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martes, 5 de diciembre de 2017

Estados Unidos está exportando obesidad

Women sit on a bench in New York's Times Square May 31, 2012. REUTERS/Brendan McDermid (UNITED STATES - Tags: SOCIETY) - GM1E8610INU01
Image: REUTERS/Brendan McDermid (UNITED STATES - Tags: SOCIETY) - GM1E8610INU01
Sin controles, las tasas de obesidad en rápido crecimiento podrían desacelerar o hasta revertir las enormes mejoras en la salud y expectativa de vida
Estados Unidos está exportando obesidad
Kenneth Rogoff · Project Syndicate 04 dic 2017
Quizá sea utópico esperar que la administración actual de Estados Unidos considere algún tipo de estrategia antiobesidad cuando todavía está ocupada desmantelando las políticas de la era Obama
Por: Kenneth Rogoff Hace 7 horas
CAMBRIDGE – Mientras la administración del presidente norteamericano, Donald Trump, mantiene una actitud agresiva en las negociaciones comerciales y rescinde sistemáticamente las regulaciones introducidas por el presidente Barack Obama, una víctima probablemente sean los esfuerzos por combatir la epidemia de obesidad global. Sin controles, las tasas de obesidad en rápido crecimiento podrían desacelerar o hasta revertir las enormes mejoras en la salud y expectativa de vida que han beneficiado a gran parte del mundo en las últimas décadas. Y al imponerles su cultura alimentaria a países como México y Canadá, Estados Unidos no hace más que agravar el problema.
Una de las paradojas del capitalismo global moderno es que mientras más de 800 millones de personas en el mundo no tienen suficiente para comer, se calcula que 700 millones de personas (entre ellas 100 millones de niños) son obesas. Por supuesto, los dos grupos no necesariamente están relacionados de manera directa. Una proporción considerable del hambre mundial se produce en países que sufren luchas internas o una seria disfunción gubernamental.
Sin embargo, la epidemia de obesidad tiene un impacto mucho más amplio, y afecta a las economías avanzadas y a la mayoría de los mercados emergentes. Si bien existe cierta conexión entre la obesidad y la pobreza al interior de los países, es notable que las tasas de obesidad en países ricos como Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá estén entre las más altas del mundo.
Recientemente, los Centros para el Control de las Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por su siglas en inglés) calcularon que el 40 % de todos los norteamericanos –una cifra sorprendente– son obesos (definidos como aquellas personas que tienen un índice de masa corporal de 30 o superior), entre ellos un 20,6 % de los adolescentes (12-19 años). Según los CDC, el peso promedio de una mujer norteamericana hoy es superior al peso promedio de un hombre norteamericano en 1960 (75 kilos).
En 1960, el peso promedio de una mujer norteamericana era de 63,5 kilos, mientras que el peso promedio de un hombre norteamericano hoy es 88,5 kilos. (En el mismo período, la altura promedio de los norteamericanos aumentó solo 2,5 centímetros). Esta misma dinámica está teniendo lugar en todo el mundo, con tasas de obesidad que se disparan en Europa, América Latina y hasta en China.
Si bien es difícil medir las consecuencias para la salud a largo plazo, existen muchísimas pruebas de que la obesidad contribuye significativamente a tasas superiores de la diabetes de tipo II, ataques cardíacos y ciertos tipos de cáncer. Los costos de salud son impactantes: se calcula rondan los 200.000 millones de dólares por año solamente en Estados Unidos. Y considerando que las tasas de obesidad infantil en alza a escala mundial presagian problemas de salud significativamente mayores en la población adulta en el futuro, es probable que los costos aumenten considerablemente.
Las causas de la obesidad son múltiples y complejas. Sin embargo, un creciente cuerpo de evidencia sugiere que una cultura que pondera la comida procesada y estilos de vida normalmente sedentarios es el eje del problema. En los mercados emergentes, una rápida urbanización es otro factor importante, así como el deseo de emular estilos de vida occidentales.
Muchos gobiernos han lanzado iniciativas para mejorar la educación alimentaria. Desafortunadamente, la publicidad de la industria por lo general eclipsa estos esfuerzos, al igual que los propios esfuerzos de los cabilderos comerciales de Estados Unidos por imponerle los alimentos procesados y la comida chatarra al resto del mundo.
Resulta difícil ignorar el hecho de que la tasa de obesidad adulta de México se ha disparado desde la adopción en 1993 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Si bien existen muchas causas, la inversión extranjera directa pos-TLCAN en la industria de alimentos procesados y un incremento de la publicidad inciden de manera importante.
El consumo mexicano de bebidas azucaradas prácticamente se triplicó entre 1993 y el 2014, y un nuevo impuesto a las bebidas azucaradas solo mitigó ligeramente la demanda. El otro socio del TLCAN, Canadá, también ha experimentado un incremento de la obesidad, en parte porque las importaciones estadounidenses han llevado a una marcada caída de los precios de la fructosa.
Es lamentable que los reguladores gubernamentales hayan actuado con tanta lentitud a la hora de intentar revertir estas tendencias, por ejemplo, ayudando a educar a la población sobre la ciencia de la alimentación. Y, durante demasiado tiempo, gran parte de la educación oficial antiobesidad se ha centrado en regular mecánicamente la ingestión de calorías, sin tener en cuenta que los diferentes alimentos tienen efectos drásticamente diferentes en el apetito (como resalta David Ludwig, profesor de la Facultad de Medicina de Harvard, en su excelente libro nuevo Always Hungry).
Los escépticos pueden señalar que los lineamientos sobre nutrición parecen cambiar constantemente, y que los alimentos pecaminosos del año pasado se convierten en los superalimentos de este año, y viceversa. Aunque esto tiene algo de verdad, la realidad es que la investigación sobre nutrición ha hecho un progreso significativo en las últimas décadas. http://www.nacion.com/opinion/columnistas/estados-unidos-esta-exportando-obesidad/WJKKJZ2JG5GIVFLDITUS4ITYXE/story/

