jueves, 5 de marzo de 2026

Editorial | Prepararse no es tranquilizar: es anticipar, ejecutar y rendir cuentas

Editorial | Prepararse no es tranquilizar: es anticipar, ejecutar y rendir cuentas

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

En un contexto internacional marcado por la escalada bélica en Medio Oriente, el Gobierno dominicano ha transmitido un mensaje de preparación y calma ante eventuales repercusiones económicas. Esa postura, en principio, es pertinente: en economías abiertas y dependientes de importaciones energéticas, el riesgo no suele llegar por los titulares, sino por la factura del petróleo, los fletes, los seguros y la volatilidad financiera. Sin embargo, un país no se blinda con exhortaciones; se protege con planes verificables, medidas oportunas y una comunicación que informe sin generar pánico. 

El conflicto, según reportes internacionales, ha elevado la incertidumbre sobre rutas estratégicas y sobre el abastecimiento energético global. Varias coberturas periodísticas han señalado la gravedad de la escalada y el impacto geopolítico de las operaciones militares, así como alertas sobre el Estrecho de Ormuz, una vía clave por donde transita una proporción significativa del comercio petrolero mundial. Esa sola posibilidad —cierre formal o “cierre de facto” por riesgo y costos de seguro— introduce una prima inmediata de riesgo en los precios.

La reacción de los mercados ya ofrece un anticipo del “primer golpe” que suelen recibir países importadores netos de hidrocarburos: el alza del crudo. En los últimos días se han reportado incrementos del Brent y del WTI asociados a la intensificación del conflicto y a la disrupción de rutas marítimas, con movimientos que reflejan nerviosismo global. A la República Dominicana esto le importa no por curiosidad financiera, sino porque el precio del petróleo se filtra en cadena hacia transporte, alimentos, electricidad, manufactura y expectativas inflacionarias. 

En ese escenario, la primera obligación del Estado es convertir la previsión en herramientas concretas de mitigación. Hay un precedente inmediato que muestra capacidad de intervención: la política de subsidios para contener variaciones de combustibles esenciales. Para la semana del 28 de febrero al 6 de marzo de 2026, se informó de un subsidio de RD$188 millones con el objetivo de mantener estables varios derivados de alto consumo, precisamente para amortiguar el traspaso de choques externos al bolsillo y a los costos de producción. Este tipo de medidas, bien calibradas y temporalmente acotadas, pueden comprar tiempo mientras se define la magnitud real del shock.

Ahora bien, el subsidio por sí solo no es una estrategia: es un “colchón” fiscal que se vuelve costoso si el conflicto se prolonga o si el crudo se dispara. En momentos así, la discusión madura debe ir más allá del “se puede” y entrar en el “cómo”: ¿se tiene un esquema de cobertura (hedging) más robusto para amortiguar picos de precios? ¿se prioriza un subsidio focalizado que proteja a los más vulnerables y al transporte público sin distorsionar señales de consumo? ¿existe un plan de ajuste gradual para evitar que el Estado quede atrapado en una factura insostenible? Estas preguntas no buscan criticar por criticar; buscan evitar que la estabilidad de hoy se pague con tensiones fiscales mañana. 

La segunda obligación del Gobierno es fortalecer la coordinación técnica. Se ha dicho que existe planificación y monitoreo para evaluar impactos económicos, y ese enfoque es el correcto: la incertidumbre no se enfrenta con intuición, sino con seguimiento diario de variables críticas (precio del crudo, fletes, primas de seguro, tipo de cambio, inventarios, expectativas). Pero esa planificación debe traducirse en un tablero de control público, aunque sea simplificado, que permita a ciudadanía y sectores productivos entender el escenario y prepararse. Transparencia no es revelar lo sensible; es compartir lo necesario para sostener confianza. 

La tercera obligación es cuidar el “frente interno” con medidas que reduzcan vulnerabilidades estructurales. Un shock externo se vuelve crisis doméstica cuando coincide con debilidades internas: pérdidas eléctricas altas, ineficiencias logísticas, informalidad en cadenas de distribución y baja resiliencia productiva. En este punto, la respuesta pública debe integrar acciones inmediatas (contención de precios críticos, vigilancia de prácticas especulativas, apoyo temporal a sectores más expuestos) con acciones de mediano plazo (eficiencia energética, diversificación de matriz, reducción de pérdidas en distribución, promoción de movilidad más eficiente). Preparación real es usar la crisis como catalizador de reformas, no como excusa para la improvisación.

