viernes, 31 de julio de 2026

Competitividad con cabeza fría: la apuesta dominicana ante el nuevo tablero comercial

Competitividad con cabeza fría ante el nuevo tablero comercial

La República Dominicana enfrenta una coyuntura arancelaria sensible con Estados Unidos, pero la respuesta no puede ser la improvisación ni el populismo comercial. En momentos así, la soberanía no se demuestra con estridencias, sino con inteligencia estratégica, capacidad de negociación y defensa serena del interés nacional.

La afirmación del minis
tro de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón, de que el país “va a terminar muy bien, sin perder un ápice de competitividad”, debe leerse como una señal política relevante. No se trata de minimizar el desafío, sino de encuadrarlo correctamente. Estados Unidos ha impuesto un nuevo arancel de 12.5 % vinculado a exigencias sobre protocolos contra mercancías asociadas al trabajo forzoso. Frente a esa realidad, la República Dominicana no puede responder con reflejos emocionales ni con discursos de ruptura que terminen dañando más al país que a su contraparte.

Estados Unidos no es un socio comercial cualquiera. Es destino clave de nuestras exportaciones, principal emisor de turistas, hogar de una parte decisiva de la diáspora dominicana y fuente fundamental de remesas. Por eso, la relación bilateral debe manejarse con firmeza, pero también con prudencia. La reciprocidad arancelaria puede sonar atractiva en la tribuna, pero aplicada sin cálculo podría afectar importaciones, costos, empleos, inversión y estabilidad. En comercio internacional, no siempre gana quien más grita; gana quien mejor documenta, negocia, corrige y genera confianza.

La competitividad dominicana no ha sido destruida por esta coyuntura. Las exportaciones mantienen dinamismo y una parte importante de los productos enviados a Estados Unidos queda amortiguada por la matriz exportadora y por las condiciones del DR-Cafta. Pero sería un error confundir resiliencia con garantía permanente. El mundo cambió. Hoy el comercio global exige trazabilidad, cumplimiento laboral, seguridad aduanera, sostenibilidad, certificaciones, origen verificable y cadenas de suministro transparentes. Exportar más ya no basta; hay que exportar mejor.

En ese sentido, el Decreto 502-26 debe entenderse como una respuesta necesaria y estratégica. Al fortalecer las facultades de la Dirección General de Aduanas para prevenir, identificar y restringir mercancías vinculadas al trabajo forzoso, el país no solo responde a una presión externa. También actualiza su marco institucional frente a las nuevas reglas del comercio internacional. La lucha contra el trabajo forzoso no debe verse como una concesión a Washington, sino como parte de una política nacional de reputación, comercio responsable y defensa de la producción formal.

La DGA queda colocada en el centro de esta coyuntura. Aduanas ya no es solo una institución recaudadora. Hoy certifica confianza, controla riesgos, verifica cadenas de suministro, facilita comercio seguro y proyecta credibilidad internacional. Cada contenedor, cada certificado y cada proceso aduanero deben hablar el idioma de la transparencia. Si la DGA actúa con rigor técnico, debido proceso y coordinación interinstitucional, fortalecerá la posición dominicana en la negociación con Estados Unidos y en la competencia regional por inversión.

Pero la agenda no termina en el arancel. La República Dominicana debe convertir esta presión en oportunidad. El nearshoring abre una ventana histórica para atraer empresas que buscan producir más cerca de Estados Unidos. Sin embargo, estar cerca de Miami no basta. El país necesita energía competitiva, puertos eficientes, aduanas modernas, seguridad jurídica, talento técnico, financiamiento productivo y una política industrial más sofisticada. Deben priorizarse sectores como dispositivos médicos, farmacéutica, agroindustria, servicios globales, manufactura avanzada, logística de valor agregado, electrónica ligera y tecnologías de información.

La reforma de la Ley de Hidrocarburos también forma parte de esta discusión. No hay competitividad sostenible con una matriz energética vulnerable y dependiente de un mercado petrolero que el país no controla. Modernizar esa legislación, diversificar la matriz, impulsar renovables, fortalecer transmisión, promover almacenamiento y mejorar eficiencia energética no son temas secundarios. Son condiciones básicas para atraer inversión, sostener zonas francas, apoyar mipymes y competir en cadenas globales.

La frase “vamos a terminar bien” debe asumirse como compromiso, no como consigna. Terminar bien significa negociar con cabeza fría, fortalecer controles, proteger el aparato productivo, modernizar la energía, aprovechar el nearshoring y construir una doctrina nacional de competitividad. La coyuntura arancelaria pasará; lo importante será lo que quede después: una República Dominicana más confiable, más productiva y más consciente de su papel en el nuevo tablero comercial.

Luis Orlando Díaz Vólquez

Competitividad con cabeza fría: la apuesta dominicana ante el nuevo tablero comercial

La República Dominicana enfrenta una coyuntura arancelaria sensible con Estados Unidos, pero la respuesta no puede ser la improvisación ni el populismo comercial. La ruta correcta es negociar con firmeza, fortalecer los controles institucionales, proteger el aparato productivo, reformar la política energética, aprovechar el nearshoring y preservar una relación estratégica que sostiene exportaciones, turismo, remesas, inversión y estabilidad.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La afirmación del ministro de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón, de que la República Dominicana “va a terminar muy bien, sin perder un ápice de competitividad”, no debe leerse como una frase de optimismo burocrático ni como un recurso retórico para atravesar una coyuntura incómoda. Debe interpretarse como una declaración política de alto valor estratégico en medio de un tablero comercial internacional más complejo, más exigente y menos ingenuo que el de hace apenas una década. El país ha sido colocado nuevamente ante un desafío arancelario por parte de Estados Unidos, esta vez con una tasa de 12.5 % vinculada a exigencias sobre protocolos para impedir la importación de bienes asociados al trabajo forzoso, según lo reseñado por Diario Libre al abordar la entrevista del ministro en Diálogo Libre. [youtube.com]

La situación no es menor. Estados Unidos no es un socio cualquiera para la República Dominicana. Es el principal destino de una parte sustancial de nuestras exportaciones, el mayor emisor de turistas, el territorio donde reside una porción decisiva de la diáspora dominicana y la fuente de más de 10,000 millones de dólares anuales en remesas, de acuerdo con las declaraciones atribuidas al propio Sanz Lovatón en Diario Libre. Por eso, frente a una medida arancelaria de esta naturaleza, la reacción dominicana no puede ser emocional, retaliatoria ni atrapada en consignas de soberanía mal administrada. La soberanía moderna no se mide por la estridencia de la respuesta, sino por la capacidad de defender el interés nacional sin romper los puentes que sostienen la economía, el empleo, la inversión, el comercio y la estabilidad social. [youtube.com]

En ese sentido, la posición de Sanz Lovatón apunta hacia una línea de sensatez: negociar, explicar, documentar, corregir donde haya que corregir y preservar la competitividad del país. El funcionario ha sostenido que las conversaciones con Estados Unidos continúan y que la República Dominicana aspira a quedar en el renglón más bajo de la aplicación arancelaria, lo que revela una estrategia orientada a reducir daños, ganar tiempo institucional y demostrar capacidad de cumplimiento. Esa es la ruta correcta. En comercio internacional, los países que ganan no son necesariamente los que más gritan, sino los que mejor argumentan, los que más confianza generan, los que más rápido actualizan sus marcos regulatorios y los que actúan con precisión técnica, diplomática e institucional. [youtube.com]

Hay un punto esencial que no debe perderse: la competitividad dominicana no ha sido destruida por esta coyuntura. Según los datos reseñados por Diario Libre, las exportaciones dominicanas alcanzaron 7,897.8 millones de dólares en el primer semestre de 2026, para un crecimiento de 14 %, luego de cerrar 2025 con 14,374 millones de dólares y un aumento de 11.3 %. Esos números no autorizan triunfalismos, porque los riesgos existen y los costos pueden aumentar, pero sí permiten afirmar que el aparato exportador dominicano ha mostrado resiliencia. La economía nacional no está paralizada; está compitiendo en un escenario más difícil, más regulado y más condicionado por exigencias laborales, geopolíticas, ambientales, tecnológicas y aduaneras. [youtube.com]

La clave está en entender que el mundo cambió. La globalización ingenua, aquella que suponía mercados abiertos sin conflictos geopolíticos, cadenas de suministro estables y reglas uniformes para todos, quedó atrás. Hoy el comercio internacional está cruzado por tensiones entre potencias, subsidios industriales, proteccionismo selectivo, controles laborales, seguridad nacional, trazabilidad, sostenibilidad, disputas tecnológicas y reorganización de las cadenas de suministro. En ese nuevo tablero, la República Dominicana tiene que moverse con una combinación de pragmatismo y ambición. No basta con exportar más; hay que exportar mejor, con mayor valor agregado, con estándares verificables y con una institucionalidad capaz de responder a las nuevas exigencias de los mercados.