domingo, 25 de enero de 2015

La lucha contra la gordura a lo largo de la historia

25 enero 2015 BBC Mundo

Querubines gorditos

Desde que empezamos a disfrutar de un acceso relativamente fácil a la comida, hemos estado tratando de entender qué impacto tiene en nuestro cuerpo y forma.
Nuestros ancestros solían abordar las dietas en ocasiones de manera irracional y extraña, pero otras veces comían mejor que nosotros hoy en día.
Y, a pesar de que ahora sabemos más que antes, muchos regímenes son tan extremos y descabellados como los métodos más inusuales empleados en el pasado.
Te invitamos a este paseo por la historia de las dietas.

A.C.: ¡A ponerse a diatia!

Debes comer para vivir, no vivir para comer"
Aforismo de la antigua Grecia
GETTY
Hemos estado conscientemente a dieta al menos desde la época de la antigua Grecia.
La palabra misma viene de la griega "diatia", que significa un régimen de salud de por vida.
Los antiguos griegos entendían los principios de consumir cantidades medidas de alimentos variados y sencillos y hacer ejercicio moderado, lo cual ha sido la base de la buena dieta a lo largo de la historia.
Además consideraban que mantenerse a régimen era una responsabilidad cívica para asegurar una sociedad sana, y la glotonería era mal vista.
No obstante, también adoptaban métodos no comprobados para perder peso, como evitar las relaciones sexuales y caminar desnudo.

Medioevo: ¡A comer como pobre!


Banquete medieval
Los que tenían mucho, comían de más y de lo que no se debe.

Las dietas de los ricos y los pobres eran muy distintas.
Los ricos podían darse el lujo de comer carne y otras delicias. Eso les causaba enfermedades como la gota o problemas intestinales.
Los métodos para bajar de peso incluían los ayunos, aunque éstos eran más comunes como muestra de fervor religioso que como dietas.
El exceso de carne en el cuerpo era considerado una señal de prosperidad.
En contraste, los campesinos tenían una dieta bien equilibrada, que incluía potajes de cereales y frijoles, y no tenían acceso ni al azúcar ni a la grasa con la que se deleitaban los ricos.
Los alimentos que consumían eran necesarios para tener energía y el exceso de calorías se quemaba con las labores físicas.

