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jueves, 14 de enero de 2016

¿Por qué es urgente romper la parálisis del Banco del Sur? / Ariel Noyola Rodríguez

¿Por qué es urgente romper la parálisis del Banco del Sur?

Publicado: 12 ene 2016 10:03 GMT
De cara a la profundización de la recesión mundial, es urgente que los mandatarios de América del Sur pongan todas sus energías en la construcción de instituciones de crédito propias y el uso de instrumentos de cooperación financiera orientados a debilitar la influencia del dólar en la región. Toda vez que el Gobierno de Estados Unidos busca imponer por todos los medios posibles su dominación económica en la región, para los países sudamericanos se ha vuelto indispensable conquistar autonomía política frente a las instituciones tradicionales de crédito.
El modus operandi del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) es ya bastante conocido: la utilización de la deuda como un mecanismo de presión contra los pueblos hundidos en la insolvencia; la imposición de medidas económicas draconianas(disminución de los gastos sociales, recortes de los salarios, privatización de las empresas estatales de carácter estratégico, etc.); la asistencia financiera sin límites a Gobiernos surgidos de un golpe de Estado pero avalados por la Casa Blanca (como ocurrió en Chile a mediados de la década de 1970); etc. Por esas y muchas otras razones es necesario fortalecer los cimientos de la arquitectura financiera sudamericana.
En primer lugar, se requiere de una Unidad Monetaria Sudamericana (UMS). La UMS no es una “moneda común” como el euro, sino una canasta de referencia conformada por un conjunto de monedas (como los Derechos Especiales de Giro del FMI). En definitiva, la UMS es una referencia que goza de mayor estabilidad que el dólar, tanto para la emisión de bonos como para la comparación de precios dentro de la región. En paralelo, se debe promover que los intercambios comerciales se facturen en monedas nacionales.
Desde 2008 Argentina y Brasil pusieron en marcha el Sistema de Pagos en Monedas Locales (SML). Y en octubre de 2015, Paraguay y Uruguay implementaron un mecanismo de pagos análogo. Gracias a ello se ha evitado pasar por el dólar y los costos de transacción se han visto reducidos considerablemente entre las empresas de ambas partes. Ahora solamente falta involucrar a Bolivia y Venezuela para, de esta manera, incentivar la “desdolarización” entre todos los países que integran el Mercado Común del Sur (MERCOSUR). 
En segundo lugar, los países de América del Sur están necesitados de un poderoso fondo de estabilización monetario capaz de proteger sus balanzas de pagos de las violentas fluctuaciones del dólar, más todavía luego de que el Sistema de la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos elevó la tasa de interés de los fondos federales (‘federal funds rate’) en diciembre del año pasado. A lo largo de 2002 y 2009 el auge de los precios de las materias primas (‘commodities’) favoreció la acumulación masiva de reservas internacionales, y sin embargo, América del Sur siguió financiando a los países industrializados.
Una buena parte de los miles de millones de dólares que la región sudamericana ahorró durante los últimos años se fue a invertir en bonos del Tesoro de Estados Unidos, en lugar de canalizarse a actividades productivas mediante un Fondo del Sur de gran potencia. En estos momentos el único fondo de estabilización que existe en la región es el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR), lanzado originalmente por la Comunidad Andina en 1978 bajo el nombre de Fondo Andino de Reservas, y actualmente conformado por Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.
Sin embargo, los recursos a disposición del FLAR son insuficientes para contener estampidas de capitales en coyunturas críticas: su capital suscrito es de apenas 3.609 millones de dólares, un monto que representa menos de un 15% de las reservas almacenadas por el Banco Central de Bolivia. El mercado mundial de crédito se ha vuelto demasiado volátil. Tan sólo en 2015 se fugaron más de 98.000 millones de dólares de inversiones financieras de los países emergentes, según las estimaciones del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés).