El Decreto 502-26, emitido por el Poder Ejecutivo para fortalecer el marco institucional contra el trabajo forzoso y operacionalizar facultades aduaneras sobre mercancías potencialmente vinculadas a esa práctica, debe interpretarse en esa dirección. El Poder Ejecutivo informó que el decreto establece un procedimiento administrativo para prevenir, identificar y restringir la importación de mercancías, productos y bienes producidos total o parcialmente mediante trabajo forzoso, fortaleciendo la protección de los derechos humanos y el cumplimiento de compromisos internacionales asumidos por la República Dominicana. No se trata simplemente de responder a una presión externa. Se trata de alinear a la República Dominicana con los estándares que ya definen el comercio del siglo XXI. La lucha contra el trabajo forzoso no puede ser vista como una concesión a Washington. Debe asumirse como parte de una política nacional de comercio responsable, reputación internacional y defensa de la producción formal. [noticiassin.com]

La ventaja dominicana está en que el país no parte de cero. Su posición geográfica, su cercanía con Estados Unidos, su estabilidad macroeconómica, su estructura de zonas francas, su red logística, su capacidad turística y su inserción en el DR-Cafta le otorgan una plataforma estratégica. De hecho, Sanz Lovatón explicó que casi el 40 % de los productos exportados hacia Estados Unidos está exento del arancel por la matriz exportadora diversificada y por las condiciones del DR-Cafta, lo que amortigua parcialmente el impacto de la medida. Ese dato es fundamental: el país tiene amortiguadores, pero también tiene tareas pendientes. La competitividad dominicana no puede descansar solo en ventajas heredadas; debe producir nuevas ventajas institucionales, energéticas, logísticas y productivas. [youtube.com]

La primera tarea es profundizar la trazabilidad comercial. En un mundo donde las aduanas ya no solo cobran impuestos, sino que gestionan riesgos, seguridad, origen, legalidad y reputación, República Dominicana debe acelerar la modernización de sus controles. La competitividad no puede depender únicamente de bajos costos o cercanía geográfica. Debe apoyarse en confianza institucional. Cada contenedor, cada certificado, cada proceso aduanero y cada cadena de suministro deben transmitir seguridad jurídica y transparencia. La Direccción General de Aduanas (DGA) queda colocada, por tanto, en el centro de esta coyuntura, porque el Decreto 502-26 la faculta a prohibir, mediante decisión motivada, la importación de mercancías cuando se determine que fueron producidas mediante trabajo forzoso, y también le permite adoptar medidas como reexportación, destrucción u otras acciones legalmente procedentes. [noticiassin.com], [cdn.com.do]

Eso significa que Aduanas ya no puede verse únicamente como una institución recaudadora. En este nuevo contexto, la DGA certifica confianza. Su papel es garantizar trazabilidad, controlar riesgos, verificar cadenas de suministro, coordinar con el Ministerio de Trabajo, el Ministerio Público, el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX) y otras entidades competentes, e intercambiar información con organismos y autoridades extranjeras. La Presidencia ha señalado que el decreto promueve la cooperación internacional, el intercambio de información y la adopción de buenas prácticas para identificar mercancías potencialmente producidas mediante trabajo forzoso. Esa dimensión convierte a la DGA en un actor de diplomacia económica, no solo de administración aduanera. [noticiassin.com]

La segunda tarea es proteger el aparato productivo dominicano sin caer en proteccionismos torpes. Sanz Lovatón ha sido claro al señalar que el comercio chino representa un desafío por la política de subsidios industriales de la República Popular China y por la inundación de productos que compiten en condiciones desiguales con economías occidentales, según lo reseñado por Diario Libre. Esa preocupación no es aislada. El propio ministro explicó que economías como Estados Unidos y bloques como la Unión Europea han impulsado aranceles y prohibiciones frente a exportaciones de origen chino. La República Dominicana tiene derecho a defender su industria, su comercio formal y su seguridad estratégica. Pero esa defensa debe hacerse con reglas claras, evidencia técnica, debido proceso, respeto a los compromisos internacionales y una visión moderna de defensa comercial. [youtube.com] [youtube.com]

La tercera tarea es convertir la coyuntura en oportunidad. Revista Mercado destaca que Sanz Lovatón ve en la reorganización de las cadenas globales de suministro una ventana para que el país capte inversiones mediante esquemas de nearshoring, apoyado en estabilidad económica, ubicación estratégica, infraestructura logística, fortalecimiento institucional y cercanía con el mercado estadounidense. Esa es quizás la dimensión más importante del debate. El problema arancelario no debe absorber toda la agenda. La verdadera pregunta es cómo la República Dominicana puede usar este momento para consolidarse como hub regional de manufactura, logística, comercio y servicios de valor agregado. [youtube.com]

El nearshoring representa una oportunidad histórica, pero no una garantía automática. República Dominicana tiene ventajas evidentes: cercanía con Estados Unidos, régimen de zonas francas, conectividad marítima y aérea, estabilidad macroeconómica, experiencia exportadora y una institucionalidad comercial que ha venido modernizándose. Pero también enfrenta competencia de México, Costa Rica, Panamá, Colombia, Guatemala y otros países que buscan atraer empresas interesadas en acercar producción a los mercados de consumo de Norteamérica. Diario Libre reseñó que el país tiene la ubicación para aprovechar el nearshoring, pero necesita mejorar indicadores clave como desempeño logístico, desarrollo financiero, Estado de derecho, estabilidad política, derecho de propiedad, capital humano e infraestructura energética. Esa advertencia es crucial: estar cerca de Miami no basta; hay que ser confiable, eficiente, productivo y competitivo. [presidencia.gob.do]

¿Qué sectores deben priorizarse? La República Dominicana debe apostar por aquellos donde ya tiene base instalada, reputación exportadora y posibilidad de escalar hacia mayor valor agregado. Los dispositivos médicos deben ocupar un lugar central, porque el país ha construido capacidades en zonas francas y puede integrarse a cadenas de suministro de salud con alta demanda global. La farmacéutica debe ser otro sector prioritario, siempre que se fortalezcan laboratorios, certificaciones, regulación sanitaria, talento técnico y estándares internacionales. La electrónica ligera, los componentes eléctricos, los empaques especializados, los textiles técnicos, el calzado especializado, la agroindustria de exportación, los servicios globales, las tecnologías de información, la logística de valor agregado, los centros de distribución regional y ciertos eslabones complementarios de semiconductores pueden convertirse en áreas estratégicas. Diario Libre ha destacado que las zonas francas dominicanas representan más del 60 % de las exportaciones nacionales, generan más de 200,000 empleos directos y cuentan con más de 98 parques, lo que ofrece una plataforma concreta para atraer inversiones vinculadas al nearshoring. [presidencia.gob.do]

No todos los sectores tienen el mismo impacto. El país debe evitar una visión limitada del nearshoring como simple relocalización de ensamblaje barato. La apuesta correcta es atraer industrias que transfieran tecnología, demanden suplidores locales, generen empleos formales de mejor remuneración, fortalezcan capacidades técnicas y eleven la sofisticación exportadora. Un nearshoring sin encadenamientos locales puede aumentar las exportaciones, pero no transformar profundamente la economía. Por eso, las mipymes dominicanas deben ser parte de la estrategia. El MICM tiene que preparar empresas locales para convertirse en proveedoras de empaques, piezas, mantenimiento, software, logística, alimentos, servicios técnicos, uniformes, soluciones digitales y soporte operativo para las multinacionales que se instalen en el país.

