miércoles, 25 de febrero de 2026

Episcopado advierte sobre ideologías y corrientes que "normalizan comportamientos desordenados"

Episcopado Dominicano
Episcopado advierte sobre ideologías y corrientes que "normalizan comportamientos desordenados"
El Episcopado alertó sobre ideologías que, “pretenden normalizar comportamientos contrarios a la ley natural, y objetivamente desordenados”, al momento que aseguraron que las ideologías matan y promueven la incivilidad.
Miembros de la Conferencia del Episcopado Dominicano

Miembros de la Conferencia del Episcopado DominicanoLISTIN DIARIO


Redacción listín diario Santo Domingo, RD.  | Actualizado a 24/02/2026 21:01

En el marco del 182° aniversario de la Independencia Nacional, la Conferencia del Episcopado Dominicano (CED), publicó su Mensaje titulado “República Dominicana: un pueblo sostenido en la esperanza. La ética del deber”, en el que exhortaron a la sociedad renovar su compromiso con los valores éticos, proteger la estructura fundamental de la familia, y la participación responsable en la vida pública.

El Episcopado alertó sobre ideologías que, “pretenden normalizar comportamientos contrarios a la ley natural, y objetivamente desordenados”, al momento que aseguraron que las ideologías matan y promueven la incivilidad.

En ese orden, los prelados exhortaron velar y proteger a las familias, combatiendo la promoción de corrientes y proveyendo servicios de salud mental a quienes lo requieran.

Sobre la propuesta de reforma a la Ley 136-03, que establece el Código para la Protección de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, la Iglesia reiteró la necesidad de proteger la estructura fundamental de la familia, advirtiendo que cualquier atentado hacia el núcleo familiar es una amenaza contra la esperanza de la sociedad, por tanto, motivaron a la población a luchar frente a los males que la están afectando.

El Episcopado hizo un firme llamado a respetar las leyes y fortalecer el Estado de derecho, al tiempo que, acentuó cómo la violación de las normas y el desacato a la autoridad debilitan la convivencia pacífica y el orden social, por lo que propusieron una formación ciudadana básica que promueva la conciencia legal, la responsabilidad cívica y la cultura de la legalidad.

En el ámbito educativo, subrayaron la necesidad de garantizar una formación integral basada en valores éticos y morales, exhortando a organismos gubernamentales como a instituciones afines a velar “para que los textos y contenidos tengan como eje transversal dichos valores”. Además, destacaron la importancia del testimonio de vida como herramienta pedagógica.

El documento también aborda problemáticas sociales como el microtráfico de drogas, el maltrato infantil, el embarazo en adolescentes, la violencia, la mortalidad infantil, la deshumanización en el ejercicio de la medicina, la inseguridad, y la explotación indiscriminada de los recursos naturales.

Ante este panorama, invitaron a “peregrinar con esperanza”, trabajando unidos por el cambio de estas realidades.

De igual modo, señalaron riesgos culturales y tecnológicos que pueden afectar la dignidad humana, al explicar que la tecnología debe estar siempre “al servicio de la dignidad humana, del bien común y de relaciones auténticas”, por lo que promovieron una educación que forme la conciencia y evite la deshumanización.

El mensaje invitó a los dominicanos a asumir una participación plena, consciente y activa en la vida pública, inspirada en el bien común, la justicia social y la defensa de los más vulnerables. Aseguraron que la nación no está condenada a la desesperanza, sino llamada a construir un futuro digno sostenido por la fe, la verdad y la caridad.

“No estamos condenados a la desesperanza: Dios camina con nuestra nación y siembra en el corazón de nuestra gente la fuerza para construir un futuro más justo, fraterno y solidario”, subraya el comunicado. 

https://listindiario.com/la-republica/ciudad/20260224/episcopado-advierte-sobre-ideologias-corrientes-normalizan-comportamientos-desordenados_895291.html

🇩🇴✨ En el marco del 182.º aniversario de nuestra Independencia Nacional, la Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) difundió su mensaje “República Dominicana: un pueblo sostenido en la esperanza. La ética del deber”, llamando a renovar el compromiso con los valores éticos, fortalecer la participación responsable en la vida pública y proteger la estructura familiar. 🕊️🤝 [listindiario.com], [noticia.do]

📌 Entre sus principales planteamientos, el Episcopado: ⚖️ Reitera la importancia de respetar las leyes y fortalecer el Estado de derecho, promoviendo una cultura de legalidad.
👨‍👩‍👧‍👦 Exhorta a cuidar y proteger a las familias y prestar atención a la salud mental cuando sea necesario. 🧠💙
🎓 Subraya una educación con formación integral basada en valores éticos y morales. 📚✨
🚫 Señala preocupaciones por corrientes ideológicas que —a su juicio— afectan la convivencia, e invita a actuar con responsabilidad social.
🌱 También menciona problemáticas como microtráfico, violencia, maltrato infantil, embarazo adolescente, inseguridad y el cuidado de los recursos naturales. [listindiario.com], [noticia.do] [listindiario.com], [eldia.com.do]