Por lo tanto, es urgente poner manos a la obra ante esta peligrosa vulnerabilidad. Los países del MERCOSUR necesitan un fondo de estabilización propio que, dado el alto grado de integración financiera de Brasil con el resto del mundo, cuente con por lo menos 100.000 millones de dólares de capital suscrito, que es el volumen de recursos con el que comenzará a funcionar el Acuerdo de Reservas de Contingencia del BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).
Y en tercer lugar, los países sudamericanos deben sacar el Banco del Sur del atasco burocrático en que se encuentra para que emita por fin sus primeros préstamos. Los detalles técnicos están prácticamente listos: el capital inicial será de 7.000 millones de dólares y el capital autorizado de 20.000 millones de dólares; la sede principal estará en Venezuela; Argentina y Bolivia acogerán otras dos sucursales. Con todo, su puesta en funcionamiento se ha postergado una y otra vez, tanto así que después de más de ocho años de haberse firmado su acta fundacional en la ciudad de Buenos Aires, el Banco del Sur aún no consigue abrir sus puertas.
Es que existen poderosos intereses económicos que obstaculizan quebrar con el statu quo, tanto dentro como fuera de la región. Aunque en un primer momento se contempló que el Banco del Sur iba a aglutinar a todos los países de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), esto parece imposible; Surinam y Guyana no tienen interés, mientras que Chile, Colombia y Perú están obcecados en respaldar los proyectos de integración impulsados por Washington, tanto la Alianza del Pacífico como el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés).
En consecuencia, los miembros del Banco del Sur han quedado reducidos a los países del MERCOSUR más Ecuador. Por otra parte, las resistencias dentro del bloque vienen sobre todo de Itamaraty, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. En América del Sur la influencia del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES, por sus siglas en portugués) de Brasil es aplastante, a tal grado que en varios años ha conseguido superar los montos de crédito provistos por el FMI, el Banco Mundial y el BID.
El BNDES no tiene interés en hacer avanzar la integración latinoamericana, en realidad su misión es garantizar el suministro de materias primas (‘commodities’) a las empresas brasileñas. Los recursos del BNDES están orientados a megaproyectos que reproducen la dependencia primario-exportadora de los países sudamericanos, como la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional (IIRSA), una red de carreteras de dimensiones continentales que únicamente beneficiará a un puñado de corporaciones.
En contraste, el dinero del Banco del Sur no se dirigirá únicamente a obras de infraestructura, sino que también estará orientado a un amplio abanico de programas de inversión vinculados con la educación, la salud, la vivienda, etc. El Banco del Sur desechará por completo los criterios del “Consenso de Washington”que tanta miseria trajeron a Nuestra América; otorgará préstamos a tasas de interés muy bajas, pues su objetivo es impulsar el desarrollo económico integral de los pueblos.
Es indudable, el Banco del Sur constituye una gran esperanza en tiempos de crisis. Por un lado, servirá como un poderoso mecanismo de alivio económico para los países de América del Sur que son víctimas de severas contracciones. Por otro lado, será un soporte decisivo para financiar las metas más ambiciosas de la integración sudamericana: proyectos científicos y tecnológicos conjuntos, una red de ferrocarriles, y otra energética, etc.
En conclusión, los Gobiernos sudamericanos necesitan tomar medidas concretas que pongan un alto a la restauración conservadora que está en curso, de lo contrario precipitarán su debacle. Es evidente que el Gobierno de Brasil tiene la mayor responsabilidad de salvaguardar la soberanía continental. De los altos funcionarios de Itamaraty dependerá en última instancia romper la parálisis del Banco del Sur...