También hay un componente de comunicación que no se puede subestimar. Pedir calma puede ser útil para evitar compras nerviosas o expectativas desbordadas, pero la calma se sostiene con información consistente: qué escenarios se contemplan, qué medidas se activan en cada escenario, cómo se protegerá el poder adquisitivo y qué señales debe observar la población. Cuando el Estado comunica con datos, reduce el ruido; cuando comunica con generalidades, deja espacio al rumor. Por eso, lo responsable no es solo tranquilizar, sino explicar, educar y actualizar con periodicidad.

En síntesis: la preparación del Gobierno dominicano frente a los impactos de la guerra no debe medirse por la serenidad del discurso, sino por la eficacia de su ejecución. Hoy, el país necesita tres garantías: una estrategia energética-fiscal que amortigüe el choque sin comprometer las finanzas públicas; una gestión técnica que monitoree riesgos y anticipe decisiones; y una política social inteligente que proteja a los más vulnerables sin generar distorsiones permanentes. Si esas piezas se alinean, la República Dominicana puede atravesar la tormenta con estabilidad. Si no, la factura terminará aterrizando —como siempre— en el costo de vida de la gente. 

Presidente recibe al destacado estudiante Hensel Aquino García, apodado “Pico de Oro” por su elocuencia y seguridad al expresarse

Presidente recibe al destacado estudiante Hensel Aquino García, apodado “Pico de Oro” por su elocuencia y seguridad al expresarse

Santo Domingo, 5 de marzo de 2026.– En un gesto de reconocimiento al talento y la determinación de la juventud dominicana, el presidente Luis Abinader recibió este jueves al estudiante de 13 años Hensel Aquino García, a quien el mandatario bautizó como “Pico de Oro” por su notable elocuencia y seguridad al expresarse.

Durante el encuentro celebrado en el Salón Privado del Palacio Nacional, el jefe de Estado estuvo acompañado de la primera dama Raquel Arbaje, con quien conversó con el joven sobre sus aspiraciones académicas y la situación de su centro educativo.

El presidente Abinader valoró la determinación y claridad del joven al expresar sus metas y lo motivó a continuar esforzándose en sus estudios, destacando la importancia de la educación, la disciplina y la preparación para contribuir al progreso del país.

Asimismo, el mandatario destacó que jóvenes como Hensel representan el talento y el potencial de la juventud dominicana cuando cuentan con el respaldo de su familia y su formación educativa, y lo exhortó a continuar preparándose y desarrollando sus capacidades.

Durante la conversación, Hensel Aquino García expresó su interés de continuar sus estudios superiores en las áreas de Relaciones Internacionales y Derecho, con el propósito de aportar desde su formación académica al desarrollo de la sociedad dominicana.

El joven, quien cursa el segundo de bachillerato en la Escuela Felicia Cuesta Díaz, ubicada en la comunidad de Básima, municipio de Villa Altagracia, provincia San Cristóbal, estuvo acompañado de sus padres, Jenrry Aquino Caraballo y Estela Margarita García, así como de su hermano gemelo, Hendel Aquino García, durante el encuentro, lo que reflejó el respaldo familiar en este importante momento.

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Editorial | “Pico de Oro”: cuando el talento juvenil obliga a mirar la escuela que lo formó

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Que un estudiante de 13 años, con claridad de ideas y confianza al hablar, llegue al Palacio Nacional y se convierta en símbolo público de superación no es un hecho menor. La recepción de Hensel Aquino García —apodado “Pico de Oro” por su elocuencia— coloca en primer plano una verdad que a veces la rutina nacional opaca: la República Dominicana tiene talento joven de sobra, pero ese talento necesita condiciones, acompañamiento y oportunidades para no quedarse en una anécdota.

Más allá del gesto protocolar, la escena contiene un mensaje potente: la palabra también es mérito. En un país donde el reconocimiento suele concentrarse en el deporte, el espectáculo o la coyuntura política, distinguir a un adolescente por su capacidad de expresarse con seguridad y por sus aspiraciones académicas —Relaciones Internacionales y Derecho— resalta una dimensión esencial del desarrollo: la formación de ciudadanía. Hablar bien no es vanidad; es una herramienta de liderazgo, de negociación, de defensa de derechos, de construcción de consensos y de resolución de conflictos. En sociedades complejas, saber argumentar y escuchar es tan determinante como saber calcular.