🙏 El mensaje concluye con un llamado a caminar con esperanza y a construir un futuro más justo y solidario. ✨🇩🇴 [listindiario.com], [noticia.do]

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Editorial | La ética del deber: una brújula para reconstruir la convivencia

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

En cada aniversario patrio el país se mira al espejo. No solo para recordar una fecha histórica, sino para preguntarse con honestidad qué estamos haciendo con la libertad que heredamos. En ese examen colectivo aparece una palabra que suele incomodar porque exige coherencia: deber. No el deber declamado en discursos, sino el deber cotidiano: respetar normas, proteger la vida, cuidar la familia, educar con valores y participar en lo público sin ceder al cinismo. Esa es la base de una nación que no quiere resignarse a la “normalidad” del desorden.

Hoy la República Dominicana enfrenta un desafío doble. Por un lado, la fragilidad de la convivencia, erosionada por la cultura del “tigueraje”, el irrespeto a la autoridad, la violación sistemática de las reglas y la impunidad social del “no pasa nada”. Por otro, la confusión moral que a veces convierte lo incorrecto en tendencia y lo dañino en aceptable, como si el consenso sustituyera la responsabilidad. Cuando una sociedad pierde el sentido de lo que debe, comienza a justificar lo que no conviene; y cuando justifica lo que no conviene, termina pagando con violencia, inseguridad y desesperanza.

La familia —en cualquiera de sus desafíos contemporáneos— sigue siendo el primer espacio de aprendizaje ético. Ahí se forjan límites, hábitos, empatía y disciplina. Debilitar su estructura no es un debate abstracto: tiene consecuencias concretas en el rendimiento escolar, la salud mental, la capacidad de autorregulación y la prevención de conductas de riesgo. De ahí la urgencia de que las políticas públicas y los marcos legales protejan a los más vulnerables y reconozcan que el tejido familiar es un activo social, no un eslogan.

Pero proteger la familia sin atender la salud mental sería un error. La ansiedad, la depresión, las adicciones y los trastornos de conducta ya no son temas “secundarios”: se han vuelto determinantes en la violencia intrafamiliar, el embarazo adolescente, el microtráfico, el abandono escolar y los conflictos comunitarios. Un país que invierte en asfalto, edificios y tecnología, pero descuida la salud emocional de su gente, construye progreso sin cimientos. La prevención real exige servicios accesibles, campañas sostenidas y una red comunitaria que acompañe sin estigmas.

La educación, por su parte, no puede reducirse a contenidos. Necesita un eje transversal: formar carácter. El conocimiento sin ética puede producir profesionales brillantes pero indiferentes; ciudadanos informados pero incapaces de convivir. Lo que se enseña debe ser coherente con lo que se vive: el ejemplo —en aulas, hogares, medios y liderazgo— educa más que cualquier manual. Y aquí el desafío es enorme: lograr que la formación integral no sea un capítulo de la agenda, sino el corazón del sistema.

Mientras tanto, la calle sigue hablando con crudeza. La alta siniestralidad, especialmente la que involucra motocicletas, no se resuelve únicamente con operativos: requiere conciencia, aplicación justa de la ley y una cultura que entienda que la norma no es castigo, sino protección. Respetar un semáforo, usar casco, mantener un vehículo en condiciones, ceder el paso: todo eso también es patriotismo. Porque quien protege la vida del otro está honrando la nación de manera silenciosa y concreta.

A este panorama se suma un factor contemporáneo: la tecnología. Sus beneficios son innegables, pero su uso sin criterios humanos puede despersonalizar la medicina, degradar la conversación pública, amplificar la agresividad y convertir a las personas en datos o mercancía emocional. La tecnología debe estar al servicio de la dignidad y del bien común; no al revés. Educar para el pensamiento crítico, el autocontrol digital y la empatía es hoy tan importante como enseñar matemáticas o lenguaje.

En resumen, la ética del deber no es un discurso conservador ni progresista: es una necesidad nacional. No se trata de imponer una visión, sino de sostener principios mínimos que hacen posible vivir juntos: respeto a la ley, cuidado de la vida, protección de la niñez, responsabilidad cívica, educación en valores, y un compromiso firme con los vulnerables. Si el país quiere esperanza, debe convertirla en conducta.

La República Dominicana no está condenada al deterioro. Pero tampoco está “salvada” por inercia. La esperanza se construye cuando el ciudadano común decide cumplir, cuando el servidor público decide servir, cuando la autoridad decide actuar con justicia y cuando la sociedad decide no normalizar lo que la destruye. El deber —ese viejo concepto— vuelve a ser la brújula. Y quizá, la última oportunidad de reconciliarnos con el país que decimos amar.

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