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domingo, 28 de junio de 2015

La Troika pretende asfixiar a Grecia a como dé lugar

Publicado: 20 jun 2015 10:35 GMT | Última actualización: 20 jun 2015 10:40 GMT
El Banco Central de Grecia sorprendió a propios y extraños con la publicación de su informe de política monetaria 2014-2015. Es que además de revelar las consecuencias de la 'asfixia económica' impuesta por Bruselas, concluyó que en caso de no alcanzar un acuerdo con sus socios europeos a la brevedad, se detonaría una crisis de enormes proporciones.
"Una crisis de deuda manejable, como la que estamos actualmente abordando con la ayuda de nuestros socios, se convertiría en una crisis incontrolable, con grandes riesgos para el sistema bancario y para la estabilidad financiera", sentenció. Fue la primera vez que la institución contemplaba seriamente la salida de Grecia de la zona euro.
De manera inmediata, los medios de comunicación dominantes recalcaron que la mayoría de la población se resiste a abandonar la unión monetaria, aproximadamente 70% de acuerdo con una encuesta reciente publicada por GPO. Como para mantener la 'moneda común' hay que adoptar las normas del Tratado de Maastricht, la prensa occidental concluye que el pueblo griego sí está dispuesto a aceptar los condicionamientos de las autoridades europeas: la austeridad es el costo que conlleva la membresía a la zona euro.
Sin embargo, los emporios mediáticos omiten mencionar que esa misma mayoría se opone a las medidas que la Troika (conformada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea) pretende imponer. Es más, esa misma mayoría actualmente está convencida de que el programa de rescate original por 245.000 millones de euros solo ha implicado penurias económicas. El aumento de la desigualdad y la pobreza, la falta de vivienda, las enfermedades mentales y los suicidios, son muestra de la 'crisis humanitaria' que los griegos sufren a diario.
Es urgente un cambio de ruta en materia económica. En ese sentido, el Gobierno griego ha insistido más en resolver las necesidades inmediatas (impulso a la inversión, creación de empleo, mayor distribución del ingreso, etcétera) y menos en cuestionar los términos de la deuda. A pesar de eso, Bruselas ha bloqueado todo acuerdo que ponga por delante la recuperación; los reembolsos de la deuda son la máxima prioridad.
El primer ministro Alexis Tsipras prácticamente se encuentra 'atado de manos' para implementar una política económica alternativa, situación que, contrariamente a su voluntad, disminuye poco a poco la confianza puesta en su partido político, Syriza.
En la víspera de la reunión con el Eurogrupo, las descalificaciones entre el Gobierno griego y la Troika no se hicieron esperar. Frente a su grupo parlamentario, Tsipras denunció que el Fondo Monetario Internacional (FMI) tenía "responsabilidad criminal" en la crisis. Asimismo, reiteró que su Gobierno no claudicaría ante las presiones de la Troika, cuya propuesta según sus palabras, tiene por objetivo "humillar al pueblo griego". Ahí se comprometió a que los 'planes de ajuste' fueran rechazados en todo momento.
Bajo esa misma línea de argumentación se pronunció el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, negándose a presentar propuestas ante el Eurogrupo que incluyeran finalmente una lista de compromisos 'creíbles' para los acreedores: elevar el 'superávit primario', aumentos adicionales de impuestos (IVA), desmantelar el sistema de pensiones, etcétera.
En consecuencia, las negociaciones se volvieron a estancar el día de ayer. La Troika mantiene su intransigencia de imponer su batería de 'reformas estructurales' a como dé lugar mientras que Tsipras se niega a traicionar las exigencias del pueblo griego. Por lo tanto la disputa se ha vuelto a postergar, una vez más.
El Gobierno griego tiene un plazo de 10 días para liquidar los cuatro vencimientos mensuales con el FMI (1.540 millones de euros) y abrir un nuevo plan de financiamiento para 5.200 millones de euros. Para el próximo mes de julio, Atenas deberá pagar 3.500 millones de euros al Banco Central Europeo (BCE), 465 millones de euros al FMI y 2.000 millones de euros a acreedores adicionales.
Deuda y más austeridad terminan por imponer más deuda, situación que coloca a Grecia en una 'espiral depresiva' que parece no tener fin ¿Cómo se hará llegar entonces los recursos suficientes para cumplir con sus compromisos?
Es indudable que si Tsipras se decide por abandonar el euro, las consecuencias serán dramáticas, tanto para la economía griega como para el resto de las economías de la región, incluyendo por supuesto, Alemania y Francia. Berlín teme un contagio en una escala masiva. Si Grecia se desploma, los especuladores apostarán en contra de los países con mayores fragilidades financieras: Finlandia, España, Italia, Países Bajos, Portugal, etcétera.
Muy disminuida por la debilidad en el crecimiento económico y la deflación (caída de precios), la zona euro perdería aún más la confianza de los inversionistas internacionales. La creciente 'aversión al riesgo' por la salida de Grecia provocaría aumentos en los rendimientos de los bonos soberanos (actualmente en niveles mínimos). Ante situaciones de pánico, las tasas de interés se dispararían, contrayendo severamente la liquidez entre países.
La incertidumbre aumentaría y los flujos de capitales serían víctimas de un 'efecto mariposa': leves incrementos en la volatilidad de los mercados de deuda soberana, ligeras caídas de las bolsas de valores o algún cambio en la política monetaria serían suficientes para detonar enormes turbulencias en los circuitos de crédito.
Pese a todo, la Troika parece decidida a echar abajo el programa económico de la izquierda. Syriza inauguró las derrotas electorales del neoliberalismo en Europa y por ello se ha convertido en la presa favorita de los prestamistas, dispuestos a imponer su voluntad a cualquier precio. No obstante, los griegos deben confiar en sí mismos, establecer alianzas más allá de sus fronteras continentales y apostar por la utopía.
La democracia nació en la Antigua Grecia y en ella también deberán construirse los cimientos de una Europa libre de la 'dictadura de los acreedores', sí hay alternativa…
http://actualidad.rt.com/opinion/ariel-noyola-rodriguez/178093-troika-pretende-asfixiar-grecia

¿Grecia, a punto de abandonar el euro?