1558: ¡A seguir al gurú!


Luigi Cornaro
La medida y la sobriedad era el secreto de Cornaro.

En 1558, el mercader veneciano Luigi Cornaro se convirtió en el primer gurú de la dieta cuando escribió "Seguro y veraz método para alcanzar una vida larga y saludable".
El libro llegó durante el Renacimiento, lo que influyó profundamente en la forma de pensar en Europa.
En él presentaba la edad avanzada como algo valioso. Además recomendaba una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos, ingerida en cantidades pequeñas y medidas.
"Me he acostumbrado a nunca satisfacer completamente mi apetito, ni al comer ni al tomar", escribió.
Su primera regla era recobrar el control de uno mismo al comer.
Vivió hasta cuando tenía unos 100 años. Su libro sigue siendo publicado.

1700: ¡A poner a dieta a las masas!


Azúcar
El pueblo empezó a disfrutar de una vida más dulce.

El campesinado empezó a alejarse de la agricultura de subsistencia y se fue a vivir a las ciudades. A medida que la infraestructura mejoraba, la variedad de comida aumentó.
Poco a poco, los pobres también empezaron a poder escoger. Tomar decisiones sobre qué comer dejó de ser un lujo reservado sólo para la élite.
En el siglo XVIII el consumo de azúcar se multiplicó por 20 gracias al auge de la comercialización.
La dieta de muchos se volvió menos sana. Los doctores aconsejaban cosas que aún consideramos apropiadas: comer poco y a menudo, consumir poca carne y muchos cereales y vegetales, hacer ejercicio moderado.
Pero también recomendaban leer en voz alta y salpicar el cuerpo con arena caliente para hacerlo sudar la grasa.

1800: ¡A imitar a la celebridad!


Lord Byron
No, Jane Fonda no fue la primera celebridad que nos urgió a ser delgados.

Los regímenes de las celebridades no son un fenómeno moderno. El poeta romántico Lord Byron estaba obsesionado con mantenerse pálido e interesante.
A principios del siglo XIX popularizó una dieta que se componía principalmente de soda, galletas y vinagre.
Perdió 32 kilos entre 1806 y 1811, según los registros de los comerciantes de vino Berry Bros & Rudd de Londres.
Los doctores no estaban muy complacidos ni con la dieta de Byron ni con la poderosa influencia que tenía en los hábitos de comida de otros, quienes también deseaban estar a la moda, delgados y pálidos.
Un doctor escribió que las jóvenes estaban matándose de hambre pues temían ser criticadas por los discípulos de Lord Byron.

Era victoriana: ¡A ingerir parásitos y veneno!


María Callas
Se dice que la cantante de opera María Callas tenía un "parásito mascota".

Para cuando llegó la era victoriana, la sociedad estaba más preocupada por la imagen que por la salud.
Había devotos de las dietas, influidos por las revistas y la moda.
Empezaron a aparecer anuncios de publicidad en los diarios y farmacias.
Las drogas dietéticas se convirtieron en un buen negocio y muchas de las llamadas "curas milagrosas", cuyos ingredientes no siempre eran divulgados, contenían sustancias letales, como arsénico.
Había también quienes se arriesgaban a tener problemas de los ojos, epilepsia o demencia tragándose quistes de tenias, algo que se siguió practicando incluso en el siglo XX.

1900: ¡A drogarse para perder peso!


Figuroids
"La cura científica para la obesidad", promete este anuncio.

Las drogas siguieron siendo buen negocio. Las curas milagrosas eran ofrecidas como reemplazo de una dieta sensata.
Tenían nombres llamativos, como "Las píldoras elegantes de Gordon", "Slim" (esbelto) o "Corpu-lean" (cuerpo delgado).
Muchas de estas drogas eran laxantes y la mayoría -aunque no todas- eran inofensivas.
Algunas efectivamente causaban una pérdida de peso, pero con efectos secundarios peligrosos.
Entre ellas estaba el químico industrial dinitrofenol, que hace que la temperatura del cuerpo suba y puede causar ceguera.
Drogas con base de extracto de tiroide aumentan el ritmo al que el cuerpo quema energía, pero puede causar problemas del corazón.
Se reportaron muertes a causa de ambas.

