para el Kremlin. Puede que su culto al pasado le haya servido para asegurarse el respaldo de la mayoría de sus compatriotas, pero Putin también ha asumido una posición crítica de cara a los sucesos de 1917, a sus impulsores y al legado de la URSS. De hecho, reportes recientes apuntan a que el primer siglo de la Revolución de Octubre será conmemorado en Moscú sin la presencia del mandatario ruso.
 
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1917 - El verdadero octubre

Socialismo petrolero
“Hasta ahora no hay indicios concretos de que el Gobierno venezolano realmente vaya a festejar los cien años de la Revolución Rusa. Yo creo que Maduro sólo trae a colación esa efeméride para corroborar su lealtad frente al ‘socialismo del siglo XXI’ –el proyecto político de su predecesor, el difunto Hugo Chávez (1954-2013)– e insinuar que su objetivo sigue siendo convertir esa noción en realidad”, señaló en entrevista con DW el sociólogo alemán Klaus Meschkat, profesor emérito de la Universidad de Hanover especializado en teorías de desarrollo y conocedor de los movimientos obreros internacionales y las sociedades postrevolucionarias en América Latina.
¿Es Maduro el último bolchevique? Las dudas al respecto abundan. Muchos chavistas le han dado la espalda al PSUV alegando que el partido se ha alejado de la senda trazada por Chávez y que sus políticas tienen cada vez menos que ver con el socialismo predicado. Cabe preguntar si la oda de Maduro a la Revolución Rusa es coherente con su gestión. “Pero es que no puede serlo. La Revolución Bolivariana de Chávez, que buscaba instaurar el socialismo en Venezuela, no podía materializarse porque, para subsistir, ese país depende demasiado de la exportación petrolera y de su anclaje en el sistema capitalista”, arguye Meschkat.
Pablo Stefanoni, jefe de redacción de la revista Nueva Sociedad, con sede en Buenos Aires, coincide parcialmente con el sociólogo germano. “En 2007, el propio Chávez proclamó que el venezolano era un socialismo petrolero, muy diferente del que imaginó Karl Marx. Ahora, Maduro busca incentivar la extracción de minerales; pero eso no altera el hecho de que la economía venezolana es profundamente capitalista, desde todo punto de vista, y poco productiva. Y es muy difícil imaginar un socialismo sin una base productiva sólida porque, ¿qué es lo que se socializa si no se produce nada aparte de oro negro?”, explica el historiador argentino.
Bildgalerie über das Leben des venezolanischen Präsidenten Hugo Chávez (Getty Images)
Hugo Chávez en uno de sus primeros encuentros con Fidel Castro. (Archivo)
Zigzag ideológico
Stefanoni recuerda que la trayectoria de la Revolución Bolivariana ha sido zigzagueante en términos ideológicos. “Chávez empezó su carrera política defendiendo ideas vagas para una reforma moderada. Su radicalización tuvo lugar tras el fallido golpe de Estado de 2002: fue entonces cuando comenzó a hablar del ‘socialismo del siglo XXI’ y se evidenciaron puntos de conexión entre una revolución y otra; sobre todo cuando propuso, aunque de una manera muy general, un modelo político-económico post-capitalista”, dice el coautor del libro Todo lo que necesitas saber sobre la Revolución Rusa, publicado en septiembre de 2017.
“Chávez hizo algunos experimentos, fomentó la creación de cooperativas, difundió la idea de las comunas citando a diversos teóricos políticos y asumió a Fidel Castro como referente moral, más que político-ideológico. Venezuela no copia el modelo cubano, pero Chávez absorbe aspectos de la cultura comunista tradicional, incluyendo visiones poco pluralistas de cara a la democracia. Por su parte, Maduro tuvo su formación política en grupos de izquierda y llegó a ser dirigente sindical; pero una cosa es estar expuesto a la cultura política comunista y otra buscar instaurar el comunismo en Venezuela”, observa Stefanoni.
El historiador concede que Maduro cultiva una estrecha relación con La Habana y que el jefe de Gobierno venezolano asume una posición hostil de cara a la democracia liberal –“evidente cuando promovió la polémica elección de la Asamblea Nacional Constituyente”, dice Stefanoni–, pero subraya que imponer el comunismo en Venezuela no está en su agenda. "Pienso que su identificación ideológica con la Revolución Rusa se debe a que sus imágenes y narrativas le sirven para retratar al chavista como un régimen acosado por potencias extranjeras, como lo estuvieron los bolcheviques en 1918, y para presentar a los venezolanos como un pueblo obligado desde fuera a pasar penurias", dice el experto.
Kuba Raul Castro und Nicolas Maduro (picture alliance/dpa/E. De La Osa)
Nicolás Maduro durante la visita que le hizo a Raúl Castro en marzo de 2016. (Archivo)
“Propaganda simplista”
Klaus Meschkat, por su parte, enfatiza que las supuestas similitudes entre el proceso revolucionario ruso y la llamada “revolución chavista” tienen fundamentos muy débiles. “Para empezar, los bolcheviques tomaron el poder mediante un golpe de Estado, mientras que Chávez fue elegido presidente en elecciones libres, justas y transparentes. Por otro lado, Chávez puso la riqueza petrolera bajo el control del Estado y la aprovechó para implementar una política social progresista; pero eso no es muy diferente de lo que hacen los Gobiernos socialdemócratas. Los bolcheviques llevaron su agenda política mucho más lejos en la Unión Soviética”, sostiene el especialista.
Para Meschkat, el temprano deceso de Hugo Chávez (5.3.2013) hirió mortalmente a la Revolución Bolivariana. “A pesar de sus errores, como timonel de un proceso político transformativo, Chávez tenía más que ofrecer que Maduro. En un discurso muy interesante, Chávez alertó que la idea de la democracia comunal ya había sufrido deformaciones en los tiempos de Lenin, cuando ésta fue remplazada por la hegemonía del partido único. Chávez se dirigió a sus seguidores y los instó a evitar que eso pasara en Venezuela; pero los consejos comunales, cuya fundación él auspició, nunca dejaron de ser entidades subordinadas”, acota Meschkat.
“Maduro, en cambio, no parece estar en capacidad de hacer reflexiones diferenciadas como esa. Todo lo que Maduro hace es propaganda simplista sin vínculo alguno con la realidad. A eso debemos sumar que, en su estado actual, la Revolución Bolivariana ha perdido la legitimación democrática de la que gozó durante los mandatos de Chávez”, asegura el excatedrático de Hanover.
Autor: Evan Romero-Castillo (CP)