La cuarta tarea es energética. Sanz Lovatón ha planteado la necesidad de reformar la Ley de Hidrocarburos 112-00, una legislación con más de dos décadas de vigencia que regula, entre otros aspectos, el mecanismo mediante el cual el MICM ajusta y emite semanalmente los precios de paridad de los combustibles. Diversos medios han reseñado que el ministro ha dicho “tenemos que revisar esa ley, tenemos que reformarla”, y que la República Dominicana debe avanzar hacia una matriz con mayor participación de energías renovables para ser menos dependiente de un mercado petrolero internacional sobre el cual no tiene influencia. [youtube.com], [aduanas.gob.do]

La reforma de hidrocarburos no debe verse como un expediente técnico separado de la competitividad. Es una reforma de desarrollo económico. Una economía que aspira a ser hub logístico, plataforma de nearshoring y centro regional de manufactura avanzada no puede depender de una matriz energética vulnerable, costosa e impredecible. El propio Sanz Lovatón reconoció que el manejo de los combustibles ha sido uno de los temas más difíciles de su gestión, debido al impacto inflacionario de los precios, y sostuvo que el Estado ha destinado casi 25,000 millones de pesos en subsidios a derivados del crudo para proteger a la población. Esa cifra revela una política de contención social, pero también evidencia los límites del modelo actual: se subsidia el golpe, pero no se elimina la dependencia estructural. [youtube.com]

¿Cómo puede República Dominicana mejorar su infraestructura energética? Primero, acelerando la diversificación de la matriz con más generación solar, eólica, gas natural de transición y soluciones híbridas. Segundo, fortaleciendo las redes de transmisión, porque no hay transición energética real si la energía renovable no puede integrarse eficientemente al sistema. Tercero, incorporando almacenamiento energético, indispensable para manejar la intermitencia de fuentes renovables y garantizar suministro continuo a parques industriales, puertos, aeropuertos, centros de datos y cadenas de frío. Cuarto, promoviendo eficiencia energética en industrias, hoteles, centros logísticos, transporte, comercio y edificios públicos. Quinto, creando reglas claras para la inversión privada, con planificación de largo plazo, seguridad jurídica y coordinación entre Estado, generadores, distribuidores y grandes consumidores.

La energía es la base silenciosa del nearshoring. Sin energía competitiva, ningún inversionista industrial serio apostará a largo plazo. Los dispositivos médicos requieren estabilidad eléctrica para cumplir estándares de calidad. La farmacéutica necesita confiabilidad para procesos sensibles. La agroindustria requiere refrigeración, empaque y transporte frío. Los centros logísticos necesitan electricidad continua. Los servicios globales y centros digitales necesitan conectividad y energía resiliente. Por eso, la reforma de hidrocarburos, la expansión renovable, el almacenamiento, la transmisión y la eficiencia no son temas sectoriales: son pilares de la competitividad nacional.

La quinta tarea es logística. Sanz Lovatón ha venido defendiendo, primero desde la Dirección General de Aduanas y ahora desde el MICM, la idea de una República Dominicana convertida en hub logístico regional. En el Diálogo Interamericano, presentó el país como una plataforma con centro logístico multimodal, ocho aeropuertos internacionales, 16 puertos, 33 operadores logísticos, 96 parques de zonas francas, 380,000 metros cuadrados de infraestructura logística y más de 546,000 metros cuadrados adicionales en construcción. Esa visión no se limita a infraestructura física. También incluye reformas institucionales y tecnológicas. [eps.com.do], [almomento.net]

¿Qué reformas logísticas propone Sanz Lovatón o encarna su visión? La nueva Ley de Aduanas, 168-21, la Ley 30-24 sobre Operadores de Centros Logísticos, las más de 700 mejoras tecnológicas implementadas en plataformas de la DGA, la automatización de servicios, la digitalización de trámites, el programa Despacho en 24 Horas, la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE), el fortalecimiento de la seguridad en operaciones de comercio exterior y la simplificación de procesos forman parte de esa agenda. Adoexpo ha resaltado avances como el Despacho en 24 Horas, la Ventanilla Única, la digitalización de procesos y la seguridad en comercio exterior, según reseñas institucionales de la DGA. [eps.com.do], [revistamercado.do] [revistamercado.do]

La República Dominicana debe llevar esa agenda al siguiente nivel. La logística del futuro exige interoperabilidad entre aduanas, puertos, aeropuertos, zonas francas, navieras, operadores logísticos, ministerios, bancos, aseguradoras y organismos de control. Exige inspección no intrusiva, gestión de riesgo basada en datos, trazabilidad documental, certificaciones confiables, coordinación internacional y reducción radical de tiempos muertos. En comercio exterior, cada hora perdida es competitividad perdida. Cada trámite duplicado es costo adicional. Cada sistema que no conversa con otro es una barrera invisible. La competitividad también se pierde en formularios, permisos, ventanillas, inspecciones redundantes y procesos manuales.

La sexta tarea es construir una doctrina dominicana de competitividad. Esa doctrina debe integrar energía, logística, aduanas, comercio exterior, zonas francas, mipymes, capital humano, inversión extranjera, defensa comercial y cumplimiento internacional. No se trata solo de reaccionar al arancel de 12.5 %. Se trata de preguntarse qué tipo de economía quiere ser República Dominicana en los próximos veinte años. Si quiere competir por costos bajos, será siempre vulnerable. Si quiere competir por confianza, calidad, velocidad, talento y valor agregado, tendrá más posibilidades de insertarse en las cadenas de suministro del futuro.

La relación con Estados Unidos exige precisamente esa lectura estratégica. Sanz Lovatón ha recordado que el 60 % de las exportaciones dominicanas se dirige a ese mercado, que Estados Unidos es el principal emisor de turistas, que allí vive la mayoría de los dominicanos en el exterior y que desde ese país llegan más de 10,000 millones de dólares en remesas de manera consistente. Esos datos explican por qué la reciprocidad arancelaria no puede asumirse como respuesta automática. La reciprocidad puede sonar atractiva en un mitin, pero aplicada sin cálculo podría dañar a quienes se pretende proteger. La soberanía inteligente no consiste en romper, sino en negociar con firmeza y proteger los intereses nacionales con cabeza fría. [youtube.com]

El país no debe poner la carreta delante de los caballos. Debe cuidar su relación con Estados Unidos, pero también fortalecer su autonomía productiva. Debe abrirse al mundo, pero no permitir que el comercio desleal destruya su industria. Debe cumplir estándares internacionales, pero hacerlo desde una agenda propia de modernización. Debe proteger a los consumidores, pero también defender a los productores formales. Debe atraer inversión extranjera, pero integrarla con suplidores nacionales. Debe modernizar Aduanas, pero sin convertir el control en obstáculo. Debe reformar hidrocarburos, pero con visión de transición energética y competitividad.

La frase “vamos a terminar bien” debe entenderse como punto de partida, no como certificado automático de victoria. Terminar bien implica negociar con Estados Unidos sin complejos, pero también sin imprudencias. Implica demostrar que en la República Dominicana no hay tolerancia institucional al trabajo forzoso. Implica fortalecer la DGA, el MICM, los mecanismos laborales, los controles de origen y los sistemas de trazabilidad. Implica defender a los productores nacionales frente a prácticas desleales. Implica revisar la política de combustibles y avanzar hacia una matriz energética más estable. Implica convertir el nearshoring en una política de Estado y no en un eslogan coyuntural.

