Petróleo en vilo, República Dominicana en alerta
La nueva escalada geopolítica en Medio Oriente ha vuelto a colocar al petróleo en el centro de la incertidumbre global, pero para la República Dominicana el desafío no se limita al alza coyuntural del barril: obliga también a mirar con más atención la estrategia de Estado que se está construyendo para asegurar suministro, ampliar márgenes de negociación y reducir la vulnerabilidad de una economía que todavía depende de los hidrocarburos para mover transporte, industria, comercio y buena parte de su aparato productivo.
Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
La tensión entre Estados Unidos e Irán volvió a empujar el Brent y el WTI a una zona de alta sensibilidad, alimentada por el riesgo militar en el Golfo, la fragilidad del estrecho de Ormuz y la caída de inventarios de crudo en Estados Unidos. En un contexto así, el precio del petróleo deja de ser una simple referencia de mercado y se convierte en un multiplicador de costos para todas las economías importadoras de energía. La dominicana, por supuesto, figura entre ellas. Lo que ocurre en el Golfo Pérsico termina sintiéndose aquí en las estaciones de combustible, en la tarifa del transporte, en la logística de importación, en el costo de los alimentos y, finalmente, en la inflación que pagan las familias.
El Banco Central ya había advertido este año que cada dólar adicional en el precio del petróleo eleva en alrededor de US$63.4 millones la factura petrolera nacional, y el propio informe del IPC de abril de 2026 confirmó que el encarecimiento de los combustibles incidió en una inflación interanual de 5.11 %, con el grupo transporte como uno de los principales focos de presión. Es decir, el impacto ya no es hipotético. Cuando el crudo escala, la economía dominicana lo absorbe por múltiples canales: por la balanza de pagos, por el costo fiscal de los subsidios, por la cadena logística y por el deterioro del poder adquisitivo.
Sin embargo, sería incompleto analizar esta coyuntura sin reconocer que el Gobierno dominicano no ha permanecido inmóvil ante esa vulnerabilidad estructural. En paralelo a las medidas de corto plazo —como los subsidios focalizados a los combustibles para amortiguar el golpe a los hogares—, la administración del presidente Luis Abinader ha venido desarrollando una estrategia de más largo alcance con dos países que hoy son centrales en el nuevo mapa energético del Caribe y del norte de Suramérica: Guyana y Surinam. Esa dimensión diplomática y económica merece ser leída no como un gesto circunstancial, sino como un intento de convertir la política exterior en una herramienta concreta de seguridad energética.
El caso de Guyana es, sin dudas, el más avanzado y el más concreto. El 14 de mayo de 2026, ambos gobiernos firmaron un contrato para la exploración, desarrollo y eventual producción de petróleo o gas natural en el bloque Berbice, en territorio guyanés, con participación de Refidomsa en representación del Estado dominicano. El modelo acordado garantiza a la República Dominicana un 10 % de participación accionaria sin inversión directa de capital, y, en caso de hallazgos comerciales, el país tendría acceso a crudo o gas natural en condiciones preferenciales. Ese paso no surgió de la nada: se deriva del memorando firmado en agosto de 2023 y de un grupo de trabajo binacional que ha venido construyendo una ruta técnica y política para insertar al país en proyectos energéticos fuera de su territorio.
La relevancia de ese acuerdo con Guyana va mucho más allá del simbolismo. Lo que está en juego es la posibilidad de que la República Dominicana deje de ser únicamente un comprador expuesto al precio internacional y se coloque, aunque sea de manera parcial, en una posición más ventajosa dentro de la cadena de suministro. El presidente Abinader había explicado ya en febrero de 2025, durante la Conferencia de Energía y Expo sobre la Cadena de Suministro en Guyana, que la agenda bilateral incluía no solo la asignación del bloque Berbice, sino también el estudio de una planta petroquímica de urea y la evaluación de alternativas para una refinería de petróleo, dos proyectos concebidos dentro de una lógica más amplia de seguridad energética, seguridad alimentaria e integración productiva regional. En otras palabras, el vínculo con Guyana apunta no solo a comprar petróleo, sino a construir una plataforma de acceso, procesamiento y encadenamiento industrial que fortalezca la resiliencia dominicana frente a choques externos.
Con Surinam, el proceso es distinto, más gradual, pero igualmente significativo. Ya desde octubre de 2023, la República Dominicana y Surinam suscribieron un memorando de entendimiento específico entre sus ministerios competentes para cooperar en el campo de la industria de los hidrocarburos, con el objetivo de desarrollar capacidades, intercambiar conocimientos, compartir información científica, técnica y tecnológica, y fortalecer la integración energética regional bajo criterios de beneficio mutuo y reducción de costos. Ese instrumento sigue vigente y establece una base institucional que no debe subestimarse: no garantiza de inmediato barriles ni descuentos, pero sí abre un canal formal para explorar negocios, transferencia de experiencia y futuras alianzas en un país que ha ganado peso creciente en el mapa petrolero regional.