Publicado: 16 jun 2015 14:54 GMT | Última actualización: 16 jun 2015 15:13 GMT

¿Grecia, a punto de abandonar el euro?

Desde hace ya varias semanas, las negociaciones entre el Gobierno griego y la Troika (conformada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea), se encuentran en un punto muerto. Empeñada en proteger los intereses de los acreedores, la Troika apuntala las políticas de austeridad para salvaguardar la confianza en la 'moneda común', el euro.
Mientras tanto, Grecia se sumerge en el atolladero. El primer trimestre de 2015, la actividad económica cayó -0.20% en términos anuales, el peor registro entre los países de la Unión Europea, únicamente superada por Lituania (-0.60%) y Estonia (-0.30%). La tasa de desempleo general se mantiene por encima de los 25 puntos porcentuales, en tanto que la desocupación de los jóvenes entre 15 y 24 años se ubica en 52%, según los datos publicados por la agencia Elstat.
En el ámbito de las finanzas, la fuga de depósitos de los bancos griegos se agudiza. Se calcula que las salidas diarias oscilan entre 200 y 500 millones de euros. Es que el Banco Central Europeo (BCE) hizo a los bancos griegos dependientes del programa de Asistencia de Liquidez de Emergencia (ELA, por sus siglas inglés), que dicho sea de paso, constituye un 'arma económica' ya que, a cambio de otorgar nuevos 'fondos de emergencia', el BCE exige llevar a cabo reformas económicas a favor de los prestamistas.
Efectivamente, las 'reformas estructurales' son necesarias. En eso hay plena coincidencia entre el gobierno de Alexis Tsipras, y las autoridades de Bruselas. La controversia fundamental es por el tipo de 'reformas estructurales' que se buscan implementar, las condiciones de operación y el tiempo necesario para evaluar sus resultados.
El ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, ha puesto en claro que comparte las intenciones de la Troika de aumentar la productividad, promover la competencia entre empresas, modernizar la administración pública, utilizar los recursos de manera eficiente y transformar los sistemas impositivos y de pensiones [1].
Sin embargo, Varoufakis rechaza la manera en que Bruselas vincula las 'reformas estructurales' con el contexto macroeconómico. Para la Troika no hay otro camino que la devaluación interna: disminuir los salarios y las prestaciones laborales, avanzar en el programa de privatizaciones, así como aumentar los impuestos y los costos de los servicios públicos (agua, electricidad, etcétera) [2].
Bajo esa misma perspectiva, las autoridades europeas obligan a Grecia mantener un elevado 'superávit primario' (diferencia entre ingresos y gastos públicos, sin contar los pagos de la deuda) para supuestamente, disminuir el nivel de endeudamiento. Este año la Troika exige a Grecia alcanzar un 'superávit primario' de 1% del PIB, mismo que para 2018 deberá aumentar a 3.5%.
De esta manera, Bruselas pretende imponer en Grecia las mismas medidas que no sólo no han conseguido aliviar la crisis iniciada en 2010, sino que de hecho, la profundizan. Si el Gobierno griego acepta los condicionamientos de la Troika, más allá de sobrepasar las 'líneas rojas' establecidas por Syriza (oposición a la reforma laboral y el recorte de las pensiones, etcétera), traicionaría el mandato popular.
No hay que olvidar que la izquierda helénica salió victoriosa en las elecciones de enero por el hartazgo hacia el capitalismo neoliberal impuesto por la Troika. En busca de una economía alternativa, la victoria de Syriza se constituyó en esperanza.
