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lunes, 26 de marzo de 2018

ALERTA. No somos negros, blancos o indígenas, sino el país más mulato del mundo | Juan Freddy Armando

Juan Freddy Armando.
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ALERTA. No somos negros, blancos o indígenas, sino el país más mulato del mundo

Publicado el: 26 marzo, 2018 e-mail:delfinnegro1@hotmail.com
En recién pasados días del hermoso carnaval dominicano, el Ministerio de Cultura ha colocado a lo largo de un tramo de la Av. Malecón el rostro repetido de una especie de vendedora callejera de piel negra con  pañuelos de distintos colores. Ante ella, el viejo amigo Ignacio Ditrén y otras personas han manifestado su inconformidad por vía de las redes cibersociales, señalando que esa es una forma subliminal de promover la presencia de haitianos en nuestro país.
El escritor amigo Pedro Antonio Valdez ha aclarado que se trata de uno de los personajes del carnaval de San Juan de la Maguana, y que por tanto no tiene nada que ver con Haití ni haitianos. Comparto la afirmación de Valdez porque ahora no debemos caer en una especie de complejo de persecución que nos lleve a ver haitianos hasta en la sopa. Si bien creo necesaria una solución al problema de la excesiva migración de ese país, pues trae más perjuicios que beneficios económicos y sociales; debe haber mayores controles fronterizos y una aplicación más minuciosa de nuestra ley de extranjería.
EL INDÍGENA, EL NEGRO Y EL BLANCO “TRAS DE LA OREJA”
Sin embargo, pensándolo bien, esas figuras que el Ministerio de Cultura colocó en el Malecón debieron recoger la naturaleza real de la composición étnica nacional: que es el mulataje, el mestizaje. Pudo colocarse quizá una imagen negra, otra blanca, o indígena, o una sola que recogiera los distintos grados de nuestros rasgos raciales. Esto incluye diversas gradaciones que pueden hacer a la gente y a la persona misma confundirse respecto a su verdadera etnia, llamando negro o blanco a quienes, por sus detalles corporales, son otra cosa. Debemos evitar caer en el error antropológico de los norteamericanos al llamar negro a Barack Obama, cuando en realidad es mulato: por venir de una madre blanca y padre negro.
Hay en República Dominicana muchas variedades de mulatos. Especialmente, dos grandes grupos: unos con mayor tendencia negra y otros blanca. Ejemplos de lo primero:el cantante Sergio Vargas, la mezzosoprano Glemner Pérez, el compositor Rafael Solano, la pintora Ada Balcácer. Muestras de lo segundo: la escritora Kianny R. Antigua, el pelotero Juan Marichal, la diseñadora de modas Jenny Polanco, el periodista Pablo McKinney.
Algunos se nos presentan con apariencia casi totalmente negra, como Johnny Ventura o Pedro Martínez, o dan la impresión de ser puramente blancos, como el escritor Manuel Salvador Gautier o el cantante Niní Cáfaro. Sin embargo, en ambos casos respectivamente, un análisis minucioso encontraría “el negro tras de la oreja” , o “el blanco tras de la oreja”.
Aparte de los mencionados, no hay dudas de que tenemos dos minorías muy minoritarias: aquellos cuyo analísis por parte de los especialistas en etnología dé por resultado que no tienen mezclas raciales.
ESTUDIO CIENTÍFICO DE LA COMPOSICIÓN RACIAL DOMINICANA
Me alegra haber leído una reciente publicación que trata lo que digo de forma genético estadística, y la cito:
“La población dominicana posee un 39% de ADN de ancestros europeos, un 49% africano y un 4% precolombino, es decir taínos, lo que confirma su complicada ascendencia genética e implica que el mulato predomina entre los dominicanos.
Asílo establece un trabajo realizado por la Academia Dominicana de la Historia, la National Geographic Society y la Universidad de Pennsylvania, con la colaboración de la Universidad Iberoamericana (UNIBE), investigación que forma parte del Proyecto Genographic que se realiza en 140 países del mundo (https://genographic.nationalgeographic.com/).