Durante 2026, esa relación con Surinam ha entrado en una nueva fase. En abril, el ministro de Energía y Minas, Joel Santos, y el canciller surinamés, Melvin Bouva, abordaron oportunidades concretas de cooperación en exploración de petróleo y gas, así como sinergias en proyectos energéticos y mineros. Y apenas el 1 de junio, durante la visita oficial de la presidenta Jennifer Geerlings-Simons a Santo Domingo, ambos gobiernos firmaron nuevos instrumentos para ampliar la cooperación bilateral, mientras el propio presidente Abinader expresó interés en el proceso de exploración y explotación de hidrocarburos en Surinam, un país al que varios reportes atribuyen descubrimientos de entre 4,000 y 6,000 millones de barriles. Lo responsable aquí es ser precisos: todavía no existe con Surinam un contrato equivalente al de Guyana, pero sí una política deliberada de aproximación temprana a una potencia emergente en hidrocarburos, con valor estratégico para el abastecimiento futuro y la diversificación de socios.
Visto en conjunto, Guyana y Surinam representan dos carriles de una misma política. Guyana ofrece hoy una vía más tangible hacia suministro preferencial y eventual participación en producción; Surinam, en cambio, ofrece una ventana de posicionamiento diplomático, cooperación técnica y posible inserción temprana en otro polo petrolero del Caribe ampliado. Para la República Dominicana, que importa la mayor parte de los hidrocarburos que consume, esa estrategia no elimina la exposición al mercado internacional, pero sí puede mejorar la capacidad de negociación, diversificar riesgos, reducir dependencia de intermediarios y preparar condiciones para una economía menos frágil frente a futuras crisis energéticas. Esa es, justamente, la diferencia entre administrar una coyuntura y construir una política de Estado.
Naturalmente, esta apuesta no sustituye la urgencia de seguir fortaleciendo la transición energética interna. El propio Ministerio de Energía y Minas ha destacado que las renovables ya superan el 25 % de la generación eléctrica del sistema, un avance importante para una matriz más limpia y resiliente. Pero en el corto y mediano plazo, la economía dominicana seguirá dependiendo del petróleo y sus derivados; por eso la combinación correcta no es escoger entre hidrocarburos o transición, sino avanzar en ambas direcciones al mismo tiempo: asegurar fuentes externas más estables y estratégicas, mientras se acelera la reducción gradual de la dependencia estructural. En tiempos de volatilidad geopolítica, la soberanía energética no se improvisa: se diseña con diplomacia, inversión, previsión y visión regional.
La lección de esta crisis es clara. Cuando el barril sube por una guerra lejana, la República Dominicana no puede limitarse a reaccionar con subsidios, por necesarios que sean. Debe también consolidar una arquitectura de seguridad energética capaz de amortiguar futuras sacudidas. En ese sentido, la ofensiva de entendimiento con Guyana y Surinam revela una señal positiva: el país empieza a pensar su vulnerabilidad petrolera no solo como un problema de precios, sino como un desafío geopolítico, logístico y estratégico. Si esa ruta se sostiene con seriedad, disciplina técnica y continuidad institucional, podría convertirse en uno de los movimientos más importantes para aliviar y hacer más resiliente la economía dominicana en una década marcada, precisamente, por la incertidumbre energética global./
oooooSobre el autor, Luis Orlando Díaz Vólquez, es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación.
Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.
Palabras clave:
⛽🌍 Cuando sube el petróleo, también sube la presión sobre economías importadoras como la de República Dominicana.
La nueva escalada entre Estados Unidos e Irán ha vuelto a tensionar el mercado energético internacional, empujando al Brent y al WTI hacia niveles cercanos a los US$98 y US$96 por barril, respectivamente. [oilprice.com], [tradingeconomics.com]
📈 Para nuestro país, esto no es una noticia lejana: el alza del crudo impacta la inflación, el transporte, la logística, los subsidios públicos y el costo de vida. El Banco Central ha advertido que cada dólar adicional en el precio del petróleo aumenta en unos US$63.4 millones la factura petrolera nacional, mientras la inflación interanual de abril se ubicó en 5.11 %, impulsada en parte por el encarecimiento de los combustibles. [prensa-latina.cu], [cdn.bancen...ral.gov.do]
🇩🇴 La República Dominicana necesita seguir actuando con visión estratégica: proteger a los hogares, preservar la estabilidad macroeconómica y acelerar la diversificación energética. En tiempos de crisis global, anticiparse también es gobernar. [presidencia.gob.do], [bancentral.gov.do]
Luis Orlando Díaz Vólquez
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