La República Dominicana ha demostrado en los últimos años que tiene capacidad de crecer, atraer inversión y ampliar sus exportaciones. Pero el nuevo comercio global no premiará la pasividad. Premiará a los países que entiendan las reglas, anticipen riesgos, eleven estándares y actúen con visión estratégica. En esa dirección, el mensaje de Eduardo Sanz Lovatón tiene un valor político: convoca a la calma sin negar el problema, defiende la competitividad sin caer en complacencia y apuesta por la negociación como herramienta de soberanía inteligente.

El gran desafío dominicano es pasar de la oportunidad a la ejecución. El país lleva años escuchando que puede ser hub logístico, destino de nearshoring, puente entre América y el Caribe, plataforma de zonas francas y centro de servicios regionales. Todo eso es cierto, pero no basta con repetirlo. Hay que convertirlo en resultados medibles: más inversión en sectores de alto valor, más empleos técnicos, más suplidores locales integrados, más exportaciones sofisticadas, menos tiempos de despacho, menos costos energéticos, más certificaciones internacionales, mayor seguridad jurídica y mejor coordinación institucional.

Si esa es la ruta, entonces sí: la República Dominicana puede terminar bien. Pero terminar bien no será fruto del azar, sino de la estrategia, la disciplina institucional y la capacidad de convertir cada presión externa en una reforma interna. La coyuntura arancelaria pasará; lo que debe quedar es una República Dominicana más fuerte, más confiable, más productiva y más consciente de su lugar en el mapa económico global. No se trata únicamente de un arancel. Se trata de energía, industria, aduanas, comercio, nearshoring, soberanía económica y visión de país. La verdadera competitividad no consiste en resistir una crisis, sino en salir de ella con mejores instituciones, mejores reglas, mejores capacidades y una ambición nacional más clara. Ahí está la nueva frontera dominicana. Ahí se juega el próximo salto del desarrollo nacional.

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Competitividad con cabeza fría: la apuesta dominicana ante el nuevo tablero comercial

La República Dominicana enfrenta una coyuntura arancelaria sensible con Estados Unidos, pero la respuesta no puede ser la improvisación ni el populismo comercial. La ruta correcta es negociar con firmeza, fortalecer los controles institucionales, proteger el aparato productivo y preservar una relación estratégica que sostiene exportaciones, turismo, remesas, inversión y estabilidad.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La afirmación del ministro de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón, de que la República Dominicana “va a terminar muy bien, sin perder un ápice de competitividad”, no debe leerse como una frase de optimismo burocrático, sino como una declaración política y económica en medio de una coyuntura internacional que exige temple, inteligencia estratégica y una lectura realista del poder comercial global. El país ha sido colocado nuevamente ante un desafío arancelario por parte de Estados Unidos, esta vez con una tasa de 12.5 % vinculada a exigencias sobre protocolos para impedir la importación de bienes asociados al trabajo forzoso, según lo informado por Diario Libre. [diariolibre.com]

La situación no es menor. Estados Unidos no es un socio cualquiera para la República Dominicana. Es el principal destino de una parte sustancial de nuestras exportaciones, el mayor emisor de turistas, el territorio donde reside una porción decisiva de la diáspora dominicana y la fuente de más de 10,000 millones de dólares anuales en remesas, de acuerdo con las declaraciones del propio ministro Sanz Lovatón. Por eso, frente a una medida arancelaria de esta naturaleza, la reacción dominicana no puede ser emocional, ni retaliatoria, ni atrapada en consignas de soberanía mal administrada. La soberanía moderna no se mide por la estridencia de la respuesta, sino por la capacidad de defender el interés nacional sin romper los puentes que sostienen la economía. [diariolibre.com]

En ese sentido, la posición de Sanz Lovatón apunta hacia una línea de sensatez: negociar, explicar, documentar, corregir donde haya que corregir y preservar la competitividad del país. El funcionario ha sostenido que las conversaciones con Estados Unidos continúan y que la República Dominicana aspira a quedar en el renglón más bajo de la aplicación arancelaria. Esa es la ruta correcta. En comercio internacional, los países que ganan no son necesariamente los que más gritan, sino los que mejor argumentan, los que más confianza generan y los que actúan con capacidad técnica, diplomática e institucional. [diariolibre.com]

Hay un punto esencial que no debe perderse: la competitividad dominicana no ha sido destruida por esta coyuntura. Según los datos reseñados por Diario Libre, las exportaciones dominicanas alcanzaron 7,897.8 millones de dólares en el primer semestre de 2026, para un crecimiento de 14 %, luego de cerrar 2025 con 14,374 millones de dólares y un aumento de 11.3 %. Esos números no autorizan triunfalismos, pero sí permiten afirmar que el aparato exportador dominicano ha mostrado resiliencia. La economía nacional no está paralizada; está compitiendo en un escenario más difícil. [diariolibre.com]

La clave está en entender que el mundo cambió. La globalización ingenua, aquella que suponía mercados abiertos sin conflictos geopolíticos, cadenas de suministro estables y reglas uniformes para todos, quedó atrás. Hoy el comercio internacional está cruzado por tensiones entre potencias, subsidios industriales, proteccionismo selectivo, controles laborales, seguridad nacional, trazabilidad, sostenibilidad y disputas tecnológicas. En ese nuevo tablero, la República Dominicana tiene que moverse con una combinación de pragmatismo y ambición. No basta con exportar más; hay que exportar mejor, con mayor valor agregado, con estándares verificables y con una institucionalidad capaz de responder a las nuevas exigencias de los mercados.

El decreto 502-26, emitido por el Poder Ejecutivo para fortalecer el marco institucional contra el trabajo forzoso y operacionalizar facultades aduaneras sobre mercancías potencialmente vinculadas a esa práctica, debe interpretarse en esa dirección. No se trata simplemente de responder a una presión externa. Se trata de alinear a la República Dominicana con los estándares que ya definen el comercio del siglo XXI. La lucha contra el trabajo forzoso no puede ser vista como una concesión a Washington. Debe asumirse como parte de una política nacional de comercio responsable, reputación internacional y defensa de la producción formal. [diariolibre.com]

La ventaja dominicana está en que el país no parte de cero. Su posición geográfica, su cercanía con Estados Unidos, su estabilidad macroeconómica, su estructura de zonas francas, su red logística, su capacidad turística y su inserción en el DR-Cafta le otorgan una plataforma estratégica. De hecho, Sanz Lovatón explicó que casi el 40 % de los productos exportados hacia Estados Unidos está exento del arancel por la matriz exportadora diversificada y por las condiciones del DR-Cafta. Ese dato es fundamental: el país tiene amortiguadores, pero también tiene tareas pendientes. [diariolibre.com]

La primera tarea es profundizar la trazabilidad comercial. En un mundo donde las aduanas ya no solo cobran impuestos, sino que gestionan riesgos, seguridad, origen, legalidad y reputación, República Dominicana debe acelerar la modernización de sus controles. La competitividad no puede depender únicamente de bajos costos o cercanía geográfica. Debe apoyarse en confianza institucional. Cada contenedor, cada certificado, cada proceso aduanero y cada cadena de suministro deben transmitir seguridad jurídica y transparencia.