Alexis Tsipras prometió transformaciones profundas. Sostuvo que era prioritario alcanzar un acuerdo de viabilidad económica de largo plazo, adoptando cabalmente las normas de la zona euro pero sin caer en la 'trampa de la austeridad' como en el pasado [3]. Así, Grecia rompería con una 'espiral depresiva' que únicamente favorece a las economías del centro (Alemania y Francia), mientras castiga a las economías en situación crítica de modo implacable.
Sin embargo, ante la negativa de la Troikapara avalar reivindicaciones mínimas, se ha puesto de manifiesto la incompatibilidad de un cambio económico radical con los principios de la Unión Monetaria. El euro es más una 'camisa de fuerza' impuesta por el capital financiero, y menos un instrumento de integración económica que privilegie la solidaridad y el bienestar entre los pueblos [4].
Apenas la semana pasada, después de un encuentro de más de 10 horas, las negociaciones se volvieron a estancar por la persistencia de 'diferencias significativas' [5]. En días previos, agobiado ante la contracción de su financiamiento, el Gobierno griego había anunciado que no sería hasta el 30 junio cuando pagaría los cuatro vencimientos mensuales (1,600 millones de dólares) de su deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Los temores de una moratoria de pagos crecen. Y no por la falta de voluntad de Atenas, sino por la intransigencia de Bruselas [6]. Puesto contra la pared, Alexis Tsipras se ha visto obligado a disminuir los alcances de sus compromisos de campaña. Grecia ya aceptó aumentar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) en algunos productos, cancelar gradualmente las jubilaciones anticipadas y privatizar parte de su infraestructura (el puerto del Pireo, la compañía de ferrocarriles Trainose y los aeropuertos).
Por lo tanto, todo parece indicar que los acreedores concentran sus esfuerzos en desgastar políticamente a Syriza en el plano interno, socavar su respaldo social y con ello, abrir el camino para un cambio de régimen. En el plano regional, la Troika pretende enviar el mensaje de que independientemente de quienes triunfen en los procesos electorales, el pago de la deuda está por encima de cualquier agenda económica nacional.
Syriza debe continuar dando la batalla [7]. A finales de esta semana, el Gobierno griego presentará una nueva propuesta ante el Eurogrupo con el objetivo de desbloquear finalmente, el último tramo del plan rescate (7,200 millones de euros) y así poder cumplir con sus obligaciones financieras.
¿Grecia abandonará el euro en un tiempo breve? En caso de que Bruselas conserve su intransigencia, ello dependerá básicamente de la voluntad de Alexis Tsipras y su gabinete para defender las aspiraciones populares de la tiranía del capital financiero.
[1] «A New Deal for Greece», Yanis Varoufakis, Project Syndicate, 23 de abril de 2015.
[2] «Austerity Is the Only Deal-Breaker», Yanis Varoufakis, Project Syndicate, 23 de mayo de 2015.
[3] «Non à une zone euro à deux vitesses», Alexis Tsipras, Le Monde, 31 de mayo de 2015.
[4] «To beat austerity, Greece must break free from the euro», Costas Lapavitsas, The Guardian, 2 de marzo de 2015.
[5] «Greek default fears rise as ‘11th-hour’ talks collapse», Peter Spiegel & Kerin Hope, The Financial Times, 14 de junio de 2015.
[6] «The Greek Bailouts Are Incredibly Stupid», Daniel Altman, Foreign Policy, 15 de junio de 2015.
[7] «If the eurozone thinks Greece can be blackmailed, it is wrong», Costas Lapavitsas, The Guardian, 9 de junio de 2015.
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viernes, 20 de febrero de 2015

