martes, 10 de febrero de 2026

Presidente Abinader da inicio a la primera fase de transformación y saneamiento ambiental del vertedero Duquesa para beneficio de 3.8 millones habitantes del Gran Santo Domingo


Presidente Abinader da inicio a la primera fase de transformación y saneamiento ambiental del vertedero Duquesa para beneficio de 3.8 millones habitantes del Gran Santo Domingo
_Ministro de Medio Ambiente destaca que el proyecto contempla la construcción de canchas deportivas, parques, gazebos y un gimnasio al aire libre, en beneficio directo de las comunidades de El Casabe y Batey Duquesa._
10 de febrero de 2026
Santo Domingo, RD, .— El presidente Luis Abinader dio inicio este martes a los trabajos de la primera fase de transformación histórica del vertedero de Duquesa, una intervención clave orientada a proteger la salud de la población, mitigar el impacto ambiental y avanzar hacia un modelo sostenible de gestión de los residuos sólidos, en beneficio de 3.8 millones de habitantes del Gran Santo Domingo, como parte de la política nacional para eliminar los vertederos a cielo abierto y mejorar la calidad de vida.

El programa contempla una inversión total de 110 millones de dólares para mejorar la gestión integral de los residuos sólidos y reducir los impactos ambientales y sanitarios y se ejecuta en el marco del Programa Gestión Integral y Sostenible de Residuos Sólidos en el Gran Santo Domingo, implementado por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, a través del Viceministerio de Gestión Ambiental y su Unidad Ejecutora, con el apoyo financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID),  la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

*Transformación ambiental de un espacio históricamente degradado*

Durante el acto, el presidente Abinader destacó que esta intervención va más allá de la clausura de un vertedero, al tratarse de un proceso de transformación integral sustentado en soluciones de ingeniería ambiental, control de impactos, gestión de riesgos y restauración ecológica, con el objetivo de recuperar progresivamente un espacio históricamente degradado.

El mandatario afirmó que desde 2020 su gobierno asumió como prioridad nacional la solución del problema de los vertederos a cielo abierto, destacando que el vertedero de Duquesa por años afectó la salud y el medio ambiente de más de 3.8 millones de habitantes del Gran Santo Domingo.

Asimismo, indicó que la situación crítica, marcada por incendios y humaredas constantes, obligó a actuar con urgencia para corregir un problema ambiental que impactaba directamente en la calidad de vida de la población.

El jefe de Estado explicó que se ejecuta un plan integral con acciones a corto, mediano y largo plazo, apoyado por la cooperación internacional BID, la JICA y la AECID, garantizando una solución estructural y sostenible.

Además, el gobernante destacó la transformación del vertedero de Duquesa como eje central de esta política, resaltando que el proyecto fue diseñado para pasar de un pasivo ambiental a un espacio saneado y útil para la comunidad.

El mandatario resaltó la creación del fideicomiso para la gestión de residuos sólidos, que ya ha permitido la transformación de 30 vertederos en todo el país y el cierre progresivo de los vertederos a cielo abierto.
Al concluir, afirmó que el proyecto de Duquesa y el saneamiento de la cañada de Gurabo en Santiago, servirán como modelo nacional para el manejo adecuado de los residuos sólidos y quedarán registrados como las transformaciones ambientales más importantes en la historia reciente del país.

Reto impostergable acumulado por décadas

De su lado, el ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Paíno Henríquez, destacó que asumir la transformación del sistema de residuos sólidos, especialmente en Duquesa, fue un reto impostergable ante la magnitud del problema ambiental acumulado por décadas. En ese sentido señaló que la experiencia de los incendios de 2020 marcó un punto de inflexión y reafirmó la decisión de convertir la gestión de los residuos en una prioridad nacional bajo  la Ley General de Gestión Integral y Coprocesamiento de Residuos Sólidos número 225-20, que constituye el marco legal vigente en la materia.