La segunda tarea es proteger el aparato productivo dominicano sin caer en proteccionismos torpes. Sanz Lovatón ha sido claro al señalar que el comercio chino representa un desafío por la política de subsidios industriales de la República Popular China y por la inundación de productos que compiten en condiciones desiguales con economías occidentales. Esa preocupación no es aislada. Estados Unidos y la Unión Europea han tomado medidas para enfrentar desequilibrios comerciales asociados a China, de acuerdo con lo explicado por el ministro. La República Dominicana tiene derecho a defender su industria, su comercio formal y su seguridad estratégica. Pero esa defensa debe hacerse con reglas claras, evidencia técnica y respeto a los compromisos internacionales. [diariolibre.com] [diariolibre.com]

La tercera tarea es convertir la coyuntura en oportunidad. Revista Mercado destaca que Sanz Lovatón ve en la reorganización de las cadenas globales de suministro una ventana para que el país capte inversiones mediante esquemas de nearshoring, apoyado en estabilidad económica, ubicación estratégica, infraestructura logística, fortalecimiento institucional y cercanía con el mercado estadounidense. Esa es quizás la dimensión más importante del debate. El problema arancelario no debe absorber toda la agenda. La verdadera pregunta es cómo la República Dominicana puede usar este momento para consolidarse como hub regional de manufactura, logística, comercio y servicios de valor agregado. [revistamercado.do]

El país tiene que mirar más allá de la emergencia. Si las empresas globales están buscando producir más cerca de sus mercados principales, si Estados Unidos quiere cadenas más seguras y menos dependientes de Asia, si la región caribeña adquiere mayor valor geopolítico, República Dominicana debe presentarse como una solución confiable. Pero para lograrlo necesita energía competitiva, puertos eficientes, aduanas modernas, seguridad jurídica, talento técnico, financiamiento productivo y una política industrial más sofisticada.

En paralelo, el Gobierno enfrenta otro frente sensible: los combustibles. Sanz Lovatón reconoció que el manejo de los hidrocarburos ha sido uno de los temas más difíciles de su gestión, debido al impacto inflacionario de los precios, y señaló que el Estado ha destinado casi 25,000 millones de pesos en subsidios a derivados del crudo. Esa cifra habla de una política de contención social, pero también revela la urgencia de revisar una Ley de Hidrocarburos con más de dos décadas de vigencia. No hay competitividad sostenible si la estructura energética sigue sometida a vulnerabilidades externas permanentes. [diariolibre.com] [diariolibre.com]

Por eso, la frase “vamos a terminar bien” debe entenderse como punto de partida, no como certificado automático de victoria. Terminar bien implica negociar con Estados Unidos sin complejos, pero también sin imprudencias. Implica demostrar que en la República Dominicana no hay tolerancia institucional al trabajo forzoso. Implica fortalecer la DGA, el MICM, los mecanismos laborales, los controles de origen y los sistemas de trazabilidad. Implica defender a los productores nacionales frente a prácticas desleales. Implica revisar la política de combustibles y avanzar hacia una matriz energética más estable. Implica, sobre todo, tener una política de Estado para la competitividad.

La República Dominicana ha demostrado en los últimos años que tiene capacidad de crecer, atraer inversión y ampliar sus exportaciones. Pero el nuevo comercio global no premiará la pasividad. Premiará a los países que entiendan las reglas, anticipen riesgos, eleven estándares y actúen con visión estratégica. En esa dirección, el mensaje de Eduardo Sanz Lovatón tiene un valor político: convoca a la calma sin negar el problema, defiende la competitividad sin caer en complacencia y apuesta por la negociación como herramienta de soberanía inteligente.

El país no debe poner la carreta delante de los caballos. Debe cuidar su relación con Estados Unidos, pero también fortalecer su autonomía productiva. Debe abrirse al mundo, pero no permitir que el comercio desleal destruya su industria. Debe cumplir estándares internacionales, pero hacerlo desde una agenda propia de modernización. La coyuntura arancelaria pasará; lo que debe quedar es una República Dominicana más fuerte, más confiable, más productiva y más consciente de su lugar en el mapa económico global.

Si esa es la ruta, entonces sí: la República Dominicana puede terminar bien. Pero terminar bien no será fruto del azar, sino de la estrategia, la disciplina institucional y la capacidad de convertir cada presión externa en una reforma interna. Esa es la verdadera competitividad que el país necesita defender.

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1. ¿Qué reformas propone Sanz Lovatón para la Ley de Hidrocarburos?

Eduardo Sanz Lovatón no ha presentado todavía, al menos públicamente, un articulado detallado de reforma, pero sí ha definido los ejes políticos y técnicos de la revisión de la Ley 112-00 de Hidrocarburos. Su planteamiento central es modernizar una legislación con más de dos décadas de vigencia, adecuarla a los nuevos tiempos del mercado energético y reducir la dependencia dominicana de los combustibles fósiles, especialmente porque el país no produce petróleo y no tiene capacidad de incidir en los precios internacionales del crudo. [quepolitica.com], [proceso.com.do]

La reforma que propone apunta, en esencia, a tres objetivos: revisar el esquema mediante el cual el MICM ajusta semanalmente los precios de paridad de los combustibles, avanzar hacia una matriz energética con mayor peso de las renovables y construir mecanismos que reduzcan la vulnerabilidad del país ante choques externos del petróleo. Sanz Lovatón ha dicho claramente que “tenemos que revisar esa ley, tenemos que reformarla” y que República Dominicana debe trabajar para ser “lo menos dependiente posible” de un mercado de hidrocarburos sobre el cual no tiene control. [proceso.com.do], [diariodigitalrd.com]

En la entrevista con Diario Libre, el ministro también vinculó esta reforma con la experiencia reciente de subsidios a los combustibles. Sostuvo que el Gobierno ha destinado casi 25,000 millones de pesos para contener el impacto del precio de los derivados del crudo, cifra que calificó como un “esfuerzo descomunal” para proteger a la población. Esa presión fiscal evidencia que el modelo actual tiene límites: subsidia el golpe, pero no resuelve la dependencia estructural. [diariolibre.com]

En términos editoriales, la reforma debería ir más allá del precio semanal. Debe incluir una visión integral de seguridad energética, transparencia en la fórmula de precios, eficiencia tributaria, transición gradual hacia energías limpias, incentivos a combustibles alternativos, fortalecimiento del transporte colectivo y reglas más claras para evitar que la volatilidad internacional se transfiera de manera abrupta a hogares, industrias y mipymes. Esa sería la verdadera modernización: no solo reformar una ley vieja, sino rediseñar la política energética como instrumento de competitividad nacional.

2. ¿Cómo puede RD aprovechar el nearshoring?

República Dominicana puede aprovechar el nearshoring si convierte su ubicación geográfica en una estrategia nacional de producción, logística, talento e inversión. El país tiene ventajas evidentes: cercanía con Estados Unidos, estabilidad macroeconómica, régimen de zonas francas, infraestructura portuaria y aeroportuaria, experiencia exportadora y una relación comercial privilegiada bajo el DR-Cafta. Revista Mercado destaca que el país se posiciona como destino atractivo para empresas que buscan acercar sus operaciones a mercados importantes, especialmente Estados Unidos, apoyado en su ubicación estratégica y entorno favorable a la inversión. [revistamercado.do], [revistamercado.do]

Pero la oportunidad no se captura sola. Diario Libre reseñó que República Dominicana tiene ubicación para aprovechar el nearshoring, pero necesita mejorar indicadores clave, entre ellos desempeño logístico, desarrollo financiero, Estado de derecho, estabilidad política, derecho de propiedad, capital humano e infraestructura energética. Es decir, el nearshoring no es una bendición automática: es una competencia regional donde ganan los países que ofrecen rapidez, certeza, energía confiable, talento técnico y reglas previsibles. [diariolibre.com]

El país debe enfocarse en sectores donde ya tiene base exportadora y potencial de sofisticación: dispositivos médicos, farmacéutica, electrónica, agroindustria, servicios globales, manufactura ligera, logística de valor agregado y ensamblaje avanzado. Las zonas francas son el gran punto de apoyo. Según Diario Libre, la República Dominicana cuenta con más de 98 parques de zonas francas, genera más de 200,000 empleos directos en ese régimen y esas zonas representan más del 60 % de las exportaciones nacionales. [diariolibre.com]

Para aprovechar plenamente el nearshoring, RD debe hacer cinco movimientos estratégicos: formar capital humano técnico en STEM, robótica, manufactura avanzada e idiomas; reducir burocracia y agilizar permisos; garantizar energía competitiva y limpia; fortalecer la conectividad logística entre parques, puertos y aeropuertos; y promover una narrativa-país basada en confianza, cumplimiento y rapidez. El mensaje correcto para los inversionistas no debe ser solo “estamos cerca de Estados Unidos”, sino “somos el socio más confiable, ágil y seguro del Caribe para producir cerca de Estados Unidos”.