Nueva Arquitectura Financiera Internacional del G-77 y China que hará neutralizar los fondos buitres - Por

Publicado: 17 feb 2015 15:17 GMT | Última actualización: 17 feb 2015 15:17 GMT
A pesar de la oposición de Estados Unidos y sus aliados, vientos de cambio soplan alrededor de la Arquitectura Financiera Internacional (conjunto de reglas e instituciones que rige el funcionamiento del Sistema Monetario y Financiero Internacional). El Comité Especial de la Organización de Naciones Unidas (ONU), encargado de establecer un marco jurídico multilateral para los procesos de reestructuración de deuda soberana, comenzó a sesionar,  finalmente, hace un par de semanas.
La marcha hacia la transformación comenzó a mediados del año pasado, cuando el gobierno argentino emprendió una campaña de alcance global que culminó con el proyecto de resolución presentado por Bolivia en representación del Grupo de los 77 más China (G-77 + China, conformado por 134 países) ante la Organización de Naciones Unidas (ONU). Aprobada por 124 votos a favor, 11 en contra y 41 abstenciones, su contenido guardaba 3 consideraciones fundamentales.
En primer lugar, ponía énfasis en las graves consecuencias económicas, políticas y sociales derivadas de las crisis de deuda soberana a lo largo de la historia del Sistema Financiero Internacional. En segundo lugar, mostraba una creciente preocupación en torno a la vulnerabilidad de las economías de bajos ingresos y alto nivel de endeudamiento de cara a las operaciones especulativas del capital financiero. Y en tercer lugar, consideraba urgente evitar que un Estado en particular o algún grupo de acreedores comerciales, tuvieran la capacidad de poner en cuestión los acuerdos alcanzados durante los procesos de reestructuración de endeudamiento soberano.
De esta manera, el G-77 + China hizo patente la necesidad de llevar a cabo una discusión internacional, en el marco de la Asamblea General de la ONU, para construir a la brevedad una reglamentación global en torno a los procesos de reestructuración de deuda soberana con base en la previsibilidad, transparencia y sostenibilidad de las finanzas mundiales. El fallo del juez Thomas Griesa en contra de Argentina, había impulsado la toma de decisiones de las economías emergentes: las maniobras de los fondosbuitre(fondos de inversión especializados en operaciones especulativas) en contra de los Estados nacionales debían ser neutralizadas.
La embestida de los fondos de inversión NML Capital y Aurelius contra la República Argentina, había revelado de nueva cuenta, los terribles daños derivados del modus operandi de los fondosbuitre sobre las economías periféricas. Se trata de un pequeño grupo de financistas que apoyados en su mayoría por alguna facción del poder público, compran títulos de deuda con gran descuento en el mercado secundario, después emprenden juicios en contra de los Estados en cuestión y finalmente, una sentencia a su favor en los tribunales de Nueva York los lleva a exigir pagos completos, más intereses devengados. Una operación fraudulenta que produce ganancias extraordinarias.
En el caso argentino, el magnate Paul Singer (el propietario de NML Capital) pretendía obtener un nivel de rentabilidad por encima de 1,600 por ciento. Es evidente que situaciones análogas son inconcebibles para el resto del mundo. Los peligros saltan a la vista cuando se toma en cuenta el aumento exponencial de la deuda pública a partir de la crisis de 2008/2009. La codicia de los fondosbuitre  no se limita a las economías latinoamericanas (los escándalos de Petrobras colocaron recientemente a Brasil en la mira de Mark Brodsky, el titular de Aurelius), incluye también a los eslabones más frágiles de la Zona Euro (Portugal, Italia, Grecia, España, Chipre, etcétera).
El gobierno estadounidense por su parte, se desempeña en los hechos como un auténtico paladín de los fondosbuitre toda vez que obstruye los debates orientados a limitar los alcances de sus operaciones. De manera lamentable, Washington se limita a argumentar que el Fondo Monetario Internacional (FMI) constituye el espacio idóneo para discutir los temas relacionadas con la esfera financiera. Es evidente que la diplomacia del dólar no podría expresar otro punto de vista. Mientras que el sistema de votación de la Asamblea General de la ONU se rige bajo la lógica de un país, un voto; no sucede lo mismo en la gobernanza del FMI, que dicho sea de paso, todavía no implementa el nuevo sistema de cuotas de votación por la falta de aprobación del Congreso estadounidense.
Como bien señaló en conferencia de prensa Sacha Llorenti (el diplomático boliviano que actúa en representación del G-77 + China), después de que las modalidades para llevar a cabo las negociaciones intergubernamentales fueron aprobadas por 128 votos a favor (4 votos más en comparación con la resolución aprobada en septiembre de 2014) y 16 en contra: la cuestión de fondo radica en que hay países que se oponen a toda costa a establecer acuerdos multilaterales. Mientras los 16 países en contra constituyen 8.29% de los votos en la Asamblea General de la ONU, suman en cambio 45.73 puntos porcentuales en el FMI, una proporción 5.51 veces mayor.
En conclusión, la iniciativa del G-77 + China cobra fuerza pese a la resistencia del Departamento del Tesoro. Tiene el respaldo decisivo de Rusia, Turquía, Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Kazajistán, entre otros países. El nuevo marco regulatorio sobre deuda soberana seguirá discutiéndose en por lo menos dos reuniones más, una en mayo y otra en junio o julio. Es indudable, la edificación de una nueva Arquitectura Financiera Internacional avanza a paso firme. 
http://actualidad.rt.com/opinion/ariel-noyola-rodriguez/166717-debate-internacional-deuda-soberana

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