Al referirse a Duquesa, resaltó que se trata del principal pasivo ambiental de la República Dominicana, con más de 30 millones de toneladas de desechos, y que por primera vez se mantiene sin incendios durante un período sostenido. Explicó que la primera fase del proyecto contempla acciones prioritarias como la estabilización del terreno, el manejo de lixiviados y gases, el control de escorrentías, el perfilado y conformación de taludes, así como la cobertura y sellado de áreas críticas, creando las condiciones técnicas necesarias para la recuperación ambiental del sitio.

Dijo, además que como parte del enfoque social e integrador, el proyecto incluye la construcción de infraestructura recreativa sobre las áreas intervenidas, entre ellas canchas deportivas, áreas infantiles, gazebos, un gimnasio al aire libre, anfiteatro y un circuito recreativo de cinco kilómetros, lo que beneficiará de manera directa a las comunidades de El Casabe y Batey Duquesa. El proyecto incorpora además un componente de inclusión social para la formalización e integración de las personas recicladoras, así como la mitigación estimada de unas 140,000 toneladas de dióxido de carbono equivalente por año mediante la captura y aprovechamiento de gases.

El ministro Henríquez manifestó que, en cinco años de gestión, se han alcanzado resultados concretos en todo el país, con el cierre de vertederos críticos y la eliminación de incendios que afectaban comunidades y zonas productivas. Mencionó como hitos la transformación de los verdaderos de Guiri Gui en Higüey, San Francisco de Macorís, Moca, Puerto Plata y en otras demarcaciones del país.
Momento trascendental e histórico

 
Sergio Pérez, representante del BID en el país,  afirmó que el inicio de esta nueva fase en Duquesa marca un momento trascendental para la historia ambiental del Gran Santo Domingo y de la República Dominicana. Explicó que no se trata simplemente de comenzar obras, sino de dar paso a una intervención estructural y planificada que permitirá recuperar un espacio que durante años estuvo marcado por la degradación ambiental y el riesgo sanitario. 

También indicó que Duquesa representó por décadas el mayor pasivo ambiental del país, concentrando una gran cantidad de residuos con impactos directos sobre la salud pública, el medio ambiente y la calidad de vida de millones de personas.

En las palabras de bienvenida, la alcaldesa, Betti Gerónimo, calificó el inicio de la transformación del vertedero de Duquesa como un día histórico para Santo Domingo Norte, al representar la solución a una problemática ambiental y sanitaria que afectó al municipio durante décadas. 

Señaló que este proyecto devuelve la calidad de vida y la dignidad a la comunidad, especialmente en lo relativo a la salud de sus habitantes, quienes por años convivieron con las consecuencias del mayor vertedero a cielo abierto del país.

Con el inicio de esta primera fase, la República Dominicana avanza de manera firme hacia un nuevo paradigma en la gestión de los residuos sólidos, el cumplimiento de sus compromisos ambientales internacionales y el fortalecimiento de la sostenibilidad y el bienestar de la población.