Sin embargo, todo reconocimiento público plantea una pregunta inevitable: ¿qué viene después? El país no necesita únicamente historias inspiradoras; necesita convertirlas en políticas consistentes. Hensel estudia en la Escuela Felicia Cuesta Díaz, en Básima, Villa Altagracia. Al mencionar el centro educativo y la “situación” de su escuela, el encuentro revela otra realidad: el mérito individual muchas veces florece a pesar de las limitaciones estructurales. Y ahí está la oportunidad: que el foco no se quede en el aplauso, sino que ilumine los desafíos cotidianos de miles de planteles que requieren mantenimiento, equipamiento, conectividad, bibliotecas funcionales, clubes de debate, orientación vocacional y condiciones mínimas para aprender con dignidad.

Este caso también confirma el valor del entorno familiar. La presencia de sus padres y de su hermano gemelo no es un detalle decorativo; es un recordatorio de que los logros escolares suelen ser una construcción compartida. Cuando la familia acompaña, el estudiante persevera; cuando la escuela sostiene, el estudiante crece; cuando el Estado amplía oportunidades, el estudiante trasciende. El desarrollo humano ocurre en esa alianza. Por eso, el reconocimiento debe ir acompañado de un compromiso: respaldar a la familia y a la comunidad educativa para que la historia de Hensel no sea una excepción, sino un espejo donde se miren muchos.

Ahora bien, la elocuencia puede ser un don, pero también puede —y debe— ser una competencia enseñable. En el sistema educativo, la oratoria, la lectura crítica y la escritura argumentativa todavía no ocupan el lugar estratégico que merecen. La escuela dominicana necesita fortalecer la cultura del debate respetuoso, la exposición oral, la comprensión lectora, la investigación y la presentación de ideas con rigor. No solo para formar futuros abogados o diplomáticos, sino para formar ciudadanos capaces de participar con inteligencia en los asuntos públicos, defender la legalidad y enfrentar la desinformación. En tiempos donde el ruido compite con los hechos, educar la palabra es educar la democracia.

En ese sentido, el apodo “Pico de Oro” funciona como metáfora: el país está urgido de “oro cívico”, es decir, de valores públicos que no se improvisan: disciplina, preparación, responsabilidad y ética. La admiración por un joven que habla con seguridad debe empujar a la sociedad a preguntarse cuánto estamos invirtiendo en bibliotecas escolares, en talleres de lectura, en formación docente, en programas de liderazgo estudiantil y en plataformas para que la voz juvenil se escuche en su comunidad. Porque el verdadero mérito de una nación no se mide por un evento puntual, sino por la frecuencia con que los talentos emergen y por la facilidad con que pueden avanzar.

Hay, además, una dimensión de equidad que no debe ignorarse. Cuando un estudiante de una comunidad específica logra visibilidad nacional, surge el reto de no centralizar el reconocimiento en unos pocos. La política pública debe ampliar el radio: más concursos regionales de debate y oratoria, más ferias científicas, más olimpiadas de lectura y escritura, más acompañamiento psicológico y vocacional, más becas de mérito, y más seguimiento a trayectorias educativas prometedoras. En otras palabras, que la excelencia sea una avenida con muchos carriles, no una calle angosta reservada a quienes logran “romper el techo” por su cuenta.

El país tiene aquí una oportunidad simbólica y práctica. Simbólica, porque eleva el valor del estudio y del esfuerzo. Práctica, porque permite abrir una conversación concreta sobre cómo mejorar la escuela: infraestructura, calidad docente, recursos pedagógicos y programas extracurriculares que desarrollen habilidades blandas y competencias comunicativas. Reconocer a un estudiante es positivo; crear condiciones para miles es transformador.

Al final, lo más importante del episodio no es la foto ni el salón donde ocurrió. Lo más importante es que un adolescente haya podido decir con claridad quién quiere ser y cómo quiere servir. Esa claridad es un activo nacional. Cuidémosla. Y sobre todo, no la dejemos sola.

Que “Pico de Oro” sea inspiración, sí; pero que también sea compromiso: con su escuela, con su comunidad y con cada aula del país donde hoy hay una voz joven esperando una oportunidad para brillar.