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lunes, 10 de abril de 2017

El épico viaje en el tren con que Lenin regresó a Rusia para liderar la Revolución

El épico viaje en el tren con que Lenin regresó a Rusia para liderar la Revolución

LocomotoraDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa locomotora que haló los vagones en los que Vladimir Ilitch Oulianov viajó fue un regalo de Finlandia.
La tarde del 9 de abril de 1917, un tren esperaba su salida de la estación de Zúrich en dirección a la frontera alemana. A bordo viajaban Vladimir Ilyich Ulyanov, más conocido como Lenin, y otros 31 revolucionarios. Su destino final: Rusia.
Después de más de una década en el exilio, solo ocho días separaban a Lenin de su entrada triunfal en la escena de la revolución rusa con un papel -el del líder revolucionario- para el que llevaba casi toda la vida preparándose.
Su llegada a Petrogrado, como se conocía en aquella época a San Petersburgo, supondría un punto de inflexión en la historia del siglo XX.
Pero antes de apearse en la Estación Finlandia de la ciudad rusa, el dirigente bolchevique tenía por delante un largo viaje a través de una Europa en plena I Guerra Mundial.
Un trayecto que, según los historiadores, cambió la estrategia de la revolución: el socialismo pasó de ser un objetivo a medio plazo a una acción inminente.
El nuevo plan quedó plasmado en las famosas Tesis de Abril, que Lenin hizo públicas apenas unos días después de su llegada a Rusia.

Sin zar

El recorrido fue minuciosamente preparado, pero en el momento de partir, su desarrollo, e incluso el recibimiento que esperaba a los exiliados en San Petersburgo, era incierto.
La situación en Rusia era convulsa.
El tzar Nicolás II Romanov (1868-1918), el último emperador de Rusia, leyéndole el acta de abdicación a los mensajeron de la Duma.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl tzar Nicolás II Romanov (1868-1918), el último emperador de Rusia, leyéndole el acta de abdicación a los mensajeron de la Duma.
El 15 de marzo, el zar Nicolás II había abdicado como consecuencia de las protestas contra el desabastecimiento y la implicación rusa en la guerra contra Alemania.
La llamada Revolución de Febrero desembocó en la toma de control del país por un gobierno provisional formado por liberales y socialistas moderados con la connivencia de los bolcheviques.
Lenin se había enterado de esos acontecimientos en su residencia del número 14 de la calle Spielgasse de Zúrich, una modesta habitación en la que vivía con su mujer, Nadya Krupskaya.
Lenin con su esposa, Nadya Krupskaya.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLenin vivía en Zúrich con su esposa, Nadya Krupskaya.
Menos de un mes después, se encontraría en un tren a punto de emprender camino a Rusia.