Estuvieron presentes el alcalde de Santo Domingo Oeste, Francisco Peña; la embajadora del Reino de España, Lorea Arribalzaga Ceballos; el representante de la JICA, Kota Sakaguchi; de la AECID, Manuel Alba Cano, entre otras personalidades./
Editorial
Duquesa: cuando un pasivo ambiental empieza a convertirse en patrimonio público
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
Durante décadas, el vertedero de Duquesa fue mucho más que un punto de disposición final: se convirtió en la evidencia cotidiana de un crecimiento urbano que avanzó más rápido que la capacidad institucional para manejar los residuos que produce una gran metrópoli. La degradación acumulada, los riesgos sanitarios y los episodios recurrentes de incendios y humaredas que afectaron a comunidades enteras hicieron de Duquesa un problema estructural de salud pública y de gobernanza ambiental. Hoy, el inicio formal de la primera fase de transformación y saneamiento ambiental representa un punto de inflexión que conviene leer con rigor técnico y responsabilidad institucional: no como un acto ceremonial, sino como el inicio de una solución que debe sostenerse en el tiempo, blindarse contra el cortoplacismo y convertirse en política pública irreversible. 
La intervención anunciada para Duquesa, por su escala y enfoque, intenta responder —por primera vez con trazabilidad— a la magnitud real del problema. Se trata de un proyecto concebido para beneficiar a aproximadamente 3.8 millones de habitantes del Gran Santo Domingo, sustentado en una inversión estimada de US$110 millones, y ejecutado mediante un esquema programático de gestión integral de residuos con cooperación internacional. Que esta iniciativa esté inserta en el Programa de Gestión Integral y Sostenible de Residuos Sólidos en el Gran Santo Domingo, implementado por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales a través del Viceministerio de Gestión Ambiental y su unidad ejecutora, con apoyo del BID, JICA y AECID, no es un detalle accesorio: revela una arquitectura de gobernanza y financiamiento que, administrada con transparencia y controles, puede elevar el estándar nacional de cómo se planifica, contrata, ejecuta y supervisa una obra ambiental de alto impacto.
La clave de esta primera fase es su naturaleza eminentemente ingenieril y preventiva. Los componentes anunciados —estabilización del terreno, manejo de lixiviados y gases, control de escorrentías, perfilado y conformación de taludes, cobertura y sellado de áreas críticas— son precisamente los que diferencian un botadero a cielo abierto de un sitio bajo control ambiental. No se trata de retórica: el control de lixiviados reduce el riesgo de contaminación de fuentes de agua; el manejo de gases disminuye peligros de incendios y explosiones; el control de escorrentías limita arrastres contaminantes; y el sellado es condición técnica indispensable para cualquier recuperación progresiva. Que estos elementos estén en el centro del diseño constituye una señal de madurez institucional, porque reconoce que la salud pública y el ambiente se protegen con obras verificables, con mantenimiento continuo y con estándares medibles, no con promesas.
La urgencia de actuar se confirma al observar las cifras operativas del propio sistema. Duquesa recibe diariamente un promedio de 5,000 a 5,500 toneladas de residuos, en un contexto donde se estima una producción nacional de alrededor de 15,000 toneladas por día. Estas magnitudes explican por qué Duquesa no es “un vertedero más”, sino un nodo central de la gestión urbana del Gran Santo Domingo. Pretender resolver el problema sin intervención estructural equivaldría a aceptar que la capital y su periferia continúen conviviendo con un riesgo sanitario crónico. Por eso, esta primera fase debe interpretarse como el comienzo de una reingeniería metropolitana de residuos: lo que se haga —y, sobre todo, lo que se mantenga— en Duquesa condiciona la sostenibilidad de todo el sistema.
Un rasgo particularmente valioso del proyecto es su componente social y de reconversión del entorno. Se ha anunciado que, sobre áreas intervenidas, se construirán canchas deportivas, áreas infantiles, gazebos, un gimnasio al aire libre y un circuito recreativo de cinco kilómetros, con impacto directo en comunidades como El Casabe y Batey Duquesa. En términos de política pública, esto importa por dos razones. Primero, porque la justicia ambiental exige que quienes cargaron durante años con las externalidades negativas reciban beneficios tangibles y permanentes. Segundo, porque la reconversión urbana crea “custodia social” del espacio recuperado: cuando el área saneada se integra a la vida comunitaria, se reduce la probabilidad de regresión a prácticas degradantes y se fortalece la gobernanza territorial desde la ciudadanía.