3. ¿Qué papel juega la DGA en esta coyuntura?

La Dirección General de Aduanas juega un papel decisivo porque esta coyuntura arancelaria no es solo comercial: es también aduanera, laboral, reputacional y geopolítica. El Decreto 502-26 faculta a la DGA a prohibir, mediante decisión administrativa motivada, la importación de mercancías producidas total o parcialmente mediante trabajo forzoso, además de aplicar medidas sobre bienes que ya hayan zarpado, estén en puertos o se encuentren bajo regímenes aduaneros previos a su entrada definitiva al país. [presidencia.gob.do], [diariolibre.com]

Esto convierte a la DGA en una institución de primera línea para demostrar ante Estados Unidos que República Dominicana posee controles reales contra mercancías vinculadas al trabajo forzoso. El decreto también permite a Aduanas ordenar reexportación, destrucción u otras medidas legales sobre mercancías restringidas, y le exige llevar un registro administrativo de productos cuya importación haya sido prohibida. [noticiassin.com], [presidencia.gob.do]

En esta coyuntura, la DGA no solo recauda ni despacha mercancías. La DGA certifica confianza. Su papel es garantizar trazabilidad, controlar riesgos, verificar cadenas de suministro, coordinar con el Ministerio de Trabajo, el Ministerio Público, el MICM y Cancillería, e intercambiar información con organismos y autoridades extranjeras. [presidencia.gob.do], [revistamercado.do]

Además, la modernización aduanera es clave para la competitividad y para el nearshoring. Revista Mercado recoge que Sanz Lovatón destacó el papel de las reformas en comercio y logística, así como la importancia de la modernización aduanera para agilizar procesos, fortalecer la transparencia y consolidar a República Dominicana como hub logístico regional. [revistamercado.do]

La DGA, por tanto, es el puente entre la política comercial y la credibilidad internacional. Si Aduanas actúa con rigor técnico, debido proceso, inteligencia de riesgo y coordinación interinstitucional, puede ayudar a reducir el impacto arancelario, proteger la reputación del país y fortalecer la posición dominicana en las negociaciones con Estados Unidos. Si falla, la competitividad quedaría expuesta no por falta de capacidad productiva, sino por debilidad institucional.

En síntesis: Sanz Lovatón plantea reformar hidrocarburos para reducir dependencia energética; RD puede aprovechar el nearshoring si convierte su ubicación en productividad, talento y logística; y la DGA es la pieza institucional que debe garantizar trazabilidad, confianza comercial y cumplimiento frente al nuevo escrutinio de Estados Unidos.

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Nearshoring, energía y aduanas: la nueva frontera de la competitividad dominicana

Bajada: La República Dominicana enfrenta una coyuntura decisiva: responder con inteligencia al nuevo escenario arancelario con Estados Unidos, reformar su matriz energética, profundizar su modernización logística y convertir el nearshoring en una política de Estado. La visión expuesta por Eduardo Sanz Lovatón plantea una ruta de sensatez, defensa productiva y confianza institucional para que el país no solo “termine bien”, sino que salga fortalecido como plataforma regional de comercio, inversión y manufactura avanzada.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La afirmación de Eduardo Sanz Lovatón de que la República Dominicana “va a terminar muy bien, sin perder un ápice de competitividad” no debe interpretarse como una frase coyuntural para calmar titulares, sino como una síntesis política de una estrategia mayor: preservar la relación comercial con Estados Unidos, fortalecer los mecanismos internos de control, defender el aparato productivo nacional y posicionar al país en el nuevo mapa de las cadenas globales de suministro. La medida arancelaria de 12.5 % aplicada por Estados Unidos a República Dominicana se enmarca en una política más amplia vinculada a la prevención de mercancías producidas mediante trabajo forzoso, y Diario Libre reseñó que Sanz Lovatón mantiene confianza en que el país conseguirá el “arancel más bajo” dentro del proceso de diálogo bilateral. [quepolitica.com], [proceso.com.do]

Esa confianza tiene fundamento, pero no admite complacencia. La República Dominicana no puede mirar esta coyuntura como un episodio aislado, porque lo que está en juego no es únicamente una tasa arancelaria, sino la credibilidad del país frente a un nuevo orden comercial más exigente. En el comercio global contemporáneo, los mercados ya no preguntan solamente cuánto se produce, a qué precio se vende o cuán rápido se exporta; ahora preguntan cómo se produjo, bajo qué reglas laborales, con qué trazabilidad, con qué controles aduaneros, con qué seguridad jurídica y con qué capacidad institucional. Por eso, la respuesta dominicana debe ir más allá de la negociación diplomática: debe convertirse en una agenda integral de competitividad, energía, logística, cumplimiento normativo y sofisticación productiva.

La primera dimensión de esa agenda es energética. Sanz Lovatón ha planteado la necesidad de reformar la Ley de Hidrocarburos núm. 112-00, una legislación con más de dos décadas de vigencia que regula, entre otros aspectos, el mecanismo mediante el cual el MICM ajusta y publica semanalmente los precios de paridad de los combustibles. El ministro ha afirmado que “tenemos que revisar esa ley, tenemos que reformarla”, y ha vinculado esa revisión con la urgencia de reducir la dependencia del país respecto de un mercado petrolero internacional sobre el cual República Dominicana no tiene control. [elrespaldo.com], [diariodigitalrd.com]

Ese punto es medular. Una economía que aspira a ser hub logístico, destino de nearshoring y plataforma regional de manufactura no puede depender estructuralmente de una matriz energética cara, vulnerable y excesivamente expuesta a choques externos. El propio Sanz Lovatón ha recordado que el Gobierno ha destinado cerca de 25,000 millones de pesos en subsidios a los derivados del crudo para contener el impacto inflacionario de los combustibles, una cifra que evidencia tanto el esfuerzo social del Estado como la fragilidad de un modelo que amortigua crisis, pero no elimina sus causas. [quepolitica.com]

La reforma de hidrocarburos, por tanto, debe entenderse como una reforma de competitividad. No basta con revisar la fórmula de precios, transparentar componentes o ajustar márgenes. La tarea más profunda es rediseñar el vínculo entre energía, producción y desarrollo. La República Dominicana necesita una política energética que reduzca gradualmente la dependencia de los combustibles fósiles, acelere la incorporación de renovables, fortalezca redes de transmisión, incentive almacenamiento energético, promueva eficiencia industrial y garantice tarifas competitivas para zonas francas, parques logísticos, mipymes manufactureras y sectores exportadores. Sanz Lovatón ha dicho que el país debe avanzar hacia una matriz con mayor participación de energías renovables, justamente porque no es productor de petróleo y debe reducir su vulnerabilidad ante la volatilidad internacional. [diariodigitalrd.com], [eljaya.com]

La infraestructura energética dominicana debe mejorar en varios frentes simultáneos. El primero es generación diversificada, con más solar, eólica, gas natural de transición y soluciones híbridas que permitan estabilidad de suministro. El segundo es transmisión, porque no hay transición energética real si la energía limpia no puede incorporarse eficientemente al sistema eléctrico nacional. El tercero es almacenamiento, un componente indispensable para gestionar la intermitencia de las renovables y garantizar energía continua a sectores productivos. El cuarto es eficiencia, especialmente en industrias, hoteles, puertos, aeropuertos, almacenes refrigerados y centros logísticos. El quinto es gobernanza, porque la seguridad energética no depende solo de megavatios instalados, sino de reglas claras, planificación, inversión privada confiable y coordinación entre Estado, generadores, distribuidores y grandes consumidores.