La investigación se hizo con muestras de saliva de la mucosa oral que se tomaron a 1,000 dominicanos en 25 puntos muestrales, tanto rurales como urbanos del país, y en cada uno 40 voluntarios aceptaron que se les tomaran sus muestras de ADN”, dice una comunicación de prensa de la Academia Dominicana de la Historia”.
Además, tenemos también al “indígena tras la oreja”, aunque en muy minoritaria proporción, ya que, tal como afirman Christian Martínez –director del Museo del Hombre Dominicano- y otros estudiosos, en el país quedan elementos indígenas, aunque en mucho menor proporción que los de blancos y negros, de modo que el mestizaje también nos acompaña.
EL HAITIANÍGENA TRUJILLO Y EL INDIO EN NUESTRA CÉDULA
Quizás aprovechando esto de que, aunque mínimos, quedaron influencias raciales indígenas, el tirano Trujillo y sus secuaces buscaron huirle a la negritud, a pesar de él saber que tenía al negro tras las oreja, pues era un mulato con antecedentes haitianos en su genealogía. Para ello, impuso que, cuando fuese a indicarse en la cédula el color de la piel las respuestas fueran solo una de dos: blanco o indio. Tal vez porque el horroroso dictador quería un país blanco, y asociaba la condición de negro con la de atrasado, mal educado, haitiano, esclavo, sucio, etc.. Claro, se sabe que, como destaca en su libro Manuel Marino Miniño Marión-Landais, los primeros negros en llegar a la isla (con sus religiones, mitos y costumbres) no fueron los de Haití, sino que ya habían venido a La Española desde los tiempos de Diego Colón, Montesino y Las Casas. Porque, además, debemos estar claros en que negro no es sinónimo de haitiano. Y el hecho de que aparezca una figura de ese color no significa para nada que se esté promoviendo la presencia haitiana en nuestro país, pues si así fuera, entonces, ¿el maestro Jorge Severino estaría promoviendo la migración haitiana con sus hermosas damas y princesas negras? No, hombre, no caigamos en extremismos huecos.
Sucede que en nuestro país han predominado dos corrientes de pensamiento: 1- Los que son pro-blancos o pro-hispánicos o hispanófilos, para quienes la condición de negro es inferior, y tratan de eliminarla de nuestra historia cultural, política y social. 2-Los pro-negros, pro-haitianos o negrófilos, que tratan de ignorar la presencia blanca, las raíces hispánicas y similares de nuestra cultura, política y sociedad. Ambas están igualmente equivocadas, porque la idiosincrasia del pueblo dominicano carga como una marca indeleble en su sangre y mente la presencia de indígenas, blancos y negros, en un mulataje y mestizaje que es parte fundamental en nuestra identidad nacional, y que debe ser parte de la marca-país a difundir en el mundo.
Cabe decir, de paso, que en nuestro país hace falta retomar el tema de la herencia española, y realizar nuevas investigaciones sobre ello, ya que es parte de nuestra riqueza. Que yo sepa, se ha hurgado poco sobre los aportes españoles, árabes, norteamericanos –recuérdese que en Samaná hubo unos inmigrantes estadounidenses hace muchos años-, así como los de otras etnias. Tal vez por temor de ser acusados de racistas y pro-blanco, no se han hecho esos necesarios estudios que enriquecerían nuestra cultura en aspectos científicos y artísticos, por la información que aportarían.
Porque, como decimos en el títular de este artículo, no somos negros, blancos o indígenas, sino el el país más mulato del mundo. Debemos difundir esta condición a nivel internacional como parte de nuestra marca-país. Con ello obtendremos ventajas publicitarias, mercadológicas, al promover nuestra mentalidad abierta, no discriminatoria como parte de la empatía que caracteriza la naturaleza del dominicano. Así, hacer ver con alegría y entusiasmo nuestra democracia racial, lo cual no quiere decir que en nuestro país no haya ciertos prejuicios raciales subliminalmente llevados, tal como se da, unas veces más y otras menos, en todos los países del mundo.
http://hoy.com.do/alerta-no-somos-negros-blancos-o-indigenas-sino-el-pais-mas-mulato-del-mundo/

domingo, 10 de septiembre de 2017

ALERTA: Experiencias innovadoras para motivar la lectura con alegría

ALERTA: Experiencias innovadoras para motivar la lectura con alegríaJuan Freddy Armando.