El enfoque anunciado incorpora, además, metas climáticas e inclusión social, dos dimensiones que suelen subestimarse en la discusión sobre basura. El proyecto contempla la formalización e integración de personas recicladoras y una mitigación estimada de 140,000 toneladas de CO₂ equivalente por año mediante captura y aprovechamiento de gases. Esto alinea la intervención con estándares contemporáneos de gestión de residuos: no basta con disponer, hay que reducir emisiones —especialmente metano— y reconocer que el reciclaje informal existe, pero debe transitar hacia condiciones seguras, trazables y dignas. En la práctica, esta integración mejora eficiencia, reduce riesgos laborales y ayuda a romper circuitos de vulnerabilidad social históricamente ligados a grandes vertederos.
La institucionalidad también cuenta, y en este caso ofrece una oportunidad para consolidar confianza pública. La gestión de residuos sólidos se enmarca en la Ley 225-20, citada como norma vigente en la materia, y el programa se articula dentro de ese ecosistema normativo. Ese punto es crucial: sin marco legal, los proyectos se convierten en esfuerzos aislados; con marco legal, pueden traducirse en estándares permanentes de operación, fiscalización, sanción y mejora continua. Pero la ley solo se legitima cuando se cumple y se audita; por eso, Duquesa debe convertirse en una prueba nacional de cumplimiento integral: desde la contratación y supervisión de obras hasta la trazabilidad del gasto, la publicación de avances y el control de resultados ambientales y sanitarios.
En esta coyuntura, la discusión pública debe evitar dos extremos igualmente dañinos: el escepticismo automático que descalifica cualquier intervención antes de ver resultados, y la celebración acrítica que convierte una primera fase en victoria definitiva. La propia dimensión del pasivo obliga a prudencia y método. Se ha señalado que Duquesa acumula más de 30 millones de toneladas de desechos y que, por primera vez, se ha mantenido sin incendios durante un período prolongado, lo que sugiere avances operativos que deben consolidarse con sistemas permanentes de control de gases y manejo técnico del frente de descarga. La madurez cívica consiste en exigir continuidad sin desconocer el progreso: que esta fase no sea la última; que el mantenimiento sea cotidiano, no episódico; y que el control no dependa de coyunturas, sino de protocolos, presupuesto y rendición de cuentas.
El país, además, puede y debe aprovechar esta obra para robustecer una política ambiental de alcance nacional. Se ha indicado que un fideicomiso de gestión de residuos ha permitido la transformación de 30 vertederos y el cierre progresivo de botaderos a cielo abierto, lo que sugiere una ruta pública que va más allá de Duquesa. Esa ruta puede fortalecerse con una agenda propositiva clara: convertir Duquesa en modelo replicable, con manuales técnicos públicos, contratos tipo con cláusulas de desempeño, esquemas de monitoreo y participación comunitaria, y un sistema de indicadores verificables que mida reducción de incendios, control de lixiviados, captura de gases, recuperación paisajística y mejoras de salud comunitaria. Un enfoque de gobernanza por evidencias es el único capaz de sostener la inversión, honrar la cooperación internacional y asegurar que la recuperación no sea reversible.
Finalmente, el verdadero éxito de Duquesa no se medirá solo dentro de sus límites, sino en lo que impulse fuera de ellos. Esta decisión estatal abre una oportunidad histórica para acelerar cambios complementarios que determinan la sostenibilidad del sistema: promover la separación en origen, optimizar rutas de recolección, fortalecer la fiscalización municipal y consolidar una economía circular que reduzca el volumen destinado a disposición final. Todo ello es coherente con los objetivos de mejorar la eficiencia del manejo de residuos urbanos y mitigar impactos ambientales y sociales, tal como se describe en el marco programático apoyado por organismos internacionales.
La República Dominicana tiene ante sí la posibilidad de demostrar que la política ambiental puede ser, a la vez, infraestructura, salud, educación ciudadana y productividad. Si Duquesa se convierte —como plantea el programa en marcha— en el punto de partida de una transformación sistémica, estaremos ante un hecho verdaderamente trascendental: el momento en que un antiguo símbolo de degradación comenzó a consolidarse como patrimonio público, protección sanitaria para la gente y futuro sostenible para el Gran Santo Domingo y para el país.

Fuentes de referencia:


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