Héroes o traidores

En el andén de Zúrich, las voces que cantaban la Internacional y los gritos de ánimo se mezclaban con acusaciones de traición contra el líder bolchevique y los suyos por haber aceptado cruzar Alemania, enfrentada a Rusia en el conflicto mundial.
A las 03:10, la locomotora se puso en marcha y el griterío fue quedando atrás. Los preparativos del viaje no habían sido fáciles.
Fritz Platten, secretario del Partido Socialdemócrata suizo, había logrado un acuerdo con el káiser Guillermo II para que Lenin y sus compañeros pudieran atravesar Alemania.
Pasaporte falsificadoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLenin disfrazado en la foto de un pasaporte falsificado que le permitió escapar meses después del viaje en el tren sellado de vuelta al exilio en Finlandia.
Pero la bendición del káiser era un movimiento interesado. Y un arma de doble filo para los revolucionarios, que temían ser acusados de espionaje y traición al llegar a su país.
"Alemania estaba empeñada en que Rusia saliera de la guerra y Lenin era uno de los portavoces principales de quienes querían cerrar la participación rusa en la guerra. Fue por orden del propio káiser que llegaron los permisos para su salida", le dice a BBC Mundo Ricardo Martín, catedrático de historia de la Universidad de Valladolid.
"La obsesión del káiser era concentrar todo el esfuerzo bélico en un frente, en el frente occidental. Si el frente oriental desaparecía rápidamente, para Alemania podía ser la vida".
"Por supuesto, la sintonía entre el pensamiento del káiser y de Lenin era mínima, pero el káiser miró fundamentalmente el corto plazo", agrega el experto en historia rusa.

Límites territoriales... en el tren

Para contrarrestar el riesgo de ser vistos como colaboracionistas con los alemanes, Lenin estableció una serie de condiciones antes de aceptar la ayuda de Berlín.
Y así nació la idea del "tren sellado": un vagón con un estatus de extraterritorialidad similar al de una embajada extranjera en el que los exiliados podrían viajar a través de territorio enemigo sin contacto con los alemanes.
Lenin con soldados en vagón selladoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionAsí imaginó el artista Pyotr Vasilievich Vasiliev (1899-1975) el encierro en el tren sellado en el que viajó Lenin hacia Petrogado en abril de 1917.
"Desde el momento en que se embarcaran en el tren, no lo abandonarían hasta el final del trayecto. Las puertas estarían selladas", cuenta el historiador Robert Service en su libro "El tren sellado".
De acuerdo con ese plan, el propio Fritz Platten viajaría en el tren y ejercería de intermediario para evitar el contacto directo entre los exiliados rusos y sus interlocutores alemanes.
"Lenin insistió en que no se dieran nombres, sólo una lista de números de pasajeros", apunta el profesor emérito de historia de Rusia en la Universidad de Oxford.
En la estación de Gottmadingen, ya en Alemania, se produjo el cambio de trenes. Dos oficiales del ejército alemán embarcaron en el mismo vagón que los exiliados y se instalaron en un compartimento de tercera clase en uno de los extremos.
De acuerdo con Service, se trazó con tiza una línea blanca en el suelo para delimitar el "territorio alemán" del "territorio ruso".
"En cuanto el tren se movió de la estación de Gottmadingen, los temores se disiparon y se levantaron los ánimos", cuenta el historiador británico.

La escala misteriosa

El "tren sellado" avanzaba ya por Alemania.
Poster de LeninDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption¿Fue en esa escala que cambió la dirección en la que dirigió a Rusia?
Los hombres que viajaban solos se instalaron en compartimentos de tercera clase, las mujeres y las parejas -incluidos Lenin y su esposa- en segunda.
"Una de la primeras dificultades tuvo que ver con el tabaco, que Lenin detestaba. Desde el principio decidió que quienes quisieran fumar debían retirarse al servicio", apunta Service.
Desde la frontera sur, el vagón -que cambió varias veces de vía y de locomotora- se adentró en Alemania en dirección a Berlín. Los exiliados cruzaron Ulm, Stuttgart, Karlsruhe, Frankfurt... Hasta llegar a la capital alemana, donde el tren se detuvo durante horas.
Esa misteriosa escala, señala Service, tuvo consecuencias profundas en la forma de pensar de Lenin.
Lenin en trenDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionCruzó una Europa en guerra con permiso del enemigo de Rusia, al que le convenía convencerlo de que los rusos dejaran de luchar contra Alemania.
La teoría marxista más extendida entendía que países atrasados económicamente como Rusia debían pasar por un periodo de capitalismo al estilo occidental antes de adentrarse en el socialismo.
Pero a su llegada a San Petersburgo, el líder bolchevique defendió una estrategia revolucionaria que omitió ese paso intermedio.