La segunda dimensión estratégica es el nearshoring. La República Dominicana tiene una oportunidad histórica, pero también enfrenta una competencia feroz. México, Costa Rica, Panamá, Colombia, Guatemala, Honduras y otros países de la región están intentando capturar inversiones que salen de Asia o que buscan acercarse al mercado estadounidense. La ventaja dominicana es real: ubicación geográfica, cercanía con Estados Unidos, estabilidad macroeconómica, régimen de zonas francas, puertos, aeropuertos, conectividad aérea y marítima, experiencia exportadora y una imagen-país cada vez más asociada a estabilidad. Revista Mercado ha destacado que el país se perfila como destino atractivo para empresas que buscan acercar operaciones a mercados de consumo importantes, especialmente Estados Unidos, en un contexto de reorganización de cadenas globales de suministro. [diariolibre.com], [proceso.com.do]

Sin embargo, la geografía no basta. Diario Libre reseñó que República Dominicana tiene ventaja de ubicación para aprovechar el nearshoring, pero debe mejorar indicadores clave como desempeño logístico, desarrollo financiero, Estado de derecho, estabilidad política, derecho de propiedad, capital humano e infraestructura energética. Esa advertencia es crucial: el nearshoring no es una renta automática por estar cerca de Miami; es una competencia por confianza, costos, talento, velocidad, energía, cumplimiento y seguridad jurídica. Si el país no convierte su ubicación en productividad, la oportunidad puede pasar de largo. [diariolibre.com]

¿Qué sectores deben priorizarse? La respuesta debe partir de una lectura realista de las capacidades existentes y de las demandas del mercado global. República Dominicana debe priorizar dispositivos médicos, farmacéutica, componentes electrónicos, manufactura avanzada ligera, agroindustria de exportación, logística de valor agregado, empaques especializados, semiconductores en fases complementarias, servicios globales, tecnologías de información, call centers evolucionados hacia BPO/KPO, textiles técnicos, calzado especializado y ensamblaje de equipos vinculados a salud, energía y movilidad. Las zonas francas ofrecen una base robusta para esa estrategia: según Diario Libre, el sector cuenta con más de 98 parques, genera más de 200,000 empleos directos y representa más del 60 % de las exportaciones nacionales. [almomento.net]

No todos los sectores ofrecen el mismo valor estratégico. El país debe evitar una visión de nearshoring limitada a mano de obra barata o ensamblaje básico. La apuesta correcta está en atraer industrias que transfieran tecnología, generen empleos formales de mejor remuneración, demanden suplidores locales, impulsen encadenamientos productivos y eleven la sofisticación exportadora. Los dispositivos médicos son un ejemplo natural, porque República Dominicana ya tiene experiencia, reputación y capacidad instalada. La farmacéutica puede crecer si se fortalecen estándares regulatorios, laboratorios, certificaciones y talento técnico. La agroindustria puede avanzar si se conecta con trazabilidad, frío, empaque, logística y certificaciones fitosanitarias. Los servicios globales pueden dar un salto si se invierte en bilingüismo, programación, ciberseguridad, análisis de datos y gestión financiera.

El nearshoring debe articularse con las mipymes. Un error sería verlo únicamente como una agenda de grandes parques industriales y empresas multinacionales. La verdadera transformación ocurre cuando las pequeñas y medianas empresas dominicanas se convierten en suplidoras de empaques, piezas, mantenimiento, software, transporte, alimentos, uniformes, servicios contables, soluciones digitales y soporte técnico para las industrias relocalizadas. Si el nearshoring no genera encadenamientos locales, producirá exportaciones, pero no necesariamente desarrollo profundo. Por eso el MICM tiene un papel esencial: preparar mipymes, certificarlas, digitalizarlas, financiar su formalización y conectarlas con cadenas de valor.

La tercera dimensión es logística. Sanz Lovatón ha venido defendiendo, primero desde la Dirección General de Aduanas y ahora desde el MICM, la idea de una República Dominicana convertida en hub logístico regional. En el Diálogo Interamericano, presentó al país como una plataforma con centro logístico multimodal, ocho aeropuertos internacionales, 16 puertos, 33 operadores logísticos, 96 parques de zonas francas, 380,000 metros cuadrados de infraestructura logística y más de 546,000 metros cuadrados adicionales en construcción. [aduanas.gob.do], [listindiario.com]

Esa visión logística no se basa solo en obras físicas. Sanz Lovatón ha destacado reformas como la nueva Ley de Aduanas, la Ley 30-24 sobre Operadores de Centros Logísticos y alrededor de 700 mejoras tecnológicas implementadas en plataformas de la DGA. También se han señalado avances como el Despacho en 24 Horas, la Ventanilla Única de Comercio Exterior, la digitalización de procesos, la automatización de servicios y el fortalecimiento de la seguridad en las operaciones de comercio exterior. [aduanas.gob.do], [aduanas.gob.do] [aduanas.gob.do], [cdn.com.do]

¿Qué reformas logísticas propone o encarna esta visión? Primero, simplificación y digitalización de trámites. Segundo, automatización de servicios aduaneros. Tercero, interoperabilidad entre instituciones. Cuarto, fortalecimiento de la Ventanilla Única de Comercio Exterior. Quinto, expansión del despacho rápido y basado en gestión de riesgo. Sexto, consolidación de operadores logísticos bajo un marco legal moderno. Séptimo, mayor trazabilidad de mercancías. Octavo, seguridad en puertos, aeropuertos y zonas primarias. Noveno, integración entre zonas francas, puertos, aeropuertos y centros de distribución. Décimo, posicionamiento internacional del país como plataforma confiable para empresas globales. Estas reformas no son accesorios administrativos; son el corazón de la competitividad contemporánea. [aduanas.gob.do], [aduanas.gob.do]

En esta coyuntura, la Dirección General de Aduanas juega un papel absolutamente estratégico. La DGA ya no puede ser vista únicamente como una entidad recaudadora. En el nuevo comercio, Aduanas es un organismo de seguridad económica, facilitación, trazabilidad, cumplimiento, reputación y diplomacia comercial. El Decreto 502-26, emitido por el Poder Ejecutivo, faculta a la DGA a prohibir mediante decisión motivada la importación de mercancías producidas mediante trabajo forzoso, y también permite aplicar medidas a bienes que ya hayan zarpado, se encuentren en puertos o estén bajo regímenes aduaneros previos a su importación definitiva. [diariofinanciero.do], [proceso.com.do]

Esa facultad coloca a Aduanas en el centro de la relación con Estados Unidos. Si la discusión arancelaria surge de exigencias sobre prevención de mercancías vinculadas al trabajo forzoso, la DGA se convierte en el brazo operativo que debe demostrar que República Dominicana puede identificar riesgos, restringir importaciones sospechosas, coordinar con el Ministerio de Trabajo, registrar mercancías prohibidas, intercambiar información internacional y actuar con debido proceso. Noticias SIN y la Presidencia han señalado que el decreto permite a la DGA ordenar reexportación, destrucción u otras medidas legales procedentes sobre mercancías restringidas, además de llevar un registro administrativo de productos cuya importación haya sido prohibida. [diariolibre.com], [diariofinanciero.do]

La clave será aplicar ese poder con rigor técnico, no con arbitrariedad. El sector privado ha respaldado el objetivo de erradicar el trabajo forzoso, pero también ha advertido sobre la necesidad de seguridad jurídica, transparencia y debido proceso para preservar la competitividad del país. Revista Mercado reseñó que el Decreto 502-26 abre un nuevo capítulo en la política comercial dominicana y busca alinear al país con estándares promovidos por Washington en materia de cadenas de suministro responsables. [diariolibre.com]

La República Dominicana tiene que evitar dos extremos. El primero sería minimizar el problema, como si bastara con afirmar que en el país no existe trabajo forzoso. El segundo sería sobrerregular de manera improvisada y generar incertidumbre a importadores, exportadores, operadores logísticos y zonas francas. La ruta correcta es construir un sistema basado en evidencia, análisis de riesgo, cooperación internacional, declaraciones responsables de importadores, evaluación técnica del Ministerio de Trabajo, trazabilidad documental y mecanismos de revisión. Solo así el país podrá responder a Estados Unidos sin sacrificar fluidez comercial.