Juan Freddy Armando. Publicado el: 10 septiembre, 2017 Por: Juan Freddy Armando e-mail:delfinnegro1@hotmail.com

Cuando hace unos años me tocó encabezar la Dirección del Plan Quinquenal del Libro y la Lectura (DPQLL), trabajé con un dinámico equipo humano, y desarrollamos métodos innovadores de promoción lectoral que quisiera reseñar ahora, por si pueden servir de algo para próximos proyectos similares.
Para promover en la gente el interés por la lectura, aunque tomamos en cuenta los manuales hechos por los profesores y pedagogos, partimos más de los conocimientos adquiridos en mis largos años de trabajo en mercadeo y la creatividad publicitaria, sumados a nuestras vivencias como lectores hedónicos y buceadores de conocimientos y curiosidad.
No contamos para ello con los recursos económicos prometidos por los ministerios de Cultura y de Educación. Solo recibimos pequeñas partidas a las cuales logramos sacarles el máximo provecho en la promoción de la lectura.
De lo aprendido en el desarrollo de ese proceso, hablaremos en el presente artículo. Veamos.
MAL RESULTADO CON ESCRITORES
En principio contactamos a jóvenes escritores, a los cuales se les pagaba una suma mensual a cambio de promover la lectura en escuelas; iban 4 veces al mes a leerles obras propias o de los grandes autores dominicanos a los estudiantes, para luego dialogar con ellos sobre los mismos: personajes, situaciones, personajes, valores éticos y estéticos, etc. de las historias.
De vez en cuando, yo monitoreaba esas jornadas, y observé que ese método no incentivaba a los jóvenes, debido a lo siguiente: 1. No leían con suficiente fluidez e intensidad, ni daban vida a los textos en versión oral. 2. Carecían de una correcta prosodia (mala pronunciación y acentuación). 3.
Poco dramatismo al interpretar lo narrado. 4. Aburrían y provocaban sueño. 5. Los estudiantes no podían responder preguntas con precisión, pues recordaban poco o nada de lo tratado. 6. No sabían conducir ni animar el diálogo.
Esto nos llevó a explorar otras formas de promoción de lectura.
CAMBIAMOS ESCRITORES POR TEATRISTAS
Busqué a estudiantes de término de teatro o actores graduados para convertirlos en promotores de la motivación lectoral con dramatizaciones literarias leídas. Me informaron que en la Escuela Nacional de Teatro no hay asignatura que enseñe esto. Entonces escribí un manual titulado Para Facilitar la Dramatización Literaria, el cual les aporta en proceso de manejar tonos y matices de voz, ademanes, gestos, rostro y movimientos en el escenario, e integrar objetos y personas de donde actúa, entre otros recursos personales.
El resultado fue excelente, y decidimos sustituir con ellos a los escritores. Desarrollamos 5 maneras de promoción lectoral, que describimos a continuación:
1. Dramatización Literaria en centros educativos. Los teatristas llevaban a la escuela copias de un texto literario que distribuían entre los estudiantes de un curso. Después, hacían una lectura dramatizada del mismo. Para ello, escogimos obras cuyo contenido y forma tocaran los intereses de la juventud: amoríos, romances, pendencias, aventuras, orgullo, humildad, valentía, peleas. Los cuentos Todo un hombre y Luis Pie, de Juan Bosch; algunos de Virgilio Díaz Grullón, Espuma y nada más, del colombiano Hernando Téllez; Rubén, del venezolano Luis Britto García.
Al finalizar su lectura, el actor pedía a los jóvenes organizarse en varios grupos para teatralizar el cuento acabado de dramatizar. Podrían hacerlo en una interpretación libre en la que podían inventar las partes del cuento que no recordaran textualmente. Luego hacía un concurso en que los profesores presentes serían jurados para premiar (con libros y discos) a los tres primeros lugares y menciones entre los grupos actuantes.