1920: ¡A contar calorías!


Libro de Hauser
A los médicos no les gustaba pero eso no impedía que tuviera seguidores.

En los años 20, el gobierno de Estados Unidos se empezó a preocupar por una posible manía de adelgazar y la influencia que las celebridades tenían sobre lo que los jóvenes escogían para alimentarse.
Bajo la creciente fama de Hollywood, se animaba a las mujeres a emular a estrellas como Greta Garbo, quien era seguidora del gurú de la dieta Gayelord Hauser.
Hauser era criticado por muchos médicos porque no estaba calificado para recetar y se consideraba que no tenía ninguna prueba que respaldara sus teorías, las cuales incluían un consumo excesivo de vitamina B.
Además, la noción de los grupos de alimentos emergió y empezó el conteo de calorías.
Los régimenes incluían o excluían ciertos alimentos. Por ejemplo, sólo se podía comer carbohidratos o proteínas en una comida, o se trataba de equilibrar las comidas ácidas con las alcalinas.

1961: ¡A adelgazar en grupo!


Fundadora de weight watchers
Jean Nidetch invitó a sus amigas a perder peso juntas y desató toda una industria.

Modelos tan delgadas como palitos como Twiggy y Jean Shrimpton eran la sensación en los locos años 60.
En 1961, una ama de casa neoyorquina, Jean Nidetch, formó un grupo de apoyo con sus amigas con sobrepeso. Dos años más tarde, fundó Weight Watchers. Otros pronto siguieron su ejemplo.
Las dietas en grupo funcionan proporcionando una rutina y el apoyo de otros miembros.
Recomiendan alimentarse sanamente y hacer ejercicio moderado.
Las compañías que las ofrecen han visto un enorme crecimiento desde la década de los 60.
Un estudio del British Medical Journal encontró que los clubes de pérdida de peso consiguen buenos resultados.

1974: ¡A seguir la dieta de moda!


Col
La dieta del repollo o col lleva años haciendo sufrir a muchos... en parte por el problema del olor.

En los años 70, la industria de las dietas ya estaba firmemente establecida y en busca de nuevas y diversas formas de prometer la pérdida de peso.
Promovidas por la industria editorial, que vendía libros con cada nueva tendencia, la sucesión de dietas de moda pronto se hizo popular.
Más y más gente quería perder peso rápido.
Las dietas de moda desafían las directrices convencionales de una dieta equilibrada: algunas restringen severamente las opciones, como las dietas de la toronja o el repollo o col.
Este tipo de regímenes a menudo ofrecen una pérdida de peso a corto plazo pero no un plan duradero para mantener el peso bajo.
Tienen la atracción de la novedad y quienes las practican muchas veces terminan abandonándolas por otra más nueva.

2000: ¡A hacer de la dieta una industria!


Midiendo la grasa
No importa cómo estés, ya nunca parece que estás suficientemente delgado.

La industria de la dieta ha venido creciendo durante los últimos 200 años, constantemente adaptándose y diversificándose.
En EE.UU. solamente, el negocio reporta US$90.000 millones y sigue en alza.
Los productos van desde los editoriales, pasando por los farmacéuticos hasta los alimenticios y demás.
Las dietas altas en proteínas, como la de Atkins y Dukan, y la del ayuno 5:2 cuentan con millones de seguidores.
Las celebridades venden dietas como parte de una industria productora de dinero.
A pesar de ello, según un estudio publicado en Lancet en 2014, alrededor de un tercio de la población del mundo es obesa o tiene sobrepeso.
Mientras sigamos buscando una solución rápida para perder peso, el comercio y la ciencia seguirán produciendo nuevas ideas para satisfacer ese deseo.
http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2015/01/150121_historia_dietas_finde_dv