La relación con Estados Unidos exige una lectura estratégica. Según Diario Libre, Sanz Lovatón recordó que el 60 % de las exportaciones dominicanas se dirige a ese mercado, que Estados Unidos es el principal emisor de turistas, que allí vive la mayoría de los dominicanos en el exterior y que desde ese país llegan más de 10,000 millones de dólares en remesas de manera consistente. Esos datos explican por qué el ministro descarta la reciprocidad arancelaria como respuesta inmediata. La reciprocidad puede sonar atractiva en el discurso, pero aplicada sin cálculo podría perjudicar más a República Dominicana que a Estados Unidos. La soberanía inteligente no consiste en romper, sino en negociar con firmeza y proteger los intereses nacionales con cabeza fría. [quepolitica.com]

El país debe aprovechar este momento para construir una doctrina dominicana de competitividad. Esa doctrina debería integrar energía, logística, institucionalidad, comercio exterior, capital humano, zonas francas, mipymes e innovación. No se trata solo de reaccionar al arancel de 12.5 %. Se trata de preguntarse qué tipo de economía quiere ser República Dominicana en los próximos veinte años. Si quiere ser un país que ensambla barato, competirá por costos y será vulnerable. Si quiere ser un país que produce con calidad, certificación, energía confiable, talento técnico y logística rápida, competirá por valor.

La reforma de hidrocarburos debe ser una pieza de esa doctrina. El nearshoring necesita energía competitiva, y la energía competitiva necesita una matriz menos vulnerable. La logística necesita electricidad estable en puertos, aeropuertos, almacenes, centros de datos, cadenas de frío y parques industriales. La agroindustria necesita energía para refrigeración, empaque y procesamiento. Los dispositivos médicos y farmacéuticos necesitan energía estable para cumplir estándares de calidad. Los servicios globales necesitan centros digitales confiables. Sin energía, el nearshoring será una promesa incompleta.

La DGA también debe ser una pieza de esa doctrina. Su modernización debe continuar con más inteligencia artificial aplicada a gestión de riesgo, interoperabilidad con puertos y aeropuertos, inspección no intrusiva, trazabilidad documental, integración con bases internacionales, fortalecimiento del Operador Económico Autorizado y mayor coordinación con autoridades estadounidenses y europeas. En tiempos de comercio seguro, la rapidez no puede separarse del control. La mejor aduana no es la que revisa todo ni la que deja pasar todo; es la que sabe distinguir riesgo de confianza.

El MICM será otra pieza central. Desde Industria y Comercio, Sanz Lovatón tiene en sus manos una agenda más amplia que la de Aduanas: política industrial, comercio interno, combustibles, mipymes, zonas francas y promoción de sectores productivos. Si logra coordinar esas dimensiones, puede convertir su visión de competitividad en una estrategia transversal. La reforma energética debe dialogar con la política industrial. La política de nearshoring debe dialogar con la formación técnica. La defensa del comercio formal debe dialogar con aduanas, impuestos, seguridad y control de prácticas desleales. La atracción de inversión extranjera debe dialogar con encadenamientos locales.

La competencia con productos chinos también entra en esta ecuación. Sanz Lovatón ha advertido que Occidente compite en condiciones desiguales frente a una política china de subsidios industriales, y ha señalado que Estados Unidos y la Unión Europea han impulsado aranceles y restricciones frente a exportaciones de origen chino. República Dominicana no debe cerrar sus puertas al comercio internacional, pero sí debe proteger su aparato productivo frente a prácticas desleales, subvaluación, contrabando, informalidad e importaciones que destruyen empleo local sin generar valor. La defensa comercial moderna no es aislamiento; es cumplimiento de reglas. [quepolitica.com]

El gran desafío dominicano es pasar de la oportunidad a la ejecución. El país lleva años escuchando que puede ser hub logístico, destino de nearshoring, puente entre América y el Caribe, plataforma de zonas francas y centro de servicios regionales. Todo eso es cierto, pero no basta con repetirlo. Hay que convertirlo en resultados medibles: más inversión en sectores de alto valor, más empleos técnicos, más suplidores locales integrados, más exportaciones sofisticadas, menos tiempos de despacho, menos costos energéticos, más certificaciones internacionales, mayor seguridad jurídica y mejor coordinación institucional.

La frase “vamos a terminar bien” debe ser entendida como una exigencia. Terminar bien no será simplemente lograr una tasa arancelaria menor. Terminar bien será salir de esta coyuntura con mejores controles contra trabajo forzoso, una DGA más robusta, una Ley de Hidrocarburos más moderna, una política energética más competitiva, una estrategia de nearshoring más selectiva, una logística más integrada y una industria nacional más preparada. Terminar bien será demostrar que las presiones externas pueden convertirse en reformas internas.

La República Dominicana tiene una ventaja histórica: no está obligada a inventarlo todo desde cero. Tiene zonas francas consolidadas, un sector privado activo, puertos competitivos, aeropuertos conectados, estabilidad macroeconómica, cercanía con Estados Unidos, experiencia turística, diáspora influyente y una institucionalidad aduanera que ha dado pasos importantes hacia la modernización. Pero también tiene tareas pendientes: energía, talento, burocracia, financiamiento, innovación, infraestructura interna, seguridad jurídica y coordinación público-privada.

El país debe elegir entre administrar la coyuntura o liderar una transformación. Administrar la coyuntura sería negociar el arancel, emitir decretos, contener combustibles y esperar que el entorno mejore. Liderar una transformación sería usar esta coyuntura para reformar leyes, atraer industrias estratégicas, formar talento, modernizar la energía, fortalecer la DGA, defender el comercio formal y convertir el nearshoring en política de Estado. La diferencia entre una opción y otra definirá si República Dominicana será solo un país resiliente o una economía verdaderamente competitiva.

La visión de Sanz Lovatón abre una ruta. Pero esa ruta debe llenarse de contenido, metas, indicadores y continuidad institucional. El país necesita menos improvisación y más estrategia. Menos reacción y más anticipación. Menos dependencia de ventajas naturales y más construcción de capacidades. En el nuevo mapa económico global, la competitividad no se hereda: se diseña, se trabaja y se defiende todos los días.

Si República Dominicana actúa con sensatez, rigor y ambición, puede convertir el desafío arancelario en una plataforma de reposicionamiento internacional. Puede demostrar a Estados Unidos que es un socio confiable. Puede demostrar a los inversionistas que tiene logística, talento y estabilidad. Puede demostrar a su sector productivo que no será abandonado frente a prácticas desleales. Puede demostrar a su ciudadanía que la política económica no solo protege precios en momentos de crisis, sino que construye futuro.

Ese es el verdadero alcance de esta coyuntura. No se trata únicamente de un arancel. Se trata de energía, industria, aduanas, comercio, nearshoring, soberanía económica y visión de país. La República Dominicana puede terminar bien, sí. Pero para terminar bien debe hacer lo que hacen las naciones que compiten en serio: transformar la presión en reforma, la ubicación en estrategia, la logística en confianza, la energía en productividad y la institucionalidad en ventaja competitiva. Ahí está la nueva frontera dominicana. Ahí se juega el próximo salto del desarrollo nacional.


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