Lo que había después que no hubo antes

"Las razones de esa parada son al mismo tiempo oscuras y tentadoras (…). ¿Hubo una reunión secreta en la que Lenin recibió información quele hizo cambiar la estrategia de la revolución?", pregunta Service.
"Aunque los eventos de aquella noche en Berlín sólo pueden ser objeto de especulación, no hay duda alguna de que durante el viaje de Berlín a San Petersburgo, Lenin alteró por completo su plan táctico (…)".
"Ningún historiador -soviético u occidental- ha sido capaz de dar una explicación adecuada sobre esto hasta la fecha", subraya el experto en historia rusa.
Sin embargo, Service apunta una hipótesis:
Poster con propaganda soviética de los años 20Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionPoster con propaganda soviética de los años 20: "¡Todo el poder para los soviéticos! ¡Paz para el pueblo! ¡Fábricas y molinos para los trabajadores!". Lenin empuñando el diario Pravda... ¿financiado por Alemania?
"Después del viaje a través de Alemania en el tren sellado hubo un factor que no existía cuando Lenin estaba en Suiza: una gran cantidad de financiación alemana, suficiente para publicar periódicos en toda Rusia y difundir propaganda a una escala que Lenin nunca antes pudo concebir".
Las autoridades soviéticas e historiadores comunistas siempre negaron la existencia de esos fondos alemanes.

Bienvenido a Estocolmo

Sea como fuere, tras su escala en Berlín, Lenin y sus compañeros prosiguieron su viaje y el 12 de abril llegaron a Sassnitz, en la costa báltica, donde embarcaron en el ferry sueco "Reina Victoria", con destino a Trelleborg.
Desde allí prosiguieron, de nuevo en tren, hasta Malmo y después, en un ferrocarril nocturno, hasta Estocolmo.
LeninDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionUn viaje que cambió la historia.
En la capital sueca, Lenin fue recibido casi como una estrella y se reunió con socialistas locales y con otros exiliados.
Al día siguiente, una multitud de periodistas y curiosos lo despidieron en la estación, desde donde salió rumbo a Haparanda, 600km al norte.
Tornio, la primera ciudad de la entonces provincia rusa de Finlandia, se encuentra al otro lado del río Torniojoki, que está congelado a mediados de abril, y que deben atravesar en trineo.
En la frontera, el interrogatorio y los registros fueron intensos, pero finalmente consiguieron pasar.

Punto de peligro

Era domingo 15 de abril. Lenin le envió un telegrama escueto a su hermana, que se encontraba en San Petersburgo, pidiéndole que le informara al periódico oficial bolchevique de su llegada inminente.
Telegrama: Llegada el lunes 23 horas. Avisa a Pravda.Derechos de autor de la imagenDIANE LABOMBARBE
El día siguiente, el tren atravesó Finlandia.
"Por la tarde se acercaron a la frontera de Rusia. Beloostrov, la pequeña ciudad de la frontera ruso-finlandesa era el primer punto de peligro, un lugar obvio para que una unidad de cosacos o de junkers, los cuerpos de élite, los esperara para arrestarlos", indica Service.
La detención no sucedió y los revolucionarios se adentraron en Rusia: su destino final, la estación de Finlandia, estaba a apenas unas horas.

Paz, pan y tierra

La noticia de la llegada de Lenin corrió como la pólvora y las autoridades locales prepararon un recibimiento masivo.
Miles de personas con pancartas y símbolos revolucionarios esperaban a los exiliados. Era de noche y muchos llevaban linternas y antorchas. La imagen de la llegada se convertiría en uno de los íconos de la Revolución Rusa y del arte soviético.
Ya en San Petersburgo, sobre el andén, Lenin pronunció un discurso clave para entender el devenir de Rusia.
Lenin declamandoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLlamado a luchar por lo que el pueblo necesita
"El pueblo necesita paz, el pueblo necesita pan, el pueblo necesita tierra. Y ellos le dan guerra, hambre, no pan y dejan a los terratenientes con la tierra. Debemos luchar por la revolución social, luchar hasta el final, hasta la victoria completa del proletariado. Larga vida a la revolución social internacional".

34 semanas

Apenas unos días después, Lenin desarrolló estas ideas en sus Tesis de Abril que, según los historiadores, servirán de hoja de ruta para la Revolución de Octubre.
"Con ellas rompe de alguna forma con otros líderes bolcheviques que no estaban de acuerdo con esa estrategia: firma inmediata de la paz, proceso de colectivizaciones, no colaboración, incluso lucha, con el gobierno provisional y el famoso 'todo el poder para los soviets'", señala el profesor Martín.
Reflejo de imagen de Lenin en charco de agua.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionSigue presente.
La Revolución Rusa -con sus consecuencias profundas y duraderas no sólo para Rusia- llegaría ocho meses después de este viaje de Zúrich a San Petersburgo. En apenas 34 semanas cambió el mundo.
Como el mismo Lenin dijo: "Hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que pasan décadas".

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http://www.bbc.com/mundo/noticias-39381989