República Dominicana en PDAC 2026: minería, inversión y una ventana estratégica hacia el futuro


Opinión | República Dominicana en PDAC 2026: minería, inversión y una ventana estratégica hacia el futuro |

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La participación de la República Dominicana en la convención minera PDAC 2026, celebrada en Toronto, Canadá, marca un punto de inflexión en la proyección internacional de su sector minero. No se trata únicamente de presencia institucional en el principal escenario global de la minería, sino de una señal clara de que el país busca consolidarse como un destino confiable, competitivo y alineado con los más altos estándares internacionales de inversión, sostenibilidad y gobernanza.

Los datos hablan por sí solos. En 2025, la inversión extranjera directa (IED) en minería creció en torno a un 775 %, según cifras del Banco Central, superando los USD 337 millones. Este salto cuantitativo no es casual: responde a un entorno macroeconómico estable, a un marco jurídico más predecible y a una estrategia deliberada de promoción internacional que ha encontrado en Canadá —potencia minera global— un socio natural.

La presencia dominicana en PDAC 2026, encabezada por una misión multisectorial que integró actores públicos, privados y académicos, refleja una visión moderna de la política minera: la de un ecosistema donde convergen inversión, conocimiento, innovación tecnológica y responsabilidad social. En ese contexto, el rol de ProDominicana como plataforma de atracción de capitales y facilitación de negocios resulta clave para traducir el interés internacional en proyectos concretos y sostenibles.

Más allá de la narrativa institucional, los resultados económicos refuerzan el argumento. El sector minero alcanzó en 2025 exportaciones récord superiores a USD 2,590 millones, con un crecimiento interanual del 52 %, representando más del 18 % de las exportaciones nacionales de bienes. Oro, plata y otros minerales continúan siendo pilares de esta dinámica, contribuyendo de manera significativa a la generación de divisas y al equilibrio de la balanza comercial.

El vínculo con Canadá merece una lectura estratégica. Las exportaciones dominicanas hacia ese país superaron los USD 757 millones, de los cuales cerca del 90 % correspondieron a productos mineros. En paralelo, la inversión canadiense acumulada entre 2019 y 2025 ronda los USD 2,000 millones, posicionando a Canadá como el tercer mayor inversor en la economía dominicana. Esta relación no solo es comercial o financiera: es también tecnológica, normativa y cultural, especialmente en lo relativo a estándares de minería responsable.

En ese sentido, los acercamientos con organizaciones como la Mining Association of Canada (MAC) y su programa Towards Sustainable Mining abren una oportunidad relevante para fortalecer prácticas de transparencia, gestión ambiental y relacionamiento comunitario. Para un país con una riqueza geológica diversa pero socialmente sensible, adoptar y adaptar estos estándares no es un lujo reputacional, sino una necesidad estratégica.

Un capítulo aparte merece el larimar, piedra semipreciosa única en el mundo y símbolo de identidad nacional. El aumento de sus exportaciones —más de 291 mil libras en 2025, triplicando el volumen del año anterior— y el hecho de que aproximadamente el 50 % se procese localmente en joyería, apuntan a un camino correcto: agregar valor en origen, generar empleo creativo y conectar minería con industrias culturales y turísticas. El gesto simbólico de donar piezas de larimar a una institución científica canadiense refuerza esa narrativa de identidad, ciencia y economía.

Sin embargo, el desafío está lejos de concluir. El crecimiento acelerado de la inversión minera exige fortalecer la institucionalidad, la fiscalización ambiental, la participación comunitaria y la formación de capital humano especializado. La sostenibilidad no puede quedarse en el discurso internacional; debe traducirse en beneficios tangibles para las comunidades, en encadenamientos productivos locales y en una gestión transparente de los recursos.

PDAC 2026 deja, en definitiva, una lección clara: la minería dominicana ha entrado en una nueva fase de visibilidad y atractivo global. La tarea ahora es convertir ese interés en desarrollo inclusivo, innovación y confianza a largo plazo. Si el país logra equilibrar crecimiento económico, responsabilidad social y valor agregado local, la minería puede consolidarse no solo como un motor de exportaciones, sino como un pilar estratégico del desarrollo nacional en el siglo XXI. / @LuisOrlandoDia1 @GUASABARAeditor
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🌎⛏️ Opinión | República Dominicana en PDAC 2026: minería, inversión y una ventana estratégica hacia el futuro

La participación de la 🇩🇴 República Dominicana en PDAC 2026, en Toronto 🇨🇦, marca un antes y un después para el sector minero nacional. No es solo presencia institucional en la principal convención minera del mundo, sino una señal clara de que el país apuesta por una minería confiable, competitiva y alineada con estándares internacionales de inversión, sostenibilidad y gobernanza.

