
IED récord en 2025: el voto de confianza que obliga a la República Dominicana a dar el salto productivo
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
La inversión extranjera directa no llega por cortesía; llega por cálculo. Por eso, que la República Dominicana haya cerrado 2025 con US$5,032.3 millones en IED, un aumento de 11.3% respecto a 2024, constituye algo más que un dato halagador: es una señal de confianza en la capacidad del país para sostener estabilidad y oportunidades incluso cuando el mundo transita por un ciclo de cautela inversora. En el reporte del Banco Central, esa confianza se asocia a fundamentos que han sido el “pasaporte” dominicano ante el capital: estabilidad económica y política, seguridad jurídica, infraestructura y un marco de incentivos que vuelve competitivo el clima de negocios.
Esa lectura cobra relieve cuando se observa el entorno internacional. UNCTAD ha advertido que la inversión global enfrenta presiones por fragmentación geopolítica, mayores barreras, mayor escrutinio regulatorio y una desaceleración de la inversión productiva, con particular debilidad en proyectos de infraestructura y financiamiento internacional. A ello se suman diagnósticos multilaterales que describen un contexto de crecimiento global más contenido y de elevada incertidumbre de política comercial, factores que normalmente enfrían decisiones de inversión a largo plazo. En ese marco, el desempeño dominicano no debería interpretarse como “suerte”: es una ventaja relativa que se ha construido y, por tanto, una ventaja que también puede perderse si no se administra con visión.
Sin embargo, toda cifra récord encierra una pregunta más importante que el número: ¿qué tipo de IED estamos atrayendo y qué país queda después de atraerla? La distribución sectorial descrita por el Banco Central muestra que turismo y energía concentraron cerca de la mitad de los flujos, con 26.3% y 23.8%, respectivamente. Ese mapa es coherente con la vocación dominicana reciente: el turismo como motor de divisas y empleo, y la energía como plataforma indispensable para competitividad, expansión industrial y seguridad de suministro. Pero también obliga a pensar en la calidad del crecimiento: el turismo puede multiplicar actividades, sí, aunque su productividad y encadenamientos dependen de cuánto valor se retenga localmente y de la formalización del empleo; la energía, por su parte, puede ser el gran habilitador de una economía más sofisticada si se traduce en capacidades técnicas, innovación y reducción sostenida de vulnerabilidades.
El dato estructural más revelador del informe es el avance del sector energético en la IED: su participación pasó de 9.2% en 2019 a 23.8% en 2025, impulsada, según el propio Banco Central, por incentivos dirigidos a energías renovables. Esa tendencia conversa con el marco normativo que procura incentivar y regular la inversión en proyectos de fuentes renovables, cuyo propósito declarado es impulsar desarrollo y reducir dependencia de combustibles fósiles importados. El desafío es no quedarnos en la estadística: si la transición energética se limita a instalar capacidad sin fortalecer redes, almacenamiento, mantenimiento especializado y formación técnica, el beneficio se vuelve parcial. Pero si se gestiona como política industrial moderna, la energía puede convertirse en el puente entre la economía de servicios y una economía de productividad.
La IED, además, no camina sola: su impacto macro se entiende dentro del “paquete” del sector externo. El Banco Central reporta que en 2025 también crecieron remesas y que el resto de variables externas tuvo un desempeño favorable, destacándose exportaciones totales por US$15,930.6 millones y turismo por US$11,318.5 millones, con 11.6 millones de visitantes. En conjunto, el país habría superado US$47,300 millones en ingresos de divisas por IED, remesas, turismo, exportaciones y otros servicios, contribuyendo a una estabilidad relativa del tipo de cambio. Este punto es crucial: cuando abundan divisas, el margen de maniobra ante shocks externos suele aumentar. El FMI, por su parte, ha señalado que el déficit de cuenta corriente esperado se apoya en exportaciones y remesas robustas y que se financia por IED, lo cual apunta a una estabilidad externa consistente con los fundamentos.
Pero hay otra cara de esta bonanza externa: parte del impulso exportador se explica por el oro, cuyas exportaciones subieron a US$2,413.2 millones (+60.9%), favorecidas por mejoras de producción y por precios históricamente altos. El World Gold Council describe 2025 como un año extraordinario para el metal, con récords de precio repetidos, en un contexto de búsqueda global de refugio. Eso sugiere una advertencia clásica: cuando el viento de cola proviene de un ciclo de precios, la política pública no debe confundirse y planificar el futuro como si el ciclo fuese permanente. El oro puede ayudar a fortalecer reservas, financiar infraestructura y aliviar tensiones externas, pero no sustituye una estrategia de diversificación y productividad.
Por eso, la discusión que el país necesita no es si la IED “es buena” —lo es—, sino cómo convertirla en desarrollo sostenido. Informes externos reconocen el atractivo dominicano para el capital, apoyado en incentivos, sectores dinámicos y acuerdos, pero también señalan retos persistentes de implementación institucional, transparencia, trámites y reformas estructurales sensibles como el sector eléctrico. La propia agenda recomendada por organismos multilaterales insiste en fortalecer transmisión de política, mantener flexibilidad cambiaria y avanzar en reformas que reduzcan riesgos fiscales y aumenten productividad, incluida la consolidación de cambios en electricidad. La credibilidad se construye con datos, sí, pero se sostiene con instituciones que cumplen, regulaciones previsibles y una ejecución pública que no dilate la inversión ni desgaste la confianza.