Despertó un efusivo entusiasmo de los estudiantes, quienes ponían todo su entusiasmo, se divertían mucho con su montaje colectivo del cuento, explayando su ingenio creativo para improvisar diálogos, descripciones, inventar situaciones no incluidas en lo leído, de modo que muchas veces surgía una verdadera recreación de lo dramatizado, y en ocasiones casi hacían un cuento nuevo.
2. Dramatización Literaria en empresas. Después, expandimos las jornadas a otros escenarios no escolares. Nos comunicamos con empresas a las que les pedimos nos concedieran1 hora para reunir un grupo de empleados y trabajadores y hacer allí lo mismo que en los centros educativos.
Los participantes manifestaron su interés en las obras dramatizadas, pues fueron impactados por nuestra seductora y motivadora jornada, la cual lograba transmitirle intensamente el dolor, alegría, suspenso, etc. contenido en las historias.
MOTIVAR LA EN DISCOTECAS, BARES
3. Asaltos de Lectura en centros de diversión. Contactamos a discotecas, bares, restaurantes, colmadones y otros lugares. Solicitamos a los administradores de los mismos que nos dieran 5 o 10 minutos para una lectura dramatizada. Por razones obvias, en estos lugares, no incluíamos la parte de hacer grupos para dramatizar los cuentos, pero sí le regalábamos copias de lo leído a los clientes del establecimiento. Estos quedaban tan satisfechos que luego, cuando nos veían en la calle nos preguntaban cuándo volveríamos. Quienes frecuentan a Bonyé (la fiesta de domingo frente a las Ruinas de San Francisco, en la Capital dominicana) todavía recuerdan las divertidas jornadas que presenciaron con los actores de la DPQLL.
4. Lectura y Dramatización en Movimiento. Esta forma tenía tres modalidades: a) Un actor o escritor abordaba una una guagua de pasajeros, vagón o estación del metro y leía en voz alta una pieza literaria. b) Un teatrista realizaba una lectura. c) De repente, dos o tres actores leen una obra literaria, siguiendo descripciones y diálogos entre ambos como si estuviesen en un montaje teatral.
En los tres casos, les regalaban a cada no de los presentes una copia del texto literario dramatizado. Obviamente, la reacción de los pasajeros era de gran interés y alegría, evidenciándose así la efectividad del método empleado.
5. Entrenamiento en Dramatización Literaria y Docencia con Buen Humor. También nos propusimos dos metas motivadoras más, que consistían en entrenar a los profesores en: a) Arte y técnicas de la dramatización literaria; b) El recurso del buen humor y los chistes como manera de llevar diversión a las horas de clase.
Para realizar la primera, organizamos cursos talleres para enseñar a los profesores a hacer lo que realizábamos, con el propósito de que motus proprio las desarrollaran en sus centros escolares. Se hicieron, y aprendieron rápida y eficientemente la metodología. Lamentablemente, por la carencia de un buen presupuesto, no pudimos continuar el proyecto.
El segundo objetivo iba en combinación con ese, y era también dotar a los profesores de herramientas para hacer que las horas de clase convirtieran al aula en una zona de esparcimiento y buen humor. Para ello, nos planteamos unos cursos talleres que llamamos Docencia con Buen Humor, en los cuales se les enseñaría chistes, anécdotas, historias, referencias, que se enlazarían con las distintas asignaturas del sistema escolar (matemáticas, lengua española, naturales, sociales, etc.), para clases divertidas. Sin embargo, otra vez nos quedamos por mitad de camino, pues no pudieron hacerse también por falta de disposición y presupuesto.
No pierdo la esperanza, y sigo promoviendo la idea de que estas formas de promoción placentera de la lectura se hagan realidad. El ejemplo de lo narrado aquí muestra que es posible con una pequeña inversión.
http://hoy.com.do/alerta-experiencias-innovadoras-para-motivar-la-lectura-con-alegria/