📊 Los números respaldan el mensaje:
✅ En 2025, la IED en minería creció un 775 %, superando los USD 337 millones.
✅ Las exportaciones mineras alcanzaron un récord de USD 2,590 millones, representando más del 18 % de las exportaciones nacionales.

🤝 Canadá emerge como socio estratégico:
🔹 Más de USD 757 millones en exportaciones dominicanas, 90 % mineras.
🔹 Cerca de USD 2,000 millones en inversión canadiense acumulada (2019–2025).
🔹 Cooperación en minería responsable, tecnología y estándares ambientales.

💎 El larimar, piedra única en el mundo y símbolo nacional, también gana protagonismo:
📈 Exportaciones triplicadas en 2025.
👩‍🎨 50 % procesado localmente en joyería, generando valor agregado y empleo creativo.

⚠️ El reto ahora es claro:
Fortalecer la institucionalidad, la fiscalización ambiental y la participación comunitaria para que la sostenibilidad pase del discurso a los beneficios reales.

🔎 PDAC 2026 confirma que la minería dominicana entra en una nueva etapa de visibilidad global. Convertir ese interés en desarrollo inclusivo y confianza a largo plazo será la clave del éxito.

✍️ Por Luis Orlando Díaz Vólquez
📲 @LuisOrlandoDia1 | @GUASABARAeditor

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El presidente del Indotel y de Regulatel destacó el rol arbitral del regulador, la defensa del usuario, la competencia efectiva y la modernización del marco normativo dominicano

5 de marzo de 2026 

Barcelona, España. – El presidente del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel), Guido Gómez Mazara, resaltó la necesidad de fortalecer el rol arbitral de los órganos reguladores, garantizar la competencia efectiva y colocar la protección del usuario en el centro de la política pública, durante su participación en la Asociación Interamericana de Empresas de Telecomunicaciones (Asiet) celebrada en Barcelona. 

En su condición de presidente del Foro Latinoamericano de Entes Reguladores de Telecomunicaciones (Regulatel), Gómez Mazara encabezó el diálogo regional sobre la evolución de los entes reguladores en América Latina, destacando que el contexto actual obliga a superar la concepción tradicional de un regulador pasivo y avanzar hacia un modelo más dinámico, que funcione como puente de entendimiento entre todos los actores del ecosistema digital.

El funcionario subrayó que la protección del usuario constituye un principio irrenunciable en la experiencia dominicana, y aseguró que toda política regulatoria debe orientarse a resguardar derechos, promover la calidad de los servicios y fortalecer la confianza ciudadana en el sistema.

Asimismo, resaltó la importancia de preservar la armonía entre los distintos actores (Estado, empresas y usuarios) como base para consolidar un entorno sostenible e innovador. En ese sentido, defendió la competencia como motor de eficiencia y crecimiento, advirtiendo que sin reglas claras y supervisión efectiva no es posible garantizar mercados justos.

Durante su intervención, compartió además los avances de República Dominicana en materia de impulso a las habilidades digitales, destacando que el rol del regulador también implica acompañar los procesos de transformación tecnológica con una visión inclusiva, que contribuya al cierre de brechas y al fortalecimiento del capital humano.

Gómez Mazara se refirió igualmente a las perspectivas de modernización del marco normativo de las telecomunicaciones en el país, indicando que la nueva legislación en discusión busca responder a los desafíos de la convergencia tecnológica, robustecer la seguridad jurídica y consolidar mecanismos más eficaces de protección al usuario.

Asimismo, valoró estos espacios multilaterales como escenarios fundamentales para intercambiar experiencias y construir consensos regionales en torno a una regulación moderna, equilibrada y orientada al desarrollo. 

Gómez Mazara extendió la invitación para que República Dominicana pueda acoger futuras cumbres regulatorias, reafirmando la disposición del país de continuar impulsando el diálogo y la cooperación en el sector.