De ahí que el récord de 2025 deba leerse como una obligación moral y estratégica: el país no puede limitarse a atraer capital; debe domesticar sus beneficios, ampliar encadenamientos, elevar la productividad del empleo, fortalecer el tejido de proveedores y escalar capacidades tecnológicas. UNCTAD recuerda que, en un mundo fragmentado, la inversión tiende a concentrarse y a replegarse hacia estrategias regionales; por eso, los países que ganen serán los que ofrezcan no solo incentivos, sino ecosistemas completos: talento, infraestructura, reglas claras y orientación a sectores de futuro. Y el FMI subraya que, aunque los fundamentos sean fuertes, la continuidad de políticas prudentes y la ejecución de reformas determinan la resiliencia ante riesgos externos.
La República Dominicana ha recibido en 2025 un “voto de confianza” de más de cinco mil millones de dólares. La pregunta que definirá los próximos años no será cuánto entra, sino cuánto se transforma: cuánto de esa inversión se convierte en innovación, competitividad, empleos formales, transición energética inteligente y diversificación exportadora.
Si el país logra esa conversión, el récord de 2025 será recordado como un punto de inflexión. Si no, quedará como una buena noticia que el tiempo se encargará de relativizar.
Luis Orlando Díaz Vólquez
El autor es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.
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BCRD informa que la inversión extranjera directa alcanzó los US$5,032.3 millones al cierre de 2025
Santo Domingo, República Dominicana. El Banco Central de la República Dominicana (BCRD) informa que, según cifras preliminares, la inversión extranjera directa (IED) alcanzó los US$5,032.3 millones al cierre de 2025, aumentando US$509.1 millones (11.3 %) en comparación con el año 2024. Estos flujos evidencian la resiliencia de la República Dominicana en la captación de IED, incluso en un entorno internacional marcado por la incertidumbre. Esta capacidad refleja la solidez de los fundamentos del país, que combina una paz social sostenida, estabilidad económica y política, y seguridad jurídica, unido a un entorno de negocios atractivo sustentado en programas de incentivos fiscales, infraestructuras modernas y un sistema de telecomunicaciones de alto nivel, además de un firme apoyo gubernamental a la inversión extranjera.
La distribución sectorial muestra que la mitad de los ingresos de IED se dirigieron a los sectores de turismo (26.3 %) y energía (23.8 %). Asimismo, se destaca la evolución que ha tenido el sector energético, el cual amplió su participación dentro de la IED desde 9.2 % en 2019 a un 23.8 % al cierre del 2025, principalmente por los incentivos del Estado dominicano dirigidos hacia las energías renovables. Otro sector relevante para la IED ha sido el inmobiliario, cuyo crecimiento está estrechamente relacionado con el impulso del turismo en el país.

La institución señala que, además del aumento de los flujos de IED (11.3 %) y de remesas (10.3 %), las demás variables del sector externo también presentaron un desempeño favorable durante el año 2025. En ese sentido, las exportaciones totales alcanzaron US$15,930.6 millones, incrementando un 14.4 % con respecto a 2024. Dentro de estas se destaca las exportaciones de oro, la cuales alcanzaron los US$2,413.2 millones, unos US$913.3 millones adicionales (60.9 %) con relación a 2024, impulsadas por mejoras en la producción y por los niveles históricos de precios que registra el mineral en los mercados internacionales. Por otro lado, las exportaciones de zonas francas lograron la cifra de US$8,548.6 millones, aumentando un 0.6 % de manera interanual.
Asimismo, el BCRD resalta que los ingresos por turismo para el cierre del 2025 sumaron US$11,318.5 millones, unos US$346.1 millones (3.2 %) por encima de los ingresos de 2024. Este resultado se debió principalmente al aumento en las llegadas de visitantes durante el año 2025, que alcanzaron los 11.6 millones.
Cabe destacar que, según estas cifras preliminares, los ingresos de divisas generados por concepto de IED, remesas, turismo, exportaciones de bienes y de otros servicios superaron los US$47,300 millones en 2025, lo que implica un aumento de unos US$3,400 millones respecto al 2024, lo que contribuye con la estabilidad relativa del tipo de cambio.
El Banco Central reafirma su compromiso con la vigilancia sobre el entorno económico actual para continuar tomando las medidas necesarias para contrarrestar el impacto en la economía dominicana del desafiante panorama internacional, a fin de garantizar la estabilidad de precios y del mercado cambiario.
Domingo 1ro de febrero, 2026
https://www.bancentral.gov.do/a/d/6482-bcrd-informa-que-la-inversion-extranjera-directa-alcanzo-los-us50323-millones-al-cierre-de-2025